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viernes, 12 de junio de 2015

DECLARACIÓN DE AMOR - José María Pemán

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Billete de antaño
DICIENDO menos que quiero
y sintiendo más que digo,
con toda el alma en la pluma
este billete os escribo.

El os lleva en sus renglones,
soñados, mejor que escritos,
los ayes de un corazón
por unos ojos herido;
las querellas de un cuitado,
los anhelos de un cautivo
y la ofrenda de un amor
que es sincero, porque es mío.

Se que la ofrenda es pequeña
para el precio que yo pido,
y que ofeciendo tan poco
casi es injuria el pedirlo;
mas sabed, dueña y señora,
tirana de mi albedrío,
que la petición que dejo
sometida a vuestro juicio
no es pleito de toma y daca,
ni contrato de servicios
donde se den las mercedes
a tenor de lo ofrecido.
Yo no pudiera ofreceros
heredades ni castillos,
ni sortijas, ni collares,
ni vajillas de oro fino,
ni faldellín de brocado,
ni atrencillado justillo,
ni chapines de oro y seda,
ni otras galas y caprichos...
Un blasón pudiera daros
con sus cuarteles, tan limpios
como pudiera tenerlos
en un blasón el rey mismo;
un hierro de mis mayores
en sangre mora teñido
(que el verter sangre de moros
era antaño honrar a Cristo);
cuatro yugadas de tierra
de pan de llevar; un molino
con su alfoz de tierras calmas
con honores de cortijo;
una yegua corredora
para hacer nuestro camino,
y en llegando a nuestro hogar,
que es grande, sin ser castillo,
colación sana y caliente,
agua buena, mejor vino,
mesa abundante, pan tierno
buen humor y mantel limpio.

Y si esto os parece poco,
aunque es mucho, por lo fino
del amor con que os lo ofrezco
y el amor que a cambio os pido,
yo os entrego sobre todo
lo que tengo de más mío,
que es, dueña, este corazón,
por esos ojos herido.

Si os place, aceptad la ofrenda;
mas si pensáis que el pedirlo
es pedir mucho y dar poco,
tenedlo por no pedido,
que mujer que pesa y mide
por ofrendas su cariño,
ni es la mujer que yo quiero,
ni es la mujer que yo pido.

Si es así, contad, señora,
que me he muerto agora mismo,
y no soñéis que en la vida
vuelva a pediros cariño;
que soy pobre... !mas no tanto
que me convierta en mendigo!
José María Pemán