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lunes, 21 de enero de 2013

¿CÓMO EDUCO A MIS NIÑOS EN LA FE?
TESTIMONIO DE UNA MAMÁ

Una mamá, respondiendo a la pregunta de otra, le explica cómo está educando a sus niños en la fe

(Imagen: Madonna della Providenza)

Querida Ana:
Lo mío comienza desde la concepción. Cuando me entero que estoy embarazada se los ofrezco al Padre y le pido que sean Santos, Hijos de Dios. A todos les escribo un diario que comienza: “Te recibimos como don de Dios y bien para los hombres…”.

Durante el embarazo le rezo a su Angelito de la Guarda. Cuando comulgo, me imagino todo mi interior alumbrado por la gracia de la eucaristía, especialmente mi vientre y el bebé recibiendo todo ese torrente de luz y gracia.

Después que nacen, de forma natural y espontánea les voy mostrando las imágenes religiosas. Mi esposo también hace lo mismo. De esto tengo dos anécdotas:

María tenía pocos meses y mirando un ícono oriental de la  Virgen hizo un guiño y se rió de una manera muy especial. Intuyo que estaría observando algo especial que los grandes no veíamos, porque es imposible que a esa edad pueda realizar una guiñada.

Luisito, el hermanito, también. Al mirar otra imagen de la Virgen se reía y saltaba en los brazos.
A medida que van creciendo, a todas las imágenes religiosas las llaman: “Amen”.
Cuando un sacerdote vino a bautizar a María, Luisito tenía 21 meses y al verlo llegar al auto, lo señaló y exclamó: “Amén”. A esa edad ya fue capaz de distinguir al ministro de Dios. No tengo otra explicación, nunca le había enseñado explícita mente nada al respecto.

Supongo  que los tuyos también harán cosas semejantes. Porque lo he observado en otros niños de papás creyentes.

En este momento Luisito tiene cuatro años y María, dos. Son más chicos que los tuyos. Y viene otro en viaje. Es mi quinto embarazo.

Tratamos de trasmitirles lo religioso de forma muy natural e incorporado a la vida. Por ejemplo, si veo un cielo estrellado, exclamo: “¡Gracias Padre por el cielo que nos diste! Por todas las estrellitas, los planetas, como aquél que está allá…”. En otras ocasiones he realizado oraciones de alabanza y ellos me piden “más”. Seguro que sentirían el mismo gozo que yo, por eso pedían más. O les enseño a decir “Padre, te amo”; “Virgencita, te amo”.