Google+ Badge

viernes, 2 de enero de 2009

EL BUEN AMOR EN LUCHA CON LA CONCUPISCENCIA

Un texto de San Agustín que explica
las consecuencias del Pecado Original


Introducción al texto
Se llama Concupiscencia al desorden de las pasiones, que no obedecen a la razón. Por ejemplo: el hombre que no logra dejar de comer lo que sabe que le hace daño; que sabiendo que el adulterio es malo no logra dominarse. etc. etc.

El Buen Amor tiene que luchar contra la Concupiscencia
especialmente con el desorden de la pasión sexual que se llama lujuria.

El Señor vino a salvar el amor humano, que desde la caída del pecado original, está herido y en muchos casos paralítico, languideciente, agonizante y hasta muerto.
Todos los amores humanos deben ser salvados para que sea salvado el hombre perdido en el egoísmo y el desamor. No puede ser feliz sin amar, pero no sabe ni logra amar.
Entre todos los amores, el amor esponsal es el que principalmente y más urgentemente necesita reparación, tratamiento y sanación.

Sólo la revelación divina acerca del pecado original y de sus consecuencias explica lo que ha sucedido en la humanidad y lo que vemos que hoy sucede con el amor humano y la epidemia de fracasos amorosos, matrimoniales y familiares, que nos aqueja.

EL BUEN AMOR ES DIFERENTE

Ser diferente en medio del mundo en que uno vive, cuesta. Pero vale la pena.

El Buen amor es diferente y exige que tú lo seas, si quieres amar bien y ser bien querido. Y no es fácil cuando se tiene un mundo en contra. La situación no es nueva.
Así se lo dice el Señor al pueblo elegido en la Ley de Santidad que leemos en Levítico.
“No hagáis como se hace en la tierra de Egipto, donde habéis habitado, ni hagáis como se hace en la tierra de Canaán a donde os llevo; no debéis seguir sus costumbres” (Lev 18,3).
El pueblo del Señor debe ser santo y para eso es imprescindible que la sexualidad no se separe del Buen Amor. Recomiendo la lectura completa de Levítico 18, 1-30.

Esto es precisamente lo que sucedía en toda la humanidad antes de la aparición del Pueblo elegido en el concierto de los pueblos. Precisamente, la descendencia de Abraham es elegida para que en ella sean bendecidas todas las naciones. Comienza con ella una escuela de santidad del amor esponsal que apunta a sanar una llaga universal de los hombres. Una llaga que era y es, porque sigue abierta, consecuencia del pecado original y debe ser sanada. La llaga del sexo sin amor, invade y despersonaliza la relación entre el varón y la mujer matando e imposibilitando el buen amor. El Buen Amor: el único que puede dar la felicidad que la sexualidad engañosamente promete pero no puede dar.