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domingo, 31 de julio de 2016

Fwd: Consulta

 Consulta

Padre, le hago una consulta y de paso le envío ​un texto del Padre Royo Marín sobre este tema,​ que tal vez le interes​e​
.
 Ya van varias veces que  se me acerca gente a ​consultarme ​por problemas matrimoniales (como soy abogado, vienen por temas judiciales). 
A veces me dejan porque ​tomo casos de divorcio, sino que siempre trato de arreglar los matrimonios. 
Pero el caso es que me encuentro con varios casos de varones buenos (aunque un poco flojos, o bien fuertes que tal vez no saben darle razones  a la esposa, y no quieren llegar a pegarle), que se ven expulsados de la casa por la mujer. 
Le cuento un caso reciente para que entienda lo que digo: la mujer empezó a trabajar (estaban medio ajustados de dinero y son gente muy humilde). 
Pero en cuanto ella logró cierta independencia económica, en vez de ayudar en la economía familiar, empezó a comprarse ropa, perfumes, etc, etc, etc. No atiende a los hijos (de 9 y 14 años). No cuida la casa, no lava los platos, cocina, etc (cosa que termina haciendo él). 
Él me dice que no le parece mal que ella se arregle, pero no sólo no ayuda en nada, sino que encima le exige que se encargue de todos los gastos él, porque él es el varón y por lo tanto le corresponde asumir los gastos. 
Si bien creo que en ese punto en particular ella tiene razón, también es cierto que ella no cumple con sus deberes. 
Al final, ella le dijo que no lo quería más, y que se fuera de la casa. Y él, (para mí se equivocó mucho), se fue a la casa de sus padres. (Incluso creo que se equivocó en asumir tareas que a ella le correspondían, como lavar o cocinar, porque no lo hacía como colaboración excepcional, sino que lo hacía regularmente).

No quiero demorarlo con el caso (le recomendé que volviera a su casa y se quedara en ella con firmeza aunque sin violencia, le hablé de la influencia del demonio en ella y le dije que rezara, le ofrecí que ella hablara con mi mujer).

Lo que quiero consultarle es: ¿​qué debe hacer un varón en estos casos? La cantidad de varones que se encuentran indefensos (legalmente hablando) para restaurar la familia es cada vez mayor. 
Y no sé muy ​bien ​qué recomendarle (más que lo que dije en el párrafo anterior). 
Porque lo peor, es que muchas mienten denunciando violencia para lograr el apartamiento de la casa del marido. El feminismo invirtió los roles de autoridad (no existe la mentada igualdad, o manda uno o manda el otro), y dejó a la familia sujeta a los vaivenes de las emociones femeninas. 

Cada vez entiendo más ​las razones que aconsejan ​la sumisión de la que hablaba San Pablo. Incluso, aunque no se diga, me parece gravísimo tratar de subvertir el orden impuesto por Dios. Y pensando en ello, busqué en ​Antonio ​Royo Marín, a ver qu​é​
decía (y esto es lo que le envío por si le sirve, aunque supongo que ya lo conocerá):
 "835. Deberes especiales de la esposa. Debe, ante todo, obedecer y reverenciar a su marido, según el mandato del Apóstol (Col 3,18), como jefe y cabeza de la familia. Ha de llevar el cuidado de la casa en la forma que corresponde a la mujer y administrar los gastos diarios con prudencia y sabiduría, sin excederse en lujos superfluos ni quedarse por debajo de lo que corresponde a su estado y condición social. Ha de procurar contentar en todo a su marido (aunque sin atentar jamás a la ley de Dios) para que se encuentre a gusto en su hogar y no vaya a buscar en otra parte lo que le falta en su propia casa.
Accidentalmente estaría obligada la esposa a alimentar a su marido con sus bienes propios si por enfermedad u otro motivo razonable fuera incapaz de procurarse el sustento por sí mismo. Pero no debe la esposa tomar el mando y gobierno de la casa, a no ser en casos muy excepcionales, v.gr., para evitar la ruina de la familia por los vicios y despilfarros del marido.
Aplicaciones. Peca gravemente la mujer si con riñas o insultos excita a su marido a la ira o la blasfemia; si quiere gobernar la casa con desprecio de su marido; si le desobedece gravemente, a no ser que el marido se exceda en sus atribuciones o le pida alguna cosa inmoral; si es negligente en la administración y cuidado de la casa, de suerte que se sigan graves perturbaciones a la familia; si se entrega a diversiones y pasatiempos mundanos con grave descuido de sus obligaciones de esposa y madre; si exaspera a su marido con su afán de lujo o con sus gastos excesivos; si es frívola y mundana y le gusta llamar la atención a personas ajenas a la familia, con desdoro de su marido, etc."
(Teología Moral para Seglares Tomo I, P Royo Marín).
Cuando leímos esto con mi mujer, nos sorprendimos del desconocimiento que hay sobre la gravedad de este pecado. Si eso es pecado mortal, cuantas faltas menores serán veniales? Y cuántas se confiesan sobre esas cuestiones?
No hay muchos sacerdotes que adviertan sobre esto a las mujeres. Puede ser que no quieran formalizar el pecado de suyo material, pero, no debería insistirse más en estas cosas? Si el pecado es grave es porque causa un daño grave. En este caso, es evidente para cualquiera que quiera ver. Y sin embargo, ni se trata el tema.
No sé si no me equivoco, pero cada día me doy cuenta más y más de la gravedad familiar/social que acarrea la falta de santa sumisión de las mujeres. El diablo ha hecho un excelente trabajo.
No sé si le sirve el texto del P Royo Marín, pero se lo envío.
 No sé tampoco, si tiene algo más que recomendar sobre las situaciones que le mencioné.
 Le mando un abrazo en Cristo
 Gracias por todo Padre.

 Juan  

Respondo:
De acuerdo con el consejo que le diste a ese varón cuyo caso me presentas como ejemplo. ​
El  varón sólo puede ser echado de casa por la esposa en algunos casos, como por ejemplo:
1) que descubra que él vive en estado de adulterio y no quiere o no puede corregirse
2) que bebe y bebido la maltrata

No son motivo para echarlo 
1) la enfermedad
2) la pérdida del empleo

No puede echarlo, si él es el dueño de la casa desde antes del matrimonio.







sábado, 16 de julio de 2016

UNA MUJER QUE DEJA SU PROFESIÓN POR ESTAR JUNTO A SU ESPOSO

"dejé mi trabajo para dedicarme a mi esposo y a mi casa y Dios ha estado conmigo cada día"


Nací y fui criada dentro de una familia católica practicante, de clase media baja, tengo solo una hermana. Nuestros padres muy trabajadores los dos. Nos inculcaron siempre que debíamos estudiar, tener una profesión y trabajar de eso, nuestra madre,  siempre hizo énfasis en la importancia de la independencia económica de nuestros esposos. Su mayor orgullo y realización,  fue vernos a las dos graduadas con títulos universitarios.
Mis padres siempre estuvieron juntos, pero nunca se dedicaron a ellos como esposos, crecí sintiendo esa falta. No queriendo repetir ese modelo, soñé siempre con formar una familia, pero estando siempre al lado de mi esposo, y muy presente a diario en la casa y en la crianza de mis hijos.


Ya de adulta adoraba mi trabajo, mi profesión, pero muy en el fondo sabía que no me iba a dedicar a eso el resto de mi vida, que no era mi vocación. Nunca tuve grandes metas profesionales, sentía que mi realización personal no pasaba por ese lado.
Mi esposo, es un hombre de campo, cuando lo conocí y decidimos casarnos fue que surgió el gran desafío de romper con la estructura que venía en mí desde niña, esa que, sobre todo, imponen la sociedad y la cultura dominante:  trabajar, ser independiente y buscar la realización personal en la profesión, fuera de la casa. 


Desde el primer día de novios,  nos planteamos que al casarnos íbamos a estar juntos a diario, no cabía para nosotros la posibilidad de vivir yo en la ciudad y mi esposo en el campo y vernos solo los fines de semana. Decidimos instalarnos y hacer nuestra casa en el campo, por lo tanto, los primeros meses de casados viajaba a diario a la ciudad para trabajar, manejaba entre ida y vuelta 120Km,  y me dedicaba a la casa en la medida que podía, no quería que alguien más estuviera en mi casa haciendo lo que yo consideraba mi rol y mi deber.  Solo estaba posponiendo tomar la decisión que había tomado cuando me animé a soñar con que algún día tendría esposo e hijos y me dedicaría a ellos. 


No fue una decisión fácil de tomar, surgieron muchos miedos, de todo tipo, pero en ese tiempo alguien me dijo en una conversación ajena a este asunto, " Dios ayuda a la mujer que se dedica a su casa", y me terminé de convencer... Y lo hice, dejé mi trabajo para dedicarme a mi esposo y a mi casa y Dios ha estado conmigo cada día. No ha sido fácil, muchas veces se extraña la comodidad de la vida en la ciudad, tuve que renunciar a muchas cosas y no solo materiales y económicas, renunciar al reconocimiento profesional fue lo que más me costó. La gente reconoce a los que son trabajadores responsables, profesionales, pero no se reconoce o aplaude a las mujeres que se dedican a su esposo, a su casa. Escuché a muchos diciendo que era una locura, que lo pensara mejor, que no abandonara mi carrera, mi independencia. Hubo muchos que sí me apoyaron y hasta se emocionaron con mi decisión. Escuchar a mi esposo seguido agradecerme por haberlo elegido, por haber decidido acompañarlo y dejar todo, hace que valga la pena cualquier dificultad. 


Nunca me arrepentí, nunca fui más feliz, a pesar de que no es fácil. Nunca me sentí tan realizada y tan orgullosa de mí misma. Nuestro matrimonio creció muchísimo, nos unimos mucho más, somos muy compañeros y no me imagino viviendo de otra manera.


Ser esposa y ama de casa es el regalo más lindo que Dios me ha dado. Y así con el corazón agradecido, espero la llegada de nuestros hijos. 


Caro


viernes, 1 de julio de 2016

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
San Alfonso María de Ligorio

- San Alfonso fue el fundador de la Orden de los Redentoristas. El Obispo y Doctor de la Iglesia habla sobre los privilegios y las responsabilidades de los padres como una vocación especial de Dios. La sabiduría de este santo ha guiado y fortalecido a los católicos por más de 200 años. 

 ADVERTENCIA A LOS PADRES 
Y A QUIENES VAN A SERLO
 El Evangelio nos dice que un buen árbol no produce mal fruto, y que un árbol malo no puede producir fruto bueno. Lo que aprendemos de esto, es que un buen padre cría hijos buenos. Pero que si los padres son débiles, ¿cómo pueden ser sus hijos virtuosos? ¿Acaso, dice Nuestro Señor, en el mismo Evangelio, se recogen uvas de los espinos, e higos de los abrojos? (San Mateo 7:16). Así es imposible, o de hecho muy difícil, encontrar hijos virtuosos, quienes hayan sido criados por padres inmorales. Padres, estad atentos a este sermón, de gran importancia para la salvación eterna de vosotros y de vuestros hijos. Estad atentos, jóvenes, hombres y mujeres que no habéis elegido aún vuestro estado de vida. Si deseáis casaros, aprended las obligaciones que se adquieren en la observancia de la formación de vuestros hijos, y aprended también, que si vosotros no las llenáis, traeréis sobre vosotros y sobre vuestros hijos la condenación. Dividiremos esto en dos puntos. En el primero, mostraremos lo importante que es formar en los hijos hábitos de virtud; y en el segundo mostraremos con qué cuidado y diligencia un padre debe trabajar para que crezcan bien. 

EDUCAD EN LA VIRTUD
 Un padre tiene dos obligaciones para con sus hijos; está obligado a proveerlos de sus necesidades corporales y de educarles en la virtud. No es necesario extendernos sobre la primera obligación, más que existen algunos padres que son más crueles que las más feroces bestias salvajes; aquellos que malgastan toda su fortuna o bienes en comer, beber y placeres y permiten que sus hijos mueran de hambre. Pero, discutamos sobre la formación que es la materia de nuestro artículo. Ciertamente que la futura buena o mala conducta de un hijo depende si se ha criado bien o pobremente. 
La naturaleza por sí misma enseña a cada padre atender la educación de su descendencia. Dios le da hijos a los padres, no para que pueden asistir a la familia, sino para que crezcan en el temor de Dios, y sean conducidos en el camino de la salvación eterna. "Tenemos, dice San Juan Crisóstomo, un gran depósito en los niños, atendámosles con gran cuidado". 
Los hijos no han sido otorgados a los padres como un regalo, del que se pueda disponer a placer. Los hijos han sido confiados, por esta confianza, si se pierden por negligencia, los padres deberán rendir cuentas a Dios. Un gran Padre de la Iglesia dijo, que en el día del juicio, los padres tendrán que rendir cuentas por todos los pecados de sus hijos 
 (Nota de la Redacción: se entiende que de los derivados de una mala o incompleta formación, pues hay casos excepcionales de hijos muy bien educados que a pesar de ello viven como si no hubiesen tenido buena formación religiosa). 

Así que aquel que enseña a su hijo a vivir en el bien, tendrá una feliz y tranquila muerte. El que instruye a su hijo ... cuando llegue la muerte no sentirá pena, porque deja a los suyos un defensor frente a sus enemigos (Eclesiástico 30, 3, 5). 
Y podrá salvar su alma por medio de sus hijos, es decir, por la formación virtuosa que les dio. La mujer «Se salvará mediante su maternidad» (1Tim. 2:15) 
 Por otro lado, una difícil y triste muerte tendrán aquellos quienes solamente trabajaron para incrementar sus posesiones o multiplicar los honores familiares, o aquellos quienes vieron solo por dejar a sus hijos comodidad y placeres y no les procuraron valores morales. 
San Pablo dice que aquellos padres son peores que infieles. Quien no se preocupa de lo suyo, principalmente de los de su casa, ha renegado de la Fe, y es peor que un infiel. (1Tim.5: 8). 
Aunque los padres lleven una vida de piedad y continua oración, y comunión diaria, se condenan si por negligencia descuidan la educación de sus hijos 
 (Nota de la Redacción: San Alfonso hace hincapié en la educación moral de los hijos como un deber esencial. Un descuido en esto es de una gravedad extrema que puede comprometer nuestra salvación. Una omisión en este sentido deberá ser confesada y reparada en la mayor medida posible, buscando resarcir el daño causado por medio de los consejos, el ejemplo y la oración por los hijos, para que alcancemos el perdón de Dios por tan grave daño).

Si todos los padres cumplieran con su deber de vigilar la formación de sus hijos, tendríamos muy pocos crímenes. 

Por la mala educación que los padres dan a su descendencia, causan que sus hijos, dice San Juan Crisóstomo, caigan en graves vicios; y los entregan así al verdugo. Así sucedió en un pueblo: un padre quien fuera la causa de todas las irregularidades de su hijo, fue justamente castigado por sus crímenes con gran severidad, más aún que sus hijos. Gran infortunio es para los hijos tener padres viciosos, incapaces de inculcar en sus hijos el temor a Dios. Aquellos que ven a sus hijos con malas compañías y en riñas, y en lugar de corregirles y castigarles, les toman compasión y dicen: "¿Qué puedo hacer? Son jóvenes, esperemos que cuando maduren se alejen de ello". ¡Qué palabras tan débiles, qué educación tan cruel! ¿En verdad, esperan que cuando los hijos maduren lleguen a ser santos? 

Escuchad lo que Salomón dice: Mostrad al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez. (Prov. 22:6) Sus huesos, dice el santo Job, se llenarán con los vicios de su juventud, y dormirán con él en el polvo. (Job.20:11) Cuando una persona joven ha vivido con malos hábitos, los llevará a la tumba. Las impurezas, blasfemias y odios, a los que se acostumbró en su juventud, lo acompañarán hasta la tumba, y dormirán con él hasta que sus huesos sean reducidos a cenizas. Corrige a tu hijo mientras haya esperanza; sino, tu serás el responsable de su muerte (Prov. 19:18) Es muy sencillo, cuando son pequeños, entrenar a los hijos en la virtud, pero cuando llegan a la madurez, es igual de difícil corregirles, si han aprendido los hábitos del vicio. Vayamos al segundo punto, que es, sobre los medios para formar a los hijos en la práctica de la virtud. Os ruego, padres de familia, que recordéis lo que ahora os digo, de la formación depende la salvación eterna de vuestras propias almas y de las almas de vuestros hijos. 

CORRIGE A TU HIJO 
San Pablo nos enseña en pocas palabras, en lo que consiste la educación correcta de los hijos. Nos dice que ésta consiste en la disciplina y corrección. Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino educadles en la disciplina y corrección del Señor. (Efesios 5:4) Disciplina es igual a regulación religiosa de la moral en los niños, implica una obligación de educarles en hábitos de virtud, por medio de la palabra y el ejemplo. Primero, por las palabras un buen padre debe inculcar a su hijo el santo temor de Dios. 
Esta fue la manera en que Tobías educó a su pequeño hijo. El padre le enseñó desde su infancia a temer a Dios y a alejarse del pecado. (Tobías 1:10) El sabio dice, que un hijo bien educado es el soporte y consuelo de su padre. Instruye a tu hijo, y él será tu descanso, y dará alegría a tu alma. (Prov 29:17) Así como un hijo bien formado es la alegría para el alma de su padre, un hijo ignorante es fuente de tristeza para el corazón de su padre, la ignorancia de sus obligaciones como cristiano siempre acompañarán a una mala vida.
Se cuenta que en el año 1248, a un sacerdote ignorante le fue ordenado, durante cierto sínodo, hacer un discurso. El sacerdote estaba muy agitado por la orden y el diablo se le apareció y le dijo: "Los rectores de la oscuridad infernal saludan al rector de los parroquianos, y le agradecen su negligencia en la instrucción de la gente; ya que de la ignorancia proceden las faltas y la condenación de muchos". 

LO QUE DEBE ENSEÑARSE A LOS HIJOS
La misma verdad es para los padres negligentes. Un padre tiene la obligación de instruir a sus hijos en las verdades de la Fe, y particularmente en los cuatro misterios principales. 
 · Primero, que hay Un Dios, el Creador y Señor de todas las cosas;
 · Segundo, que este Dios es Juez, Quien, en la otra vida, recompensará a los buenos con la gloria eterna del Paraíso, y que castigará a los débiles por siempre en los tormentos del Infierno; 
 · Tercero, el Misterio de la Santísima Trinidad, esto es, que en Dios hay Tres Personas, Uno en Esencia y Trino en Personas; 
 · Cuarto, el Misterio de la Encarnación del Divino Verbo, el Hijo de Dios, Dios Verdadero, que se hizo hombre en el vientre purísimo de la Virgen María, y que sufrió y murió para nuestra salvación. 
¿Podría ser admitida la excusa de un padre o una madre, que diga: "Yo mismo no sé estos misterios? ¿Puede un pecado justificar otro? Si sois ignorantes, entonces tenéis la obligación de aprenderlos, y enseguida enseñárselos a vuestros hijos. Al menos enviad a vuestros hijos con un catequista digno. 
¡Que cosa tan miserable es ver a los padres y a las madres, incapaces de instruir a sus hijos e hijas en la doctrina Cristiana, empleándose en ocupaciones de poca monta, y cuando ellos crecen, no saben el significado de pecado mortal, de Infierno o de eternidad! No saben siquiera el Credo, el Padre Nuestro, o el Ave María, los cuales todo cristiano está obligado a aprender bajo pena de pecado mortal. 
Enseñadles a orar desde pequeños. Los padres religiosos no solamente pueden instruir a sus hijos en estas cosas, que son las más importantes, sino también pueden enseñarles lo que se debe hacer cada mañana al amanecer. 
Enseñarles primeramente agradecer a Dios por haber preservado su vida durante la noche, en segundo lugar ofrecerle a Dios todas las buenas acciones que harán y todos los sufrimientos que pasarán diariamente, también implorar a Jesucristo y a Nuestra Santa Madre María que los preserve de todo pecado durante el día. 
Enseñarles, al anochecer, hacer un examen de conciencia y un acto de contrición. 
También les deben enseñar actos de Fe, Esperanza y Caridad, a rezar el Rosario, y visitar al Santísimo Sacramento. 
Algunos buenos padres de familia tienen cuidado en obtener un libro de meditaciones para leerlo y tener oración mental comunitariamente media hora al día. Esto es a lo que el Espíritu Santo nos exhorta a practicar. "¿Tienes hijos? Adoctrínalos y dómalos desde su niñez." (Ecl. 7:25) 
Entrenadles estos hábitos religiosos desde la infancia y cuando crezcan ellos perseverarán en ellos. Acostumbradlos a la confesión y comunión semanal.

 LA EJEMPLAR ENSEÑANZA DE LA MADRE DE SAN LUIS 
Muy útil también es infundir en los infantes buenas máximas en sus mentes. ¡Cuan ruin es que un niño sea educado por las peores máximas de sus padres! "Debes, dicen algunos padres a sus hijos, buscar el aplauso y la estima de todo mundo. Dios es misericordioso, Él tendrá compasión de ciertos pecados" ¡Qué miserable es el joven que peca por obedecer tales máximas! Los buenos padres les enseñan máximas muy distintas a sus hijos. 
La Reina Blanche, madre de San Luis Rey de Francia, acostumbraba a decirle a su hijo: "Hijo mío, preferiría verte morir en mis brazos, antes que en pecado". Por lo tanto, que sea vuestra práctica, la que también infunda en vuestros hijos ciertas máximas de salvación, porque, ¿de que serviría ganar el mundo entero si perdemos nuestras propias almas? Todo en este mundo tiene un final, mas la eternidad nunca termina. Una de estas máximas bien impresas en la mente de una persona joven, la preservará siempre en Gracia de Dios. 

EL EJEMPLO ARRASTRA 
Sin embargo, los padres están obligados a instruir a sus hijos en la práctica de la virtud, no solamente por medio de palabras, sino, también con el ejemplo. Si dais a vuestros hijos mal ejemplo, ¿cómo esperáis que sigan una vida correcta? Cuando un joven disoluto es corregido por una falta, su respuesta será: "¿Por qué me censuras, si mi padre hace cosas peores?" «Los hijos reprocharán a su padre impío porque por su culpa quedaron en deshonra.» (Eccl. 41:10) 
¿Es posible para un hijo ser religioso y moral cuando ha tenido por ejemplo el de su padre de blasfemias y obscenidades, cuando pasa el día entero en los bares, casas de juego, cuando frecuenta casas de mala fama, y defrauda a su vecino ¿Esperáis que vuestro hijo frecuente seguido la confesión, cuando vosotros mismos apenas te aproximáis al confesionario una vez al año? 
Una fábula nos relata, que había un cangrejo que reprendía a sus hijos por caminar torcidamente (hacia atrás), estos replicaron, "padre, veamos como caminas." El padre caminó delante de ellos, aún más torcidamente (hacia atrás) que sus vástagos. 

Esto sucede cuando un padre da mal ejemplo. Por esto no tendrá el valor de corregir los pecados de los suyos cuando él mismo los comete. 
De acuerdo con Santo Tomás, los padres escandalosos obligan, de cierta manera a sus hijos a llevar una mala vida. Dice San Bernardo: "No son padres, sino asesinos, no de cuerpos, sino de las almas de sus hijos". 
Es muy común oírlos decir: "Mis hijos tienen por nacimiento mala disposición." Esto no es verdad, Séneca decía: "Te equivocas si piensas que los vicios nacen con nosotros; éstos se injertan." Los vicios no nacen con vuestros hijos, sino que son comunicados por medio del mal ejemplo de los padres. 
Si hubierais dado buen ejemplo a vuestros hijos, no serían lo viciosos que son. Así pues, padres, frecuentad los Sacramentos, aprended de los sermones, rezad el Rosario todos los días, abstenerse del lenguaje obsceno, de la detracción, de los pleitos y verás que vuestros hijos siguen vuestro ejemplo. 
Es de particular necesidad que forméis a los niños en la virtud desde la infancia, instruidles la mente desde la niñez, para cuando ellos crezcan, y contraigan malos hábitos, será muy difícil para vosotros enmendar sus vidas por medio de palabras. 

EVITAR LAS OCASIONES DE PECADO PARA NUESTROS HIJOS 
 Para formar a los hijos en la disciplina del Señor, es también necesario alejarles de la ocasión de hacer (o cometer) el mal. Un padre debe prohibir a sus hijos salir por las noches, que vayan a una casa en la que su virtud está en peligro, o tener malas compañías

 (Nota de la R: ¿Qué diría este santo -hoy en día- de las películas procaces, de la pornografía en internet y de mucha de la programación televisiva que los hijos ven por el descuido total de sus padres? ¿qué diría de las revistas y libros impropios que los propios padres llevan al hogar y dejan a la mano de todos?).  

Despide, dijo Sara a Abraham, a esa esclava y a su hijo. (Gen. 21:10). Sara deseaba que Ismael, el hijo de Agar la concubina, fuera apartado de su casa, para que su hijo Isaac no aprendiera los vicios de aquél 
 (N. de la R: Y ahora, tantas madres que dejan a sus hijos al cuidado de servidumbre de la que desconocen sus costumbres cuando ellas no están).

 Las malas compañías son la ruina de los jóvenes. Un padre debe no solamente alejar de sus hijos el mal del cual es testigo, sino que debe prevenir la conducta de sus hijos e informarse sobre las familias y los lugares que frecuentan, vigilar sus ocupaciones y compañías. Un padre debe prohibir a sus hijos que lleven a casa objetos robados. 
Cuando Tobías escuchó balar a una cabra en su casa, dijo: Tengan cuidado, quizá es robada, anden y devuélvanla a sus dueños. (Tob. 2:21) 
Cuidar lo que ven los hijos Los padres deben prohibir a sus hijos toda clase de juegos que traigan destrucción a las familias y a sus almas, también los bailes, los entretenimientos sugestivos, las conversaciones peligrosas y fiestas de placer. 
Los padres deben quitar de sus casas las novelas de romance que pervierten a los jóvenes y todos los malos libros que contengan máximas perniciosas, cuentos obscenos, o de amor profano. 
El padre no debe permitir que sus hijas estén a solas con hombres, ya sean jóvenes o viejos. Alguno dirá: "Este hombre quien cuida de mi hija, es un santo". 
Los santos están en el Cielo, porque los santos que están en la tierra son carne y si están próximos a las ocasiones, pueden convertirse en demonios 

(N. de la R: Consejo muy realista que es conveniente considerar incluso con los sacerdotes, más ahora que algunos se han relajado en la moral y la doctrina que deberían ser los primeros en practicar y que han aumentado en número tras la crisis que atraviesa la Iglesia, aunque sigan siendo una minoría, pero muy dañina y escandalosa). 

Otra obligación de los padres es corregir las faltas de la familia. "Formadles en la disciplina y corrección del Señor". Existen padres que cuando son testigos de las faltas que se cometen en la familia, permanecen en silencio. Por temor de desagradar a sus hijos, algunos padres rehúsan a corregirles, pero, si veis a un hijo en una piscina y en peligro de ahogarse, ¿no sería cruel tomarle de los cabellos y salvarle la vida? El que no usa la vara odia a su hijo, el que lo ama, no demora en corregirlo. (Prov. 13:24) Si amáis a vuestros hijos, corregidles, mientras crecen castigadles, hasta con la vara, tan seguido como sea necesario. 

CORREGIRLOS COMO PADRES, NO COMO CARCELEROS 
 He dicho con la vara y no con un palo, debéis corregirles como un padre y no como un carcelero. Debéis tener cuidado de no golpearles con pasión, porque entonces vosotros estaréis en peligro y la corrección quedará sin fruto si se les golpea con mucha severidad y ellos creerán que el castigo es el efecto de la ira y no el deseo de vuestra parte por enmendar sus vidas. Tenemos algo más que agregar, que vosotros debéis corregirles mientras están creciendo, para que cuando ellos alcancen la madurez, vuestra corrección será poca. Debéis de absteneros de corregirles con la mano, de otro modo, se harán perversos y perderán el respeto hacia vosotros. ¿De qué sirve usar injurias e imprecaciones al corregir a los hijos? Privadles de algún alimento, de algunos artículos del vestido, o enviadles a su cuarto. 

Hemos dicho suficiente. La conclusión de este discurso, es que aquel que haya formado mal a sus hijos, deberá de ser severamente castigado y aquel que los haya formado en la virtud, recibirá una gran recompensa.

 http://www.catolicidad.com/2012/01/la-educacion-de-los-hijos-por-san.html