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martes, 7 de julio de 2009

LA CARIDAD EN LA VERDAD
S.S. BENEDICTO XVI

Su Santidad Benedicto XVI había dedicado su primera Encíclica a hablar de Dios Amor: Deus Charitas est = Dios es Amor.
Ahora nos envía esta otra Encíclica, ahora sobre el amor humano, que debe realizarse en la Verdad. El tema de la Encíclica es pues el mismo de nuestro Blog. Interpreto que es una Encíclica sobre el Buen Amor, que lo distingue del Falso y Mal Amor, un Amor fingido, inauténtico, no verdadero, que no es imagen y semejanza del Amor divino. Sin esa imagen y semejanza con el amor verdadero que es el de Dios, el hombre no puede amar según verdad.

He aquí el comienzo y la conclusión de la Carta Encíclica de S.S. Benedicto XVI


INTRODUCCIÓN

1. La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,22). Por tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta «goza con la verdad» (1 Co 13,6). Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la caridad en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocación a amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto, Él mismo es la Verdad (cf. Jn 14,6).