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martes, 30 de diciembre de 2008

DE LA SANTIDAD A LA SACRALIDAD

Dos formas y dos etapas religiosas
del matrimonio y la familia
según la revelación bíblica:

EL BUEN AMOR ENTRE NOSOTROS
1. LA SANTIDAD
El matrimonio y la familia en el Antiguo Testamento

El motivo por el cual en el Antiguo Testamento, la familia es santa, es porque ¡Dios es un miembro de la estructura de parentesco! Dios es un miembro de la familia patriarcal y por lo tanto del clan y del pueblo de la Alianza, en la plenitud de sus doce tribus.
Dios entra en relación de parentesco con los patriarcas por el establecimiento de una Alianza. Y se comporta como verdadero pariente, asumiendo y cumpliendo los deberes de protección y providencia de un buen pariente.
Yahveh es no solamente el Dios de los Padres, sino el pariente divino. Es, literalmente: el “Pariente de Isaac” [Génesis 31, 42, 53: Pájad Yitsjaq].

La motivación a la santidad de la familia, en el Antiguo Testamento es la del Levítico: “Sed santos porque yo Yahvé, vuestro Dios, soy santo”. La pertenencia recíproca es la del parentesco: “Soy vuestro Dios, sois mi pueblo, eres nuestro Dios, somos tu pueblo”. “Él es nuestro Dios, a Él pertenecemos” [Ver. Salmo 94, 7: “Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía”].

Consecuencias para el matrimonio y es amor esponsal
En esta visión, el matrimonio entre los miembros del pueblo de Dios, es una realidad religiosa porque el amor humano es una imagen y semejanza del amor divino, y porque de él nacen los hijos de la Promesa.

Los vínculos de parentesco entre los hombres son de dos tipos: 1 ) de alianza o 2) de sangre. Ahora bien, de ambos tipos, la alianza es el primero, porque da origen a todos los demás y porque es el más exclusivamente humano.
El parentesco establecido por alianza es la fuente de todo vínculo de parentesco de sangre. La alianza es la forma de parentesco que se entabla libremente. Mientras que el vínculo de sangre precede a la libertad, se le impone. Reclama ser asumido aunque puede ser negado o rechazado. La Alianza es, por el contrario, libre; y es el vínculo espiritual, voluntario y libre más adecuado a la condición de los seres libres y espirituales.