viernes, 29 de diciembre de 2017

MARÍA SACERDOTAL:
LO OFRECIÓ SOBRE UN PESEBRE



“lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”
                                                        Homilía para Navidad                    

            En el pesebre se pone el forraje para los animales. ¿Qué hace Jesús allí? Nos dice: Esta es mi carne para alimento del mundo. Tomad y comed, porque mi carne es verdadera comida.
            María lo pone en el pesebre como quien da a su hijo en ofrenda para la vida del mundo.
Con un gesto sacerdotal y nutricio, lo pone entre el heno, como quien nos lo da para alimento.
También ella puede decir: "esta es mi carne" y con su gesto dice "tomad y comed, porque mi carne es verdadera comida", el alimento puro, carne inmaculada y sin pecado.
            Isaías había hablado del pasto y de la carne: "Toda carne es como el heno, y todo su esplendor como flor del campo. La flor se marchita, se seca la hierba en cuanto le da el soplo de Dios" (Isaías 40,6-7).
La imagen es proverbial en la Escritura: "No te exasperes por causa de los malvados, no envidies a los que hacen injusticias. Porque se marchitan pronto como el pasto, como la hierba tierna se secan" (Salmo 36(37),1-2).
"Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: `¡Volved hijos de Adán!'. Porque mil años son a tus ojos como un día, un ayer que pasó, una vigilia de la noche. Tú los arrebatas, no son más que un sueño, como la hierba que a la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca" (Salmo 89(90), 3-6).

            El pasto y toda hierba verde es el alimento que Dios había dado desde el principio al hombre y a los animales: "Mirad que yo os he dado toda hierba de semilla que existe sobre el haz de la tierra y todo árbol de fruto con semilla: eso os servirá de alimento. Y a todo animal terrestre, a toda ave de los cielos y a todo ser animado que se arrastra sobre la tierra, les doy por alimento toda hierba verde" (Génesis 1,29-30).

            "Dime lo que comes y te diré quién eres". El hombre y los animales, "toda carne" como dice la Escritura, se alimentan de hierba y son transitorios como ella. Y aunque la hierba sea fugaz, la carne, los vivientes, no pueden subsistir sin ese alimento perecedero. De lo que es más perecedero que nosotros, recibimos permanencia los que somos fugaces.

            Por eso, la profecía de Isaías introduce una promesa y una esperanza inauditas, cuando - anunciando la Encarnación de la Palabra eterna de Dios - injerta sobre el pie de aquél melancólico proverbio bíblico, el alegre anuncio del Evangelio: "La hierba se seca, la flor se marchita (¡es verdad!), pero la Palabra de Dios permanece para siempre" (Isaías 40,8).

            ¿Qué pasa cuando, por el misterio de la Encarnación, la Palabra eterna, permanente y duradera de Dios, toma carne humana y entra en esta carne transitoria? Pasa - para decirlo con palabras de Pablo - que "esto mortal, se reviste de inmortalidad" (1 Corintios 15,54).
¿Cómo podrían, si no, heredar el Reino de los Cielos la carne y la sangre mortales, ni heredar la incorrupción lo corruptible?

            Esta carne del hijo de María, será pues alimento de inmortalidad, bajo las especies del alimento perecedero de la fugacidad: bajo las especies eucarísticas, preparadas desde el tercer día de la Creación, cuando dijo Dios: "brote la tierra verdor: hierbas de semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto con su semilla dentro" (Génesis 1,11).

            Esto debía suceder como sucedió, al tercer día de la Creación. En ese día y "al comienzo", la Palabra de Dios, por la que todo es creado y viene a la existencia, se reveló como la Semilla de todas las semillas, semilla primordial de la que proviene toda hierba verde y todo árbol de fruto, entre ellos el trigo y la vid eucarísticos. Pan y vino para el sacrificio según el orden de Jesús.

            El Verbo, la Palabra de Dios, Semilla primordial, es el origen de todo alimento, y propiamente lo que vivifica: "No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios" (Deuteronomio 8,3; Mateo 4,4). Todo escriba instruido en el Reino de los Cielos puede saber que la semilla de donde vino el Pan cotidiano y el Pan de Vida, fue un "Dijo Dios", es decir, una Palabra suya. Y que es sin duda por esto que Jesús tuvo predilección por compararse con la Semilla en sus parábolas.

            María, en cuya carne la Palabra se hizo carne, donde lo  corruptible comenzó a revestirse de incorrupción, es la que, en el pesebre: "nos da esta carne para vida del mundo" (Ver Juan 6,51).
Por eso, dicen los Santos Padres, al reclinar al Niño en un pesebre, ella ofrecía a su hijo como sobre un altar, como alimento, como pan del camino, puesto que tampoco nació en su hogar, sino en un albergue precario durante un viaje.
            San Beda el Venerable, comentando el pasaje "lo recostó en un pesebre", dice: "Aquél que es el Pan de los ángeles, está recostado en un pesebre, para poder fortificarnos como `animales' santos, con el trigo de su carne".
Y San Cirilo explica: "Encontró al hombre embrutecido en su alma, y por esto fue colocado en un pesebre como alimento, para que mudando la vida bestial, podamos ser llevados a una vida conforme con la dignidad humana, tomando, no el heno, sino el pan celestial, que es el cuerpo de vida".
            El mismo San Cirilo interpreta simbólicamente el pesebre como: "el altar, en el que durante la Misa, Cristo, por la consagración es como si naciese y se inmolase".
            San Gregorio, comentando el significado de la palabra Belén, que en hebreo se dice Beit- léjem, dice: "Nace convenientemente en Belén, que se interpreta Casa del Pan. Ya que él mismo dice de sí mismo: Yo soy el Pan Vivo que bajó del Cielo. El lugar donde nace el Señor, se había llamado antes `de pan', en previsión de que iba a aparecer allí en materia de carne, el que restauraría las mentes de los elegidos con una saciedad interior".
            El sabio intérprete Cornelio A Lápide, ve el pesebre como un púlpito desde donde nos predica y enseña el Verbo de Dios, no con palabras sino con hechos: "¿Qué hace un Dios tan grande metido en este poquito de carne yacente en el pesebre? Oigámoslo predicar a él mismo en la cátedra del pesebre, no con palabras sino con hechos, enseñando y predicando:`...me hice pequeño, hombre de carne y hueso como tú, para hacerte Dios. Yazgo en el pesebre entre el asno y el buey, porque tú vivías como un jumento y un animal, complaciéndote en la carne y la sangre. Eras como `el hombre rico e inconsciente, que es como el animal que perece' (Salmo 48(49),21) de quien dice también la Escritura: `no seáis como caballos y mulos cuyo brío hay que domar con freno y brida' (Salmo 31(32),9).
            “Asumí pues - prosigue Jesús - esta carne, para que comas mi carne, y la mía no es carne de jumento sino de Dios, para que uniendo mi carne a la tuya, boca con boca, mano con mano, pie con pie y cuerpo con cuerpo, como lo hizo el profeta Eliseo para resucitar a aquél niño muerto (2 Reyes 4,34), inspire en tí un hálito de vida celestial y divina”

Porque no había lugar para ellos en el albergue
            El pesebre es pues altar y púlpito, con lo que apunta a la Palabra hecha carne.
            Pero es también argumento que convence de pecado al pueblo que no le hizo lugar. María: "lo reclinó en el pesebre porque no había sitio para ellos en la posada" (Lucas 2,7). "Vino a su casa pero los suyos no lo recibieron" (Juan 1,11).
            María recuesta a su hijo en el pesebre donde pastan los animales, porque no ha habido lugar para él bajo los techos de los habitantes de Belén, ciudad de David  cuyo nombre se interpreta también Casa del Pan. El Pan vino a la Casa del Pan, pero no fue recibido.

            Ya antes, en el desierto, el pueblo de dura cerviz - como Dios le llama - murmuraba, incrédula y sacrílegamente, contra el maná: "estamos hartos de este pan miserable" (Números 21,5).
Nada extraño pues, que ahora el Pan de vida vaya a dar entre el forraje. También se leía esto entre líneas en los profetas: "Crié hijos hasta hacerlos hombres, pero ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño y el burro conoce el pesebre de su amo, pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne" (Isaías 1,2-3).

Por fin: lo sucedido es irreversible
            Por fin, lo sucedido aquella noche es algo que está en el tiempo para siempre y en forma irreversible: "El niño Dios ha nacido".
Dios niño ha nacido y está para siempre, como hombre y Dios, en el tiempo y en la eternidad, a la derecha del Padre. Por eso el que vino, viene, está viniendo siempre, está ahí, fiel a sí mismo, fiel a nosotros, fiel al Padre.
Está siempre, viene siempre, está como el que viene siempre y viene
como el que siempre está.
            Por eso su nombre es Emmanuel = Immanu-El = Dios está con nosotros, de nuestra parte, a favor nuestro. Dios de nuestra parte.
           
Y es ella, la Madre, la que nos lo entrega siempre. Tanto cuando lo recuesta en el pesebre, como cuando le está al lado a los pies de la Cruz, recibiendo a Juan como hijo, es decir a nosotros. La que nos entregó a su Hijo, es la que nos recibe de su Hijo como hijos.
              Y Jesús, El Hijo que salió del Padre para volver al Padre, salió del Padre a través del seno lleno de gracia de María. Y habiendo salido del Padre y del seno de María, que es sacramento del seno del Padre, no vuelve al Padre solo. Vuelve con Juan, el primogénito de todos nosotros.
            Al ponerlo en el pesebre, María lo muestra y lo expone, lo expone y lo arriesga, y arriesgándolo, lo ofrece y lo entrega, a la vez que lo contempla y lo adora. Ella que es el testigo único y privilegiado del misterio de la concepción virginal, guarda estas cosas en su corazón.

¡Madre, danos la gracia de tener parte en esa mirada tuya sobre este niño nacido de tus entrañas. De conocerlo como tú lo conoces y de participarnos algo de ese tesoro que guarda tu corazón. Reclina tu misterio en el pesebre de nuestros corazones llenos de pasto seco, de forraje, de cosas transitorias destinadas a ser devoradas por las bestias útiles y de la utilidad. Que nuestras comuniones eucarísticas pongan ante ti el pesebre de nuestros corazones, para que tú los consagres con la carne de tu Hijo.

Ahora te contemplamos mientras tú lo contemplas y queremos tomarte como Madre y Maestra de contemplación. En el silencio de la noche, en el silencio del Padre, también tu corazón contempla en silencio y en paz a ese hijo del prodigio y del milagro: Mira a tu hijo. Ahora él recibe tu mirada y la busca.

Un día, desde la Cruz, hecho Señor y Maestro de tu Corazón y de tu mirada, te invitará a mirarlo a Él en sus discípulos y te enseñará a vernos en él!. Amen.

RECLINATORIO NAVIDEÑOAntonio Caponnetto

"Y llegándose a él un escriba,le dijo: 
-- "te seguiré adonde quiera que fueres". 
Jesús le respondió: 
-- "Las zorras tienen cuevas y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza"
Mateo 8,18-20

Te jura un escriba 
–que en tu comitiva
- donde fueres, marcha,
al llano o al monte 
–o en el horizonte
- con piedra y escarcha.

Le das la respuesta 
–toda sangre y gesta
- duro sacrificio:
seguirte es la serie 
–de sed e intemperie
- sin nunca armisticio.

Hay nidal y hay grutas 
–las visibles rutas
- con raposas y aves,
pero Tú no tienes 
-ni acaso lo ordenes
- refugios o naves.

Como en el comienzo –apenas un lienzo
- sobre paja y heno,
para que celebre 
–tu gloria un pesebre
- mi Dios nazareno.

No hubo un cabezal –en aquel portal - ni camastro alguno,
tu madre fue lecho –yacija su pecho - tu pan el ayuno.

Pasaron centurias –con arduas penurias - de adviento y de espera,
ni en la misma Roma –ya sin la Paloma - aman tu testera.

¿Reclinas en dónde – si la Fe se esconde - si el Pastor va errante?
¿en qué sitio afincas –cuando el alma hincas - en ruego abrasante?

Tu pequeña grey –como hiciera el buey - quiere darte abrigo,
ladéate  Niño –que espada me ciño - por ser tu testigo.

Inclina esa frente –de siervo doliente - bendita cimera,
aquí en esta cuna –donde el tiempo aúna - la edad postrimera.

Tu cabeza escora –llegada es la hora - lo anuncia la luz,
te doy mi litera –mi antigua bandera - ¡Ven Señor Jesús!

ANTONIO CAPONNETTO


viernes, 8 de diciembre de 2017

LIDIA: PEREGRINA HACIA EL ESPOSO RESUCITADO [2]
DE CAPILLA EN CAPILLA
CADA VEZ MÁS CERCA

Su peregrinación de capilla en capilla de adoración
culminó con un encuentro con el Esposo.

"El Señor en su sabiduría dejó que hiciera esa peregrinación, ese caminar de un año, para llevarme poco a poco más cerca de él, siento en mi corazón que Él me dice, solo quería ver cuánto estabas dispuesta a caminar por mí, y me lo dice con dulzura no con reproche le agrado que yo caminara tanto por Él".

SEGUNDA PARTE
Padre: 
Quiero contarle algo de lo cual hasta hace de lo cual sólo recientemente he venido a darme cuenta:
    Hace más o menos un año empecé a ir a una Capilla de Adoración Perpetua. La visitaba con la mayor frecuencia que podía ya que me queda a una hora treinta minutos de mi casa.
    Luego recordé que mi abuelo siempre me decía que iría a la Catedral los Jueves pues Jesús Sacramentado está expuesto todo el día, empecé a ir a ella. Eso me representaba  ya una hora de camino.
     Luego me enteré de que en una iglesia de la misma zona donde vivo lo exponían también todo el día,  así que empecé a ir a ella. Eso me representaba ya media hora de camino.
      Un día iba a empezar a caminar esa media hora para ir al encuentro con JESÚS. Pero era verano en un día de sol agobiante. Llevaba ya recorrida la mitad del camino y me detuve a descansar justo en el atrio de la iglesia María Auxiliadora. 
      Siempre había visto que al costado de esa iglesia un cartelito decía: Capilla de Adoración Perpetua, pero no entiendo por qué nunca había entrado a ella. Tal vez porque yo pensaba que allí sería diferente y solo aceptarían adoradores con turnos programados.
      Pero era tal mi sofoco que decidí entrar. Esta vez, en la entrada no estaba el guardia  que siempre había visto. Quizá eso era también algo que me había cohibido pensando que él me negaría el acceso por no figurar en su lista.

      Cuando entré vi que se ingresaba por un pasillo largo y muy oscuro y empecé a caminar arrastrada por una extraña fuerza y certeza yendo hacia donde iba sin miedo alguno por no  conocer el lugar, 
      Cuando llegué y Lo vi al Señor allí, ese encuentro quedó grabado en mi corazón. Nunca había visto una custodia con el Señor tan esplendorosa y radiante como aquella vez. Fue algo increíblemente majestuoso. Había demasiada luz pero me sentía atraída y no molestaba mis ojos. 
      Fue como si me dijera sin palabras pero dándomelo a sentir con una evidencia interior que era más elocuente que si hubiese oído sus palabras:  “Aquí te he estado esperando siempre a tan solo quince minutos de casa”. 
      Esa capilla lleva siete años y hasta este año jamás había ido. ¿Cómo había ignorado yo, durante todos estos años, ese remanso de paz, ese lugar de presencia tan evidente?
      Pero el Señor en su sabiduría dejó que hiciera esa peregrinación, ese caminar de un año, para llevarme poco a poco más cerca de él, siento en mi corazón que Él me dice, solo quería ver cuánto estabas dispuesta a caminar por mí, y me lo dice con dulzura no con reproche le agrado que yo caminara tanto por él.

      Ésta es una de esas tantas experiencias que me hacen saber que Él está conmigo. Sin embargo el enemigo me ataca con días de tristeza con ideas obsesivas que yo, como una niña incauta, dejo crecer y creer.  
      Ahora sé que eso era desolación y se me permite experimentar estos consuelos ahora  para que sepa discernir lo que me está apartando del camino que mi esposo me muestra.
      En estoy últimos días ha habido más consolaciones que desolaciones. Mucha gente se ha acercado para hablarme de JESÚS. Yo sé, cuando esto sucede,  que es Él mismo quien se me hace el encontradizo en mis idas y venidas diarias. 
       Incluso la semana pasada fui a la iglesia a ver a la Virgen del Rosario. Yo salía de allí triste, y he aquí que en el atrio se me acerca un caballero desconocido y me dice: 
-- Soy miembro de la Congregación de la SANTÍSIMA TRINIDAD. Me señaló al grupo y añadió: ¿Me permite orar por usted? Fue algo tan inesperado y tan reconfortante a la vez, y que me cambió la tristeza en mucha paz. El caballero me regaló una estampa con una oración que le adjunto.La he rezado y encuentro paz.


Bendígame Padre Horacio. 
Le agradezco a Dios su presencia activa en mi vida. Que Dios lo fortalezca en su ministerio de Amigo del Esposo. Lidia. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

LIDIA: PEREGRINA
HACIA JESÚS RESUCITADO [1]
EL VELO


Lidia eligió esta foto para perfil suyo. Ella es esa niña herida en un brazo pero que extiende su mano hacia el Arco Iris en su deseo de comunión con el Señor que es Sol de justicia y lluvia de gracia y es un nombre de Jesucristo según enseña san Mateo 5, 45.
En uno de sus primeros correos electrónicos, ella me había escrito esto: 
Cuando era niña supe que el arco iris era un símbolo entre Dios y el hombre, y cuando me abandonaron le dije a Dios que cada vez que me sintiera triste me enviara un arco iris para saber que estaba conmigo.
Siempre lo hizo. Nunca me faltó el arco iris.

Pero un día de estos de dolor fue diferente
El arco iris estaba invertido como una sonrisa, era pequeñito yo lo vi
Le envió la foto. No está manipulada. Así como lo ve así la tome. Sé que Dios me ama aunque no puedo sentirlo ahora. 

MI PEREGRINAR HACIA JESÚS RESUCITADO
¡LITERALMENTE! ¡PEREGRINAR! 


PRIMERA PARTE
LA EXPERIENCIA DEL VELO DE LA PEREGRINA 

¡Padre Horacio! 
Qué lindo decirle Padre, (sé que Papito Dios, no se enoja).Y es que cuando inicié a escribir la palabra "Padre" ¡me sentí tan llena! Nunca, nunca dije la palabra papá o padre. 
        ¡Pero bueno! lo que le quería contar es que hace más o menos un año ya tenía la fuerte idea de usar la mantilla. Todos los años al ir a celebrar el mes del Santo Rosario pensaba: ¿Por qué no me pongo madrileña (mantilla, velo) para hacer un gesto diferente en este mes ante Jesús Sacramentado y la Virgen? Podría ser únicamente este mes. 
       Pero luego pensé: ¡seguramente todos van a pensar que quiero destacar ya que nadie la usa! ¡Y así deseché la idea! 
       ¡Yo no sabía que era considerada como un sacramental. 

       Pero ahora, en oración, por la noche y mañana, será mi manto de amor y protección de mi esposo. Será mi regalo a él en consonancia a que me entrego a su voluntad al iniciar el día. (Me escuché muy presumida con eso del regalo. Es cierto que nada puedo darle yo a Él, pero lo digo con amor).
        Me da tristeza que nadie ahora quiera usar el velo. Porque a causa de esa abstención universal, me veo impedida de usarlo en público según es mi deseo.
       ¿Por qué lo que realmente es bueno ha pasado a ser en nuestra sociedad calificado de absurdo? Creo que es únicamente porque estamos escuchando más al mundo que a Dios. 

        Creo si no me equivoco (y si lo hago quite la ignorancia en mi) que Jesús al momento de orar se cubriría con su manto. Cubrirse ante el Señor es símbolo de la importancia de manifestarle respeto y obediencia que se traducen en amor hacia Aquél con quien una se encuentra en comunión. Si  ÉL (Jesús) es el que todo lo hacía ¿Por qué nosotros cuestionamos tan dulce gesto de amor hacia el amor?

        Se agolpan en mi mente tantas inspiraciones hermosas sobre este particular de la mantilla, que ya quiero que sea mañana para ir a comprar la mía. Al igual que la chica del relato que Usted me envió y que recoge en el segundo tomo de su libro Me quiero casar, como algo que "la esposa debe saber", yo también había pensado en hacer una especie de ceremonia para darle mi SÍ esponsal al Señor, pero no lo hacía. 

         La razón era, ahora lo advierto, porque aún no había llegado la inspiración del velo. 
        Y es que Mi Esposo Jesús me lleva paso a paso, porque sabe las heridas que traigo, y nunca me presiona, es "el Esposo perfecto". Lidia