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miércoles, 18 de febrero de 2009

¡COME CI VOGLIAMO BENE NOI!
¡CUANTO NOS QUEREMOS NOSOTRAS!
BUEN AMOR DE MADRE E HIJA

Un testimonio de Teresa Viacava
Estuve cuidando a mis padres varios años seguidos, doce en total, de los cuales los últimos fueron más intensos a medida que necesitaron más ayuda. Mi papá murió dos años antes que ella. Él se valió siempre por si mismo, hasta el último día y con mucha lucidez. Ella tuvo una enfermedad que puede tener varios nombres, pero al fin, la dificultad es la misma, demencia senil, que se fue agudizando, llegando a ser al final como un bebé necesitado de todo cuidado. Siempre fue muy buena, de un corazón de oro, preocupada por el bien del otro, de su familia en primer término, ayudó a muchas personas haciéndoles trámites como obtener jubilación para dos personas discapacitadas, visitando enfermos, especialmente una enferma de artritis…
A pesar de que a veces yo perdí la paciencia, siempre me recibía con un gran abrazo y un beso a la tarde cuando regresaba para cuidarla Siempre me recibía con un gran cariño, y a medida que fue perdiendo la lucidez mental no perdió su bondad, ni su cariño, ni su necesidad de afecto. Desde que murió mi papá, de lo que –gracias a Dios- no se dio demasiada cuenta hasta el final fue perdiendo vitalidad y fuerzas y perdió la poca lucidez que tenía.
Los últimos tiempos, realmente parecía que ya no estaba con nosotros, la alimentábamos a través de un PEG, no hablaba, ni daba señales de nada, ni de entender algo, por eso la experiencia vivida por mi me llegó como algo inesperado, asombroso y como un lenguaje del Señor.