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viernes, 17 de octubre de 2014

Respeto y justicia

RESPETO, CONSIDERACIÓN, ATENCIÓN
PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE LA CARIDAD
PRESUPUESTOS DE LAS VIRTUDES CARDINALES
TEMPLANZA, FORTALEZA, JUSTICIA Y TEMPLANZA

Respeto procede del latín re-spectus, y tiene sus derivados re-spective (respectivamente). De la raiz "spicere" derivan in-spicere, adspicere = mirar con atención, y no simplemente videre = ver (impersonal).

Aspicere se usa especialmente para mirar personas. El "ad-spectus", el aspecto de alguien es lo que alguien percibe de esa persona mirándolo atentamente estando en su “acatamiento” en su presencia.(Acatamiento, del verbo catar= mirar atentamente)

El prefijo "re" de la palabra re-spectus expresa reforzamiento de la acción por reiteración o por intensidad o atención de la mirada: "re-spicere" es mirar atentísimamente y percibir quién es el otro y sobre todo quién es en su relación conmigo y quién soy yo en mi relación con él. 
Es una percepción del otro simultáneamente conmigo mismo y la simultánea percepción del vínculo que nos une. Porque la relación entre ambos es algo real que forma parte del ser (accidental pero real) de cada uno de los términos de la relación.
Sin embargo, la inmediatez de la percepción supone un aprendizaje previo del quién es quién y de cuál el vínculo que los une. 

Consideración.
En castellano se asocian el "respeto" con la "consideración" y la falta de respeto con la "desconsideración" que es, naturalmente, tan ofensiva como la falta de respeto o de atención. Considerar viene del latin cum-siderare. Siderare significa contemplar, observar (como se observa el cielo) cum-siderare es observar atentamente, examinar; agrega a la idea de examen del objeto el la idea del examen racional, reflexivo, reflejo, del objeto. 
Tratar a alguien con respeto es tratarlo con consideración, atentamente, es decir atendiendo a quién es y en qué relación está con uno. Es decir que la percepción espontánea del otro va doblada de una intelección reflexionadade quién es, de quién soy y de cuál es nuestro vínculo.

De ahí que toda mirada pre-juiciada impide verlo tal cual es y es in-respetuosa.

Amor y respeto
En el rito matrimonial los esposos se prometen "amor y respeto". El respeto es como un cerco protector del amor de amistad matrimonial, contra el desorden egocéntrico o egoísta que olvida el bien  del otro y sobre todo el bien común, porque el bien propio buscado sin atender al bien del otro, tampoco es un bien propio, pues ya no es aquél bien propio que se encuentra en el contexto del bien común, del bien compartido, sino que es un bien del yo desvinculado y autónomo, autárquico, "des-considerado y por lo tanto in-respetuoso, carente de respecto, falto de atención al otro cónyuge.

Y aquí nos encontramos con la "atención", con el ser atento con el otro. Atender viene de ad-tendere o tendere ad, tender hacia el otro, estar referido al otro, por la consideración y el respeto al otro y al vínculo que los une: esponsal, fraterno, filial-paterno o viceversa. Desde el vínculo con uno pero, de alguna manera, saliendo del sí mismo hacia el otro.

Todo esto no cae bajo mandamiento. El respeto es algo cultural y en consecuencia moral. Es del orden moral porque "mores" son las costumbres y lo moral es lo que se ajusta al uso y la costumbre. Pero el uso mismo, la costumbre, es algo anterior,  es una realidad del orden de la cultura, de los usos humanos que han de ser aprendidos dentro de la cultura que los generó y de aquéllos que son sus portadores.

Por lo tanto, es posible que alguien no haya aprendido las conductas del respeto, la consideración, la atención al otro y que deba aprenderlo todavía. 
No es culpable en el caso de que no se la haya enseñado. Sí sería culpable si habiéndosele enseñado el ejercicio de esa virtud cultural, él luego, voluntaria y libremente, se apartase de ella.

Si no hay educación cultural previa arespetar un determinado vínculo, -- por ejemplo al vínculo filial paterno, o al vínculo inter-fraterno --, es dable presumir que esto sea indicio de una carencia más global en la persona, una deficiencia global en la educación de la virtud del respeto a los demás por sí mismos, y no en cuanto son objeto, de mi parte, de un amor de concupiscencia y no de benevolencia mutua.

Para saber si la convivencia con una persona habitualmente irrespetuosa y desconsiderada es posible, hay que preguntarse si esos defectos son corregibles o incorregibles. De si es algo humanamente posible y dable esperar de ella, y de la capacidad educativa de su situación en un sistema de relaciones interpersonales.

Corregible o incorregible?
La corrección del vicio de la desconsideración hacia los demás puede intentarse a través de prácticas exteriores disciplinares. Pero aún si se lograra el sometimiento exterior a las pautas domésticas, si faltara el respeto de fondo a los demás miembros del sistema de relaciones familiares o sociales, al padre, a su esposa, al hogar, a la casa y sus bienes, si faltara esa virtud, inevitablemente no habrá paz ni gozo posible en la convivencia doméstica.
Tanto Platón como Aristóteles coinciden en que una democracia es impracticable si los ciudadanos no son virtuosos.

En esos casos, como por ejemplo en el caso del conflicto de intereses entre Abraham y Lot, lo aconsejable es la separación para la preservación precisamente de la salud del sistema de vínculos, es decir, tomando en consideración, respetando y atendiendo no solamente al bien de un miembro y del vínculo entre dos de los miembros de un sistema de relaciones y de vínculos afectivos y de respeto, sino tomando en consideración el bien del conjunto y "respetando" la verdad de los hechos, considerados atentamente.

Por último hay que decir que el respeto y la consideración es condición previa necesaria del ejercicio de la justicia, como acto y como virtud. Si la justicia es dar a cada uno lo suyo, es necesario para ejercitarla que la consideración atenta y refleja del bien de los demás y del bien de los vínculos recíprocos con cada uno y con el conjunto e interrelaciones entre ellos, sea objeto de un examen reflexivo de orden intelectual, meditado, orado, moderador de los impulsos que han de ser regidos por la templanza y la fortaleza.

Platón y Aristóteles coinciden en que el individuo que no es capaz de gobernar con su razón sus impulsos hacia el bien o frente al mal, es malo. Y que sólo puede llamarse bueno [o bien educado] al que gobierna con su razón reflexiva sus impulsos y pasiones frente a los bienes y los males.

Donde no hay re-spectus, cum-sideratio, ad-tentio no puede haber justicia, porque el sujeto víctima de sus impulsos primarios, de sus apetitos instintivos o sus deseos anímicos no moderados por la razón con la consideración del bien ajeno o del bien común, no puede dar a los demás lo que les debe en justicia.
Y se comprende inmediatamente que sin justicia no puede haber prudencia.

Una consideración atenta y reflexiva del estado de ese individuo [independientemente de un juicio moral acerca de si esa carencia es culpable o no] prescribiría tener en cuenta que no se puede esperar de ella sino un comportamiento autocrático y desconsiderado para el bien de los demás. 

De modo que la prudencia aconseja, como aconsejó a Abraham, separar sus caminos de los de su sobrino Lot y los suyos, en bien de los miembros de su casa, familia y servidores, tanto como de los bienes necesarios a su subsistencia. Y separarse no sólo mediante un contrato relativo a los bienes económicos y de intereses, sino mediante una efectiva distancia local, geográfica, de campamentos y pasturas