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viernes, 18 de septiembre de 2015

La castidad ¿ya no es una virtud?
Enrico Cattaneo

¿La castidad ya no es una virtud?
Reflexiones sobre el Sínodo
Enrico Cattaneo

¿Es posible que no existan hoy teólogos, pastores, médicos, sociólogos que sepan ilustrar la belleza de la castidad como valor humano y, sobre todo, la virginidad por el Reino? Es desconcertante y preocupante que el Sínodo haya ignorado totalmente este aspecto.

Pienso que no sólo los Padres sinodales, sino también todos los católicos y las personas de buena voluntad han vivido con mucho sufrimiento interior el dilema debatido en el Sínodo, entre ser fieles a la palabra de Cristo sobre el matrimonio y, al mismo tiempo, salir al encuentro de tantas situaciones llenas de fragilidad, de fracaso, de crisis de la familia. Esta laceración interior, ciertamente presente en todos los Padres sinodales y en todos los otros participantes (parejas, religiosos y observadores de otras confesiones), impide clasificar de manera simplista las distintas posiciones contraponiendo los "conservadores" a los "abiertos", los "rígidos" a los "misericordiosos".

También la relación-síntesis de la primera semana, hecha por el cardenal Erdő, reflejaba esta laceración e indicaba los posibles caminos para afrontar los problemas de la familia, manteniendo firme la doctrina. Son muchas las cosas positivas presentes en esta relación, pero otras dejan un sentimiento de incomodidad. Entre las positivas hay que subrayar la actitud de fondo que hay que asumir frente a la crisis de la institución familiar, que es la de presentar "el Evangelio de la familia", es decir, toda la belleza del matrimonio y de la familia cristiana, testimoniada por muchos esposos y muchas familias. Esta "belleza", fruto de la gracia, pasa ciertamente por el camino de la cruz, hasta el heroísmo del amor oblativo. La relación del cardenal Erdő tocaba también otras muchas situaciones que están más o menos directamente vinculadas a la familia, a saber: la cohabitación (y, por consiguiente, las relaciones prematrimoniales), las uniones de hecho, los matrimonios civiles entre bautizados y la cuestión homosexual.

Ahora bien, nos preguntamos: en lugar de plantear soluciones ambiguas, que lo único que hacen es desorientar a los fieles, ¿por qué no se ha dedicado ni una sola palabra a la "belleza de la castidad" como valor auténticamente humano y cristiano? ¿Tal vez sea porque la castidad ya no es una virtud? ¿O es que la Iglesia ya no tiene la valentía de indicar a los jóvenes, a los prometidos y también a las parejas casadas, el valor de la castidad y de la virginidad por el Reino de Dios? ¿No sería este el verdadero mensaje profético para nuestro tiempo?

Después de todo, los primeros cristianos, que vivían inmersos en un mundo corrompido bajo todos los puntos de vista, se presentaron proclamando, por una parte, la belleza del matrimonio cristiano, monógamo e indisoluble, signo de la unión de Cristo con la Iglesia y, por la otra, proponiendo la superior belleza de la virginidad, abrazada por causa de Cristo y del Evangelio. ¿Acaso Jesús no era virgen? Y la Madre de Jesús, María, ¿no ha sido proclamada desde el principio "siempre virgen"? Ciertamente, los tiempos modernos exigen una presentación adecuada a las problemáticas actuales.

Pero, ¿es posible que no existan hoy teólogos, pastores, médicos, sociólogos que sepan ilustrar la belleza de la castidad como valor humano y, sobre todo, la virginidad por el Reino? Este sería el trabajo que hay que hacer y esperemos que se haga en el año de la vida consagrada (noviembre 2014-2015).

 Es desconcertante y preocupante que el Sínodo haya ignorado totalmente este aspecto. Si la Iglesia ya no sabe proponer integralmente el mensaje evangélico sobre la sexualidad, entonces significa que la mentalidad del mundo ha entrado también en la Iglesia. Y queriendo ir un poco al fondo de la cuestión, hay un motivo para esta ofuscación, que ha ocurrido en el momento en que se han querido nivelar todas las vocaciones, todos los carismas, diciendo que la elección de la virginidad por el Reino no es "mejor" que la elección matrimonial. ¿No dice Pablo que hay que "aspirar a los carismas más grandes" (1Cor 12,13)? ¿Y acaso no dice que quien se casa "hace bien", pero que quien no se casa para ser todo él del Señor "hace mejor" (cfr. 1Cor 7,32-38)? ¿Y no ha sido siempre ésta la posición de la Iglesia católica en sus dos mil años de historia? ¿O acaso Dios no es libre de dar sus dones y de ofrecer a uno cinco talentos, a otro dos y a otro uno solo? Después, le tocará a cada uno hacer fructificar al máximo el don recibido, y sobre esto el Señor valorará la santidad de la persona.
Volviendo al Sínodo, debería estar claro que la crisis de la familia está causada también por la crisis de la moral sexual. Ahora bien, en lugar de rociar con un poco de agua bendita situaciones objetivas de pecado (y se ha observado que en la relación-síntesis falta precisamente este concepto), ¿por qué no plantear, también respecto a la sexualidad, esa propuesta positiva que se quiere hacer para la familia? En otras palabras, hay dos "bellezas" evangélicas que hay que presentar: la "belleza de la familia", escuela de oblación, de fecundidad y de comunión y la "belleza de la castidad", escuela de autodisciplina y de elevación del amor humano y cristiano.

Si la reflexión sobre la familia que proseguirá con el Sínodo ordinario del año que viene se reduce a copiar a los ortodoxos en lo que atañe a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar; a los protestantes en su consideración del Evangelio como un ideal, dejando a las conciencias de los individuos la decisión en situaciones concretas; a los anglicanos en su comprensión de la sinodalidad como un modo de resolver las cuestiones a fuerza de mayorías, entonces no se entiende dónde está esa "creatividad" sobre la que el Papa Francisco ha insistido.

Artículo publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.
Traducción de Helena Faccia Serrano, publicado en ReL, 24-10-14



http://tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com
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viernes, 11 de septiembre de 2015

FAMILIA CATÓLICA EN PAKISTÁN
ORA POR ELLOS, OREMOS POR ELLOS

Cristianos perseguidos: ¡Mira mi Fe! 
En mi celda tenía una foto de la Virgen María y una Biblia
 https://youtu.be/NR7cL_Pne_Y

CARTA DE UNA MADRE DE FAMILIA
A PROPÓSITO DEL SÍNODO DE LA FAMILIA

Coincidentemente con el Sínodo sobre la familia, acabo de recibir esta carta de una madre de familia en que expresa su convicciones de fe y lo que le ha enseñado la experiencia de esposa:

Gracias Padrecito, por hacerse un lugar "para tomar unos mates sin desmontar del petiso".

Cuando uno ama a alguien agradece (y valora) cualquier pequeño ratito de compañía. Y la recuerda. Y repasa las palabras. Y se le alegra el corazón por mucho tiempo cada vez que recuerda ese ratito,

Como siempre padrecito, muy hermoso lo que coloca en su blog. ¡Hermosa la carta del matrimonio amigo de SS Juan Pablo II! ¡Cuanta verdad!

"Tengo la impresión de que nosotros, cristianos, hablamos demasiado de los matrimonios fracasados, pero poco de los matrimonios fieles…"

¡Es verdad! Yo no recuerdo una homilía (¡ni una!) donde se hable de la belleza y santidad del amor de los esposos. Mire, padrecito, nunca, nunca, nunca, le habré dado suficientemente las gracias a Dios por haber puesto el libro "La casa sobre roca" en mi camino (y aunque hace muchos años aún recuerdo perfectamente cómo fue), y de haberle dado a usted la gracia de un sacerdocio al servicio del amor esponsal humano (y divino).
¿Cómo pueden los esposos amarse bien (como Dios quiere) si no hay nadie que se los explique. Ya sé que usted dirá "Tienen las Escrituras y el Magisterio", pero muchas veces somos como niños (al menos yo… y bastante pavota muchas veces) necesitamos de "un papá" que nos muestre la belleza de la Esperanza a la que estamos llamados. Meditando sobre este tema me parece ver un paralelo entre el mal ejercicio de la paternidad de los laicos y la de algunos (bastantes en este aspecto) consagrados.
 Veo con pena que muchísimos padres (buenos, piadosos, con buenas intenciones) no son capaces de educar en el amor a Dios a sus hijos, resistentes al empuje del mundo. ¿Por qué?.
Me parece que la primera cosa es que hay que amar a Dios (y su Palabra, y su honra) más que a los hijos
La segunda es creer que ellos son capaces (no importa la edad) de enamorarse de Dios y de hacer sacrificios por agradarle, y por amor a Él no dejarse llevar por el mundo.
La tercera cosa es vivir como familia de manera no-mundana. Y eso lleva sacrificios: no TV, no revistas mundanas, nada de modas, pocas amistades y sanas, buscar cosas sanas que nos diviertan y alegren como familia, cultivar (a toda costa) el amor y colaboración familiar, cultivar el gusto por la música bella (el mejor folklore, con sus letras cargadas de amor a la familia y la Patria, la música clásica, y los instrumentos musicales), el trabajo en equipo (no para que te paguen o alaben, sino porque con ello nos alegramos todos y le damos alegría a Nuestro Señor). Nada de "tecnologías" hasta que las puedan manejar sin adicciones (y para mí eso es, por lo menos, a eso de los 17 años), llevar una vida austera y en la medida de lo posible hacer caridad con los necesitados, cultivar en los hijos la preocupación por el otro (los vecinos del barrio haciéndole mandados, o los compañeros ayudándolos en las tareas)
La cuarta es estar siempre vigilante sobre nuestros hijos. Amistades, gustos, conversaciones, en el uso del tiempo. Y esa creo que es la principal falla: se confía demasiado en los gurises, y se olvida de que ellos son pecadores, débiles y que nosotros somos sus pastores: debemos vigilar "nuestras ovejitas", traerlas con el cayado... y a veces un bastonazo hay que darlo también jjejjeje... esto suena horrible a los oídos de los padres hoy, pero es así. No se corrige a los hijos. Y eso que en la Biblia dice "corrige a tus hijos". También creo que es por "cansancio".  Es que criar hijos es "cansador", pero ¡la alegría de ver cómo crecen en estatura y gracia no tiene precio!
Y aquí es donde haría el paralelo del sacerdote y un papá. Si el sacerdote "se cansa" de animar a sus fieles a la santidad de vida, si cree que no es posible que sean santos, si no vigila la sana doctrina,  se desanima ante las habituales (y repetidas) caídas de sus ovejitas, le hace el juego al Diablo. Y las ovejas se quedan con un pastor "buenisimo", pero que no las cuida, no le busca los mejores pastos, no la lleva en brazos...  Y al final el pastor se traga que las ovejas son así, y bueno, como dice la carta de estos esposos "no tienen madera para santos" o rebajan la santidad a ser buenos y ayudar.
Padrecito: alguna vez se lo dije, pero necesito volver a repetírselo: descubrí cómo es el amor de Dios Padre en el amor que usted da. En sus consejos y su ternura, en su dulce y firme mano para conducirme a Dios (y apartarme del pecado), en animarme en lo bueno y amonestarme con fuerza en lo malo, en tener tiempo para mí (con tantas cosas y personas más necesitadas e importantes que le consultan), por decirme "hija"... ¡ah! si los sacerdotes supieran lo que para un alma significa que un sacerdote te diga "hija"! Muchas veces pienso ¿qué sentirá mi alma si un día el Señor me dice: hija? Ahhhhhh. Ésa, padrecito, fue la más grande enseñanza que me ha dado: que soy "hija" de Dios, que debo vivir como hija.
¡Bendito sea Dios que le ha dado la gracia de conocer y difundir la Buena Noticia del amor humano elevado a divino!
Su hija NN