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viernes, 30 de enero de 2009

JOSÉ Y FELICITA
UNA HISTORIA DE AMOR

248.- Página de Álbum
Montevideo, a 1º de enero de 1932 [viernes]
“Nunca muere el amor, porque es una forma de Dios, una llama sagrada... yo siento que algo ha de sobrevivir: el amor que te tengo. Ese amor que tú has engendrado en mí, que se ha nutrido con lo mejor de mi alma y que ha de florecer un día en tus manos, como una ofrenda a la Vida”

Otro año.
Es la vida un ir y venir, un concluir y recomenzar incesantes. Todo lo material pasa, se transforma, cambia y desaparece en el tiempo que desgasta las formas.
Sólo se mantiene, erguido frente a la devastación de las horas, el supremo estímulo del hombre; la fuerza que lo impulsa hacia la altura, el amor.
Nunca muere el amor, porque es una forma de Dios, una llama sagrada.
Y tú, mi Felicita amada, que has encendido con tus ojos enloquecedores, la luz del amor en mí, eres también una forma divina, una creación de Dios.
Por ascender a ti, por merecer tu amor, que es para mí el Paraíso ¿Qué esfuerzo no haré yo? ¿qué camino de perfección no emprenderé? ¿qué ofrenda escatimaré entre los ritos del culto que te he erigido en mi corazón?
Un año ha muerto; otro le sucede.
Muchas veces, en el ritmo inacabable que marca la clepsidra de Cronos, se repetirá el mismo suceso: “un año ha muerto, otro le sucede”. Otras veces la esperanza lucirá en nuestro corazón y alumbrará los horizontes y el camino.
Mas, sean cuales sean las vicisitudes que nos aflijan en este año que hoy empieza, cualesquiera que sean los trabajos que nos agobien y las penas que puedan ensombrecernos, yo siento que algo ha de sobrevivir: el amor que te tengo. Ese amor que tú has engendrado en mí, que se ha nutrido con lo mejor de mi alma y que ha de florecer un día en tus manos, como una ofrenda a la Vida.
Que tus labios me sonrían siempre. Te adoro. José.