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jueves, 1 de enero de 2009

LUIS Y MARÍA BELTRAME QUATROCCHI




Beatificados como matrimonio por Juan Pablo II el 21 de octubre de 2001.
Reposan en Roma, en la Cripta del Santuario del Divino Amor.
Juan Pablo II dijo que ‘vivieron una vida ordinaria de manera extraordinaria.’

Testimonio de uno de sus hijos
Cesare Beltrame Quattrocchi, quien al abrazar la vida religiosa asumió el nombre de “Paolino”, recuerda con sencillez la figura de sus padres, Luigi (1880-1951) y María (1884-1965).
Si bien nunca había imaginado que un día serían proclamados santos por la Iglesia, puedo afirmar sinceramente que siempre percibí la extraordinaria espiritualidad de mis padres. En casa, siempre se respiró un clima sobrenatural, sereno, alegre, no beato.
Independientemente de la cuestión que debíamos afrontar, siempre la resolvían diciendo que había que hacerlo ‘de tejas para arriba’.
Entre mamá y papá se dio una especie de carrera en el crecimiento espiritual. Ella vivía ya una intensa experiencia de fe, mientras que él, era ciertamente un buen hombre, recto y honesto, pero no muy practicante.
A través de la vida matrimonial, con la decisiva ayuda de su director espiritual, también él se echó a correr y ambos alcanzaron elevadas metas de espiritualidad.
Por poner un ejemplo: mamá contaba cómo, cuando comenzaron a participar diariamente en la misa matutina, papá de decía ‘buenos días’ al salir de la iglesia, como si sólo entonces comenzara la jornada. De las numerosas cartas que se dirigieron, que hemos podido encontrar y ordenar, emerge toda la intensidad de su amor.
Por ejemplo, cuando mi padre se iba de viaje a Sicilia, era suficiente que llegara a Nápoles para que enviara un mensaje, en el que contaba a su mujer lo mucho que la echaba de menos.. Este amor se transmitía tanto hacia adentro – durante los primeros años de matrimonio vivían también en nuestro piso los padres de ambos y los abuelos de ella – como hacia fuera, con la acogida de amigos de todo tipo de ideas y ayudando a quien se encontraba en necesidad. La educación, que nos llevó a tres de nosotros a la consagración, era el pan cotidiano. Todavía tengo una ‘Imitación de Cristo’ que me regaló mi madre cuando tenía diez años. La dedicatoria me sigue produciendo escalofríos: “Acuérdate de que a Cristo se le sigue, si es necesario, hasta la muerte.”

La Beatificación del matrimonio




Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini
El domingo 21 de octubre de 2001 Juan Pablo II cumplia un sueño, nacido y fortalecido en su amada Cracovia cuando, como capellán universitario, formó en la Parroquia de San Florian su Srodowisko, («grupo» o «entorno») integrado por jóvenes intelectuales comprometidos con el mensaje liberador del Evangelio, donde “todos los jueves les hablaba sobre los problemas fundamentales relacionados con la existencia de Dios y la naturaleza espiritual del alma humana” (Don y Misterio). Ahora agregaba a su férrea apuesta por la vida, su amor a los jovenes, a los matrimonios y a las familias la beatificación de un matrimonio que “ inspirándose en la palabra de Dios y en el testimonio de los santos, vivieron una vida ordinaria de modo extraordinario” se habian santificado mediante el amor, habian vivido y sufrido, educado y evangelizado como tantos otros matrimonios de ayer y de hoy.
Se celebraba, por primera vez, una beatificación conjunta de un matrimonio : Luigi Beltrame Quatrocchi y Maria Corsini. El abogado, ella maestra, padres de cuatro hijos, tres de los cuales participaron en la beatificación: Filippo (padre Tarcisio). Nacido en 1906, Cesare (padre Paulino) nacido en 1909 y Enrichetta, nacida en 1914. Stefania (sor Maria Cecilia, nacida en 1908 falleció en 1993.

Asi comenzaba la homilía Juan Pablo II en la Santa Misa de Beatificación