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viernes, 24 de junio de 2016

LA PROSTITUTA QUE ELIGIÓ LAS LÁGRIMASY NO EL SACRILEGIO

Entre 2004 y 2007, en mis primeros años de Seminario, estuve destinado en la parroquia Santa Lucía, de Gascón y Honduras, en el porteño barrio de Palermo. 

Allí, cada Domingo, en la Misa de las 11, veía a una prostituta de origen dominicano; que, fuesen cuales fuesen las condiciones climáticas, y de cualquier otra índole, jamás faltaba al Santo Sacrificio.

Se quedaba en uno de los últimos bancos, casi como el publicano del Evangelio (Lc 18, 9 – 14); y participaba, con no fingida piedad, en la celebración. 
Conservaba, invariablemente, la cabeza gacha; y se ubicaba, de tal modo, que solo la discreción y la reserva pudieran rodearla. 
 Permanecía hasta el fin de la Misa. 
Pero, a la hora de despedirse, en la puerta del templo, evitaba conversar con los Sacerdotes, y los otros ministros. 
Levantaba, en torno a sí, un muro impenetrable de silencio. Para evitar, seguramente, que ella fuese la protagonista del encuentro, en lugar de Dios; y, al mismo tiempo, para que la jauría del chismoseo no cometiese reiteradas carnicerías... 
Su vestimenta estaba acorde con lo que manda la sacralidad del sitio. 
Jamás se la vio ligera de ropa, ni en actitudes irrespetuosas e irreverentes. 
Era dueña, en esos momentos, de un pudor y un recato que tanto se echa de menos en otras mujeres; que no tienen, oficialmente, el "oficio del vicio"… 
Solo recuerdo haber cruzado con ella apenas el saludo; y alguna que otra palabra exclusivísima de circunstancia. 
Nos enteramos, por terceros, que la llamaban Vanesa; aunque se dudaba, con fundamento, que ese fuera su nombre de pila. 
Sobre cómo había llegado a nuestras pampas se tejían, inevitablemente, las más variadas conjeturas: desde que la habían traído engañada, prometiéndole un trabajo digno, hasta que había venido con su esposo, que luego la abandonó. Y, entonces, fue arrojada sin más a las calles y al pecado. 
Obviamente, no se hablaba de ella en las conversaciones con los sacerdotes de la parroquia. 
La discreción y el sigilo sacramental (secreto de Confesión), impedían cualquier charla sobre el particular. 
En aquella Misa de las 11, yo ayudaba en el altar; si llegaba a tiempo desde el Seminario. O me quedaba en el último banco, entre el pueblo, si ya estaba comenzada. 
Lo cierto es que, a la hora de la Comunión, ella permanecía de pie, con la cabeza gacha, derramando abundantes lágrimas. 
Un día llegué a ver, incluso, un verdadero charco de ellas, en el reclinatorio del banco. 
No estaba en condiciones de recibir sacramentalmente a Jesús; en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Y aquellas lágrimas abundantes y penitentes servían de marco a su camino de conversión. 
Jamás escuché de ella alguna expresión desafiante a las enseñanzas de Cristo, y a la disciplina de la Iglesia sobre la Eucaristía; como hoy lo hacen tantos, ideológicamente, que ni siquiera tienen fe, o al menos, no van a Misa, pero reclaman su presunto "derecho a comulgar". 
Evidentemente, había sido bien formada en religión. 
No era capaz, entonces, de clavar un puñal en el Corazón de Cristo. 
Ella también eligió. 
Y, en su estado, eligió bien: eligió las lágrimas, antes que un sacrilegio. 

Hoy se dice, y con acierto, que "la Iglesia es un gran hospital de campaña; en donde se curan las heridas de guerra". Imagen bien clara, y bien verdadera. 
Debe decirse, igualmente, que en todo hospital solo tienen cura los que son conscientes de sus males; y que no combaten contra los médicos y las medicinas. 
Si, lejos de tener una actitud humilde y francamente receptiva a la curación, solo se esgrimen desobediencia y caprichos, la gangrena será inevitable. Y las consecuencias, funestas. 
El Señor nos dijo que las prostitutas (Mt 21, 28 – 32) nos precederán en el Reino de los Cielos. Y que la dureza del corazón solo lleva a persistir en el pecado. La letra y el espíritu de la ley, inseparablemente unidos, nos hacen libres. Y nos preparan, como elegidos de Dios, para ser "santos e irreprochables en su presencia, por el amor" (Ef 1, 4).
Pretender apelar solo al supuesto espíritu de la ley es matar la letra; lo que Dios manda. 
Y, con ello, es inevitable la muerte del pecador. 
Aquella prostituta, a la que con el tiempo y las distancias andadas, nunca más vi, me volvió a enseñar que la sal de Cristo quema… pero cura. 
Y que la mejor pastoral está en ser esclavos, de tiempo completo, del único Pastor, y sus leyes. 
Único, esplendoroso y vivificante camino de salvación… ​
Padre Christian Viña​ Pbro. LA PLATA
14 de abril de 2016. Jueves de la tercera semana de Pascua.-

viernes, 17 de junio de 2016

LOS SAGRADOS CORAZONES Y LA ZARZA ARDIENDO
Éxodo 3, 1-6

El Señor se muestra a Moisés  como un fuego que arde en el corazón de la zarza 
 pero que no devora las espinas

3.1 "Moisés era pastor del rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián.  
   3,1 Umoshéh hayáy ro’éh ‘et-tson yitró jotnó cohén midyán 
Y llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios.  
   wayyinhág ‘et-hatsón ‘ajár hamidbár; yayyavó’ ‘el-har ha’elohym joreváh 

2 Y se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, en medio de una zarza. 
   2 wayyerá’ mal’ák Adonáy ‘eláo belabát ‘ésh mittôk hassenéh 
Y he ahí que la zarza estaba ardiendo en fuego, pero la zarza por él no era devorada 
   wehinnéh hassenéh bo’ér ba’ésh wehassenéh ‘enénnu ‘ukál 

3 Dijo, pues, Moisés: 'quiero volverme para observar este fenómeno grande 
   3 wayyó’mer moshéh ‘asuráh-ná’ we’er’éh ‘et-hammaréh haggadól hazzéh 
por qué no se consume la zarza". 
   maddúa’ lo-yiv’ar hassenéh 

4 Vió el Señor que se acercaba para mirar,
   4 wayyár’ ‘Adonáy ki sár lir’ôt ló 
llamó de Elohim desde el centro de la zarza, diciendo: '¡Moisés! ¡Moisés!'. 
   wayyiqrá’ ‘eláô ‘elohím mittôk hassenéh wayyó’mer: moshéh moshéh 
Y él respondió: 'Heme aquí'. 
    wayyó’mer hinnéni 

5 Le dijo: 'No te acerques aquí; quítate las sandalias de tus pies, 
   5 wayyó’mer: ‘ál tikrab halóm shal ne’alékha me’al raglêkha 
porque el lugar en que estás parado encima es tierra sagrada'. 
   Ki hammaqôm ‘asher ‘attáh ‘oméd ‘aláo ‘admát qôdesh hu’ 

6 Y dijo: 'Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham,  
   6 wayyó’mer: ‘anôkhí ‘elohé avíkha ‘elohé ‘avrahám 
el Dios de Isaac y el Dios de Jacob'. 
   ‘elohé yitsjáq w‘elohé ya’aqôv 
Y se cubrió Moisés el rostro, porque tuvo temor de ver a Dios" (Exodo 3,1-6). 
   wayystár moshéh panaô ki yaré’ mehabbít ‘el-‘elohím 

Razón tenía Moisés en asombrarse y considerar extraño el hecho de que este fuego no devorara la zarza, manjar apetecido por el fuego y los incendios, elemento proverbialmente combustible. 

El estudio del texto hebreo nos permite también a nosotros compartir su asombro y extrañeza; pero también entender mejor lo excepcional que hay en los sentimientos del amor divino. 

Dios se le muestra a sí mismo a Moisés en forma de fuego que no devora. 
E interpreto que el fuego que vio Moisés prefiguraba el Sagrado Corazón de Jesucristo. 

Yo tengo para mí, en efecto, que lo que vio Moisés en el SinaÍ, fue el Misterio del corazón de fuego ardiendo en las espinas: el Misterio de la Pasión salvadora, el corazón de Cristo y también el corazón de María. 

La escena de la zarza ardiendo en el libro del Éxodo, está a media distancia entre las espinas y las espadas de fuego  de los querubines del relato del Génesis 3, 24, y el fuego del amor de Cristo coronado de espinas en su Pasión.

Si leemos el texto bíblico en su lengua original, que es el hebreo, son impresionantes las diversas interpretaciones a las que se presta según las diversas vocalizaciones posibles del texto consonántico.

El texto se abre a posibilidades de significación que no siempre es fácil reflejar en las traducciones. 

Los comentaristas del texto tienen mayores posibilidades que los traductores, de explicar los múltiples sentidos posibles que el autor humano y el Autor divino pueden haber querido darle a un determinado texto. Según un dicho rabínico: La sagrada Escritura tiene setenta caras. Vale decir: una plenitud de sentidos.

A veces, el autor sagrado intenta positivamente usar expresiones ambivalentes o polivalentes. Y esa polivalencia ínsita en el texto original inspirado es imposible expresarla en una traducción, a no ser explicándolo en notas al pie del texto. 

Es bien posible leer esos varios sentidos de un mismo texto sólo consonántico, como son el texto bíblico y el arameo targúmico. 

Los traductores se ven forzados a simplificar y elegir uno de los sentidos posibles, porque no pueden acumular múltiples traducciones. Por eso suelen seguir la lectura tradicional fijada por el texto masorético.

Pero en hebreo se pueden ir variando las vocales y con ello van cambiando las palabras y sus sentidos que están abiertos, como una adivinanza divina, a la perspicacia de un "escriba bien instruido en el reino de los cielos" (Mateo 13, 52).

Los rabinos judíos, que comentaron directamente el texto hebreo con gran conocimiento de esa lengua y con métodos exegéticos propios, ofrecieron luces para entender matices de significación propios que abren al lector diversas interpretaciones de un mismo texto. Y ellos afirmaron la validez de las varias lecturas aún la intercambiabilidad de vocablos homófonos aunque se escribiesen con una consonante diversa (Por ejemplo sin y samek)

Naturalmente, por las interpretaciones de los rabinos no podemos guiarnos en cosas de fe cristiana. Pero sí son atendibles en asuntos filológicos tocantes a la lengua hebrea. Y san Pablo aplica a la interpretación de las sagradas Escrituras los recursos interpretativos aprendidos de muchacho en la escuela rabínica.

San Jerónimo y otros grandes escrituristas y teólogos católicos no han dudado en consultarlos y aprender de ellos en estos campos. Podemos pues acudir a ellos con provecho para nuestra fe. 

Pero, además, podemos leer por nuestra propia cuenta, a la luz de nuestra fe en Jesucristo, lo que los cambios vocálicos nos permiten escuchar, según diferentes lecturas. 

En esta tarea nos anima el dicho de Santa Teresita del Niño Jesús: "Si yo hubiera sido sacerdote, habría estudiado a fondo el hebreo y el griego, a fin de conocer el pensamiento divino, tal como Dios se dignó expresarlo en nuestro lenguaje humano". 

Expongo a continuación algunas conjeturas interpretativas de Éxodo 3, 1-6.

En una colección de antiguos comentarios rabínicos sobre el libro del Éxodo, llamado Midrásh Éxodo Rabbáh, encontramos un comentario a las palabras de nuestro texto: 
"y vio al Ángel de Dios, o al Enviado de Dios, en una llama de fuego en medio de las espinas".
  "wayyera’ mal’ak Adonay ‘eláo belabat ‘esh mittôk hassenéh 

El vocablo labat se puede leer y entender, y así lo reconocen los rabinos, tanto como laváh (= llama o lengua de fuego) Laváh en su forma simple se escribe con las consontantes lámed, bet y he. Pero en estado constructo o estado genitivo, se escribe lavát).
Por eso el vocablo lavat puede leerse como genitivo de laváh, o como lavat = corazón. En efecto lavat es una forma excepcional de lev, corazón, que se usa en Ezequiel 16,30. Y aún puede leerse como libot, que significaría corazones, en plural.

Esta no es una lectura antojadiza. Está fundada en los usos rabínicos de interpretación usados también en el Nuevo Testamento. Y en interpretaciones que han dado rabinos del texto de la zarza ardiente que damos a continuación.

El comentario rabínico antes citado dice así: "Otra opinión acerca de la expresión "a manera de llama de fuego', dice que estaba (la llama o el corazón de fuego) entre ambos lados de la zarza y en la parte superior de ella, de la misma manera que el corazón (lev) está puesto entre ambas partes del cuerpo y en la parte de arriba". 

El autorizado comentarista medieval judío Rabbí Salomón Isaac, más conocido como el Rashí, comenta así nuestro pasaje: 
"belavat 'esh : Es el corazón (lev) del fuego. Expresión al estilo de: 'En el corazón del cielo' (Deuteronomio 4,11), 'el corazón de la encina' (2 Samuel 18,14) que significa: 'en medio de'. Y no te extrañes de que diga lavat por leb, (con tau final), porque hay otro ejemplo de eso en Ezequiel 16,30: '¡Oh! ¡Qué frágil es tu corazón' (=libatkha)".

De manera que, en nuestro texto, podemos leer también nosotros, en coincidencia con la autoridad rabínica, que Moisés vio a Dios "en el corazón del fuego" (belivat 'esh). 

Según estos comentarios, Dios se le aparece a Moisés "en el corazón de un fuego" o bien "en un  corazón de fuego" o bien "en corazones de fuego") que estaba en medio (mittók) de la zarza. Y ese fuego estaba ardiendo en medio de la zarza en la posición equivalente a la del corazón en un pecho humano. Un corazón. Era como el corazón ígneo de la zarza. 

También podemos leer, cambiando sólo las vocales, en vez ‘esh (fuego), ‘ish (varón, hombre). Corazón de fuego y corazón de hombre, corazón humano. O en plural: "corazones humanos" belibbot ‘ish. Abarcando en uno los corazones de Jesús y María. Y esta es una posibilidad bíblica también: Porque si María guardaba todas estas cosas en su Corazón (Lucas 2, 19) entonces dentro del corazón de María se encuentra también el Corazón de su Hijo, como en uno solo que arde al unísono entre las espinas sin devorarlas.

Creo que siguiendo el consejo de Jesús, que recomendaba a todo escriba instruido en el Reino de los cielos sacar de su tesoro lo nuevo y lo viejo, me está no sólo permitido sino de alguna manera indicado, transitar este camino de la exégesis rabínica, adoptando su hermenéutica, aunque yendo más lejos que ellos, en la dirección de mi fe. 

Por este camino, leo en el texto: "Y se dejó ver el Ángel de Dios a él: "En forma de corazón de fuego, de corazón ardiente", y también, ambivalentemente, "en forma de corazón de hombre". Y aún en plural: "en forma de corazones de fuego y de hombre" (belibbot ‘ésh y 'ish).

Moisés habría entrevisto los corazones de Jesús y de María 

 Algo parecido sucede con la lectura de "en medio de la zarza" (=mitok hassenéh). 

Si las consontantes sámek nun, he vocalizadas como mitok hasin’áh o hasan’áh (de la raíz homófona pero escrita con consonante sin y no sámek: `saná’) significaría “de en medio del odio” (soné’ = enemigo, adversario, contrario, rival). 

Si bien son dos raíces distintas, (una que comienza con sámek y otra con sin), sin embargo, por ser homófonas, en la lectura una evoca a la otra, la zarza evoca a los enemigos, al odio contra el justo. Y de hecho, esta homofonía es sugerente si se tiene en cuenta que, en universo simbólico de las sagradas Escrituras, las zarzas simbolizan a los malvados, enemigos de Dios, enemigos del justo perseguido, enemigos entre sí y de los hombres. Es decir, en otras palabras, "corazones de humanos de fuego, que arden en medio del odio sin consumir a los que los odian".

Esto es aplicable a todos los justos del antiguo y del nuevo Testamento, desde Abraham, pasando por su descendencia en Egipto y entre las naciones, hasta Jesucristo y su descendencia en adelante hasta el fin de los tiempos.

Dra. Anca María Cernea [2 de 2]
Intervención en Life Forum - Roma

LA IGLESIA CATÓLICA 
DEBE DEJAR DE COQUETEAR 
CON LAS IDEOLOGÍAS ANTI-FAMILIA 
Y OPONERSE A ELLAS.  
Dra. Anca Maria Cernea
Presidente de la Asociación de Médicos Católicos de Bucarest, Rumania
(Resumen en español)
Mayo de 2016 Roma, 16 Mayo 2016. 

En vez de liderar a los Católicos devotos en la batalla en contra de las fuerzas del Enemigo que busca socavar y eliminar las huellas de la Cristiandad en la civilización, la Iglesia Católica, bajo el liderazgo del Papa Francisco, está doblegándose ante los sistemas ideológicos que se oponen a la VIDA, la FAMILIA y al BIENESTAR de la sociedad, y por último al Evangelio de Jesucristo, dice la Dra. Anca Cernea, de Rumania, en su conferencia dictada en el Foro Internacional de Vida y Familia, la semana pasada.
 Ella animó a los participantes de la Conferencia a rezar seriamente por el retorno de los pastores de la Iglesia a su deber elemental y primordial de salvar almas a través de la evangelización y conversión. 
Lea resumen del texto de la charla de la Dra. Cernea en "Voice of the Family": http://voiceofthefamily.com/dr-anca-maria-cernea-cultural-marxism-a-threat-to-the-family/ 
https://youtu.be/GCLiHDK-x38  

"Estamos preocupados de ver a la Iglesia descender hacia el activismo mundano ideológicamente contaminado, que anima a algunos grupos progresistas, que tienen un plan perfecto de cómo construir un Mundo Mejor (después de terminar con el nuestro)- como los "movimientos populares", ambientalistas, pacifistas, indigenistas, activistas de la "anti- discriminación", y "expertos en población", dice ella durante su conferencia del 6 de Mayo en el Rome Life Forum que tuvo lugar en el Hotel Colombus, a unos pasos de la Basílica de San Pedro. 

Cernea, quien sufrió y vivió bajo el régimen comunista, dice que el lenguaje usado por el Papa Francisco en sus encíclicas Evangelii Gaudium y Laudato Si, es especialmente preocupante ya que parece más bien proveniente de textos de libros inspirados por la ideología del comunismo, más que del Evangelio de Jesús. 

Términos como "inclusión", "exclusión", "marginación", "inequidad" y "desarrollo sustentable" son frecuentes, señaló. 
Expresó preocupación dado que la Iglesia, bajo la dirección del Papa Francisco, se está alineando con agendas conducidas ideológicamente y no solamente está fallando en ser Fuente de Luz para todas Naciones del Mundo, sino que la Iglesia está siendo usada por organizaciones poderosas para introducir a presión, una Agenda totalmente contraria al Evangelio y al Reino de Dios en la Tierra. 
En vez de predicar el Verdadero Dios a los paganos y convertirlos, los líderes católicos son usados por los paganos en contra del Dios Verdadero, dice.

Uno necesita sólo recordar el show de luces sobre el "cambio climático", proyectado en la Basílica de San Pedro, en la Fiesta de la Inmaculada Concepción, para marcar la apertura del año de la Misericordia el pasado Diciembre, para ver un claro ejemplo de lo que puntualiza Cernea. 

Cernea recibió el año pasado, el elogio y la admiración de líderes de todo el mundo que luchan a favor de la Vida y la Familia, luego de suplicarle fuertemente al Papa Francisco y a otros Líderes católicos durante el Sínodo de la Familia, defender a la familia de los poderes internacionales que buscan imponer el "control de población", "la mal llamada salud reproductiva", "los derechos de los homosexuales" y "la ideología del género" en todas las Naciones del Mundo. 

La Cultura Marxista y el verdadero Enemigo Cernea advirtió a los participantes de la conferencia que hay verdaderos "Espíritus del Mal" que buscan "rediseñar la Sociedad Humana y la Naturaleza Humana", que deben ser, antes que nada, identificados y reconocidos como los responsables del ataque a la Creación de Dios, para poder oponerse efectivamente a ellos y a sus planes. 
Ella dijo que una etiqueta que se puede aplicar a los ataques sistemáticos contra la Vida, el Matrimonio, la Familia y la Sexualidad, es el Marxismo Cultural uno de los "errores de Rusia" [soviética] advertido ya por Nuestra Madre de Fátima en 1917. 

La doctora rumana relata cómo el comunismo fue el primero en introducir en las leyes la variedad de perversiones morales que actualmente están vigentes en Occidente. 
Ella dijo lo siguiente: "Históricamente, el aborto fue despenalizado por primera vez por Lenin, en 1920. En América, fue hecho solamente 53 años más tarde, en el 1973, a través del famoso engaño con el caso de Roe v. Wade.
El divorcio no punible fue promulgado por primera vez en la Unión Soviética, en 1918, poco después de que los Bolcheviques tomaran el poder. En América hicieron falta 51 años más, en 1969 el divorcio no punible fue aceptado en el Estado de California. 

La homosexualidad fue por primera vez despenalizada en la Unión Soviética en el 1922. El primer Estado Americano en despenalizar la homosexualidad fue Illinois en 1961. 
La educación sexual radical para los niños en el colegio fue por primera vez introducida en 1919 en Hungría, por la revolución Bolchevique de Béla Kun con el claro propósito de eliminar la familia tradicional y la moralidad destruyendo la inocencia de los niños. En América recién en los años 60, cuando la perversa educación sexual bajo la influencia de la "investigación" fraudulenta de Alfred Kinsey, ampliamente publicada gracias al financiamiento de la Fundación Rockefeller, tomó rumbo hacia los colegios." 

"El Comunismo fue esparcido en 2 formas: una fue a través de una invasión militar brutal, campos de concentración, prisiones, policía política y terror de estado, cien millones de personas fueron asesinadas por sus mismos gobiernos en tiempos de "paz".... 
La otra forma fue a través de la traidora subversión cultural, que pretendía destruir la resistencia moral de un Mundo Libre, y hacerlo incapaz de defenderse del Comunismo. 
Esto es lo que se hizo en Occidente, principalmente a través de "el Marxismo Cultural" señaló. "El Marxismo Cultural fue concebido desde el comienzo del Comunismo, como herramienta para destruir moral y culturalmente a Occidente y hacerlo así una presa fácil a cargo de los comunistas. 
Lo vemos hoy en día como hasta más peligroso que el clásico Marxismo- pretende reinventar la familia, la identidad sexual y la naturaleza humana", agregó.
Cernea llamó Marxismo Cultural " a una forma de revelarse contra Dios, en contra de Su ley moral y del orden de Su Creación". 
Ella dijo que los Marxistas Culturales ven a la Iglesia Católica como la institución más importante para "infiltrase y controlar" para lograr su Plan Maestro para el Mundo y su gente. 
Ella planteó que tal infiltración se ve que está sucediendo agresivamente bajo el reinado del actual Pontífice. 
Ella se lamentó de cómo la Iglesia bajo el Papa Francisco ahora considera aceptable dialogar con líderes del movimiento Cultural Marxista y participar con sus poderosas organizaciones. 
Por ejemplo, líderes de Pro- Vida y Pro-Familia se han expresado furiosos numerosas veces (acá o allá) al ver que el control poblacional y los derechos al aborto se promueven en los recientes trabajos y eventos del Vaticano, en plataformas y posiciones de relevancia. 
La Dra. Cernea dijo que ahora más que nunca, es imperioso para la Iglesia Católica volver a Su misión de salvar a las almas de la Garra expansiva del Enemigo de todos los tiempos.

"Por consiguiente, para la eterna salvación de millones de almas, la Iglesia debería estar animando y ordenando luchar contra las ideologías, y especialmente ordenar la lucha contra el Marxismo Cultural, tanto en (su) enseñanza pública como en (su) confesión", declaró. 
Ella dijo que todos los Cristianos alrededor del mundo deben oponerse a los movimientos dentro o fuera de la Iglesia que busquen concentrar el poder en las manos de unos pocos con el objetivo de dar a luz un "Mundo Maravilloso".

"Los revolucionarios van a usar siempre el poder en contra de la Cristiandad", apuntó. "Entonces no podemos sorprendernos si la sociedad es secularizada, si la caridad es reemplazada por beneficios sociales, si la educación es sustituida por adoctrinamiento ideológico y descarada perversión moral, si el cuidado del enfermo es reemplazado por la eutanasia, la libertad de conciencia y de expresión sustituida por correcciones políticas impuestas por los gobiernos, y la vida del ciudadano es regulada en detalle por ingenieros sociales, la cultura de la vida y la familia está constantemente perdiendo cada vez más terreno". 

"Si queremos defender la familia, necesitamos recuperar el mundo de los revolucionarios" agregó. Pero la única forma de ganar cualquier victoria duradera para la Vida y la Familia es "ganar la guerra más grande para nuestra Civilización" porque "la Familia y la Vida humana sólo están a salvo bajo las normas de la Civilización Judeo-Cristiana" indicó. 
"Nuestras metas Pro-Vida y Pro-Familia son de vital importancia. Sin embargo, si solamente nos enfocamos en ellas y no nos ocupamos del resto, no seremos capaces de mantenerlas a ellas tampoco. 
Si dejamos que el otro bando controle todo, lenguaje, cultura, medios de comunicación, legislación, economía, vida pública, gobierno, salud, todo... entonces no deberíamos sorprendernos que cualquier victoria que podamos ganar para la familia, en el mejor de los casos, tenga una vida corta." 

"El Lenguaje claro sacado del Evangelio, no de corrientes ideológicas, es una "condición importante para la victoria", enfatizó Cernea.
"El vocabulario Cristiano tiene todo lo que se necesita para describir la realidad. 
"No necesitamos sacar herramientas lingüísticas de las ideologías que estamos confrontando; esto les permite a ellos ocupar un terreno moral alto y relegarnos a una posición defensiva, antes de haber ni siquiera emprendido cualquier debate" 

Deber de los Pastores, Cernea dijo, es el "deber" de los pastores Católicos, especialmente el del Papa, el de salvaguardar el lenguaje y usarlo sabia y apropiadamente. 
"Ellos deben predicar el Reino de Dios y Su justicia, no la justica socialista, entendida como control del gobierno sobre la economía o sobre la redistribución del ingreso. Ellos deben predicar la paz como la ofreció Cristo, no como la ofrece las Naciones Unidas..... 
Los pastores de la Iglesia deben predicar la verdadera libertad, que es la liberación del pecado, de la esclavitud de Satanás" expresó Cernea. 
Cernea señaló que los líderes de la Iglesia que usan "lenguajes confusos, políticamente correctos, contaminados de ideologías... en vez de la Palabra de Dios, llevan a muchas sociedades Católicas hacia confusiones morales y políticas, y a derrotas en la batalla cultural".

"Los fieles se vuelven incapaces para identificar la fuente de los ataques a la Vida y a la Familia y también incapaces para combatirlos exitosamente. Tal lenguaje usado por los líderes de la Iglesia es una señal para que los laicos comprometidos con la política, hagan un "giro a la izquierda obligatoriamente".
Se hace prácticamente imposible para los políticos Católicos avalar el libre mercado, oponerse al estado sobreprotector, oponerse a la inmigración Musulmana, ser escépticos con los cambios climáticos, y con los roles de las Naciones Unidas, porque si lo hacen, van a tener que decir cosas que son diferentes u opuestas a lo que el Mundo escucha de la Iglesia. 
Entonces, o son desacreditados como políticos católicos o son forzados a avalar causas izquierdistas. 
Ella instó a los católicos piadosos a rezar por sus pastores para que tengan ojos para ver la batalla real que está por llegar y el coraje necesario para guiar a los fieles al frente de batalla. 

"Debemos rezar más por nuestros pastores. Debemos rezar más por la Iglesia. Cuando los Pastores conducen a su gente en la batalla espiritual, entonces las batallas culturales también son ganadas, y así las batallas políticas son vencidas también" 
Cernea concluyó su Conferencia preguntando lo siguiente "¿Cómo arreglamos el mundo?" y respondiendo: "Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura" 
"Las normas terrenales de la Civilización Cristiana con todos sus beneficios son solamente un resultado secundario de la Evangelización; pertenece a "aquellas cosas que serán añadidas" a nosotros si nosotros "buscamos primero el Reino de Dios y Su justicia", señaló Cernea. 
"La prioridad actual para la Iglesia debe ser: conducirnos en la batalla espiritual, salvar almas, decirle a todo el mundo: "Arrepiéntanse de sus pecados y regresen a Dios, porque el Reino de Dios está cerca".
La Dra. Cerna recibió una gran ovación de pie por su presentación. 

Traducción del Inglés por María Lucía Botta Olaciregui

viernes, 10 de junio de 2016

Anna Silvas, Amoris Laetitia

Alicia en el país de "Amoris laetitia"

La lacerante crítica de la exhortación post-sinodal por parte de una estudiosa australiana. "Hemos perdido todo punto de apoyo y hemos caído, como Alicia, en un universo paralelo, en el que nada es lo que parece ser"

por Sandro Magister


ROMA, 7 de  junio de 2016 – Ojo a la autora del volumen cuya imagen reproducimos más arriba, primera edición crítica de una obra maestra de San Basilio el Grande, cuyo original en griego se perdió pero que llegó a nosotros gracias a una antigua versión en siríaco confirmada en cinco manuscritos, publicada hace dos años por la histórica editorial Brill, activa en Holanda desde finales del siglo XVII.

La autora es Anna M. Silvas, una de las estudiosas de los Padres de la Iglesia, sobre todo orientales, más celebres del mundo. Pertenece a la Iglesia greco-católica de Rumania y vive en Australia, en Armidale, Nueva Gales del Sur.

Enseña en la Universidad de Nueva Inglaterra y en la Universidad Católica Australiana. Sus principales campos de estudio son los Padres de la Capadocia: Basilio, Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa, el desarrollo del monaquismo, el ascetismo femenino en el primer cristianismo y en la Edad Media.

También imparte cursos sobre el matrimonio, la familia y la sexualidad en la tradición católica en el Instituto Pontificio Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia de Melbourne.

Lo que sigue es su comentario a la exhortación apostólica post-sinodal "Amoris laetitia", pronunciado ante un gran público, con obispos y sacerdotes, y publicado posteriormente en el sitio internet de la parroquia del Beato John Henry Newman de Caulfield North, cerca de Melbourne:

> Some Concerns about "Amoris Laetitia"

El texto original  está enriquecido por algunas notas a pie de página y un epílogo con un pasaje de San Basilio, aquí omitidos.

Pero no digamos nada más. El comentario de Anna M. Silvas es de obligada lectura. Brillante, agudo, competente, franco. Un ejemplo luminoso de esa "parresia" que es un deber de todo bautizado.

__________



Algunas cuestiones sobre "Amoris laetitia"

por Anna M. Silvas


En esta presentación me gustaría subrayar algunas de las cuestiones que más me preocupan acerca de "Amoris laetitia". Estas reflexiones están divididas en tres secciones. La primera parte explicará a grandes rasgos las preocupaciones generales; la segunda se centrará en el ya tristemente famoso capítulo ocho; la tercera tratará sobre algunas de las implicaciones que "Amoris laetitia" tiene para los sacerdotes y el catolicismo.

Soy consciente de que "Amoris laetitia", al ser una exhortación apostólica, no goza del rasgo de infalibilidad. Sin embargo, es un documento del magisterio ordinario pontificio y, por lo tanto, hace que la idea de criticarlo, sobre todo doctrinalmente, sea especialmente difícil. Creo que es una situación sin precedentes. Me gustaría que hubiera un gran santo, como San Pablo, San Atanasio, San Bernardo o Santa Catalina de Siena que tuviera la valentía y las credenciales espirituales, como por ejemplo, la capacidad de profetizar la verdad absoluta, para que le dijera la verdad al sucesor de Pedro y le llevara de vuelta a un marco conceptual mejor. En estos momentos parece que la jerarquía de la Iglesia haya entrado en una extraña parálisis. Tal vez esta sea la hora de los profetas, pero de los profetas verdaderos. ¿Dónde están los santos con "nooi", intelectos, purificados por el prolongado contacto con el Dios vivo en la oración y la ascesis, dotados de palabra inspirada, capaces de llevar a cabo una tarea como ésta? ¿Dónde están estas personas?


Preocupaciones generales



Grabadas en tablas de piedra por el dedo del Dios vivo (Ex 31,18; 32, 15), las diez "palabras" proclamadas a la humanidad para todas las épocas: "No cometerás adulterio" (Ex 20, 14), y: "No codiciarás la mujer de tu prójimo" (Ex 20, 17).

Incluso Nuestro Señor declaró: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella" (Mc 10, 11).

Y el apóstol Pablo lo repitió: "Por eso, mientras vive el marido, será llamada adúltera si se une a otro hombre" (Rom 7, 3 ).

Como un silencio ensordecedor, el término "adulterio" está totalmente ausente del léxico de "Amoris laetitia". En cambio encontramos algo llamado "uniones irregulares" o "situaciones irregulares", con "irregular" entre comillas como si el autor quisiera mantenerse a distancia.

"Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" dice el Señor (Jn 14, 15). Y el Evangelio y las Cartas de Juan repiten esta advertencia del Señor de varias maneras. Esto no significa que nuestra conducta esté justificada por nuestros sentimientos subjetivos, sino que más bien nuestra disposición subjetiva se verifica en nuestra conducta, es decir, en nuestro acto de obediencia. Desgraciadamente, cuando leemos "Amoris laetitia" vemos que también los "mandamientos" están del todo ausentes de su léxico, igual que la obediencia. En su lugar encontramos algo llamado "ideales", que aparecen repetidamente en todo el documento.

Otra expresión clave que no encuentro en el lenguaje de este documento es "temor de Dios". Es decir, ese asombro ante la realidad soberana de Dios que es el principio de la sabiduría, uno de los dones del Espíritu Santo en la Confirmación. Pero este santo temor hace tiempo que ha desaparecido de una amplia parte del discurso católico moderno. Se trata de una expresión semítica que se traduce como "eulabeia" y "eusebia" en griego, o como "pietas" y "religio" en latín, el corazón de una disposición hacia Dios, el espíritu auténtico de la religión.

Otro término del lenguaje que falta en "Amoris laetitia" es el de la salvación eterna. ¡No hay almas inmortales que anhelan la salvación eterna en este documento! Ciertamente, encontramos "vida eterna" y "eternidad" nombradas en los números 166 y 168 como el aparentemente inevitable "cumplimiento" del destino de un niño, pero sin ninguna alusión a imperativos de gracia y de lucha, es decir, de salvación eterna, que forman parte de este camino.

Es como si la propia cultura de fe estuviera formada por los ecos de las palabras que uno oye y cuya ausencia es un chirrido en mis oídos. Miremos ahora lo que encontramos en el propio documento.

¿Qué razón hay para un texto tan prolijo, de 260 páginas, más de tres veces la extensión de "Familiaris Consortio"? Esta es, sin duda, una gran descortesía pastoral. Y, sin embargo, el Papa Francisco quiere que se lea "pacientemente parte por parte" (n. 7). Pues bien, algunos de nosotros hemos tenido que hacerlo. Gran parte del texto es aburrido e inconstante. En general, encuentro el discurso del Papa Francisco, no sólo en este caso sino en general, plano y unidimensional. Podría definirlo "superficial" y también "simplista": ninguna hondura bajo palabras santas y verdaderas que nos inviten a lanzarnos a la profundidad.

Una de las características menos agradables de "Amoris laetitia" es la gran cantidad de comentarios bruscos e irritantes del Papa Francisco, las frases polémicas que disminuyen mucho el tono del discurso. A veces uno se queda perplejo respecto al fundamento de estos comentarios. Por ejemplo, en la tristemente célebre nota 351, el Papa advierte a los sacerdotes que "el confesionario no debe ser una sala de torturas". ¿Una sala de torturas?

En otro pasaje, en el n. 36, dice: "Con frecuencia presentamos el matrimonio de tal manera que su fin unitivo, el llamado a crecer en el amor y el ideal de ayuda mutua, quedó opacado por un acento casi excluyente en el deber de la procreación".

Cualquiera que tenga el más mínimo conocimiento del desarrollo de la doctrina sobre el matrimonio sabe que el bien unitivo ha recibido una gran y renovada atención al menos a partir de "Gaudium et Spes", n. 49, con una historia a las espaldas de algunas décadas.

Para mí, estas caricaturas impulsivas e infundadas son indignas de la dignidad y seriedad que debería tener una exhortación apostólica. 

En los números 121 y 122 tenemos un ejemplo perfecto de la calidad errática del discurso del Papa Francisco. Tras una descripción inicial del matrimonio como "signo precioso" e "imagen del amor de Dios por nosotros", al cabo de unas líneas esta imagen de Cristo y de su Iglesia se convierte en un "tremendo peso" que es impuesto sobre los cónyuges. El Papa ya ha usado este término, "peso" en el n. 37. Pero, ¿quién espera que haya una inmediata perfección de los esposos? ¿Quién no ha concebido el matrimonio como un proyecto de toda una vida, de crecimiento en lo vivido del sacramento?

El lenguaje del Papa Francisco sobre la emoción y la pasión (números 125, 242, 143 y 145) no se basa en los Padres de la Iglesia o en los maestros de la vida espiritual de la gran tradición, sino en la mentalidad de los medios de comunicación populares. Su simplista fusión entre eros y deseo sexual en el n. 151 sucumbe a la visión laicista e ignora la "Deus Caritas Est" del Papa Benedicto, inmersa en una exposición meditada del misterio de eros, de agapé y de la Cruz.

Incomoda el ambiguo lenguaje de los números 243 y 246, que hace pensar que el hecho de que sus miembros entren en una unión objetivamente adúltera y sean por lo tanto excluidos de la Santa Comunión sea de alguna manera culpa de la Iglesia, o que es algo de lo que la Iglesia debería pedir perdón. Esta es una idea que permea todo el documento.

Varias veces, durante la lectura de este documento, me he detenido y he pensado: "Hace muchas páginas que no oigo hablar de Cristo". Demasiado a menudo estamos sometidos a extensos pasajes con consejos paternales que podría dar también cualquier periodista laico sin fe, como los que se leen en las páginas del Reader's Digest, o en uno de esos suplementos sobre estilos de vida que se incluyen en los periódicos del fin de semana.

Es cierto que algunas de las doctrinas de la Iglesia están sólidamente apoyadas, por ejemplo, contra la unión de parejas del mismo sexo (n. 52) y la poligamia (n. 53), la ideología de género (n. 56) y el aborto (n. 84). Hay afirmaciones acerca de la indisolubilidad del matrimonio (n. 63) y su fin procreativo y un apoyo de la "Humanae Vitae" (nn. 68, 83 ), del derecho soberano de los padres a la educación de los propios hijos (n. 84), del derecho de cada niño a una madre y un padre (nn. 172, 175), de la importancia de los padres (nn. 176, 177). De vez en cuando se encuentra un pensamiento poético, como por ejemplo sobre la "mirada" contemplativa de amor entre los esposos (nn. 127-8) o sobre la maduración del buen vino como imagen de la maduración de los cónyuges (n. 135 ).

Pero toda esta laudable doctrina está minada, en mi opinión, por la retórica de conjunto de la exhortación, y por la de todo el pontificado del Papa Francisco. Estas afirmaciones de la doctrina católica son bienvenidas, pero es necesario preguntar: ¿tienen de algún modo más peso que el entusiasmo pasajero y errático del actual titular de la Cátedra de San Pedro? Lo digo muy seriamente. Mi instinto me dice que el siguiente tema amenazado de desmoronamiento es el llamado "matrimonio" entre personas del mismo sexo. Si es posible construir una justificación acerca de los estados objetivos de adulterio basándose en el reconocimiento de "los elementos constructivos en aquellas situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponden a su enseñanza [de la Iglesia] sobre el matrimonio" (n. 292), "cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público, está connotada de afecto profundo, de responsabilidad por la prole" (n. 293) etc., ¿hasta cuándo se podrá aplazar la aplicación del mismo razonamiento a las parejas del mismo sexo? Y sí, los niños pueden ser parte de la cuestión, como bien sabemos por la agenda homosexual. El anterior editor del Catecismo católico [el cardenal Christoph Schönborn], a cuya hermenéutica de "Amoris laetitia" como "desarrollo de la doctrina" el Papa nos remite, parece estar "evolucionando" sobre la potencial "bondad" de las "uniones" del mismo sexo.


Lectura del capítulo ocho



Y todo esto antes de leer el capítulo ocho. Me he preguntado si la extraordinaria prolijidad de los primeros siete capítulos tenía como objetivo  agotarnos antes de llegar a este capítulo crucial, y cogernos con la guardia bajada. Para mí, todo el tenor del capítulo ocho es problemático, no sólo el n. 304 y la nota 351. En cuanto acabé de leerlo, pensé: claro como la luz que el Papa Francisco quería desde el principio introducir de alguna manera la propuesta Kasper. Aquí está. Kasper ha ganado. Todo explica los cortantes comentarios del Papa al final del Sínodo de 2015, cuando censuró a los "fariseos" de mente estrecha, evidentemente refiriéndose a quienes le había impedido obtener un resultado aún mejor en línea con su agenda. ¿"Fariseos"? ¡Qué lenguaje más inapropiado! Los fariseos eran, de alguna manera, los modernistas del judaísmo, los amos de diez mil matices y, más oportunamente, los que apoyaban con tenacidad la práctica del divorcio y del nuevo matrimonio. Los verdaderos análogos de los fariseos en todo este asunto son Kasper y sus aliados.

Pero continuemos. Las palabras del n. 295 sobre las observaciones de San Juan Pablo II sobre la "ley de la gradualidad" en el n. 34 de "Familiaris Consortio", me parecen sutilmente desleales y corruptoras porque intentan incorporar y corromper a Juan Pablo precisamente en apoyo de una ética de la situación, para oponerse a la cual éste dedicó toda su amorosa inteligencia pastoral y toda su energía. Leamos de nuevo lo que verdaderamente dijo San Juan Pablo sobre la ley de la gradualidad:

"Los esposos... no pueden mirar la ley como un mero ideal que se puede alcanzar en el futuro, sino que deben considerarla como un mandato de Cristo Señor a superar con valentía las dificultades. Por ello la llamada 'ley de gradualidad'o camino gradual no puede identificarse con la 'gradualidad de la ley', como si hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina para los diversos hombres y situaciones. Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio".

La nota 329 de "Amoris laetitia" presenta también otra corrupción subrepticia. Cita el pasaje n. 51 de "Gaudium et Spes" acerca de la intimidad de la vida conyugal. Pero a través de un juego de prestidigitación sutil lo pone en boca de los divorciados que se han vuelto a casar. Dichas corrupciones indican con seguridad que las referencias y las notas, que en este documento son utilizados como pilares, deben ser adecuadamente verificadas.

En el n. 297 ya vemos la responsabilidad de las "situaciones irregulares" trasladada al discernimiento de los pastores. Paso a paso, sutilmente, las argumentaciones llevan a una agenda precisa. El n. 299 pregunta cómo pueden superarse las "diversas formas de exclusión actualmente practicadas" y el n. 300 introduce la idea de una "conversación con el sacerdote en el fuero interno". ¿No se puede adivinar ya hacia dónde va la argumentación?

Y así llegamos al n. 301, que olvida las precauciones y desciende a la vorágine de las "circunstancias atenuantes". Aquí parece que la "vieja Iglesia vil" ha sido finalmente sustituida por la "nueva Iglesia amable": en el pasado tal vez pensábamos que quienes vivían en "situaciones irregulares" sin arrepentirse estaban en un estado de pecado mortal; ahora, sin embargo, es posible que no estén para nada en un estado de pecado mortal y que de hecho la gracia santificante pueda estar obrando en ellos.

Se explica después, en un exceso de puro subjetivismo, que "un sujeto, aun conociendo bien la norma, puede tener una gran dificultad para comprender 'los valores inherentes a la norma'". He aquí una circunstancia atenuante que supera a todas las otras circunstancias atenuantes. Según esta tesis, ¿exculpamos la envidia originaria de Lucifer porque él tenía "gran dificultad para comprender" el "valor inherente", para él, de la majestad transcendente de Dios? Llegados aquí pienso que hemos perdido cualquier punto de apoyo y que hemos caído, como Alicia, en un universo paralelo, en el que nada es lo que parece ser.

Se introducen como apoyo una serie de citas de Santo Tomás de Aquino sobre las que no estoy cualificada para opinar; sólo puedo decir que, obviamente, sería desde luego oportuno verificarlas y contextualizarlas. El n. 304 es una apología técnicamente elaborada  de la moral casuística, argumentada con términos exclusivamente filosóficos sin ninguna referencia a Cristo o a la fe. No se puede evitar pensar que este pasaje es obra de otra mano. No es el estilo de Francisco, incluso suponiendo que sea su pensamiento.

Por último, llegamos al punto crucial, el n. 305. Empieza con dos mediocres caricaturas que se reiteran en todo el documento. El Papa Francisco repite y reafirma, ahora, la nueva doctrina que había indicado poco antes: una persona puede estar en una situación objetiva de pecado mortal –porque es de esto de lo que él habla– y vivir y crecer en la gracia de Dios, al mismo tiempo que "recibe la ayuda de la Iglesia" que, según declara la tristemente famosa nota 351, puede incluir "en ciertos casos" tanto la confesión como la comunión. Estoy segura de que muchos ya están activamente intentado "interpretar" todo esto según una "hermenéutica de la continuidad" para mostrar su armonía, presumo, con la tradición. Podría añadir que en este n. 305 el Papa Francisco se cita a sí mismo cuatro veces. De hecho, parece que para el Papa Francisco el punto de referencia citado con más frecuencia en "Amoris laetitia" sea él mismo, lo cual, en sí mismo, es interesante.

En el resto del capítulo el Papa Francisco cambia de rumbo. Admite de manera alambicada que su enfoque puede dar "lugar a confusión" (n. 308), a lo que responde con una discusión sobre la "misericordia". Al principio del n. 7 había declarado que "todos se vean muy interpelados por el capítulo octavo". Sí, pero no entendiéndolo con el despreocupado sentido heurístico que él le da. El Papa Francisco, ¿ha admitido francamente en el pasado que él es el tipo de persona a la que le gusta armar "jaleo"? Bien, creo que podemos conceder que aquí, ciertamente, ha alcanzado dicho objetivo.

Permítanme que les hable de un amigo mío, un hombre más bien taciturno y prudente, casado, que me dijo antes de que la exhortación apostólica se publicara: "¡Espero realmente que él evite la ambigüedad!". Pues bien, creo que ni la lectura más piadosa de "Amoris laetitia" permite que se diga que ha evitado la ambigüedad. Usando las propias palabras del Papa Francisco encontramos "fenómenos ambiguos" (n. 33) en este documento y, me atrevo a decir, en todo su pontificado. Si se nos pone en la imposible situación de criticar un documento del magisterio ordinario, consideremos si en "Amoris laetitia" no es el propio Papa Francisco quien relativiza la autoridad del magisterio debilitando  el magisterio del Papa Juan Pablo, sobre todo en lo que concierne a "Familiaris Consortio" y "Veritatis Splendor". Desafío a cualquiera a releer con seriedad la encíclica "Veritatis Splendor", digamos los números 95 a 105, y a no concluir que hay una profunda disonancia entre esa encíclica y esta exhortación apostólica. En mi juventud me angustiaba el enigma: ¿cómo se puede ser obediente al desobediente? Porque también el Papa está llamado a la obediencia; es más, lo está de una manera preeminente. 


Las implicaciones que emanan  de "Amoris laetitia"


Las serias dificultades que preveo, sobre todo para los sacerdotes, surgen del enfrentamiento entre las distintas interpretaciones sobre las escapatorias discretamente abiertas en toda la exhortación "Amoris laetitia". ¿Qué hará un joven sacerdote apenas ordenado que, bien informado, desea mantener que los divorciados que se han vuelto a casar no pueden recibir la comunión, mientras que su párroco tiene una política de "acompañamiento" que, al contrario, prevé que pueden recibirla? ¿Qué hará un sacerdote con un sentido de la fidelidad similar si su obispo y su diócesis deciden una política más progresista? ¿Qué hará una región de obispos respecto a otra región de obispos cuando cada grupo de obispos decida cómo cortar y dividir los "matices" de esta nueva doctrina por lo que en el peor de los casos lo que se considera pecado mortal en un lado del confín es "acompañado" y permitido en el otro? Sabemos que ya está ocurriendo, oficialmente, en ciertas diócesis alemanas y, no oficialmente, en Argentina e incluso aquí, en Australia, desde hace años, como puedo verificar en mi propia familia.

Un resultado como este es tan desconcertante que podría marcar, como ha sugerido otro amigo mío, también casado, el hundimiento de la narración cristiana católica. Pero desde luego hay otros aspectos del deterioro eclesial y social que nos han llevado a este punto: el estrago de la falsa renovación en la Iglesia de los últimas décadas; la increíblemente estúpida política de inculturación aplicada a una desarraigada cultura occidental invadida por un secularismo militante; la inexorable y progresiva erosión del matrimonio y la familia en la sociedad; el ataque a la Iglesia, más potente desde el interior que desde el exterior, como denunciaba el Papa Benedicto; la prolongada defección de algunos teólogos y laicos en materia de anticoncepción; los espantosos escándalos sexuales; los innumerables sacrilegios; la pérdida del espíritu de la liturgia; los cismas internos "de facto" sobre toda una serie de cuestiones y enfoques graves, sutilmente disfrazados bajo una apariencia de unidad "de iure" de la Iglesia; los modelos de profunda disonancia espiritual y moral que bullen  actualmente bajo el andrajoso título de "católico". ¿Y nos sorprendemos de que la Iglesia esté en un estado de debilitamiento y esté desapareciendo?

Podríamos incluso rastrear los largos antecedentes temporales de "Amoris laetitia". Como tengo un espíritu algo anticuado, veo este documento como el mal fruto de ciertos desarrollos del segundo milenio en la Iglesia occidental. Indico brevemente dos en concreto: la forma rígidamente racionalista y dualista del tomismo promovida por los jesuitas en el siglo XVI y, en ese contexto, su elaboración de la comprensión casuística del pecado mortal en el siglo XVII. El arte de la casuística ha sido aplicado a una nueva categoría de ciencia sacra llamada "teología moral" en la que, me parece, la regla de cálculo es sabiamente empleada para estimar técnicamente, caso por caso, la culpabilidad mínima necesaria para evitar la imputación de pecado mortal. ¡Qué meta espiritual! ¡Qué visión espiritual! Hoy, la casuística vuelve a levantar su fea cabeza bajo la nueva forma de la ética de la situación y "Amoris laetitia", francamente, está llena de ella, ¡aunque fue expresamente condenada por San Juan Pablo II en la encíclica "Veritatis Splendor"!


Peroración


¿Puedo exhortarles de alguna manera que pueda ser de ayuda? San Basilio pronunció una gran homilía sobre el texto: "Pero ten cuidado y guárdate bien" (Deut 4, 9). Ante todo debemos ocuparnos primero de nuestras disposiciones. En los Padres del desierto encontramos varias historias en las que un joven monje persigue su salvación eterna mediante la heroica mansedumbre de su obediencia a un abad con serias imperfecciones. Y al final obtiene también el arrepentimiento y la salvación de su abad. No debemos dejarnos tentar por reacciones de hostilidad hacia el Papa Francisco, pues corremos el riesgo de caer en el juego del diablo. Debemos honrar y sostener en la caridad también a este profundamente imperfecto Santo Padre, y rezar por él. Con Dios nada es imposible. Quién sabe, a lo mejor Dios ha puesto a Jorge Mario Bergoglio en esta posición para encontrar un número suficiente de personas que recen eficazmente por la salvación de su alma.

He observado que los cardenales Sarah y Pell callan. Puede que sea sabio hacerlo, al menos por ahora. Mientras tanto ustedes, los que tienen responsabilidades en el gobierno de la Iglesia, tendrán que dar disposiciones prácticas en lo que concierne a las cuestiones controvertidas de "Amoris laetitia". Ante todo, en nuestras mentes no debemos tener alguna duda sobre cuál es y será siempre la enseñanza real del Evangelio. Obviamente, debe intentarse cualquier estrategia de presión para una clarificación oficial de la futura práctica. Insto en particular a los obispos australianos a hacer esto. Algunos de ustedes pueden encontrarse en situaciones muy difíciles respecto a sus iguales, casi exigiendo las virtudes de un confesor de la fe. ¿Están preparados para los latigazos, metafóricamente hablando, que pueden recibir? Desde luego pueden elegir la ilusoria seguridad de la vacuidad convencional y la simpatía superficial, una gran tentación para eclesiásticos como también para hombres de negocios. No lo aconsejo. Los tiempos son críticos, tal vez mucho más de lo que sospechamos. Estamos siendo puestos a prueba. "El Señor está aquí. Él te llama".


Sobre la disposición eucarística apropiada para los divorciados que se han vuelto a casar


Recientemente un amigo me ha enviado por email algunos puntos sobre las disposiciones eucarísticas justas para los que están en "situaciones irregulares". En mi respuesta he expresado lo que pensaba sobre lo que creo deba ser la conducta espiritual y sacramentalmente aconsejable para un católico que se encuentra en una "situación irregular".

Hay una encantadora señora que viene habitualmente a misa a nuestra catedral y que se sienta atrás de todo. Tuve una conversación con ella y supe que se encuentra en una de estas "situaciones irregulares", pero es muy diligente en venir a misa aunque sin acceder a la santa comunión. No despotrica contra la Iglesia, ni dice "Es culpa de la Iglesia" o "¡Qué injusta es la Iglesia!", sentimiento que en cambio he oído de otros a los que he corregido con amabilidad. Encuentro que en sus circunstancias el comportamiento de esta señora es admirable.

La mejor actitud que pueden tener en la oración quienes están en estas situaciones y aún no han llegado a la medida de arrepentimiento requerido (y por lo tanto a la confesión), pero no quieren dejar de mirar hacia Dios, es presentarse ante el Señor en la misa en su estado de privación y necesidad, no corriendo hacia adelante para "arrebatar"  la eucaristía, sino intentando abrirse a la acción de la gracia y a un cambio de las circunstancias, si y cuando sea posible. Mi pensamiento sobre su situación es que es mejor que esperen honesta, aunque dolorosamente, en la tensión de su situación ante Dios, sin subterfugios. Creo que este es la mejor posición para el triunfo de la gracia.

¿Quién de nosotros no se siente identificado con esta situación desigual causada por la lucha espiritual de la propia vida, como por ejemplo, el duro combate que hay que sostener ante una pasión aparentemente insuperable y de la que a duras penas se encuentra la vía de salida? ¿O el que sostenemos cuando nos sentimos atrapados durante mucho tiempo en un pecado antes de que nuestra vida moral pueda emerger en un lugar de mayor libertad? Recordemos la célebre oración de San Agustín a Dios la vigilia de su conversión definitiva: "Domine, da mihi castitatem, sed noli modo": Señor, concédeme la castidad, pero no enseguida. Pienso que cuando estas personas asisten a misa y se abstienen de tomar la comunión, el suyo puede ser un gran testimonio para todos nosotros. Sí, es un grito que nos llama a considerar nuestra propia disposición al presentarnos a participar en los santísimos y deificantes Cuerpo y Sangre de nuestro Señor.

A propósito de lo cual, me viene a la cabeza una frase del actor Richard Harris, un aguafiestas católico no practicante durante muchos años: "Me he divorciado dos veces, pero prefiero morir como un mal católico que hacer que la Iglesia cambie para que se adapte a mí".

Encuentro que hay más honradez en esto que en… bueno, mejor que no lo diga.

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Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.

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