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viernes, 14 de diciembre de 2012

JESUCRISTO, ESPOSO DE MI ALMA

Testimonio de una mujer creyente que habiendo padecido la destrucción de su matrimonio ha encontrado, por el camino de la fe, una nueva relación esponsal con Cristo. 
Esto le permite seguir procurando en paz y con el alma serena, el bien espiritual del quien sigue siendo su marido por el sacramento del matrimonio, indisoluble, a pesar de la separación y el divorcio civil. 


"Le pedí a Jesús, que hoy, en mi situación de separada, que como Esposo de mi alma me enseñe más sobre receptividad, obediencia y servicio. Escucharlo, confiar en Él, obedecerle y servirle en mi realidad". 

Padre:
le envío este comentario al testimonio de Ana que Usted publicó en su último libro
“El Buen Amor en el matrimonio. Preguntas y respuestas” y que leo en las páginas 37 al 39.
Usted lo había publicado en el Blog del Buen Amor en una Entrada de fecha viernes 13 de agosto del 2010.

Paso a tratar de expresar lo que produjo un gran impacto en mi alma hoy, cuando leí el testimonio de Ana.
No sólo por la toma de conciencia que me ha producido, sino porque reconozco una gran verdad en sus palabras, porque así ocurría en un tiempo en mi matrimonio.

“Y cuando uno empieza a escuchar al esposo – escribe Ana-, empiezan a suceder cosas sorprendentes. Quizás la primera es que el marido empieza a sentirse escuchado. Y eso le trae un nuevo sentido de su responsabilidad espiritual hacia la esposa y la familia. Y de allí nace una fuerza nueva en el corazón del varón bueno, para sacrificarse en el trabajo, el estudio.”

Leyendo esto, primero sentí como una pena, porque en las buenas épocas de mi matrimonio, mi marido fue un luchador, en su trabajo, en el estudio, en tratar de salir para delante, hasta que se fueron desvirtuando las cosas, yo lo dejé de escuchar, quedé atada en mi rosca, centrada en mí misma, buscándome más que nada a mí. Los chicos, la casa el trabajo, el deporte, las amigas, estaban primero…

Y por supuesto que las conductas fueron cambiando, y la relación enfermando. Por supuesto que dejé de escucharlo a mi esposo y de hacerle caso a sus sugerencias, que hoy en el tiempo las veo que eran con sentido común…

 Pero hoy, leyendo el testimonio de Ana y pensando en mis errores pasados, me dije: “esto ya pasó, ya fue, no hay cambio, porque pertenece al pasado. Hoy no puedo reconstruir lo destruido ni modificar nada de lo que ya fue”.

Pero doy gracias a Dios porque en vez de quedarme sumergida en la tristeza de lo ocurrido, le pedí a Jesús que me ayudara en mi nueva situación de separada. Le di gracias porque me hizo tomar consciencia de mi error, de mi cuota parte en la separación. Y le pedí, que hoy, en las conversaciones que tengo cuando me encuentro con mi esposo, pueda ser más receptiva, pueda escuchar con más atención lo que me dice. Porque aunque estemos divorciados por lo civil y él vaya por la enésima pareja, seguimos teniendo que hablar con motivo de los hijos, la casa, la pensión alimenticia, el pago del colegio...

Le doy gracias a Dios porque me ha hecho comprender que sigue siendo mi esposo ante Dios y yo su esposa. Le doy gracias porque no me ha dejado engañar, como se engañan tantas, queriendo "reconstruir mi vida" con otro hombre.

Le pedí a la Virgen Madre, esposa de San José, que me enseñe a ser una buena esposa en esta situación de separación y de divorcio civil. La fui imaginado y contemplando en algunas situaciones difíciles: como ser en camino a Belén (con todo preparado para la venida de Jesús y el cambio de planes), camino a Egipto (país nuevo, con lengua extraña, sin conocidos), camino a Nazaret nuevamente (¡Vuelta a empezar!). La imaginé receptiva, atenta y obediente a su San José. Y pedí que me diera la gracia de poder imitarla.

También le pedí a San José la gracia para mi esposo de recuperar lo perdido…

En tercera instancia, le pedí a Jesús, que hoy, en mi situación de separada, que como Esposo de mi alma me enseñe más sobre receptividad, obediencia y servicio. Escucharlo, confiar en Él, obedecerle y servirle en mi realidad.

Creo que fue Él mismo Quien por providencia puso esta lectura en mis manos, y el deseo sincero en mi corazón de amarlo, confiar en Él en todos mis miedos, tristezas y broncas, escucharlo, obedecerle y servirle ¡como esposa!

Sé por experiencia personal, que cuando uno entrega su miseria, cuando uno en oración y con el corazón, y la voluntad le ruega a Jesús que transforme lo que tenemos, lo que somos. Él, en su momento (que no es el nuestro) hace la multiplicación de los panes que nosotros le brindamos.

Por eso en fe, ya doy gracias por todo lo que me espera. Después de la lectura del testimonio de Ana, del rosario y de la alabanza en agradecimiento por todo lo recibido, espero con serenidad el cambio en mi vida que ya experimento en mi corazón.

Le pido que publique Usted este testimonio porque veo que las mujeres de hoy vivimos engañadas y como perdidas. Pro no ponga mi nombre.

[La autora se refiere al libro: “El Buen Amor en el matrimonio. Preguntas y respuestas” Editorial Lumen, Buenos Aires 2012, 172 págs.]