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viernes, 15 de enero de 2016

>EL CARDENAL SANDOVAL REZA
EXORCISMO MAYOR SOBRE MEJICO

 Sandoval

Realiza el Cardenal Juan Sandoval "Magno Exorcismo" en medio del mayor sigilo
El conocido exorcista español, Padre Antonio Fortea, vino a México para asesorar la celebración del Ritual
Jerarcas consideran que el aborto en la Ciudad de México y el culto a la muerte han provocado una infestación satánica en todo el país la cual, a su vez, ha ocasionado un desbordarse incontenible de la violencia
La nación ha quedado exorcizada y consagrada al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María

El miércoles 20 de mayo 2015, en la catedral metropolitana de San Luis Potosí, se llevó a cabo el "Magno Exorcismo" de la nación mexicana. El Rito fue celebrado por el Cardenal Juan Sandoval, por el Arzobispo de San Luis Potosí, y por varios sacerdotes exorcistas que acudieron de diversas diócesis de México para tal ceremonia.
Para asesorar y fungir como maestro de ceremonias de dicha celebración, fue invitado el creador mismo del "Magno Exorcismo" (en latín "Dimicatio"), Padre Antonio Fortea, sacerdote español mundialmente conocido por sus libros referentes al tema del exorcismo, especialmente "Summa Daemoniaca" y "Memorias de un Exorcista".
Fortea
Entrevistado telefónicamente, el Padre Fortea rehusó dar detalles sobre la ceremonia realizada en San Luis Potosí, la cual se llevó a cabo a puerta cerrada, pero señaló que sin duda alguna aborto, satanismo, corrupción, culto a la "santa" muerte y legalización de aberraciones sexuales han provocado una gran infestación satánica en todo México. Todo ello, añadió, ocasiona una violencia incontrolada y generalizada debido precisamente a la acción demoníaca.
Que la nación mexicana está sufriendo una infestación satánica a consecuencia del aborto y del culto a la muerte es una convicción que ya tenían exorcistas y expertos en pastoral de la liberación: (dar click aquí "Entrevista al Padre Cancelado"). Esa es, dicen, la causa esencial de la violencia que se sufre en todo el país.
El hecho de que un lugar, ciudad o país infestado por demonios pueda ser espiritualmente liberado y consagrado a Dios para acabar con la violencia no es solo doctrina de Fortea, sino realidad histórica.
En el año de 1226, San Francisco de Asís acudió a la Ciudad de Arezzo, Italia, debido a que allí se libraba una violenta lucha intestina entre familias. Al llegar, el hombre de Dios vio sobre la ciudad un grupo de demonios que se alegraban mientras azuzaban a sus habitantes en una lucha de unos contra otros.
Compadecido de la situación, el santo de Asís, junto con su discípulo Fray Silvestro, hizo una oración de liberación invocando a Dios y gritando "váyanse de aquí, demonios todos, muy lejos de aquí". El santo vio que los demonios se iban. Al poco tiempo, las familias se reconciliaron y se pacificó la ciudad, volviendo a respetar los derechos de cada uno (Ver Tomás de Celano, "Vida Segunda", p.II, 108).
A raíz del poseso mexicano que fue llevado a El Vaticano para tratar de ser liberado por el Papa Francisco y posteriormente sometido a un exorcismo formal con el gran exorcista italiano Padre Gabrielle Amorth, se supo que en México existe una proporción directa entre el número de abortos y el número de asesinados por parte del crimen organizado. (Dar click aquí para ver "Endemoniado en El Vaticano por causa del aborto en México").
Refiriéndose al aborto, los demonios que ese joven michoacano lleva con gran sufrimiento en su interior han declarado a Amorth y a otros exorcistas mexicanos: "Cuando la señora (la Virgen de Guadalupe) vino a estas tierras, se acabaron los sacrificios humanos y nos expulsaron de aquí. Pero ahora, ustedes, estúpidos, con sus leyes, nos han vuelto a traer de nuevo".
Endemoniado
Fortea insiste en que cada obispo debe celebrar en su propia diócesis el Magno Exorcismo y la consagración de la misma, y que cada fiel debe consagrase a Dios de forma personal, convirtiéndose de todo corazón y entregado la propia vida en expiación por todos los pecados que se comenten en la nación mexicana.
Y, desde luego, urge derogar en el Distrito Federal la ley del aborto, causa de todo esto, e incluir en el artículo primero constitucional el derecho humano a la vida desde el primer instante de su concepción.
Corazones
Los jerarcas y exorcistas esperan que después del Magno Exorcismo, y de la Consagración (que también celebró el Cardenal Juan Sandoval, en la Catedral de la Arquidiócesis de México, el 12 de diciembre de 2014) el aborto y los crímenes violentos comenzarán a decrecer en el país. Para descargar el Ritual abrir: Magno Exorcismo.










viernes, 8 de enero de 2016

UNA ORACIÓN ESPONTÁNEA


Gracias por tu preciosa presencia  
Gracias por tu paz, por tu ternura.
Gracias PADRE 
porque sentí con más fuerza  durante las Eucaristías 
durante estos días que desde la eternidad Tu me amas
que estoy en  Ti desde antes de estar en el seno materno
y ahora que estoy en este mundo
agradezco que me hayas dado a Jesús, 
Tu HIJO Amado que me lleva a TI 
Quiero abrazarte Padre!  
Gracias por esta  gracia que en estos días tengo  
¡Sentirme sumergida , sostenida, y suspendida en Tu amor.
Envuelta en TU ESPÍRITU Divino  
con Jesús, mi esposo y María. 
Te quiero mucho Padre,  
Hoy en la Eucaristía sentí que el Señor me decía 
que me quiere mucho 
y que su Padre me protege 
como una madre en el seno a su hijo. 
Señor qué gozo siente mi alma en Ti. 
Cuan abundante es tu gracia en mi.
Aquí estoy Padre como hija para amarte eternamente. 
Me siento abrazada por Ti, en Ti. 
Gracias Señor Jesús, esposo mío, por llevarme al Padre.

viernes, 1 de enero de 2016

Paz falsa - Paz verdadera
Juan Manuel de Prada

PAZ

Quizá no haya un bien tan precioso para los pueblos como la paz; pues, faltando ese bien, todos los demás bienes no pueden alcanzarse en plenitud ni disfrutarse sin temor. Precisamente por ser un bien tan preciado, la consecución de la paz es una tarea que a todos nos obliga; y muy especialmente a los Estados, como titulares de un deber de reconciliación entre los pueblos, en el que las relaciones de fuerza se sustituyan por relaciones de colaboración con vistas al bien común.

A esta tarea de lograr la paz se han entregado con denuedo las llamadas cínicamente 'naciones civilizadas' (que, en puridad, no son sino las naciones cuya supremacía bélica intimida a las demás); pero, por supuesto, la paz lograda ha sido por completo engañosa: en primer lugar, porque la jurisdicción de dicha paz se ha circunscrito a las 'naciones civilizadas', que mientras mantenían su casa en paz desaguaban sus tensiones convirtiendo los arrabales del atlas en escenario de atroces guerras; pero también porque, aun la paz lograda por las 'naciones civilizadas' en territorio propio, es una falsificación pérfida sobre la que luego se ha erigido una de las ideologías más características de nuestro tiempo, el pacifismo, que con frecuencia no es sino irenismo hipócrita que disfraza de elevados sentimientos lo que no es sino deseo egoísta de mantener a toda costa el bienestar alcanzado; cuando no algo todavía más inicuo: fatalismo, pusilanimidad, inhibición del espíritu combativo y desprecio de la justicia. 

Y aquí llegamos adonde deseábamos: porque no hay paz verdadera sin justicia; pero todas las formas de paz que nuestra época propone como solución a los conflictos se fundan sobre una supuesta imposibilidad para reconocer la justicia, dando por supuesto que es una cuestión incognoscible. Y así se alcanzan tan solo paces de componenda, en las que absurdamente se reconoce una porción de justicia 'alícuota' a cada parte, en caso de equilibrio de fuerzas; o bien paces impuestas por decreto, en las que las condiciones las impone la parte más fuerte.





Tras la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, la sociedad de las naciones se afanó en construir un 'nuevo orden mundial' (¡qué miedito!) que preservara a las generaciones futuras del flagelo de la guerra, instituyendo la prohibición generalizada del recurso de la fuerza, con las excepciones consabidas de legítima defensa y las medidas acordadas para mantener la paz por su Consejo de Seguridad. Pero ¿en verdad esa prohibición generalizada del recurso de la fuerza garantiza el mantenimiento de una paz justa o, por el contrario, contribuye a enquistar situaciones estructurales de injusticia?



Y, en el sentido contrario, ¿qué legitimidad moral podemos reconocer a las potencias de ese Consejo de Seguridad que, antes que el bien común, buscan fortalecer sus posiciones geopolíticas y económicas, sostenidas sobre principios inicuos? ¿No podría ocurrir que la paz y la guerra que decreten sean siempre una paz inicua y una guerra injusta? Se nos dice que, en sus decisiones, los mueve la promoción y el desarrollo de los pueblos; pero ¿de qué 'promoción' y 'desarrollo' estamos hablando? ¿Tal vez del desarrollo de una legislación laboral inspirada en el crecimiento económico chino? ¿Tal vez de la promoción de los pueblos entendida al modo igualador y colonialista del Tío Sam? ¿Tal vez promoción y desarrollo de las generaciones presentes a costa de la ruina de las generaciones venideras, sea a través del expolio de los recursos naturales, sea a través del aborto generalizado? 

Cuando era niño, había una frase misteriosa de Jesús cuyo sentido último no lograba penetrar: «La paz os dejo; mi paz os doy. No os la doy como os la da el mundo». Ahora la entiendo perfectamente; y sé que esa paz evangélica es exactamente la contraria de la que preconiza la ideología pacifista.


ABC

15 de junio de 2014