sábado, 24 de diciembre de 2011

VILLANCICO

En el portal de Belén
al Verbo recién nacido,
mis labios lo han repetido
pero no lo han dicho bien:
¡Emmanuel!

En el portal de Belén
oí su primer vagido,
y ojalá hubiera entendido
lo que oí sin comprender
¡Ay! ¿por qué?

De Belén en el portal
quiso decirse a sí mismo
como un eco de su abismo.
Y mi eco repitió mal
su Voz triunfal.

En el portal de Belén,
fuera, lejos del ejido,
nos reveló el Prometido
que su mal es nuestro bien:
¡Amarga hiel!

En el portal de Belén
antes que el niño naciera
lo nombraban en su espera
y sabían nombrarlo bien
María y José.

Y de tal fe en el Portal
encontró el Dios-peregrino
hospedaje en su camino:
lumbre y agua, pan y sal.
Don frugal.

José ¿por qué llora el niño?
¿qué quiere decir su llanto?
“Llora porque a su cariño
no devuelven otro tanto”
¡Ay! ¿Cuánto?



En el portal de mi fe
al recién nacido amor
con mi mano de pastor
torpemente acaricié.
¡Oh! ¿Como osé?

Y aún guardo en mi tosca mano
el puñado de calor
que me entregó el Salvador
de todo el género humano
¡Mi Señor!

Lo acerco a la carne mía
y lo tengo entre mis brazos
tomándolo del regazo
en que lo acuna María
¡Todavía!