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viernes, 31 de octubre de 2014

¡MAMÁS DE HASTA CUARENTA... Y MÁS!

“Nosotros nos casamos grandes: Juan con 53 y yo con 39 (hoy 55 y 41), y ciertamente queríamos tener hijos. 
Luego vino el problemita mío: envejecimiento prematuro de ovarios, lo cual generó más ganas de poder dar hijos a la patria celeste”… 
“A todas las mujeres que no se animan a tener hijos luego de los treinta largos: les digo que intensifiquen su vida de fe y pongan su vida en manos de nuestro Tata Dios. Él sabe bien lo que nos conviene”.
  
Padre,
¿Cómo está? Quería contarle que el 11 de febrero nació Magdalenita. Es un solcito de tranquila y es idéntica a su hermanito mayor. Las dos estamos bien, aunque yo tengo un sueño que no puedo sacudirme de encima aún. Acá van algunas fotos de ella y otra de Josecito, para que vea lo grande que está.
Pilar

Querida Pilar:
¡Qué hermosura! ¡Qué deleite para los ojos y el corazón! ¡Qué bendición del cielo para tu esposo y tu matrimonio! Gracias por alegrarme aún más el día. ¡Y nacida el día de la Virgen de Lourdes (aniversario de mi bautismo)! ¡Qué regalo de la Virgen Santísima! ¿Puedo saber si volviste a padecer cesárea o si fue esta vez parto natural?
Tengo algunas almas que se acobardan por la edad y dudan de ser mámás después de los 36, 38 o 40. ¿Podrías mandarme un testimonio de tu experiencia para animarlas?
P. Horacio

Querido Padrecito,
¿Vio lo que es mi angelito? Estamos chochos
Le cuento que sí, volvió a ser cesárea. La obra social que tenemos no nos permite darnos de baja, por lo tanto lo que nos ofrece es lo único a lo que podemos acceder ya que nuestro presupuesto no da para otra prepaga. Y en este lugar, con una cesárea tan reciente, como era la de José, no dejan (no dan opción) que se intente el parto ya que si hay complicaciones no quieren problemas (legales; no vaya a pensar que no quieren que la paciente tenga problemas) Pero, gracias a Dios, esta cesárea fue tan poco traumática, que si todas fueran así me animaría a las once cesáreas si pudiera, jajaja....Eso sí: ¡si es que no pudiera dar a luz por parto natural!

¿Que asusta tener hijos a los más de treinta y pico?... ¡Es lógico! El mundo entero se encarga de machacarnos que "es riesgoso". Yo me encontré con varios y repetidos comentarios de los obstetras y las ginecólogas que insinuaban los "graves riesgos"...De hecho, hay una ecografía que se hace a determinado momento del embarazo "para saber si la criatura viene con problemas". “Problemas” que serían síndrome de down, por ejemplo, donde no se puede hacer nada en caso de que lo tuviera. Ese tipo de cosas ha arruinado el embarazo de varias por ser muy inexacto y errar la gran mayoría de las veces...o han dado como resultado otros tantos abortos, en los casos menos felices.
En nuestro caso, cuando nos preguntan, la respuesta es siempre la misma: "¡No haremos la ecografía!. Si el bebé viniera con problemas, ¿acaso lo tendríamos que asesinar? No. Será bienvenido: Si Dios nos lo manda, lo querremos tal y como es". 

En definitiva es eso, ¿no? Si se pierde de vista la realidad de que, como padres, somos los custodios de esa almita que Dios pone en nuestras manos, los temores del mundo y los egoísmos disfrazados de bondad ("pobre criatura, qué será de él en este mundo con tal problema...bla, bla"), en definitiva, la falta de visión sobrenatural, invaden el alma y la llenan de angustia, cayendo luego en la poca apertura a la vida de muchos matrimonios. 

Nosotros nos casamos grandes: Juan con 53 y yo con 39 (hoy 55 y 41), y ciertamente queríamos tener hijos. Luego vino el problemita mío: envejecimiento prematuro de ovarios, lo cual generó más ganas de poder dar hijos a la patria celeste; y más tarde nuestros dos milagritos, ya que sin que mediara tratamiento de fertilización de por medio, llegaron Josecito y Magdalenita. ¡Qué alegría! Cuando nos dicen: "Bueno, ya tienen la parejita" nuestra respuesta es automática: "La primer parejita, si Dios quiere", jaja. La cara de sorpresa es general. Si bien con Magda me agarró toxoplasmosis, la piojita, a pesar de mis 41 y mi infección, es una divinura sin ninguna secuala, hasta donde mostraron los análisis. 

Como dicen los italianos: Mi raccomando, A todas las mujeres que no se animan a tener hijos luego de los treinta largos, es que intensifiquen su vida de fe y pongan su vida en manos de nuestro Tata Dios. Él sabe bien lo que nos conviene. Parto rauda a seguir con mis quehaceres antes que se despierten mis niños.
Cariños, Pilar

viernes, 24 de octubre de 2014

LA MUJER: DEPENDENCIA Y DOMINIO - Julián Marías


DEPENDENCIA Y DOMINIO
Julián Marías:

"...creo que el dominio de la mujer está hoy en uno de los momentos más bajos de la historia..."

La tradición milenaria, indiscutida, con pocas y dudosas excepciones de matriarcado, es la dependencia de la mujer respecto del varón. Lo característico es que, más que una situación de hecho, ha sido una dependencia expresa, incluso reconocida por las leyes hasta hace pocos años, y no de un modo pleno.

La situación correspondiente del varón no ha solido ser especialmente afirmada y subrayada, pero se la ha dado por supuesta. Muchos factores han llevado a ese reconocimiento: el papel inmemorial de la violencia, la importancia de la fortaleza física, la defensa frente a los enemigos, la guerra, la caza. Se ha ido depositando, durante milenios, la concepción viril del mando. Añádase a esto el que se ha atribuido tradicionalmente al varón la iniciativa amorosa, con una insistencia probablemente excesiva e injustificada en la ‘pasividad” de la mujer. Las metáforas amorosas en circulación inmemorial refuerzan estos esquemas interpretativos: la ‘conquista’ de la mujer por el hombre, la ‘entrega’, como una plaza sitiada.

La ‘dependencia’ de la mujer parece un hecho absoluto y bien establecido. Esto explica, de paso, las resistencias minoritarias, los intentos de rebeldía, las protestas, la impresión de injusticia, todo ello tan característico de nuestro tiempo, aunque no falten antecedentes en otras épocas.

¿Y después? No se puede pasar por alto el otro lado de la cuestión. En el Génesis está dicho: “no es bueno que el hombre esté solo”. El hecho decisivo es que el hombre necesita a la mujer. En el mismo relato del Génesis se cuenta que Eva ofrece la fruta prohibida a Adán y éste se la come. Y cuando Dios le pide cuentas a Adán por haber comido del fruto vedado, su disculpa o explicación es significativa: “la mujer que me diste por compañera me dio de él y comí”. Desde el primer momento se inicia lo que podemos llamar el dominio sin mando.

La palabra pasividad es la que acude un vez y otra, cuando se trata de interpretar la actitud o la función de la mujer. Creo que es una interpretación falsa, fundada en muy leves pretextos. El hombre desea a la  mujer, y esto lo moviliza hacia ella. ¿Y la recíproca? ¿No desea la mujer al hombre? La cuestión es complicada, y la pregunta supone ya una simplificación, lo mismo que la afirmación anterior, según la cual el hombre desea a la mujer. ¿Qué es lo que en ambos casos se desea? No creo que haya suficiente claridad sobre ello, y es decisivo; más adelante habrá que enfrentarse con esa pregunta.

Lo que parece claro es que, en principio, el deseo no parte de la mujer; es decir, la mujer desea después. Si no se tiene esto presente, se introduce una peligrosa confusión: o se supone que hay igualdad de reacción deseante, o se concluye que la mujer desea menos, que es, una vez más, “pasiva”. La mujer, normalmente, desea cuando es deseada. Reacciona al deseo del varón, o con más exactitud al varón deseante, porque su respuesta se refiere a la persona del hombre.

Pero si nos detenemos en lo que esto significa, encontramos que la interpretación pasiva de la mujer es un error de graves consecuencias. 
En primer lugar, el que desea depende de lo deseado, y la iniciación del deseo en el hombre establece un vínculo de dependencia respecto de la mujer. 
En segundo lugar, ser deseado, a pesar de la voz pasiva de esta expresión verbal no es en modo alguno una forma de pasividad. Recordemos una vez más a Aristóteles, según el cual Dios, suprema actividad, acto puro sin mezcla de pasividad, mueve el mundo “como el objeto del amor y del deseo, que mueve sin ser movido". Es la forma máxima de la actividad que podemos llamar atracción. Es lo que corresponde a la mujer que “atrae” al hombre, lo hace desearla, lo llama. ¿Hay algo más activo?

Admitamos, sin embargo, la metáfora tradicional; supongamos que la mujer es “conquistada”. ¿Qué sucede entonces? Se instala, toma posesión de la casa, del hombre dentro de ella, de los hijos que llegan. Le corresponden la cocina, la organización de la vida doméstica, la agricultura primitiva – podríamos ver un resto en el cuidado de las macetas –, durante milenios hilar y tejer, luego por lo menos coser, la educación de los hijos, y con ello algo absolutamente capital: la transmisión de los principios y creencias.

La mujer, desde su dependencia, ejerce un dominio amplísimo y constante. El hombre necesita a la mujer todo el día, en casi todas las dimensiones de la vida, mientras ejerce su dominio – casi siempre nominal – en unos cuantos puntos aislados e inconexos. 

Si se comparan las vidas de los dos, sobre todo las vidas cotidianas, que siempre exceden en importancia a lo que es excepcional, encontramos que están incomparablemente más influidas, conformadas, inspiradas, dirigidas por la mujer. Sobre todo, cuando el hombre tiene fuerte personalidad, cuando es verdaderamente viril, lo que se traduce en estar enérgicamente proyectado hacia la mujer, “pendiente de ella” – dice la expresión popular –, aunque los dos crean que ella es dependiente de él.
Lo que la mujer ha sabido confusamente siempre y está olvidado es que su dominio es eficaz desde la dependencia. Cuando se resiste a ésta, lleva las de perder. Por lo pronto, porque se hace menos deseable – y sobre todo en menos aspectos, de manera más parcial, en dimensiones relativamente abstractas –. Es muy difícil medir las cosas humanas, que no son cuantitativas sino cualitativas, pero que tienen intensidad en diversos grados, pero tengo la impresión de que la mujer de la segunda mitad del siglo es menos deseada, o más incompletamente, que en otras muchas épocas que nos son accesibles mediante la historia o la ficción.

Resulta la mujer menos necesaria en la medida en que satisface menos necesidades; si simplifica su relación con el hombre, las necesidades son menores porque deja de suscitarlas; habría que hacer la historia de la creación por la mujer de innumerables necesidades que se incorporan a las formas de la vida, que luego la mujer misma satisface, pero que primero “inventa” , y convierte en desiderata, acaso imprescindibles. 
Una historia adecuada de la civilización prestaría a este aspecto la atención que  merece. Consta la transformación que sobre la rudeza de la Edad Media ejercieron las mujeres, sobre todo en los siglos XIV y XV; sin ellas, ¿sería imaginable el Renacimiento, tal como se refleja en el prodigioso libro del Conde Baldassari Il Cortegiano, que en la admirable traducción de Juan Boscán se convirtió para nosotros en El Cortesano, del Conde Baltasar Castellón? 
Y siempre que veo una buena película del Oeste, uno de esos westerns que son la épica de nuestro tiempo, me asombra el refinamiento, la humanización, el sutil dominio civilizador que introducen en los ranchos, en las mínimas ciudades perdidas en la lejanía, llenas de rudeza y violencia, entre los broncos vaqueros, labradores, cazadores y buscadores de oro, esas mujeres que después del trabajo agotador se visten de damas, resucitan la cortesía, sacan la vajilla decorosa, bailan con mesura y tensión, restableciendo el campo magnético, con sus hombres, que se rinden a ese mundo irreal, entrevisto y deseado.

Cuando la mujer es menos deseable llega a ser menos necesaria; cuando lo es sólo fragmentariamente, o de manera discontinua, resulta menos permanente y perdurable; y por tanto, más fácilmente sustituible que cuando significa una necesidad total, global, procedente del último centro de la persona. Una cosa es necesitar algo de una persona, de la mujer en este caso, otro es necesitarla a ella.

Y no se piense solamente en el hombre como tal, por ejemplo en el marido, aunque esto es decisivo, mucho más de lo que hoy se piensa. El dominio de la mujer se extiende a otros aspectos, a otras zonas de la realidad. A los hijos sobre todo, “hechos” por la madre en muy distintos grados, según su calidad personal y su dedicación. Y esto quiere decir, no a los “niños”, aunque por ahí se empieza, sino a los hijos cuando crecen, cuando llegan a ser hombres y mujeres; es decir, al futuro. Ese dominio llega a la sociedad entera, a la de hoy y a la de mañana, porque la mujer es la verdadera transmisora del sistema de creencias y vigencias que la constituye (de esto me ocupé en detalle, para nuestra época, en La mujer en el siglo xx).

Este dominio disminuye sensiblemente cuando la mujer no acepta la “dependencia” para ejercerlo desde ella. Y la tendencia actual a que el hombre tome más parte en la vida doméstica, en el cuidado de los hijos, que es sumamente acertada, se anula cuando decrece la participación de la mujer, y se desemboca en la situación, tan frecuente hoy, de que los hijos tienen una peligrosa carencia de padres, con una presencia reducida al mínimo, sustituida tal vez por una libertad hecha de indiferencia y una abundancia económica con la que se quiere compensar la desatención.

Por otra parte, a veces se llama “dependencia”, con un matiz peyorativo, a la disponibilidad, al servicio “permanente” que se suele exigir a la mujer con familia, con hijos, sobre todo muy jóvenes. Así es, es un requisito de esa función, y ciertamente penoso, hasta el punto de que hay pocos trabajos más duros y absorbentes – más interesantes y valiosos también –. Es la estructura de la realidad, con la cual hay que contar, que se puede modificar hasta cierto punto, siempre sin violentarla, sin perderle el respeto.

Imagínese lo que la técnica ha hecho por humanizar y aliviar el trabajo de la mujer, en el corto espacio de las vidas de los que todavía no son viejos. Cuesta un esfuerzo recordar cómo se hacían, hace pocos decenios, las operaciones cotidianas, desde encender la lumbre, disponer el agua caliente, ir a la compra, guisar, lavarlos platos, cacerolas y sartenes, lavar la ropa, zurcir calcetines y medias. Unos cuantos aparatos universalmente difundidos, unas nuevas fibras benéficas, han transformado la vida cotidiana de la mitad de la humanidad en enorme porción del mundo. Esa sí ha sido una verdadera revolución sin sangre ni locura. Si se la hubiera aprovechado, si no se la quisiera mezclar con otras, si se pusiera en juego la inmensa cantidad de holgura vital que esas técnicas han dado a la mujer, esa potencia liberadora, para nuevos proyectos, para la dilatación de su vida, estaríamos en una época de maravillosa plenitud.

Pero se ha ido perdiendo, por lo menos se ha ido gestando un desvío creciente hacia lo que he llamado disponibilidad o servicio permanente. La tendencia de la mujer actual, la tentación a la que más fácilmente sucumbe, es ser momentánea. Parece cosa de poca monta, casi nada: pero precisamente eso invierte lo que ha sido su condición, y su mayor fuerza. La momentaneidad, la fugacidad, la falta de coherencia y permanencia, excluye el dominio. A pesar de lo que se dice, y de las apariencias, creo que el dominio de la mujer está en uno de los momentos más bajos de la historia.

[Tomado de: Julián Marías, “La Mujer y su sombra” (Ed. Alianza Editorial, Madrid 1998) págs. 73-80]

viernes, 17 de octubre de 2014

Respeto y justicia

RESPETO, CONSIDERACIÓN, ATENCIÓN
PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE LA CARIDAD
PRESUPUESTOS DE LAS VIRTUDES CARDINALES
TEMPLANZA, FORTALEZA, JUSTICIA Y TEMPLANZA

Respeto procede del latín re-spectus, y tiene sus derivados re-spective (respectivamente). De la raiz "spicere" derivan in-spicere, adspicere = mirar con atención, y no simplemente videre = ver (impersonal).

Aspicere se usa especialmente para mirar personas. El "ad-spectus", el aspecto de alguien es lo que alguien percibe de esa persona mirándolo atentamente estando en su “acatamiento” en su presencia.(Acatamiento, del verbo catar= mirar atentamente)

El prefijo "re" de la palabra re-spectus expresa reforzamiento de la acción por reiteración o por intensidad o atención de la mirada: "re-spicere" es mirar atentísimamente y percibir quién es el otro y sobre todo quién es en su relación conmigo y quién soy yo en mi relación con él. 
Es una percepción del otro simultáneamente conmigo mismo y la simultánea percepción del vínculo que nos une. Porque la relación entre ambos es algo real que forma parte del ser (accidental pero real) de cada uno de los términos de la relación.
Sin embargo, la inmediatez de la percepción supone un aprendizaje previo del quién es quién y de cuál el vínculo que los une. 

Consideración.
En castellano se asocian el "respeto" con la "consideración" y la falta de respeto con la "desconsideración" que es, naturalmente, tan ofensiva como la falta de respeto o de atención. Considerar viene del latin cum-siderare. Siderare significa contemplar, observar (como se observa el cielo) cum-siderare es observar atentamente, examinar; agrega a la idea de examen del objeto el la idea del examen racional, reflexivo, reflejo, del objeto. 
Tratar a alguien con respeto es tratarlo con consideración, atentamente, es decir atendiendo a quién es y en qué relación está con uno. Es decir que la percepción espontánea del otro va doblada de una intelección reflexionadade quién es, de quién soy y de cuál es nuestro vínculo.

De ahí que toda mirada pre-juiciada impide verlo tal cual es y es in-respetuosa.

Amor y respeto
En el rito matrimonial los esposos se prometen "amor y respeto". El respeto es como un cerco protector del amor de amistad matrimonial, contra el desorden egocéntrico o egoísta que olvida el bien  del otro y sobre todo el bien común, porque el bien propio buscado sin atender al bien del otro, tampoco es un bien propio, pues ya no es aquél bien propio que se encuentra en el contexto del bien común, del bien compartido, sino que es un bien del yo desvinculado y autónomo, autárquico, "des-considerado y por lo tanto in-respetuoso, carente de respecto, falto de atención al otro cónyuge.

Y aquí nos encontramos con la "atención", con el ser atento con el otro. Atender viene de ad-tendere o tendere ad, tender hacia el otro, estar referido al otro, por la consideración y el respeto al otro y al vínculo que los une: esponsal, fraterno, filial-paterno o viceversa. Desde el vínculo con uno pero, de alguna manera, saliendo del sí mismo hacia el otro.

Todo esto no cae bajo mandamiento. El respeto es algo cultural y en consecuencia moral. Es del orden moral porque "mores" son las costumbres y lo moral es lo que se ajusta al uso y la costumbre. Pero el uso mismo, la costumbre, es algo anterior,  es una realidad del orden de la cultura, de los usos humanos que han de ser aprendidos dentro de la cultura que los generó y de aquéllos que son sus portadores.

Por lo tanto, es posible que alguien no haya aprendido las conductas del respeto, la consideración, la atención al otro y que deba aprenderlo todavía. 
No es culpable en el caso de que no se la haya enseñado. Sí sería culpable si habiéndosele enseñado el ejercicio de esa virtud cultural, él luego, voluntaria y libremente, se apartase de ella.

Si no hay educación cultural previa arespetar un determinado vínculo, -- por ejemplo al vínculo filial paterno, o al vínculo inter-fraterno --, es dable presumir que esto sea indicio de una carencia más global en la persona, una deficiencia global en la educación de la virtud del respeto a los demás por sí mismos, y no en cuanto son objeto, de mi parte, de un amor de concupiscencia y no de benevolencia mutua.

Para saber si la convivencia con una persona habitualmente irrespetuosa y desconsiderada es posible, hay que preguntarse si esos defectos son corregibles o incorregibles. De si es algo humanamente posible y dable esperar de ella, y de la capacidad educativa de su situación en un sistema de relaciones interpersonales.

Corregible o incorregible?
La corrección del vicio de la desconsideración hacia los demás puede intentarse a través de prácticas exteriores disciplinares. Pero aún si se lograra el sometimiento exterior a las pautas domésticas, si faltara el respeto de fondo a los demás miembros del sistema de relaciones familiares o sociales, al padre, a su esposa, al hogar, a la casa y sus bienes, si faltara esa virtud, inevitablemente no habrá paz ni gozo posible en la convivencia doméstica.
Tanto Platón como Aristóteles coinciden en que una democracia es impracticable si los ciudadanos no son virtuosos.

En esos casos, como por ejemplo en el caso del conflicto de intereses entre Abraham y Lot, lo aconsejable es la separación para la preservación precisamente de la salud del sistema de vínculos, es decir, tomando en consideración, respetando y atendiendo no solamente al bien de un miembro y del vínculo entre dos de los miembros de un sistema de relaciones y de vínculos afectivos y de respeto, sino tomando en consideración el bien del conjunto y "respetando" la verdad de los hechos, considerados atentamente.

Por último hay que decir que el respeto y la consideración es condición previa necesaria del ejercicio de la justicia, como acto y como virtud. Si la justicia es dar a cada uno lo suyo, es necesario para ejercitarla que la consideración atenta y refleja del bien de los demás y del bien de los vínculos recíprocos con cada uno y con el conjunto e interrelaciones entre ellos, sea objeto de un examen reflexivo de orden intelectual, meditado, orado, moderador de los impulsos que han de ser regidos por la templanza y la fortaleza.

Platón y Aristóteles coinciden en que el individuo que no es capaz de gobernar con su razón sus impulsos hacia el bien o frente al mal, es malo. Y que sólo puede llamarse bueno [o bien educado] al que gobierna con su razón reflexiva sus impulsos y pasiones frente a los bienes y los males.

Donde no hay re-spectus, cum-sideratio, ad-tentio no puede haber justicia, porque el sujeto víctima de sus impulsos primarios, de sus apetitos instintivos o sus deseos anímicos no moderados por la razón con la consideración del bien ajeno o del bien común, no puede dar a los demás lo que les debe en justicia.
Y se comprende inmediatamente que sin justicia no puede haber prudencia.

Una consideración atenta y reflexiva del estado de ese individuo [independientemente de un juicio moral acerca de si esa carencia es culpable o no] prescribiría tener en cuenta que no se puede esperar de ella sino un comportamiento autocrático y desconsiderado para el bien de los demás. 

De modo que la prudencia aconseja, como aconsejó a Abraham, separar sus caminos de los de su sobrino Lot y los suyos, en bien de los miembros de su casa, familia y servidores, tanto como de los bienes necesarios a su subsistencia. Y separarse no sólo mediante un contrato relativo a los bienes económicos y de intereses, sino mediante una efectiva distancia local, geográfica, de campamentos y pasturas








martes, 14 de octubre de 2014

NOSTALGIA DEL PARAÍSO
Y EL PARAÍSO REENCONTRADO



Buscamos un jardín que se parezca
 Buscamos el Edén.

Buscamos un lugar que se asemeje.
Mas ninguno es igual,
En todos hay discordias,
En todos algún mal

Ya no hay Edén afuera
Ya no hay jardín cercado
Ni dicha verdadera
Ni día sin pecado.

No hay amor sin dolor.

Para ser verdadero
nuestro amor, que ha caído,
debe ser levantado,
debe sufrir primero.

Pero aún es posible,
Por la gracia del Hijo,
Hablarle al Padre dentro, en lo invisible,
Acogerse a su sombra, a su cobijo.

Eso 
aún es posible 
por la gracia del Hijo.

Puedo ingresar, 
en mí, 
a ese mundo divino.
Y conversar con Dios como en el Huerto
No ya en el del Edén, 
en el de los Olivos.

Ya no existe el Edén del que Adán vino
Volverse a Edén es, hoy, volverse al Padre
Ser de cara a la hondura de su Pecho divino.
Y en el Templo interior adorar al Dios vivo
Al Padre, al Padre, al Padre, al Padre eterno.

En el centro del alma, 
Él es el Árbol Vivo.
Es Él el Árbol de la Vida
y del conocimiento.
cuyo fruto es Amor y es sufrimiento
pero es dolor cortado a mi medida.

Es el Querer del Padre
con propia voluntad transfigurada
y la muerte aceptada.

Es el Cuerpo del Hijo, 
el alimento
de un fuego que arde y arde y no se apaga.





UNA VOZ DESDE LA GREY
Una mamá de seis expone su experiencia de fe y familia

ME COMENTA UNA MADRE DE FAMILIA



PRÓLOGO VERSEADO
"Con el pie en el estribo pa montar el petizo
 m'hija me alcanza un mate ¡cebado con un mimo!
"Yo salgo al trotecito, saboreando la yerba
Pensando: ¡a esta hija mía Dios le ha dado ¡úna véerba!

¡Y miren con qué prosas más lindas se me larga
 que vienen a endulzarme el trago 'e yerba amarga!

 ¡Si con lo que me dijo - mientras me lo servía - 
me ha iluminado el alma y me ha alegrado el día! 

Pa' acortar este viaje, déjenme que les cuente 
Y díganmén si m'ija... es o nues... ¡elocuente!…

Si la escucha un obispo, la invita a dir pa Roma,
¡Sí! ¡Se lo digo en serio! ¡No me lo tome en broma!

¡El Espíritu Santo me la sacó dotora!
¡Empuja con verdades como locomotora!
¡Si hasta yo que soy bruto... 
oyéndola... disfruto!


Gracias Padrecito,
por hacerse un lugar "para tomar unos mates sin desmontar del petiso".
 Cuando una ama a alguien agradece (y valora) cualquier pequeño ratito de compañía. Y la recuerda. Y repasa las palabras. Y se le alegra el corazón por mucho tiempo cada vez que recuerda ese ratito,

Como siempre padrecito, muy hermoso lo que coloca en su blog. 
¡Hermosa la carta del matrimonio amigo de SS Juan Pablo II! ¡Cuánta verdad! Tengo la impresión de que nosotros, cristianos, hablamos demasiado de los matrimonios fracasados, pero poco de los matrimonios fieles…"

 ¡Es verdad! Yo no recuerdo una homilía (¡ni una!) donde se hable de la belleza y santidad del amor de los esposos. Mire, padrecito, nunca, nunca, nunca, le habré dado suficientemente las gracias a Dios por haber puesto el libro "La casa sobre roca" en mi camino (y aunque hace muchos años aún recuerdo perfectamente cómo fue), y de haberle dado a usted la gracia de un sacerdocio al servicio del amor esponsal humano (y divino). ¿Cómo pueden los esposos amarse bien (como Dios quiere) si no hay nadie que se los explique?


Ya sé que usted dirá "Tienen las Escrituras y el Magisterio". Pero muchas veces somos como niños (al menos yo… y bastante pavota muchas veces) Necesitamos de "un papá" que nos muestre la belleza de la Esperanza a la que estamos llamados. Meditando sobre este tema me parece ver un paralelo entre el mal ejercicio de la paternidad de los laicos y la de algunos (bastantes en este aspecto) consagrados.


Veo con pena que muchísimos padres de familia (buenos, piadosos, con buenas intenciones) no son capaces de educar en el amor a Dios a sus hijos, resistentes al empuje del mundo. ¿Por qué?


+ Me parece que la primera cosa es que hay que amar a Dios (y su Palabra, y su honra) más que a los hijos

++ La segunda es creer que ellos son capaces (no importa la edad) de enamorarse de Dios y de hacer sacrificios por agradarle, y por amor a Él no dejarse llevar por el mundo.
+++ La tercera cosa es vivir como familia de manera no-mundana. Y eso lleva sacrificios: no TV, no revistas mundanas, nada de modas, pocas amistades y sanas, buscar cosas sanas que nos diviertan y alegren como familia, cultivar (a toda costa) el amor y colaboración familiar, cultivar el gusto por la música bella (el mejor folklore, con sus letras cargadas de amor a la familia y la Patria, la música clásica, y los instrumentos musicales), el trabajo en equipo (no para que te paguen o alaben, sino porque con ello nos alegramos todos y le damos alegría a Nuestro Señor). 
¡Nada de "tecnologías" hasta que las puedan manejar sin adicciones (y para mí eso es, por lo menos, a eso de los 17 años)! Llevar una vida austera y en la medida de lo posible hacer caridad con los necesitados, cultivar en los hijos la preocupación por el otro (los vecinos del barrio haciéndole mandados, o los compañeros ayudándolos en las tareas).

++++ La cuarta es estar siempre vigilante sobre nuestros hijos. Amistades, gustos, conversaciones, en el uso del tiempo. Y esa creo que es la principal falla: se confía demasiado en los gurises, y se olvida de que ellos son pecadores, débiles y que nosotros somos sus pastores: debemos vigilar "nuestras ovejitas", traerlas con el cayado... y a veces un bastonazo hay que darlo también jjejjeje... esto suena horrible a los oídos de los padres hoy, pero es así. No se corrige a los hijos. Y eso que en la Biblia dice "corrige a tus hijos". También creo que es por "cansancio". Es que criar hijos es "cansador", pero ¡la alegría de ver cómo crecen en estatura y gracia no tiene precio!

 Y aquí es donde haría el paralelo del sacerdote y un papá. 

Si el sacerdote "se cansa" de animar a sus fieles a la santidad de vida, si cree que no es posible que sean santos, si no vigila la sana doctrina, se desanima ante las habituales (y repetidas) caídas de sus ovejitas, le hace el juego al Diablo. 
Y las ovejas se quedan con un pastor "buenisimo", pero que no las cuida, no le busca los mejores pastos, no la lleva en brazos... Y al final el pastor se traga que las ovejas son así, y bueno, -- como dice la carta de estos esposos al Sínodo de los obispos -- "no tienen madera para santos" o rebajan la santidad a ser buenos y ayudar.

Padrecito:

alguna vez se lo dije, pero necesito volver a repetírselo: descubrí cómo es el amor de Dios Padre en el amor que usted da. 
En sus consejos y su ternura, en su dulce y firme mano para conducirme a Dios (y apartarme del pecado), en animarme en lo bueno y amonestarme con fuerza en lo malo, en tener tiempo para mí (con tantas cosas y personas más necesitadas e importantes que le consultan), por decirme "hija"... ¡ah! si los sacerdotes supieran lo que para un alma significa que un sacerdote te diga "hija"! 
Muchas veces pienso ¿qué sentirá mi alma si un día el Señor me dice: hija? Ahhhhhh. 
Ésa, padrecito, fue la más grande enseñanza que me ha dado: que soy "hija" de Dios, que debo vivir como hija. 
¡Bendito sea Dios que le ha dado la gracia de conocer y difundir la Buena Noticia del amor humano elevado a divino!
Su hija

viernes, 10 de octubre de 2014

ESPOSOS HABLAN EN EL SÍNODO DE LA FAMILIA

Ese matrimonio que llama a las puertas del sínodo

Ludmila y Stanislaw Grygiel enseñan en el instituto pontificio de estudios sobre la familia creado por el Papa Karol Wojtyla, su amigo de toda la vida. No han sido invitados. Pero tenían mucho que decir a los padres sinodales. Y lo han dicho. Con claridad y valentía

de Sandro Magister


ROMA, 9 de octubre de 2014 – Un sínodo "abierto", como se invoca por todas partes empezando por el Papa Francisco, es un sínodo dispuesto a escuchar también las voces que le llegan de fuera, más aún si vienen de personas competentes.

Justo antes del inicio del sínodo, haciendo de influyente puente entre el exterior y el interior de sus muros, ha tenido lugar en Roma, del 2 al 4 de octubre, la asamblea plenaria del "Consilium Conferentiarum Episcoporum Europæ".

La asamblea estaba proyectada directamente sobre el sínodo, empezando por su título: "La familia y el futuro de Europa".

Entre los oradores había padres sinodales de primer nivel como el cardenal húngaro Péter Erdõ, presidente del CCEE y relator general del sínodo; el cardenal canadiense Marc Ouellet, prefecto de la congregación para los obispos; el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la conferencia episcopal italiana y su beatitud Fouad Twal, patriarca latino de Jerusalén.

Pero, sobre todo, había un matrimonio de filósofos, Ludmila y Stanislaw Grygiel, polacos, amigos de juventud de Karol Wojtyla sacerdote, obispo y Papa, ambos docentes en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre Matrimonio y Familia.

El Instituto fue creado por el Papa Wojtyla en 1982, dos años después de un sínodo dedicado a la familia y un año después de la exhortación apostólica "Familiaris consortio" que le había dado cumplimiento.

Con sede central en Roma, en la Pontificia Universidad Lateranense, el Instituto tiene secciones en todo el mundo, desde los Estados Unidos a España, desde Brasil a Alemania, desde México a la India, desde Benin a las Filipinas, con un número creciente de estudiantes, tanto varones como mujeres.

Entre sus rectores y docentes se pueden enumerar a los cardenales Carlo Caffarra, Angelo Scola, Marc Ouellet.

Ante la inminencia del sínodo de este mes de octubre, el Instituto ha producido una notable cantidad de contribuciones. La última, titulada "El Evangelio de la familia en el debate sinodal. Más allá de la propuesta del cardenal Kasper", ha salido contemporáneamente en Italia publicado por Cantagalli, en los Estados Unidos publicado por Ignatius Press, en España por la Biblioteca de Autores Cristianos y en Alemania por Media Maria Verlag.

Sus autores son el teólogo español Juan José Pérez-Soba y el antropólogo alemán Stephan Kampowski, ambos profesores en la sede romana del Instituto.

El prólogo ha sido redactado por el cardenal australiano George Pell, uno de los ocho purpurados que asisten al Papa Francisco en la reforma de la curia y en el gobierno de la Iglesia. El 3 de octubre, Pell presentó el libro al público, en la sede del Instituto.

En resumen, es difícil encontrar hoy en la Iglesia católica un instituto de estudios filosóficos, teológicos  y pastorales más influyente y competente sobre esto, los temas del matrimonio y la familia.

Y sin embargo, ha sucedido lo increíble. Ninguno de los docentes de este Instituto pontificio ha sido llamado a tomar la palabra en el sínodo sobre la familia que empezó el 5 de octubre y concluirá el 19.

Razón de más para volver a escuchar lo que han dicho Ludmila y Stanislaw Grygiel en la asamblea presinodal promovida por al Consejo de las conferencias episcopales de Europa.

He aquí a continuación un extracto de sus intervenciones, argumentadas y pronunciadas con la "parrhesia", es decir, con la franqueza, la claridad, la valentía, la humildad que el Papa Francisco ha aconsejado a todos en este sínodo.

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REFLEXIONES SOBRE LA PASTORAL FAMILIAR Y MATRIMONIAL

de Ludmila Grygiel



[…] Chesterton dijo que no necesitamos una Iglesia movida por el mundo, sino una Iglesia que mueva al mundo. Parafraseando estas palabras, podemos decir que hoy las familias, las que están en crisis y las que son felices, no necesitan una pastoral adecuada al mundo, sino una pastoral adecuada a la enseñanza de Aquel que sabe lo que desea el corazón del hombre.

El paradigma evangélico de esta pastoral lo veo en el diálogo de Jesús con la Samaritana, del que emergen todos los elementos que caracterizan la actual situación de dificultad, tanto de los esposos como de los sacerdotes comprometidos en la pastoral.

Cristo acepta hablar con una mujer que vive en el pecado. Cristo no es capaz de odiar; sólo es capaz de amar y por este motivo no condena a la Samaritana, sino que despierta el deseo original de su corazón, confundido por los acontecimientos de una vida desordenada. Sólo después de que la mujer confiese que no tiene marido, Cristo la perdona.

Así, el pasaje evangélico recuerda que Dios no hace don de su misericordia a quien no la pide y que el reconocimiento del pecado y el deseo de conversión son la regla de la misericordia. La misericordia no es nunca un don ofrecido a quien no lo quiere, no es un producto rebajado porque nadie lo quiere. La pastoral pretende una adhesión profunda y convencida de los pastores a la verdad del sacramento.

En el diario íntimo de Juan Pablo II encontramos esta nota escrita en 1981, tercer año de su pontificado: "La falta de confianza en la familia es la primera causa de la crisis de la familia".

Se podría añadir que la falta de confianza en la familia por parte de los pastores es una de las principales causas de la crisis pastoral familiar. Ésta no puede ignorar las dificultades, pero tampoco debe detenerse en ellas y admitir, desconsolada, la propia derrota. No puede acomodarse a la casuística de los modernos fariseos. Debe acoger a las samaritanas, pero para llevarlas a la conversión.

Los cristianos están hoy en una situación similar a la que se encontró Jesús, el cual, a pesar de la dureza de corazón de sus contemporáneos, volvió a proponer el modelo de matrimonio que Dios quiso desde el principio.

Tengo la impresión de que nosotros, cristianos, hablamos demasiado de los matrimonios fracasados, pero poco de los matrimonios fieles; hablamos demasiado de la crisis de la familia, pero poco del hecho de que la comunidad matrimonial y familiar asegura al hombre no sólo la felicidad terrena, sino también la eterna y es el lugar en el que se realiza la vocación a la santidad de los laicos.

Así, se ensombrece el hecho de que, gracias a la presencia de Dios, la comunidad matrimonial y familiar no se limita a lo temporal, sino que se abre a lo supratemporal, porque cada uno de los esposos está destinado a la vida eterna y está llamado a vivir eternamente en presencia de Dios, que los ha creados a los dos y los ha querido unidos, sellando Él mismo esta unión con el sacramento.

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"EL FUTURO DE LA HUMANIDAD SE FRAGUA EN LA FAMILIA"
(Familiaris consortio, 86)

de Stanislaw Grygiel



[…] Ignorar el amor "para siempre" del que Cristo habla a la Samaritana como "don de Dios" (Jn 4, 7-10) hace que los cónyuges y las familias, y en ellos la sociedad, pierdan la "recta vía" y yerren "por una selva oscura" como en el Infierno de Dante, según las indicaciones de un corazón endurecido, "sklerocardia" (Mt 19, 8).

La "misericordiosa" indulgencia que piden algunos teólogos no es capaz de frenar el avance de la esclerosis de los corazones, que no recuerdan como son las cosas "desde el principio". La teoría marxista, según la cual la filosofía debería cambiar el mundo más que contemplarlo, se ha abierto camino en el pensamiento de ciertos teólogos haciendo que estos, de manera más o menos consciente, en vez de mirar al hombre y al mundo a la luz de la Palabra eterna del Dios viviente, miren esta Palabra con la perspectiva de efímeras tendencias sociológicas. La consecuencia es que justifican, según los casos, los actos de los "corazones duros" y hablan de la misericordia de Dios como si se se expulsara, de tolerancia pintada de conmiseración.

En una teología así se advierte un desprecio hacia el hombre. Para estos teólogos el hombre aún no es suficientemente maduro para mirar con valentía, a la luz de la misericordia divina, la verdad del propio convertirse en amor, tal como es "desde el principio" esta misma verdad (Mt 19, 8). No conociendo "el don de Dios", ellos adecuan la Palabra divina a los deseos de los corazones esclerotizados. Es posible que no se den cuenta de que están proponiendo a Dios, inconscientemente, la praxis pastoral por ellos elaborada, como camino que podrá llevarle a Él a la gente.. […]

Juan Pablo II se acercaba a cada matrimonio, también a los rotos, como Moisés se acercaba a la zarza ardiente en el monte Horeb. No entraba en su morada sin haberse quitado primero las sandalias de los pies, porque vislumbraba que en ella estaba presente el "centro de la historia y del universo". […] Por esto él no se inclinaba ante las circunstancias y no adaptaba su praxis pastoral a las mismas. […] Corriendo el riesgo de ser criticado, insistía en el hecho de que no son las circunstancias las que dan forma al matrimonio y a la familia, sino que son estos los que la dan a las circunstancias. Primera acogía la verdad y sólo después las circunstancias. Nunca permitía que la verdad tuviera que hacer de antecámara. Cultivaba la tierra de la humanidad, no para efímeros éxitos, sino para una victoria imperecedera. Él buscaba la cultura del "don de Dios", es decir, la cultura del amor para siempre.

La belleza en la que se revela el amor que llama al hombre y a la mujer a renacer en "una carne" es difícil. El don exige sacrificio; sin éste, no es don. […] Los apóstoles, al no conseguir entender la disciplina interior del matrimonio, dicen abiertamente: "Si esta es la condición del hombre respecto de la mujer, no conviene casarse". Entonces Jesús dice algo que obliga al hombre a mirar por encima de sí mismo, si quiere conocer quién es él mismo:: "No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes e les ha concedido… Quien pueda entender, que entienda" (Mt 19, 10-12).

Una noche en su casa, - eran los años setenta -, el cardenal Karol Wojtyla había permanecido durante mucho tiempo en silencio mientras escuchaba las intervenciones de algunos intelectuales católicos que preveían una inevitable laicización de la sociedad.. […] Cuando esos interlocutores terminaron de hablar, él sólo dijo estas palabras: "Ni una sola vez habéis pronunciado la palabra gracia". Recuerdo esto que él dijo en aquella ocasión cada vez que leo las intervenciones de teólogos que hablan del matrimonio olvidándose del amor que acaece en la belleza de la gracia. El amor es gracia, es "don de Dios". […]

Si las cosas están así en lo que atañe al amor, incluir en los razonamientos teológicos el adagio piadoso, pero contrario a la misericordia, "nemo ad heroismum obligatur", - nadie está obligado a ser un héroe - envilece al hombre. Lo envilece contradiciendo a Cristo, el cual dijo en el monte de las bienaventuranzas: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5, 48).

Hay que com-padecer a los matrimonios y a las familias rotas y, por el contrario, no hay que tener piedad de ellos. En este caso la piedad tiene en sí misma algo de despreciativo hacia el hombre. No lo ayuda a abrirse al infinito amor al cual Dios lo ha orientado "antes de la creación del mundo" (Ef 1, 4). El sentimentalismo piadoso se olvida de como son "desde el principio" las cosas del hombre, mientras la com-pasión, al ser un sufrir con los que se han perdido "en la selva oscura", despierta en ellos la memoria del Principio, indicándoles el camino de vuelta al mismo. Este camino es el Decálogo observado en los pensamientos y en las acciones: "¡No matar! ¡No fornicar! ¡No te robes a ti mismo de la persona a la cual te has donado para siempre! ¡No desees a la mujer de tu vecino!". […] El Decálogo grabado en el corazón del hombre defiende la verdad de su identidad, que se cumple en su amar para siempre. […]

En una de nuestras conversaciones sobre estos dolorosos problemas, Juan Pablo II me dijo: "Hay cosas que deben ser dichas independientemente de las reacciones del mundo". […] Los cristianos que por miedo a ser condenados como enemigos de la humanidad aceptan compromisos diplomáticos con el mundo, deforman el carácter sacramental de la Iglesia. El mundo, que conoce bien las debilidades del hombre, ha golpeado sobre todo "la una carne" de Adán y Eva. En primer lugar intenta deformar el sacramento del amor conyugal y, a partir de esta deformación, intentará deformar todos los otros sacramentos. Estos constituyen, de hecho, la unidad de los lugares del encuentro de Dios con el hombre. […] Si los cristianos se dejan convencer por el mundo de que el don de la libertad que Jesús les ha dado hace que su vida sea difícil, incluso insoportable, seguirán al Gran Inquisidor de los "Hermanos Karamazov" y dejarán de lado a Jesús. Entonces, ¿qué será del hombre? ¿Qué le sucederá a Dios que se ha convertido en hombre?

Antes de ser asesinado, Jesús dice a los discípulos: "Llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios… En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!, yo he vencido al mundo" (Jn 16, 2.33).

Seamos valientes y no confundamos la inteligencia mundana de la razón calculadora, con la sabiduría del intelecto que se amplia hasta los confines que unen al hombre con Dios. Herodes y Herodías tal vez eran inteligentes; ciertamente no eran sabios. Sabio era San Juan Bautista. Él, no ellos, supo reconocer el camino, la verdad y la vida.

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Los textos íntegros de sus intervenciones en la asamblea plenaria del "Consilium Conferentiarum Episcoporum Europæ":

> Ludmila Grygiel

> Stanislaw Grygiel

Y el programa de la asamblea:

> Plenary Assembly of CCEE, Rome, 2-4 october 2014

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P. Horacio Bojorge S.J.
A. Rossell y Rius 1613
11604 Montevideo - Uruguay
Skype: horacio.bojorge1

USURA – PRÉSTAMOS – DEUDAS

Me consulta una persona 
Padre:
Dios le bendiga, tengo una duda, llevo varios años con problemas económicos y no he podido romper ese círculo vicioso de las deudas porque no he podido pagarlas totalmente sin estar empezando otra, no he tenido cómo pagarlas sin tener que endeudarme otra vez.
Agradezco la guía que me pueda brindar al respecto para liberarme de estos problemas que me roban la paz, la tranquilidad y algunas veces hasta me ha robado la fe, cayendo y levantándome una y otra vez.
Espero respuesta, muchas gracias
NN

 Respondo: 
Antes que nada respondo a lo que dice sobre la fe:
Nada puede “robarnos” la fe si nosotros no renunciamos a ella.
Un jesuita, misionero en China, solía decir: "La fe no se pierde, se tira".

Son los usureros los que nos roban todo, la libertad, el dinero, el trabajo, pero no la fe.
Los usureros viven apoderándose como esclavos de los que les han pedido prestado. Ellos dificultan todo lo posible que sus víctimas salgan de sus deudas. No les interesa cobrarles la deuda sino que no la puedan terminar de pagar nunca. Ellos roban la libertad. La fe hace libres aún  a los esclavos.

Pocos recuerdan hoy que dar [y tomar] préstamos a interés está prohibido por el Señor en las Sagradas Escrituras.  Los creyentes en masa han desobedecido a la sabiduría de Dios. ¡Y así les va! Lo que le ha sucedido a Usted, como a tantísimos, es consecuencia de esa desobediencia o de la ignorancia acerca del mandato divino.

Si el pueblo católico se hubiese atenido a esa divina sabiduría el mundo no sería lo que es.

Ore para que el Señor le devuelva la libertad o le dé la fortaleza para padecer con libertad interior la esclavitud a la que la han sometido.

Pido esa gracia para Usted y me alegraría que un día pudiese escribirme liberada de sus deudas y más sabia, para no tomar ni dar jamás dinero a interés.
Que el Señor la rescate de esa esclavitud en que ha caído o la haga fuerte para sufrirla.

Mire el video que inserto a continuación y entenderá muchas cosas.
Reconocer el error es comienzo de la sabiduría.
 Padre Horacio Bojorge

 http://youtu.be/JswttjKn_PE

AL FINAL DE LA VIDA
CINCO MOTIVOS DE ARREPENTIMIENTO
MENOS EL MÁS IMPORTANTE

Este testimonio contrasta con lo de San Juan de la Cruz: 
"En la última hora seremos examinados acerca del amor". 
San Juan se refería en primer lugar al amor a Dios al que y al prójimo por amor a Dios.
Estamos aquí, en cambio, ante cinco ejemplos típicos de arrepentimiento en personas de una sociedad secularizada, que han vivido de espaldas a Dios y mueren de cara a sí mismos y a su propio pasado. 
Es el arrepentimiento del individuo desvinculado de Dios así en la vida como en la muerte. 

LOS CINCO ARREPENTIMIENTOS
Por Bronnie Ware
Reenviado por David Díaz

Durante muchos años trabajé en los cuidados paliativos. Mis pacientes eran los que habían ido a casa a morir.

Algunos momentos increíblemente especiales fueron compartidos.
Yo estaba con ellos las últimas tres o doce semanas de sus vidas.

La gente crece mucho cuando se enfrentan a su propia mortalidad, y he aprendido a no subestimar la capacidad de alguien para crecer.

Algunos cambios fueron fenomenales. Con cada experiencia, una variedad de emociones esperadas, como la negación, el miedo, la ira, el remordimiento, más negación y con el tiempo, la aceptación.

Pero cada paciente encontró su paz antes de partir, cada uno de ellos.

Cuando les preguntaba acerca de cualquier arrepentimiento que tenían o cualquier cosa que hubieran querido hacer diferente, surgieron unos temas comunes una y otra vez.
Estos son los cinco más comunes:

1. HUBIESE DESEADO HABER TENIDO EL CORAJE DE VIVIR UNA VIDA FIEL A MÍ MISMO, Y NO LA VIDA QUE OTROS ESPERABAN PARA MÍ.

Este era el lamento más común de todos. Cuando la gente piensa que su vida está a punto de terminar y miran hacia atrás con claridad, es fácil ver cómo muchos sueños se han ido sin ser cumplidos. Muchas personas no habían cumplido ni la mitad de sus sueños y tenía que morir sabiendo que era debido a las elecciones que habían hecho, o las que no habían hecho.

Es muy importante tratar de cumplir al menos algunos de tus sueños a lo largo del camino. Desde el momento en que pierdes tu salud, es muy tarde. La salud da una libertad que muy pocos reconocen, hasta que ya no la tienen.

2. DESEARÍA NO HABER TRABAJADO TAN DURO.

Esto vino de cada paciente de sexo masculino que cuidé. Ellos se perdieron la niñez de sus hijos y la compañía de sus parejas. Las mujeres también hablaron de este arrepentimiento. Pero la mayoría fueron de una generación anterior, muchos de los pacientes de sexo femenino no habían sido el sostén de la familia. Todos los hombres a los que cuidé lamentaron profundamente haber pasado gran parte de sus vidas en el trabajo.

Simplificando tu estilo de vida y tomando decisiones más conscientes a lo largo del camino, es posible que no necesites los ingresos que crees que necesitas. Y al crear más espacio en tu vida, serás más feliz y más abierto a nuevas oportunidades, unas que se adaptarán mejor a tu nuevo estilo de vida.

3. DESEARÍA HABER TENIDO EL CORAJE DE EXPRESAR MIS SENTIMIENTOS.
Muchas personas suprimieron sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a convertirse en lo que realmente eran capaces de ser. Muchas enfermedades se desarrollan como resultado de la amargura y el resentimiento que llevan dentro.

No podemos controlar las reacciones de los demás. Sin embargo, aunque las personas puedan inicialmente reaccionar cuando cambias y hablas con sinceridad, al final la relación llegará a un nuevo y más saludable nivel. Eso o te ayudará a reconocer una relación enfermiza en tu vida. De cualquier manera, tú ganas.

4. DESEARÍA HABER ESTADO MÁS CON MIS AMIGOS.

A menudo no se dan cuenta realmente de lo beneficioso que son los viejos amigos hasta sus últimas semanas de vida, y no siempre fue posible localizarlos. Muchos de ellos habían llegado a estar tan atrapados en sus propias vidas que habían descuidado amistades de oro en los últimos años. Había mucho arrepentimiento por no haberle dado a la amistad el tiempo y esfuerzo que se merecían. Todos echan de menos a sus amigos cuando están muriendo.

Es común para los que tienen un estilo de vida muy ocupado descuidar a las amistades. Pero cuando te enfrentas con tu inminente muerte, los detalles físicos de la vida desaparecen. La gente quiere tener sus asuntos financieros en orden, si es posible. Pero no es el dinero o el estatus lo verdaderamente importante para ellos. Ellos quieren hacer cosas que le sean más beneficiosas a sus seres queridos. Por lo general, sin embargo, están demasiado enfermos y cansados como para manejar esa tarea. Entonces, al final, todo se reduce al amor y a las relaciones. Eso es todo lo que queda en las últimas semanas: el amor y las relaciones.

5. DESEARÍA HABERME DEJADO SER MÁS FELIZ.

Esta es sorprendentemente común. Muchos no se dieron cuenta hasta el final que la felicidad es una elección. Se habían quedado atascados en viejos patrones y hábitos. El llamado "confort" de las cosas familiares fluyó dentro de sus emociones, así como en su vida física. El miedo al cambio los tenía engañando a los demás y a sí mismos, fingiendo que estaban contentos. Cuando en lo profundo, deseaban que las risas y las tonterías volvieran a sus vidas de nuevo.

Cuando estás en tu lecho de muerte, lo que los demás piensen de ti está muy lejos de tu mente. ¡Qué maravilloso sería que no te importe eso y sonreír nuevamente, mucho antes de que te estés muriendo!

La vida es una elección. Es TU vida. Elige conscientemente, elige sabiamente, elige honestamente. Elige la felicidad.