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viernes, 27 de junio de 2014

FALSA COMPASIÓN [12 de 20]
"OBEDIENCIA QUIERO Y NO COMUNIONES"

Respondo a una consulta de Carmen

Ella me escribe inquieta por el tema en boga: la comunión de los divorciados.
Si lo que queremos, como hijos de Dios por el bautismo, es complacer a Dios Padre, lo que importa es obedecerle gustosos, hacer su voluntad. No podemos desear "hágase tu voluntad" cuando en los hechos queremos imponerle la nuestra.
 En una palabra: unos pueden hacer la voluntad del Padre comulgando, y otros hacerla absteniéndose de comulgar. Eso es lo que importa.

El correo de Carmen dice:

 Hace un tiempo escribi a Catholic net una pregunta que no me han contestado. Vuevo a preguntar. dice Cristo tambien a Pedro que lo que ate en la tierra será atado en el Cielo y lo que desate en la tierra sera desatado en el cielo? Si uno mata a su conyuge, y luego se arrepiente Dios le perdona y se puede volver a casar pero si te divorcias Dios no te perdona?


Muy estimada: 
Su pregunta deberían haberla dirigido los amigos de la webmaster de Catholic.net al autor del artículo, P. Javier Olivera <javierolivera@ive.org>
Le estoy reenviando copia a él, que sin duda responderá con mayor conocimiento que yo sobre el tema que domina.

Pero creo que el Padre ha querido que me la enviaran también a mí para que le comparta la luz que se me alcanza sobre el tema que la inquieta.

Antes que nada, es un error decir que Dios no perdona el divorcio.
Estamos hablando del divorcio civil. Ese divorcio también lo perdona el Señor.
Más aún, ni siquiera es pecado si hay razones válidas y reales para divorciarse (civilmente), como en el caso de malos tratos, riesgo de vida, etc.
Esto es enseñanza de la Iglesia. Le recomiendo que lea el Catecismo de la Iglesia CAtólica.

Por el contrario, del matrimonio sacramental, válidamente contraído, no hay divorcio posible. Dios mismo lo ha dicho. El Padre, Cristo, la Iglesia permiten la separación por graves razones como en el divorcio civil. Pero mientras que el vínculo civil se disuelve, muy al contrario, el vínculo sacramental del matrimonio dura lo que el juramento irrevocable ante el altar: "hasta que la muerte nos separe".
Aunque los esposos se separen en vida, lo cual es lícito si hay razones graves, el sacramento permanece intacto. Esto impide tomar un nuevo cónyuge o, como dicen vulgarmente "rehacer su vida".

Jesús enseña que lo que el Padre no quiere, lo que le desagrada, es que luego de un matrimonio sacramental, un hijo suyo atente otra nueva unión. Si se hace eso, desconociendo la voluntad del Padre, el bautizado deja de comportarse como hijo, abjura y apostata en los hechos de su condición filial.. ¿Por qué? ¡Porque se desentiende de la voluntad del Padre y le opone su propia voluntad al querer del Padre!

EL AMOR NO SE TOMA VACACIONES

HASTA LOS PÁRROCOS 
SE DAN UN DÍA LIBRE 
¿POR QUÉ NO VOS?

Estimado Padre Bojorge, buenas noches.
Soy Sonia, ama de casa costarricense, que toma en serio su camino de santidad.
Recién he visto su programa de hoy "Doctrina resumida de los Padres del Desierto" y me asombró
la semejanza de lo que Usted expuso y lo que experimento una vez a la semana, más o menos.

Ya no veo TV comercial, sólo el canal católico, ni uso las redes sociales, ni escucho radio, ni hablo boberías por teléfono, pero sí me "escondo" del tedio, cuando me ataca la acedia, comiendo en exceso en el tiempo de comida y hoy, por ejemplo, además de eso, no fui a Misa, ni hice la Visita al Santísimo. 

El pensamiento que me invadió fue: "hasta los Párrocos se dan un día libre, por qué no vos?"
Me atrevo a escribirle, porque describió muy bien lo que nos ha  pasado a mi esposo, a mis hijos y a mí.

A veces lo comentamos entre nosotros y nos damos ánimo para no flaquear, pero a veces le hacemos la "seguidilla" al demonio y nos portamos blandengues y hasta risueños con esas flojeras.
 Dios lo bendiga y acompañe.

Querida Sonia: 
Me alegro de que el Señor se haya valido de ese video para hacerle comprender la clase de mal espiritual, mejor dicho la tentación que la ataca a Usted y familia. 
Fíjese bien en ese pensamiento: "Hasta tu párroco se toma un día de descanso"
Los enamorados no se toman descanso. Si nuestro vínculo con el Señor, con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu santo, es un vínculo de amor con nuestro Creador, Nuestro Salvador, médico, maestro, pastor y sacerdote, con nuestro Abogado y Consejero que es el Espíritu santo... Si nuestro vínculo con ellos es de amor... no necesito tomarme descanso del amor, porque el amor busca descansar en estar con el que ama: "Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos".
¿Qué decir de un esposo que necesita tomarse un día libre de su esposa, o de su esposa e hijos? O viceversa.

Si el demonio le puede sugerir algo así, es porque algo anda mal en su enfoque de "tomarse la santidad en serio". Temo que Usted tiene una mala imagen de lo que es ser santa. Quizás una exigencia del tipo de la Ley. Quizás un convertir la gracia en Ley y empezar a soportar lo que debía gozar. Quizás empezar a inquietarme en vez de recibir la paz. 

Vuelva pues a la fuente del amor en su alma. Vuelva a la gracia. Le mando adjunto un archivo con los links o enlaces a unas conferencias del Padre dominico español Fray Jesús Villarroel. Empiece a escuchar las predicaciones sobre el CAntar de los Cantares. Y téngame al tanto. Porque tengo luego otras sugerencias que le abrirán caminos de felicidad insospechada para su trato con el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo.
Va una conferencia de "promoción" 

Por hoy no puedo continuar. Muchas bendiciones para Ud, esposo e hijos 
Padre Horacio

martes, 24 de junio de 2014

PUEBLOS SIN ÉPICA

Pueblos sin épica
23 de junio de 2014


 Por Juan Manuel de Prada


DECÍA Somerset Maugham que «el periodismo deportivo es la literatura de los pueblos sin épica; pero al menos, poniéndolos a escribir crónicas de fútbol, nos libera de la amargura de los malos escritores». No es magro beneficio, pues, el que el fútbol proporciona a las sociedades, si en verdad las libera de la amargura de los malos escritores, poniéndolos a escribir crónicas de fútbol; pues, como nos decía Unamuno sobre Azaña, un escritor sin lectores es la persona más temible del mundo. Tal vez si a Azaña lo hubiesen puesto a escribir crónicas de fútbol, los demócratas de antaño no se hubiesen puesto las botas a quemar conventos; y los demócratas de hogaño, deseosos de quemarlos otra vez, no añorarían tanto la Segunda República, con lo que al menos nos ahorraríamos la tabarra de las banderitas tricolores.



La eliminación de los tiquitaqueros nos ha exonerado de leer cada día tropecientas crónicas de fútbol perpetradas por malos escritores; aunque temo que la ociosidad termine despertándoles a todos la amargura, anestesiada por las vicisitudes ineptas del tiquitaca, y, viéndose de repente sin lectores como Azaña, acaben poniéndose a escribir soflamas regadas de espumarajos y anacolutos en favor de la Tercera República. Escribía Spengler en La decadencia de Occidente que, en las sociedades decadentes, la tensión espiritual es suplantada por la tensión corpórea del deporte. La tensión espiritual, que es la propia de los pueblos con épica, eleva al hombre y lo empuja a realizar hazañas gloriosas y trabajos ímprobos; y, llegada la hora de la derrota, inspira espíritu de sacrificio y santa resignación. La tensión corpórea, por el contrario, solo engendra el entusiasmo de la bravuconería y la exultación del matonismo; y, llegada la hora de la derrota, solo inspira una amalgama de derrotismo y rabia que enfanga a los pueblos en las pasiones más abyectas.



Wenceslao Fernández Flórez, en una deliciosa sátira contra el deporte titulada El sistema Pelegrín, desgranaba las bajas pasiones que alimenta el fútbol: «Al espectador no le importa nada el fútbol, aunque sostenga frenéticamente lo contrario. Ni le interesa que exista una humanidad vigorosa, ni que tal o cual individuo aislado tenga desarrollados al máximo sus bíceps o sus músculos gemelos. Tampoco le importa que el equipo más ligero, más enérgico o mejor preparado triunfe. Lo que le interesa, lo que persigue con intransigencia permanente, con avidez enfermiza, es el éxito de un cierto grupo, al que adscribe sus simpatías por razones de vecindad, de amistad o de una difusa preferencia enraizada a veces en las causas más incongruentes. El hombre enamorado quiere porque sí. El fanático de un equipo procede por la misma razón».



Siempre fue España un país de gentes que quieren «porque sí»; pues el español es por naturaleza hombre de querencias (y también de aversiones) inexplicables. Y el fútbol de los tiquitaqueros no ha hecho sino exagerar este rasgo, envileciéndolo fatalmente de una puerilidad que, mientras dura la fiesta, parece patriotismo; pero que realmente es la efervescencia propia de un pueblo sin épica que disimula su inanidad y poltronería de forma risible y penosa a un tiempo, mostrando mayor agitación, ansiedad más viva e inquietud más torturadora ante once maromos pegando patadas a una pelota que ante los muros ya desmoronados de su patria, que ni siquiera se molesta en mirar.



La eliminación de los tiquitaqueros es el justo castigo para un pueblo sin épica. ¡Pero que Dios nos libre de la amargura de los malos escritores que ahora se han quedado sin excusa para sus derramamientos verbales!


viernes, 20 de junio de 2014

FALSA COMPASIÓN [11 de 20]
Falsa compasión de los Apóstoles"

En la multiplicación de los panes asistimos a un contraste entre la verdadera compasión de Jesucristo
que enseña largamente a la muchedumbre y la falsa compasión de los apóstoles que quieren abreviar la enseñanza del Maestro para enviar a la gente a procurarse alimentos.
Jesucristo enseña con su ejemplo a priorizar las obras de misericordia espirituales sobre las corporales.

El Papa Benedicto XVI insistió en que Caritas Internacional y todas las Caritas diocesanas, deberían preocuparse no solamente de las obras de misericordia corporales sino también de las espirituales. La Institución "Caritas" que reduce de hecho la caridad a las obras de misericordia corporales, contribuye a difundir la impresión de que la Caridad las tiene como objeto primario y principal y deja a las obras de misericordia espirituales en el terreno de los supuestos y al margen de sus presupuestos.

Me he detenido extensamente en analizar el contraste entre el objeto de la misericordia del Señor y el de los apóstoles, en mi comentario a la cuarta bienaventuranza, parte del cual reexpongo aquí.



El hambre de las muchedumbres
1) En el episodio de la primera multiplicación de los panes, Jesús se compadece de la ignorancia de la muchedumbre y les enseña largamente, mientras que los discípulos, quizás algo cansados de la larga enseñanza, empiezan a preocuparse porque la gente no tiene qué comer y los quieren mandar a comprar pan. Son dos miradas, dos misericordias sobre dos aspectos de la necesidad de la muchedumbre y dos urgencias, dos prioridades:
2) "Salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, y le dijeron: 'El lugar es desierto y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren pan, pues no tienen qué comer'"  (Marcos 6, 34-36).

Jesús no es insensible al hambre física
3) No es que Jesús sea insensible al hambre física. Cuando, por ejemplo, alrededor de la recién resucitada doceañera hija de Jairo, a causa de la sorpresa y del alborozo a nadie se le podía ocurrir pensar en eso, Jesús les llama la atención y se lo recuerda: "les dijo que le dieran a ella de comer" (Marcos 5,43). Los invitó a bajar los decibeles del asombro y a volver a una, tan santa como sensata, normalidad del desayuno, almuerzo y cena. Necesaria, por otra parte, para la convalecencia y la salud ulterior de la flacucha y consumida preadolescente.

4) Y ya resucitado, mientras los discípulos levantaban las redes tras una noche de pesca infructuosa, Jesús los aguarda con una comida preparada y se divierte con la sorpresa. Desde la orilla les grita: "mijitos (paidía) ¿tienen algo de comer? Le respondieron: ¡No!" -Un no seco. Quizás algo malhumorado-. Conocemos el episodio y cómo: "al descender a tierra, vieron brasas puestas y un pescado encima de ellas, y pan" (Juan 21, 5.9).

5) No es, pues, que Jesús fuera insensible o ciego para el hambre. Con menos razón insensible para el hambre de una muchedumbre. Lo que pasa es que, Jesús se muestra en este episodio, más sensible al hambre espiritual.

 La "compasión" inoperante de los apóstoles
6) Por otra parte, no se comprende bien que los discípulos se adelanten a representar la necesidad de la muchedumbre. La muchedumbre no le hubiera pedido permiso a Jesús para retirarse a comer, si la enseñanza de Jesús no la hubiese tenido cautivada y en vilo hasta el punto de hacerle olvidar la hora de la comida. Solitos se hubieran ido yendo, corridos por la necesidad.

7) A los apóstoles, presas de una compasión inoperante por un mal que no saben ni pueden, ni entienden que deban remediar, el hambre de la muchedumbre los preocupa, por lo visto, más que a la misma muchedumbre. Y ciertamente más que a Jesús, quien los desafía: "denles ustedes de comer". Jesús se ha vuelto loco: ¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?. No los habríamos gastado en eso ni aunque los hubiéramos tenido.

8) Es llamativo que los mismos apóstoles, en ocasión de la segunda multiplicación de los panes, opten por no mencionar las necesidades de la muchedumbre a pesar de que trascurran nada menos que ¡tres días!: "En aquellos días, como había una gran multitud y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ¿Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y si los envío en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos?. Sus discípulos le respondieron: '¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?' Él les preguntó: '¿Cuántos panes tenéis?' Ellos dijeron: 'Siete.' (Marcos 8, 1-5)

9) Tuvieron que ponerlos sobre la mesa, aunque pudiera ser de mala gana y el Señor les dejó una lección, que como tantas otras, tardaron muchos años y necesitaron la ayuda del Espíritu Santo para comprender: "Comieron y se saciaron; y recogieron, de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Los que comieron eran como cuatro mil; y los despidió". (Marcos 8, 8-9).
 
10) Jesús les reprocha su incomprensión en estas materias: "Se habían olvidado de llevar pan, y no tenían ni un pan consigo en la barca. Y él les mandó, diciendo: 'Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes?. Discutían entre sí diciendo que no tenían panes'. Jesús, comprendiéndolo, les dijo: '¿porqué discutís diciendo que no tenéis panes?, ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿No recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 'Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis?' Y ellos dijeron: Siete. Y les dijo: 'Cómo es que aún no entendéis?'"  (Mc 8, 14.21).

11) A no dudarlo: los gestos y palabras de Jesús acerca del pan, del hambre y la comida, no son fáciles de entender y requieren una sabiduría de Hijos.
12) Sólo los Hijos pueden entender las palabras de Jesús cuando los tranquiliza: "No os angustiéis, pues, diciendo: '¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?', porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6, 33).

  Una comida de alianza de amistad
13) El hambre de la muchedumbre, que para los apóstoles hubiera sido motivo para desentenderse de ella y despedirla, es para Jesús ocasión de hacerse cargo de ellos y atárselos con un gesto hospitalario, con una alianza de pan y pescado salado.

14) Los Apóstoles no alcanzan a comprender el sentido de este gesto. Tampoco la muchedumbre beneficiada, que después lo busca para hacerlo rey y solamente porque les mató el hambre: "aquellos hombres, al ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: 'Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo'. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerlo rey, volvió a retirarse al monte él solo". (Juan 6, 14-15).

15) No hay que extrañarse que haya todavía quien no entiende, como es el caso de algunos, el Señor sabrá si muchos, exegetas y predicadores. Mentes de racionalismo almidonado, que quieren explicar este pasaje sin milagro, y se sacan de la galera de su imaginación ingeniosas explicaciones, inequívocamente taradas por su origen moralizante y puritano, al estilo de "seamos solidarios y repartamos, que así alcanzará para todos".
33) Ninguna de estas clases de incomprensión le importa ni lo inhibe a Jesús. Abundan en sus parábolas sobre el banquete del Rey las alusiones y referencias a los invitados que no eran dignos. Eso no quita que para Jesús, toda comida, cualquier comida, sea algo más que consumir ración, porque está referida a una comunión de amor, divino-humana. El hombre es un peregrino a quien Dios da de comer de sus bienes terrenos, en su peregrinación hacia la patria celestial.

16) Jesús en cambio, ha visto en esa circunstancia de la desprovisión de la muchedumbre, la ocasión de sellar con ellos una alianza de hospedaje, dándoles de comer de lo poco que tienen.
17) Estaba muy extendida en oriente la costumbre y el deber sagrado de la hospitalidad. Era una verdadera institución religiosa, por la cual se pactaba con el huésped al que se le daba albergue, una alianza de amistad, una alianza fraterna. Esta alianza solía llamarse "de pan y sal", aunque pudiera ponerse en la mesa carnes, verduras y frutas para agasajar al peregrino desconocido y sellar con él un pacto de amistad. Tenemos un ejemplo de esa alianza de hospedaje en el episodio de la vida de Abraham cuando agasajó en su casa a los tres misteriosos visitantes (Génesis 18, 1-15, en especial vv. 3 -5).

10 Ellos serán saciados: El Banquete de Bodas del Hijo
18) El comer y el dar de comer, se puede vivir en forma puramente biológica y profana o por el contrario, en forma más humana, es decir: espiritual, religiosa y hasta mística. Esta bienaventuranzas nos permite ubicar estos actos cotidianos en dimensiones de comunión: solidaridad humana, comunión religiosa y eucaristía cósmica
19) Dios da de comer a todas sus creaturas. Dios es anfitrión desde el principio. Cuando ya al tercer día de la creación hace brotar las plantas de semilla y los árboles frutales con su fruto y su semilla adentro ya está pensando en el alimento de los seres que aún no ha creado. Y ya está pensando en el trigo y el vino de la última cena.

20) La obra creadora de Dios se presenta como la preparación de un gran banquete: prepara los alimentos, ilumina el salón, llama a la existencia a los invitados, les asigna sus lugares, al sexto día les da de comer y el séptimo se reposa en su compañía (Gn 1,11-13.29.31). La creación es un proyecto eucarístico y apunta al banquete de la sabiduría, a la última cena y al banquete de bodas del Hijo y al banquete eterno en la casa del Padre. No hay comida profana. Toda comida es santa, porque es recibida del amor del Padre y es anticipo del banquete celestial.

21) Dios se muestra también nutricio en la Alianza con Noé, después del diluvio: le dispensa el alimento al hombre y los animales (Génesis 9, 1-3). También en las promesas a Abraham y a los patriarcas, a quienes les promete hijos y una tierra para alimentarlos (Gn 15, 5-7). Envía a José a Egipto para que, en su momento, acoja a sus hermanos empujados por el hambre (Gn 37-47). Da de comer a su pueblo en el desierto y lo abreva de modo milagroso (Ex 16-17). Lo introduce en una tierra que mana leche y miel y le entrega plantíos, viñedos y olivares; riega esa tierra con rocíos y lluvias y la fecunda con su bendición (Ex 3,8; Nm 13,27-28; Dt 6,10-12; 8,10-16; 11,9-15; 32,13-15).

22) El alimento es un don de Dios creador, y es una promesa y una bendición del Dios salvador. Así lo celebran especialmente los salmos: "De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; en ellos beben las fieras de los campos, el asno salvaje apaga su sed; (...) Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecundante; haces brotar la hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. Él saca pan de los campos, y vino que le alegra el corazón y aceite que da brillo a su rostro y alimento que le da fuerzas...los leoncillos rugen por la presa, reclamando a Dios su comida...todos aguardan que les eches comida a su tiempo, se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes" (Sal 103(104),10-15.21.27-28). Él "hace brotar hierba en los montes para los que sirven al hombre; da su alimento al ganado y a las crías de cuervo que graznan" (Sal 146(147),8-9). "Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano y sacias de bienes a todo viviente" (Sal 144(145)15-16).

23) El profeta Isaías anuncia el banquete mesiánico: "Y el Señor de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de sustanciosos tuétanos y vinos generosos" (Isaías 25,6). Dios da de comer a todos, sacia a los pobres:"¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas! Aunque no tengáis dinero, ¡venid, comprad y comed! ¡Venid, comprad sin dinero y sin pagar, vino y leche!             ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? ¡Oídme atentamente: comed de lo mejor y se deleitará vuestra alma con manjares! Inclinad vuestro oído y venid a mí; escuchad y vivirá vuestra alma" (Isaías 55, 1-2)
24) También los sapienciales celebran el banquete de Dios: "La Sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas, mató sus víctimas, mezcló su vino y puso su mesa. Envió a sus criadas, y sobre lo más alto de la ciudad clamó, diciendo a todo ingenuo: "Ven acá", y a los insensatos: 'Venid, comed de mi pan y bebed del vino que he mezclado. Dejad vuestras ingenuidades y viviréis; y andad por el camino de la inteligencia". (Proverbios 9, 1-6).
25) Todo es imagen del banquete de Dios donde se saciarán de la alegría del Reino los que tienen hambre y sed de su justicia: "vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos" (Mateo 8, 11) "El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo una fiesta de boda a su hijo" (Mateo 22,2). "Aleluya, el Señor, nuestro Dios Todopoderoso, reina. Gocémonos, alegrémonos démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero (...) .El ángel me dijo: 'Escribe: 'Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero" (Apoc 19, 7.9)

viernes, 6 de junio de 2014

LA VERDADERA COMPASIÓN [10 de 20]
Jesucristo Maestro de verdadera misericordia



"Bienaventurados los misericordiosos 
porque ellos alcanzarán misericordia"
Es decir, el Padre los tratará con misericordia.
La Sagrada Escritura se refiere a varios aspectos de la misericordia de Jesús.
No todos ellos son la misericordia específica a la que se refiere la quinta bienaventuranza.

a.- Está, en primer lugar, la compasión o misericordia pasión, como conmoción de las entrañas (en griego: splagjnús) por el mal físico o espiritual de alguien. Por ejemplo la compasión, que siente Jesús por la enfermedad del leproso: "Compadecido (conmovido en sus entrañas) de él, Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: >quiero, queda limpio'. Y al instante quedó limpio de su lepra"  (Marcos 1, 41). Jesús se siente igualmente conmovido por la ignorancia y abandono en que estaba la muchedumbre, como ovejas sin pastor: "Y saliendo, vio la gran muchedumbre, y se compadeció (esplagjnusthe = se le conmovieron las entrañas) de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas" (Marcos 6,34)


b.- Se habla también, en segundo lugar, de que Jesús es un Sumo Sacerdote misericordioso, refiriéndose a su capacidad de comprensión y de participación solidaria en los mismos sufrimientos y debilidades humanas, que, por haberse hecho hombre, él conoció por experiencia propia: "debía ser hecho en todo semejante a sus hermanos, para hacerse misericordioso (eleemón génetai) y Sumo sacerdote fiel (pistós) en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Hebreos 2, 17-18). "No tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas (sumpathésai tais asthenéiais hemón), sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado"  (Hebreos 4, 15). Pero la bienaventuranza sin excluir estos aspectos se refiere principalmente a otro aspecto de la misericordia.

4) La misericordia a que se refiere la bienaventuranza, es la bondad perdonadora del Padre, que lo mueve a tomar la iniciativa de sanar y salvar a los malos y enemigos: "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él" (Juan 3, 16-17)

5) Jesús, el enviado con esa misión, hace visible la misericordia del Padre. El viene por los que tienen necesidad de salvación y esa es la suprema misericordia, porque es la compasión por el mal supremo: "no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Marcos 2,17). Celebrando la conversión del publicano Zaqueo, Jesús afirma: "El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lucas 19,10). En otras palabras, la misión del Hijo del Hombre es una misión de misericordia salvífica; "Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad plena" (1 Tim 2, 3).