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viernes, 25 de abril de 2014

FALSA COMPASIÓN [2 de 20]
SIN DISCERNIMIENTO
LA CARIDAD SE CORROMPE"
San Ignacio de Loyola

"LA FALTA 
DE DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL
ES EL PEOR ENEMIGO 
DE LA CARIDAD VERDADERA"
Ignacio de Loyola
Esta entrada continúa el tema de la falsa compasión o moderna falsificación de la caridad . Señalada por Mons. Michel Schooyans.
El fenómeno era conocido ya por los Padres del 
desierto y se describe en escritos espirituales de los santos.

(Fragmento de la carta de san Ignacio de Loyola sobre la Perfección. Escrita desde Roma el 7 de mayo de 1547 y dirigida a los Padres y Hermanos de Coimbra, Portugal. Actualizo algo el texto escrito en castellano antiguo. El texto original completo puede verse en Obras Completas de San Ignacio de Loyola, BAC Madrid, 1963, págs. 679-689, el fragmento en la segunda parte de la carta, p. 685) 
Ilutración: el santo en la Cueva de Manresa.
"El demonio no tiene ningún arma tan eficaz
para quitar la verdadera caridad del corazón,
como hacer que se proceda en ella
incautamente, y no según razón espiritual"
[San Bernardo]

.            "Lo que hasta aquí he dicho para despertar a quien durmiese, - escribe San Ignacio a los Padres y estudiantes jesuitas en Coimbra - y correr más a quien se detuviese y parase en la vía, no ha de ser para que se tome ocasión de dar en el extremo contrario del indiscreto fervor.
Porque no solamente vienen las enfermedades espirituales de causas frías, como es la tibieza, sino también de de calientes, como es el demasiado fervor. “Sea vuestra ofrenda razonable”, dice san Pablo  [Romanos 12,1]. Porque sabía que es verdad lo que decía el salmista: “La majestad del Rey ama el juicio” [Salmo 98,4]. Y lo que se prefiguraba en el Levítico diciendo: “en toda ofrenda tuya ofrecerás sal” Lev. 2,13].
Y es así que, como dice Bernardo[1], no tiene arma de guerra ninguna el enemigo, tan eficaz para quitar la verdadera caridad del corazón, cuanto el hacer que incautamente, y no según razón espiritual, en ella se proceda.
“Nada en demasía” dicho del filósofo[2], se debe observar en todo, aún en la justicia misma, como leéis en el Eclesiástico: “no quieras ser justo en demasía” [7,17].
Si no se tiene esta moderación, el bien se convierte en mal y la virtud en vicio, y se siguen muchos inconvenientes contrarios a la intención del que así camina.