EL DEMONIO ENTROMETIDO [1 de 3]

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ESOS PENSAMIENTOS DISTRACTIVOS QUE TE ENAJENAN DE TU ESPOSO

Su naturaleza demoníaca
El relato de una experiencia espiritual esponsal

Acabo de recibir un testimonio de Pía. ¡Qué hermoso testimonio el suyo! ¡Qué experiencia de gracia! ¡Qué luz!  ¡Qué iluminación interior tan maravillosa que le permitió  advertir la naturaleza de las mociones espirituales y conocerlas por sus efectos! ¡Conocer la maldad de pensamientos que parecen inofensivos, pero que le birlan al alma la atención a bienes mejores!
Aconseja San Ignacio de Loyola examinar las mociones interiores, los pensamientos, miedos, deseos, imágenes: Las buenas para recibirlas y las malas para desecharlas. 
Eso ha hecho Pía para mociones que suceden en momentos muy especiales de la vida matrimonial. Pía tiene plena razón, el demonio quiere arrebatar a la mujer de los brazos del esposo. Le podríamos poner el nombre "el entrometido o el meterete".

Indiscreto a propósito, este pensamiento, si no puede arrebatarle al esposo el cuerpo de la esposa, pugna por arrebatarle la atención de la esposa y, con ella, su alma, la voluntad de entregársele, la capacidad de hablarle y comunicársele mientras se le entrega.
Si no puede enajenar la voluntad de entrega, combate su atención para distraerla. Pía lo ha experimentado y nos lo narra muy bien.

 Mi querido Padre:
            Hola!
            Releyendo mi testimonio que aparece en la página 80 de su libro Me quiero casar (y que ya ni me acordaba que lo había escrito), es que le quiero contar otro ejemplo que desde hace un tiempo vengo considerando: es sobre el diálogo con el demonio en el encuentro esponsal.
            Me sucede a mí, y creo intuir que al resto de las mujeres también, pues no me siento muy distinta de las demás hijas de Eva ja ja ja.
Por ser mujer somos muy sensibles a palabras, caricias, actitudes, aromas, etc. etc. etc. y  pienso que ahí, en esa realidad de debilidad, Satanás encuentra el momento para manotearnos la atención y violar nuestra alma femenina con la  intrusión de pensamientos parásitos. Me suele atacar justamente en ese momento de mayor comunión entre mi esposo y yo, ambos bajo el velo de gracia del sacramento del matrimonio y queriendo llamar un hijo al mundo para Dios.
            Es así, que durante mucho tiempo y en muchísimas ocasiones, me encontraba dialogando con pensamientos que me invadían la mente, en vez de entregarme al amor de mi esposo atendiéndolo a él, hablándole a él. En pleno encuentro, de pronto, un pensamiento intruso te distraía de tu esposo y te aísla para comunicarte con él y hablarle a él. 
           En esos momentos me daba cuenta que eran tentaciones y las apartaba, pero de nuevo una y otra vez el pensamiento intruso me volvía a atacar,  poniéndome en actitud e quien observara la relación desde afuera. Como proyectando un foco policial sobre nuestro secreto encuentro esponsal. O trayéndome al recuerdo imágenes de algún pretendiente del pasado. 
O tonterías, como que mi esposo estaba sin afeitarse, que es verdad que nos incomoda, pero otras tantas veces ni me importó. Y el demonio me distraía, me abstraía con esas nimiedades de lo que estábamos viviendo con mi esposo.
Nunca atiné a decirle a mi esposo nada de esto, son vivencias que recién ahora las estoy reconociendo en su verdadera naturaleza demoníaca, recién ahora estoy pudiendo verlas claramente y expresarlas, exteriorizarlas. Además él parece no percibir, en esos momentos, mis estados de ánimo o mis luchas espirituales.
            Siempre me di cuenta que eran tentaciones, pero tardé en recibir esta luz, esta gracia - lo repito - de entender que consistían en dialogar interiormente con un pensamiento intruso, distractivo, de hacerme desviar mi atención de mi esposo, para distraerme con pensamientos invasivos y hasta a detenerme, en ese diálogo inadvertido con lo que ahora entiendo como de naturaleza demoníaca, 

Satanás enemigo del amor esponsal fecundo y de la entrega sagrada del uno al otro.

Quizás en estos diez y seis años de casada, me doy cuenta ahora de que esto casi siempre me pasó. Algunas veces más, otras menos. Pero hace unos meses atrás mi inadvertencia ante la naturaleza perversa y demoníaca de estos pensamientos distractivos que me invadían en plena relación marital, habían llegado al punto, más grave, de inspirarme rechazo a mi esposo. Entonces tuve la gracia de caer en la cuenta, por los efectos de esos pensamientos, y por el bien que atacan y arrebatan, de hasta qué punto son de naturaleza demoníaca y debo desecharlos prontamente sin pararme a examinarlos ni dialogar ¡ni discutir tampoco! con ellos.
En ese diálogo con los pensamientos del Malo, también entraba el tema de mi sequedad vaginal transitoria, el dolor físico, etc. Esto me había comenzado a angustiar, porque no me quería ver así.
Fue entonces cuando aprendí a acudir en estas situaciones a Jesús, como  al Esposo de mi alma, tanto en las distracciones espirituales como en los inconvenientes físicos. En realidad en muchas otras ocasiones ya le había hablado a Jesús del tema, pero esta vez Él me inspiró para que depositara más confianza en Él que nunca antes: “Esposo mío, en ti confío”
            Esa confianza de depositar en Jesús Esposo del alma el encuentro esponsal con mi esposo terreno -- ministro sacramental del Esposo divino - me ha llevado a vivir nuestros encuentros más plenamente y sentir que me encuentro -- a mí y a mi esposo en esos momentos sagrados -- debajo de aquél velo nupcial de nuestra boda de velaciones que simboliza, como un toldo, el Espíritu Santo sobre nuestro amor esponsal.
           
¡Sí! esta última vez, advertí claramente cómo mi acto de confianza en Jesús mi Esposo divino había actuado como exorcismo y -- librándome de esos pensamientos parásitos --, me devolvía toda mi capacidad de concentrarme en brindarle toda mia atención a mi esposo terreno, como él se lo merece y yo quiero brindársela. Siento haber alcanzado, por gracia divina, esa madurez en el amor esponsal.

            Hace unos días nos sucedió que estábamos los dos solos frente al sagrario, mi esposo tenía su mano sobre mi hombro. ¡Fue algo único! una experiencia espiritual muy fuerte,  de una gran consolación espiritual para los dos, yo le decía a mi esposo que estaba con mis dos esposos y  que no quería salir de ahí. 
Bueno, me resultó un poco difícil encontrar las palabras para describir ese diálogo entre el demonio y el alma femenina.
Que Jesús, Esposo de mi alma, y mi esposo, amigo del Esposo, nos ofrezcan al Padre, y nos tengan bajo el velo nupcial de nuestra misa de velaciones. 
Su hija, Pía.

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