Google+ Badge

sábado, 18 de julio de 2009

LA MASTURBACIÓN
¡NO! Y POR QUÉ NO

EL PROBLEMA PASTORAL DE LA MASTURBACIÓN

Escrito por John Harvey OSFS
Traducido por P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
© Derechos Reservados - Courage International y P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

Esta traducción, ha sido tomada con autorización expresa, del Administrador de la Página: http://www.foromoral.com.ar/respuesta.asp?id=283 en el entendido de que su publicación en El Blog del Buen Amor no implica desconocimiento de los Derechos Reservados, sino que el Traductor intenta facilitar el acceso a ese estudio y a su traducción, a los visitantes del Blog del Buen Amor que no suelan recorrer otros sitios de Internet y que, de otro modo, no la habrían encontrado.

Para enviar sugerencias o trabajos escriba a: teologoresponde@ive.org
========================================================
“… tal vez la descripción más penetrante del hábito de la masturbación la encontramos en una carta de C.S. Lewis, citada por Leanne Payne en The Broken Image: “Para mí el verdadero mal de la masturbación consiste en que toma un apetito —que legítimamente usado hace salir al individuo de sí mismo para completar (y corregir) su propia personalidad en la de otra persona (y en último término en los hijos y nietos)— dirigiéndolo en sentido contrario, hacia la prisión interior de sí mismo, para crear un harén de novias imaginarias. Y este harén, una vez aceptado, se resiste a ser abandonado para salir y unirse verdaderamente con una mujer real. Porque tal harén se encuentra siempre a mano, siempre dócil, no exige sacrificios ni renuncias y puede ser adornado con atracciones eróticas y psicológicas con las que ninguna mujer real puede competir”. Esta cita puede aplicarse tanto a hombres como mujeres, y expresa la idea de la masturbación como una huida personal de la realidad hacia la prisión de la lujuria…”
=========================================================

Teniendo en cuenta que se han compuesto muchos libros sobre el problema de la masturbación, alguien puede preguntarse por qué otro teólogo más siente la necesidad de escribir sobre este tema. ¿Acaso no es presuntuoso creer que uno tiene algo nuevo que decir acerca de un problema tan antiguo que desde hace siglos afecta a hombres y mujeres?

Respondo que hay algo que aportar al tema; por ejemplo, la respuesta que uno puede dar a las nuevas concepciones sobre esta materia, y la contribución de la experiencia personal que he adquirido aconsejando a personas que luchan contra el hábito de la masturbación. He alcanzado actuales percepciones sobre la psicología de la masturbación, a partir del estudio de la adicción sexual, de la que la masturbación es el principal ejemplo.

También he quedado impresionado al apoyar espiritualmente a grupos que consideran el hábito de la masturbación algo serio, como es el caso de “Sexólicos Anónimos” (Sexaholics Anonymous: S.A.[1]) y “Adictos Anónimos al Sexo y al Amor” (Sex and Love Addicts Anonymous: S.L.A.A.[2]), “Homosexuales Anónimos” (Homosexuals Anonymous: H.A.[3]) y “Courage” (Valentia[4]). Este es, sin duda, un feliz cambio respecto de la teología de Ann Landers quien consideraba la masturbación como una posible forma de terapia.

Otra razón por la cual intento escribir sobre esta materia es el hecho de que muchas personas que luchan con su debilidad no reciben ayuda espiritual adecuada o una apropiada guía moral. En algunos casos son mal guiados por personas que les han dicho que la masturbación ayuda a realizar el acto conyugal o que es parte en el proceso de recuperación de dificultades sexuales. Hoy día se sabe bien que el hábito de la masturbación puede verificarse en todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez. Puede encontrárselo en niños, adolescentes, jóvenes, casados, ancianos, religiosos, seminaristas y sacerdotes.
Por favor, nótese que me refiero a “la tendencia” (más precisamente “la tendencia desordenada”). Muchas personas han conseguido, de diversas formas, controlar la tendencia a través de un plan de vida espiritual. Pero hay otros que luchan en la oscuridad; es para este último grupo para el que escribo.