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lunes, 5 de enero de 2009

SANTOS ESPOSOS (3)

TOMÁS ÁLVIRA Y FRANCISCA DOMÍNGUEZ
Un matrimonio español en proceso de beatificación


“Tú eres el camino de ella hacia el Cielo; y tú el de él”, decía San Josemaría a los esposos. Tomás Alvira y Francisca Domínguez siguieron su consejo y buscaron la felicidad en la vida ordinaria de su matrimonio. Rafael Alvira, uno de sus hijos, relata la vida de sus padres.
La intensidad de la relación que un matrimonio tenga con Dios puede llevar a marido y mujer a ser declarados santos.
Éste es el caso de los españoles Tomás Alvira y Francisca Domínguez, cuya unión podría ser beatificada y después canonizada por la Iglesia católica.
Rafael Alvira, uno de los ocho hijos del matrimonio, estuvo en la Ciudad [de México] para impartir la conferencia “El hombre y Dios en la sociedad del siglo XXI”, en el Seminario de Monterrey y en el Centro Panamericano de Humanidades, A.C.
“Juan Pablo II fue el primer Papa que pidió y organizó que se canonizaran matrimonios juntos”, comentó el doctor en Filosofía.
“Él tenía el deseo de que como hay algunos casos en la historia de que marido y mujer se han canonizado por separado, también que se tomara en cuenta la santidad de la vida matrimonial y canonizarlos juntos”.
En entrevista, luego de una de sus charlas, Alvira contó que la Diócesis de Madrid publicó el miércoles en un boletín el inicio del proceso de beatificación y canonización de sus padres.
“Consideran las personas que han llevado estudios sobre la vida de mis padres que podrían ser considerados santos, siempre que cumplan previamente los pasos que la Iglesia tiene marcados y de una aprobación por parte de una comisión teológica de sus virtudes y milagros”.
De acuerdo con el también directivo de la Universidad de Navarra, existe el registro de miles de personas que han pedido favores a este matrimonio.
“Se hicieron unos libros y estampas que son importantes para que la gente pueda pedirles favores o milagros, sin los cuales la Iglesia no canoniza”.
Tomás Alvira fue un investigador que murió en 1992, Francisca era maestra y falleció en 1994. Ambos fueron supernumerarios del Opus Dei.
A finales del 2001, durante el Pontificado de Juan Pablo II, se realizó la primera beatificación de un matrimonio, el de los italianos Maria Corsini y Luigi Beltrame Quattrocchi.
Actualmente, también los franceses Marie-Zélie Guérin Martin y Louis Martin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús, están en proceso de beatificación.
Para orar por el proceso hacia los altares de Tomás y Paquita, como la llamaban, existe una oración impresa con su fotografía.

Fuente:Daniel Santiago
http://moralyluces.wordpress.com/2008/09/03/en-proceso-de-beatificacion/

SANTOS ESPOSOS (2)

LUIS BELTRAMI QUATROCCHI Y MARÍA CORSINI
Beatificados como matrimonio por Juan Pablo II el 21 de octubre de 2001.
Reposan en Roma, en la Cripta del Santuario del Divino Amor.
Juan Pablo II dijo que ‘vivieron una vida ordinaria de manera extraordinaria.’

Testimonio de uno de sus hijosCesare Beltrame Quattrocchi, quien al abrazar la vida religiosa asumió el nombre de “Paolino”, recuerda con sencillez la figura de sus padres, Luigi (1880-1951) y María (1884-1965).
Si bien nunca había imaginado que un día serían proclamados santos por la Iglesia, puedo afirmar sinceramente que siempre percibí la extraordinaria espiritualidad de mis padres. En casa, siempre se respiró un clima sobrenatural, sereno, alegre, no beato.
Independientemente de la cuestión que debíamos afrontar, siempre la resolvían diciendo que había que hacerlo ‘de tejas para arriba’.
Entre mamá y papá se dio una especie de carrera en el crecimiento espiritual. Ella vivía ya una intensa experiencia de fe, mientras que él, era ciertamente un buen hombre, recto y honesto, pero no muy practicante.

SANTOS ESPOSOS (1)
LUIS MARTIN (1823-1894) Y CELIA GUÉRIN (1831-1877)

SS. Benedicto XVI: Homilía en la Beatificación

Luis Martin nació en Burdeos el 22 de agosto de 1823. Era el segundo de los cinco hijos del matrimonio Pierre-François Martin, capitán del ejército francés, y Marie Anne Fanny Boureau, cristianos de fe viva. La primera formación de Luis estuvo vinculada a la vida militar y se benefició de las facilidades que tenían los hijos de los militares.

Al jubilarse su padre, la familia se trasladó a Alençon (1831) y Luis estudió con los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad. Tanto en la familia como en el colegio recibió una sólida formación religiosa.

Terminados los estudios, no se inclinó hacia la vida militar, sino que quiso aprender el oficio de relojero, primero en Bretaña, luego en Rennes, Estrasburgo, en el Gran San Bernardo (Alpes suizos) y por último en París.

A los veintidós años sintió el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa. Para ello, se dirigió al monasterio del Gran San Bernardo, con intención de ingresar en esta Orden, pero no fue admitido porque no sabía latín. Con gran valor se dedicó a estudiarlo durante más de un año, con clases particulares; pero, finalmente, renunció a ese proyecto. No se sabe mucho de este período: sólo que su madre en una carta le exhortaba a "ser siempre humilde", y que mostró su valentía y sangre fría salvando de morir ahogado al hijo del amigo de su padre, con el que residía.

En Alençon puso una relojería. Sus padres, tras la muerte de los otros hijos, vivieron siempre con él, incluso después de su matrimonio con Celia Guérin.

LA LUJURIA EMBOTA LA MENTE Y EL ESPÍRITU (2)

La lujuria es enemiga del Buen Amor porque es causa de la Imprudencia

ES + FINGE = ESFINGE
Mujer hermosa y mala,
como la Esfinge,
primero te regala
luego te aflige.

Mira de ella,
no la cara y el busto
sino sus huellas.

Muchos la embarran
porque mirando el rostro
no ven las garras.

Tratando del pecado de imprudencia, Santo Tomás de Aquino le atribuye como causa principal a la lujuria.
Esta enseñanza de Santo Tomás tiene estrecha relación con el tema de nuestro blog. Porque el Buen Amor debe ser necesariamente prudente. Quien elige imprudentemente a su cónyuge, lo hace muchas veces enceguecido por la lujuria. Procede con los tres vicios que hacen el ramillete de la imprudencia: la precipitación, la inconsideración y la inconstancia. Elige precipitadamente. sin madura consideración, sin oir consejo y por eso no puede mantener la elección hecha y es inconstante. Y lo mismo puede decirse de los que se separan por causa de la lujuria, abandonan al otro por un tercero, etc. etc.

El Doctor Angélico se pregunta “si la precipitación, inconsideración, inconstancia se originan de la lujuria”
Como de costumbre pasa a enumerar varias razones por las que “Parecería que la precipitación, la inconsideración, la inconstancia, que dan lugar a la imprudencia, no se originaran de la lujuria".
Pero San Gregorio afirma que los vicios anteriormente enumerados se originan de la lujuria (Moral Lib 31. Ibid). Por lo que hay que concluir que: Los vicios de precipitación, inconsideración e inconstancia, [que caracterizan y hacen al imprudente] proceden del vicio de la lujuria.

Santo Tomás pasa luego a explicar razonadamente los fundamentos de la afirmación de San Gregorio: “Respondo – dice Santo Tomás - que, como dice el Filósofo (Aristóteles, Ethic. Lib. 6, c. 5 y Lib 7, c. 11), la deleitación corrompe el juicio de la prudencia, y sobre todo la que tiene lugar en placeres sensuales, que absorben el alma entera y la arrastran al deleite sensible.
Mas la perfección de la prudencia y de cualquier virtud intelectual consiste en la abstracción de las cosas sensibles.
Luego, perteneciendo los vicios enumerados al defecto de la prudencia y de la razón práctica, como se ha expuesto (art. 2, y 5); síguese que se originan principalmente de la lujuria.
[Summa Theol. 2a 2ae, Q. 53 De Imprudentia, Art. 6 ]

LA LUJURIA EMBOTA LA MENTE Y EL ESPÍRITU (1)

La lujuria es enemiga del Buen Amor, porque ciega la inteligencia

Santo Tomás de Aquino se plantea la pregunta: De si la ceguedad de la mente y el embotamiento del sentido provienen de los pecados carnales [que son la gula y la lujuria]

Y afirma que, aunque parecería que la ceguedad de la mente y la debilidad del sentido no proviniesen de los vicios carnales, los Padres enseñan que sí. Aduce al respecto la autoridad de San Gregorio quien afirma que: la torpeza o embotamiento del sentido intelectual proviene de la gula, y la ceguedad de la mente proviene de la lujuria (Moralia Lib 37 c. 17)
Por lo tanto, dice Santo Tomás, hay que afirmar como cierto que “De la gula proviene la debilidad del sentido y de la lujuria la ceguedad de la mente”.

Y argumenta así: “Responderemos que la perfección de la operación intelectual del hombre consiste en la abstracción de las imágenes de las cosas sensibles; y por esta razón, cuanto más libre estuviere el entendimiento del hombre de tales imágenes, tanto mejor podrá considerar las cosas inteligibles y ordenar todas las sensibles; pues como dice Anaxágoras, es preciso que el entendimiento no se mezcle en las demás cosas para que impere sobre ellas, y que es menester que el agente domine la materia, para que pueda moverla, como refiere Aristóteles (Physic. Lib 8, t. 37).
Pero es evidente que la delectación aplica la intención a las cosas en que uno se deleita. Por esto dice el Filósofo (Aristóteles, Ethic. Lib 10, c. 4 y 6) que cada uno obra con más empeño las cosas que lo deleitan, pero nunca las contrarias, o algunos, si lo logran lo hacen flojamente.
Mas los vicios carnales, como son la gula y la lujuria, consisten en las delectaciones del tacto, esto es, de la comida y del deleite carnal, cosas que son vehementísimas entre todas las delectaciones corporales.
Po consiguiente, por medio de estos vicios la intención del hombre se aplica más a las cosas corporales, y, por consiguiente, se debilita la operación del hombre con relación a las inteligibles.
Y más por la lujuria que por la gula, por ser más vehementes las delectaciones de los placeres carnales que los de la comida.
Por esta razón de la lujuria proviene la ceguedad de la mente, la cual excluye casi totalmente el conocimiento de los bienes espirituales; pero de la gula proviene el embotamiento del sentido que debilita al hombre para el conocimiento de las cosas inteligibles.

Por el contrario las virtudes opuestas, como la abstinencia y la castidad, disponen más al hombre a la perfección de la operación intelectual. Por lo cual se dice (Daniel 1,17) que a estos jóvenes, es a saber a los abstinentes y continentes, dio Dios ciencia e inteligencia en todo libro y saber.
[Santo Tomás de Aquino: Summa Theol. 2a. 2ae, q.15, art. 3]