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jueves, 26 de noviembre de 2009

AL FINAL VOLVÍ AL QUE SIEMPRE
ME HABÍA AMADO Y ESPERADO

UN TESTIMONIO HERMOSO Y VERDADERO

Es muy frecuente que Dios ponga el amor por una mujer en el corazón del varón, pero ésta no reconozca al hombre que la ama, o que él no responda a los ideales que ella tiene acerca del tipo de varón que desea para esposo. Sus ilusiones y sus sueños le impiden ver el amor que tienen delante y al príncipe que llega a golpear a la puerta de su corazón, porque viene disfrazado de mendigo. Mendigo de su amor. Muchas veces me he encontrado con mujeres que dejaron pasar ese primer amor, o lo despreciaron, y luego quedaron solteras, porque los hombres de los que ellas gustaban no gustaban de ellas. El caso que presenta esta carta es un testimonio real de una joven que no reconoció de entrada al que la amaba. Pero esta historia tiene un fin feliz. Hoy están para casarse.
La joven debe cultivar los ojos de su corazón y tenerlos limpios para poder ver el amor verdadero en el corazón del que Dios le envía como esposo. Y cuando llega o pasa, debe poder poner de lado sus sueños. Si ora, su Padre celestial no la dejará engañar. Pero si no... No hay garantía...



Querido Padre:
Cuando tenia 13 años tuve mi primer novio, Ernesto se llamaba. Fue una experiencia muy dolorosa pues él me decía que me amaba, me hacia sentir importante y querida yo tan chica y muy carente de afecto me aferré a el, él era mi mundo. Un día empezó por gritarme, luego fue una bofetada y más tarde un moretón y yo no me daba cuenta que no era normal. Aceptaba su mal trato con tal de tener alguien que me diera aunque sea un enfermizo amor. En cuanto a lo sexual