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jueves, 13 de junio de 2013

YO PENSABA SER LA PREFERIDA DEL SEÑOR...

Me escribe una mujer inquieta porque
 le vienen celos de no ser la única 
a quien ama Jesucristo. 
Le he pedido a otra mujer que vive una mística esponsal muy profunda y teológica con el Señor, que le responda y le cuente cómo entiende ella el misterio de la mujer Iglesia - individual - concreta, única. Miembro o célula del cuerpo místico de la Iglesia.

LA CONSULTA
Padre,
Al leer las experiencias  de algunas mujeres que Usted ha venido publicando en el Blog del Buen Amor, respecto de cómo el Amor de Dios las ha seducido  para un amor esponsal, sentí cierta tristeza porque yo pensaba que esto le pasaba a muy pocas personas y que yo era la preferida de Jesús, pero resulta que no. 
Ahora, no sé qué pensar, me desanimo y ahora sí entendí que la Esposa de Jesús es La Iglesia, o sea somos todas y cada una de las personas que formamos la Iglesia. ¿Será esto, egoísmo o un Amor que todavía yo no he entendido?
Gracias.

RESPUESTA DE UN ALMA ESPOSA
Querido Padre:
me di cuenta recién de esta consulta. Y me digo que tal vez sucedió porque el Señor aún no me había mostrado cuál sería mi respuesta.  Ahora que me doy cuenta, siento que tengo la respuesta para darle. 
Cierto tiempo atrás recuerdo haberme sentido yo también así, algo celosa del Amor del Esposo de mi alma…

Pero luego, poniendo mi corazón en contemplación me vinieron al espíritu estas reflexiones tranquilizadoras que fueron disipando esa fea tentación de celos:

Jesús es Dios, Él tiene Amor sin medidas, Él Ama verdaderamente a cada creatura Suya por igual, sin embargo a unas las destina para ciertas misiones. A nosotras las mujeres nos llama a ser Esposas del Cordero, esposas del Verbo como partículas de la Iglesia total en las que está presente la Iglesia entera. Hablo concretamente de la creatura mujer bautizada.  No todas viven sin embargo de la misma manera ni con la misma intensidad ni con el mismo grado de conciencia refleja este llamado.

Jesús-Hombre toma sobre Sí mismo el yugo de Esposo, y asume Su rol de manera tan especial que causa en el alma de la Esposa la plenitud total y la bienaventuranza de sentir ese llamado como lo más maravilloso que puede ocurrirle en la vida.