viernes, 29 de noviembre de 2019

EL BUEN AMOR SEGÚN SAN AGUSTÍN

EL BIEN DEL MATRIMONIO
El Matrimonio y la Concupiscencia
SAN AGUSTÍN DE HIPONA

Una lectura muy recomendable:
Como dice San Agustín en la introducción : "la intención de este libro es: distinguir la bondad del matrimonio del mal de la concupiscencia carnal, por el cual el hombre, que nace por ella, arrastra el pecado original".

Esta tesis, que ocupa toda la obra se expresa ya desde los comienzos en este pasaje:

"IV. 5. Así, pues, la unión del hombre y la mujer, causa de la generación, constituye el bien natural del matrimonio. Pero usa mal de este bien quien usa de él como las bestias, de modo que su intención se encuentra en la voluntad de la pasión y no en la voluntad de la procreación. Aunque en algunos animales privados de razón -por ejemplo, en la mayor parte de los pájaros- también se observa como un cierto pacto conyugal; así, el ingenio de construir los nidos, el tiempo dividido en turnos para incubar los huevos y los trabajos sucesivos de alimentar los polluelos hacen ver que al juntarse se preocupan más por asegurar la especie que de saciar el placer. De estas dos cosas, la primera hace al animal semejante al hombre; la segunda, al hombre semejante al animal".

En esta entrada quiero solamente señalar la existencia de esta obra tan importante para meditar y entender en qué consiste el Buen Amor y una de las razones principales por la que se corrompe y se convierte en Mal amor.

Para quien quiera leer la obra más detenidamente remitimos a la traducción que se encuentra felizmente a disposición de todos en Internet:

Traductores: Teodoro C. Madrid, OAR y Antonio Sánchez Carazo OAR
http://www.augustinus.it/spagnolo/
http://www.augustinus.it/spagnolo/nozze_concupiscenza/nozze_concupiscenza_2_libro.htm

martes, 26 de noviembre de 2019

LA LUJURIA ES DEMONÍACA (3)
LOS DEMONIOS TOMAN CUERPO E INFLUYEN EN LOS CUERPOS


Santo Tomás de Aquino siguiendo a los Padres de la Iglesia nos trasmite y enseña que:
1°) Los Ángeles tienen el gobierno de las creaturas físicas o corporales.
2°) Tanto Angeles buenos como malos (demonios) toman forma o cuerpo humano o apariencia visible, como se nos dice en el libro de Tobías que hizo el Arcángel Rafael. 
Y como muchas personas atestiguan que les ha sucedido.

 1° EL DOMINIO DE LOS ÁNGELES
 SOBRE LA CRIATURA CORPORAL  
Ahora hay que tratar lo referente al dominio de los ángeles sobre la criatura corporal. 
Esta cuestión plantea y exige respuesta a cuatro problemas:

La criatura corporal, ¿está o no está regida por los ángeles?
La criatura corporal, ¿obedece o no obedece según el arbitrio de los ángeles?
Los ángeles, con su poder, ¿pueden o no pueden mover local y directamente los cuerpos?
Los ángeles, tanto buenos como malos, ¿pueden o no pueden hacer milagros?

“Todas las cosas corporales son regidas por los ángeles. Y esto no sólo es doctrina de los santos doctores, sino también de todos aquellos filósofos que admitieron sustancias incorpóreas”
(Summa Theologica, Primera Parte, Cuestión 110 Artículo 1, cuerpo)
“ES necesario admitir que los ángeles buenos ejercen directo dominio, no sólo sobre los cuerpos celestes, sino también sobre los cuerpos de aquí abajo.” (Art 1, ad 2m) (Ìncluidos los cuerpos humanos)
“Los santos doctores afirmaron, coincidiendo en esto con ellos los platónicos, que a cada una de las diversas cosas corpóreas las presiden diversas sustancias espirituales. Así, Agustín, en el libro Octoginta trium quaest., dice: Cada una de las cosas visibles de este mundo tiene al frente de sí un poder angélico. Y el Damasceno : El diablo era una de aquellas virtudes angélicas que presidían el orden terrestre
 Art 2º
“es naturalmente conforme a la naturaleza corporal ser movida directamente por la naturaleza espiritual con movimiento local. Tanto es así que los mismos filósofos afirmaron que, de hecho, los cuerpos supremos son movidos localmente por las sustancias espirituales; y vemos también que el movimiento con que el alma primero y principalmente mueve el cuerpo es el movimiento local.” (Art 2. Cuerpo)

Santo Tomás Summa Teológica, 1a. Parte, Cuestión 110, Art. 1°


2° CORPORIZACIÓN DE ÁNGELES Y DEMONIOS
Sto. Tomás Summa Theol. 1a Parte, Cuestión 
Sobre la relación de los ángeles con lo corporal 

Ahora hay que tratar sobre los ángeles en su relación con lo corporal. 
En primer lugar, su relación con lo corporal; 
después, con el lugar; 
luego, con el movimiento local. 
La cuestión referente a la relación de los ángeles con lo corporal plantea y exige respuesta a tres problemas: 
Los ángeles, 
¿tienen o no tienen cuerpos unidos a sí naturalmente? ¿Toman o no toman cuerpos? 
En los cuerpos que asumen, ¿ejercen o no ejercen acciones vitales?

No repugna que los ángeles asuman un cuerpo físico
1. Así como no se opone a la verdad el que en la Escritura se describan las cosas inteligibles con figuras sensibles, porque no se hace para afirmar que lo inteligible es sensible, sino para darnos a entender, mediante semejanzas, las propiedades de los seres inteligibles, 

Así tampoco se opone a la verdad de los santos ángeles que los cuerpos asumidos por ellos parezcan hombres vivos, aunque no lo sean, puesto que no toman dichos cuerpos más que con el objetivo de significar, por medio de las propiedades y acciones del hombre, las propiedades y acciones espirituales de los ángeles. 

Esto no lo conseguirían de forma tan adecuada si tomasen verdaderos hombres, porque sus propiedades nos llevarían a conocer hombres, pero no ángeles.
[Santo Tomás, Summa Theologica Primera Parte, Cuestión 51 Sobre la relación de los ángeles con lo corporal, Artículo 3 En los cuerpos que asumen, ¿ejercen o no ejercen acciones vitales? ad 6m]

6. Como dice Agustín en XV De Civ. Dei : 
"Muchos de los que experimentaron, o que lo oyeron de los que lo habían experimentado, confirman que los silvanos y los faunos, vulgarmente llamados íncubos (espíritus malos), muchas veces han exigido mujeres y se han unido a ellas.
Por lo tanto, negar eso es una torpeza. 
Pero bajo ningún concepto los santos ángeles de Dios pudieron tropezar de este modo antes del diluvio.
Por eso, por hijos de Dios son entendidos los hijos de Set, que eran buenos. Y por hijas de los hombres la Sagrada Escritura designa a las nacidas de la estirpe de Caín. 
No hay que extrañarse, pues, que de ellos pudieran nacer gigantes. 
Ni todos lo fueron, pero antes del diluvio hubo muchos más gigantes que después. Pero, aun suponiendo que alguna vez nazcan hombres de una unión habida con los demonios, no son engendrados por un principio vital del demonio o por el cuerpo que lleva unido, sino que ha sido tomado de algún hombre para tal objetivo. 
Esto es lo que sucedería, por ejemplo, si el demonio se hace súcubo ante el hombre, e íncubo ante la mujer, ya que también toman las semillas de algunas cosas para engendrar cosas distintas, como dice Agustín en III De Trinitate.
 En este caso, el hijo que nace no es hijo del demonio, sino hijo del hombre del que tomó el ser.  
[Santo Tomás, Summa Theologica Primera Parte, Cuestión 51, Artículo 3 ad 6m]


viernes, 22 de noviembre de 2019

EL BUEN AMOR ES DIFERENTE

Ser diferente en medio del mundo en que uno vive, cuesta. Pero vale la pena.

El Buen amor es diferente y exige que tú lo seas, si quieres amar bien y ser bien querido. Y no es fácil cuando se tiene un mundo en contra. La situación no es nueva.
Así se lo dice el Señor al pueblo elegido en la Ley de Santidad que leemos en Levítico.
“No hagáis como se hace en la tierra de Egipto, donde habéis habitado, ni hagáis como se hace en la tierra de Canaán a donde os llevo; no debéis seguir sus costumbres” (Lev 18,3).
El pueblo del Señor debe ser santo y para eso es imprescindible que la sexualidad no se separe del Buen Amor. Recomiendo la lectura completa de Levítico 18, 1-30.

Esto es precisamente lo que sucedía en toda la humanidad antes de la aparición del Pueblo elegido en el concierto de los pueblos. Precisamente, la descendencia de Abraham es elegida para que en ella sean bendecidas todas las naciones. Comienza con ella una escuela de santidad del amor esponsal que apunta a sanar una llaga universal de los hombres. Una llaga que era y es, porque sigue abierta, consecuencia del pecado original y debe ser sanada. La llaga del sexo sin amor, invade y despersonaliza la relación entre el varón y la mujer matando e imposibilitando el buen amor. El Buen Amor: el único que puede dar la felicidad que la sexualidad engañosamente promete pero no puede dar.
Egipto antiguo es conocido por la práctica del incesto y la promiscuidad sexual. Canaán por la prostitución sagrada y la divinización consiguiente de la sexualidad. Los dioses de esos pueblos expresaban a menudo la divinización del sexo y lo adoraban y rendían culto como a una fuerza numinosa. Eso sucedía también en los demás pueblos mediterráneos. La divinización del sexo implica la idolatría del sexo.

No hagan como se hace en Egipto ni como se hace en Canaán. Ustedes tienen que ser diferentes. Tienen que ser santos como yo soy santo. Porque yo su Dios soy santo.
En el texto el Señor lo anima a su pueblo a vivir de una manera diferente de la que viven los pueblos entre los que está disperso o vecino. Y la diferencia consiste en que debe mantener la sexualidad contenida exclusivamente en el marco de la relación esponsal. Todo ejercicio de la sexualidad fuera del matrimonio y fuera de los tiempos que el Señor prescribe a los esposos perjudica la santidad, es decir la relación con el Señor y con los demás elegidos.

Es funesto separar el sexo del marco del amor esponsal monógamo y fiel. Es el amor esponsal lo que refrena el desborde de la pasión sexual, que tiende a desbordar todos los límites. Es conocida la obsesividad que provoca el instinto sexual y su fuerza despersonalizadora de la vinculación amorosa. La obsesión sexual sin freno puede despersonalizar las vinculaciones humanas, familiares y sociales, ignorándolas e invadiéndolas todas.
A defender la santidad del matrimonio y de todos los demás vínculos familiares y sociales en el pueblo elegido, apunta esta reclusión del fuego de la sexualidad a la hornalla del fogón doméstico esponsal.

Israel era muy consciente del mal que produce el desbocarse del instinto sexual. Sobre todo en el varón. Los maestros de Israel enseñan que el varón (‘ish) fácilmente se enciende en la pasión sexual y se convierte en fuego (‘esh). Ese fuego sexual obsesionante devora la humanidad de los vínculos interpersonales, anegándolos en una marea que borra todas las diferencias relacionales. Todo es igual. Da lo mismo ser esposo que padre, tío o cuñado, vecino o huésped…
Los habitantes de Sodoma le reclaman a Lot que les entregue a sus huéspedes.
Con la sabiduría que el Señor comunica a su pueblo, éste puede conocer ahora los caminos del Buen Amor, que son los caminos de la santidad de los esposos. Y comprende que la lujuria, es decir la pasión sexual desbordada o desatada como un incendio devastador termina con los vínculos familiares y sociales.

Por eso dice el Sabio, en el libro del Eclesiástico: “El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre lujurioso en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase; para el hombre lujurioso todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto”. (Eclesiástico 23, 17)

De vez en cuando se denuncia con escándalo público algún caso de incesto, de “corrupción de menores”, de un padrastro que abusa de la hija de su mujer o de su concubina, o de un niño. A la opinión pública le corre un escalofrío por la espalda y se levantan voces de indignación que llaman a veces a linchar al violador o al abusador. El abuso sexual de menores es hoy una verdadera plaga social de la que dan testimonio los psicólogos y los confesores a quienes les toca recoger los pedazos.

La sociedad humana necesita recuperar la sabiduría revelada acerca de los motivos que hacen posible el Buen Amor y sanan a la humanidad de la llaga y del incendio sexual desatado. La mirada social no basta para sanar al alma obsesionada. Sólo la mirada del Señor puede rescatarlo:

“16 Dos clases de gente multiplican los pecados, y la tercera atrae la ira:
17 El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre lujurioso en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase; para el hombre lujurioso todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto.
18 El hombre que su propio lecho viola y que dice para sí: « ¿Quién me ve? ;la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados »,
19 lo que teme son los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos. 20 . Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y todavía lo son después de acabadas.
21 En las plazas de la ciudad será éste castigado, será apresado donde menos lo esperaba.
22 Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de otro un heredero.
23 Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha faltado a su marido, tercero, ha cometido adulterio y de otro hombre le ha dado hijos.
24 Esta será llevada a la asamblea, y sobre sus hijos se hará investigación.
25 Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos.
26 Dejará un recuerdo que será maldito, y su oprobio no se borrará.
27 Y reconocerán los que queden que nada vale más que el temor del Señor, nada más dulce que atender a los mandatos del Señor.” (Eclesiástico 23, 16-27)

Llevando a su cumplimiento la Ley y los Profetas en este asunto, Jesús enseña:
"Habéis oído que se dijo: 'no cometerás adulterio'. Pero yo os digo: 'todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón'" (Mateo 5, 27-28).

¿Y la mujer? Jesús no habla de ella aquí sino del varón. Pero en ella lo que va contra el verdadero amor, contra el Buen amor, es atraer la mirada impura del hombre, por su sola falta de pudor, o por una provocación intencionada.

De ella pudo haber dicho Jesús: "Toda la que se exhibe para seducirlo, ante la mirada y el deseo de un varón, ya cometió adulterio con él en su corazón".

martes, 19 de noviembre de 2019

LA LUJURIA ES DEMONÍACA (2)
FORMAS DE LA ACCIÓN DEMONÍACA


CIRCUMDATIO o INFLUENCIA,
TENTACIÓN POR PENSAMIENTOS INTRUSOS
VEJACIÓN, HOSTIGAMIENTO, ACOSO,

ESCRÚPULOS, INTRUSIONES
Sinónimos, descripciones y ejemplos


Muchas son las formas de la acción demoníaca en el ser humano. 
Me ocupo a continuación de enumerarlas apuntando a aplicar lo que sigue a la lujuria o desorden de las pasiones afectivo-sexuales

San Pedro dice en su primera carta: “Sed sobrios (népsate)[1], vigilad (gregoréusate)[2]; vuestro adversario el diablo, como león rugiente, ronda alrededor, os circunda (peripatéi)[3], buscando (zetón)[4] a quién devorar” (1ª Pedro 5,8)

Circumdatio e influencia
Circumdatio, significa circundar, rodear, dar vueltas alrededor… 
Y es exterior, es decir al cuerpo , o interior, es decir al alma: en la inteligencia, la imaginación, memoria o en la voluntad
Influencia es algo interior, un rodeo, acoso, al cuerpo y/o al alma

.Puede decirse, hablando en general, que la circumdatio es toda forma de:
Tentación,  Hostigamiento, Vejación o acoso espiritual
por parte del Mal Espíritu:

+ Con pensamientos,  (los padres del desierto nos enseñaron que los demonios son pensamientos y hablaban de los vicios capitales y la acción demoníaca como pensamientos) Se les llama pensamientos intrusos. Los psicólogos los llaman "contenidos autónomos de conciencia" (Jung) o ideaciones, o fantasías, ya que no saben reconocerlos en su naturaleza demoníaca: "fantasías eróticas"
+ Con Iras, Miedos o Tristezas, que pueden producir síntomas físicos intensos (somatizaciones) como en los llamados ataques de pánico. 
Los pensamientos pueden producir miedo, tristeza o ira.
            Podríamos considerar que Jesucristo en el desierto y en el Huerto de los Olivos es “circundado” “merodeado”, “sitiado” o “rondado” por el demonio; es decir vejado, presionado, con miedo, tristeza, angustia ante la realización de la voluntad del Padre, y provocado, hasta en la Cruz, para que se baje de ella.

            La finalidad del enemigo es que la persona animada por la gracia “en el bien obrar no pase adelante”[5] y/o no desee ni elija ni obre “lo que más conduce para el fin para el que fue creado”[6]. O bien para que el que intenta salir de su estado de pecado no logre salir del estado de sitio.

La influencia, 
hostigamiento, vejación o acoso, puede tender a desanimar (mediante la intrusión tenaz e  incoercible de ideas blasfemas),
amedrentar (temores de futuro),
inculpando (escrúpulos)
desalentando (no vas a poder, siempre fuiste asi, vas a caer de nuevo)
agrediendo físicamente (vejaciones físicas) como al Cura de Ars, P. Pío, 
violando con sensaciones genitales involuntarias
Estigmatizando: Teresa Neumann, ¿Martha Robin?

La idea de “influencia” hostigamiento, vejación o acoso como sitiando una ciudad o cerco militar puesto a un castillo o ciudad se encuentra en la enseñanza de San Ignacio:
”Asimismo se comporta [el enemigo, el demonio] como un caudillo, para vencer y robar lo que desea; porque así como un capitán y caudillo del campo, asentando su real y mirando las fuerzas o disposición de un castillo, lo combate por la parte más débil, de la misma manera el enemigo de la naturaleza humana, rodeando, mira en torno todas nuestras virtudes teologales, cardinales y morales, y por donde nos halla más flacos y más necesitados para nuestra salud eterna, por allí nos bate y procura tomarnos[7].

Podría compararse el hostigamiento, además de con:
el sitio militar o el cerco policial
una barricada (en tu camino),
escaramuzas, golpes terroristas, francotiradores, golpes sorpresivos (del enemigo y sus tropas)
encerramiento, copamiento,
desviación, descarrilamiento,
distracción
intrusión violenta,
Mobbing, bullying, maltrato, acoso, mediante pesadillas, pensamientos, sugerencias, afirmaciones, burlas, insultos, inculpaciones falsas, escrúpulos, denigraciones, no queridos por la persona víctima,
Esto puede venir de dentro de uno mismo o desde afuera, desde otras personas.
Avasallamiento de la libertad, mediante condicionamientos y obsesiones
Hipnosis,

Desde uno mismo, por ejemplo, pueden venirme pesadillas nocturnas, percepción de presencias malignas, blasfemias involuntarias en la hora de ir a comulgar o de nombrar a Jesús o a María, o de invocarlos, o de tomar agua bendita, o de querer ponerme en la presencia de Dios para hablar con él.
Instalación de un demonio “comentarista” que acecha todo el actuar virtuoso y lo hostiga con burlas, con comentarios, injuriosos, denigrando, con Inculpaciones falsas como son los escrúpulos, atribuyendo intenciones o pensamientos que la persona no acepta, con amenazas hacia la persona o hacia aquellos con los que se comunica, (ver testimonio de Cecoca), también inspirando ideas de auto-denigración, o falsa culpabilidad. Con miedo de consultar a nadie lo que le sucede.

Pueden suceder vejaciones físicas de todo tipo, entre las cuales sensaciones sexuales no queridas y sufridas sin o con consentimiento. A veces impuestas con engaños interiores o mentiras, con impostura, haciéndose pasar por el Espíritu Santo (con apariencia de bien) o por el Esposo Jesucristo (testimonio de Tecla)

Estos ataques, como queda dicho apuntan, a impedir el bien obrar, o simplemente a distraer, mantener entretenido o desorientado, hostigar, molestar y si fuera posible desanimar al alma cuando el alma se propone un más, cuando procura dejar sus vicios y pecados, cuando trata de afirmarse en su conversión[8], cuando se propone, leer vidas de santos, intimar afectuosamente con el Señor, progresar en cualquier frente de su vida de fe, caridad, esperanza,
Dios no solamente permite estos ataques del Malo sino que los quiere positivamente para que nos volvamos hacia Él con confianza cada vez que somos sometidos a esos acosos interiores o exteriores.

La circumdatio también puede ser externa, es decir puede consistir en sucesos externos: arrancamiento de la medalla o el rosario mientras duerme, desaparición de objetos de piedad, empujones violentos, hechos comprobables por otras personas además de la persona acosada. 
Y el acoso exterior puede agregarse al interior para reforzarlo.

También puede venir de parte de personas como son los perversos narcisistas o los psicópatas que describe el Dr. Hugo Marietan. 
Son personas que están sometidas al gobierno del Malo y que éste usa para acosar desde el exterior a las almas.





[1] Nêpsate: imperativo de nêfô: ser sobrio, especialmente con el vino, templado. Nêpsis es la virtud de la templanza en el uso de todos los bienes, moderación, prudente, dominio de sí mismo.
[2] Grêgorêusate: velad vigilando: grêgorêuien: velar, vigilar,
[3] Peripatéi: camina alrededor, ronda, merodea, circunda, anda en la vuelta…
[4] Zêtôn: buscando, procurando. Zetéô.
[5] Ejercicios Espirituales de San Ignacio (= EE) EE 315, Segunda regla de la serie de Reglas de discernimiento de Primera Semana
[6] EE 23 Principio y fundamento al final
[7] EE 327, Décima cuarta regla de la serie de Reglas de discernimiento de la primera semana.
[8] Por ejemplo los pensamientos que le susurraban a San Agustín: “entonces nos dejas para siempre” “¿Entonces nunca más?


viernes, 15 de noviembre de 2019

DESACRALIZACIÓN DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA [5] :
¿ACASO PUEDEN AMAR BIEN LOS ÍDOLOS?

Hemos desenmascarado a la desacralización y el secularismo como una cripto-religión; como una forma oculta de la antiquísima idolatría, tan combatida por los profetas y apóstoles. Y ha quedado claro que la desacralización del matrimonio y la familia equivalen a su abolición. Porque la idolatría del individuo, la idolatría de sí mismo, le impide vincularse generosamente con el otro. La idolatría encierra al ídolo en sí mismo y lo hace ciego para el bien del otro, encandilado como está en la búsqueda de su propia gloria, de su propio bienestar, de su propio bien.
Por eso, la idolatría lleva inevitablemente a la guerra entre los ídolos.

La Sagrada Escritura nos enseña que los ídolos y los que los fabrican son iguales. Leemos en el salmo 113:
Los ídolos de ellos, plata y oro,
obra de mano de hombre.
Tienen boca y no hablan
tienen ojos y no ven,
tienen oídos y no oyen,
nariz tienen pero no huelen
Tienen manos y no palpan
tienen pies y no caminan
ni un solo susurro en su garganta
Como ellos serán los que los hacen,
cuantos en ellos ponen su confianza.

Los ídolos son un espejo donde se ve la verdad de sus fabricantes. Ellos son a su vez ídolos de sí mismos. Seres incomunicados, incapaces de ver al otro, de oír al otro, de comunicarse sinceramente con el otro, de obrar el bien del otro, de percibir el perfume de las virtudes del otro, o de sentir repugnancia por el hedor de los vicios del otro.

El Otro es, en primer lugar Dios. La virtud de la Religión es la escuela donde se aprende a tener en cuenta al prójimo.

Pero los idólatras son ídolos de sí mismos.
Ocasionalmente pueden también hacer del otro un ídolo [a quien por eso mismo cosifican e ignoran como persona] a quien adoran como un dios necesario para su propio bienestar afectivo, económico… con el que entablan una relación de incomunicación, o de comunicación falsa. Y con el que en algún momento pueden entrar en guerra a muerte defendiéndose a sí mismos.

Por eso la ideología del individualismo radical es una ideología del hombre ídolo, el hombre incomunicado, ciego, mudo y sordo para amar.

En el Simposio sobre Familia y Sociedad al que me referí antes en otra entrada, el Dr. Carlos Massini Correas nos expuso las consecuencias de la invasión del derecho por esta ideología del individualismo radical. De esta ideología – nos expuso - emanan leyes que se dictan de espaldas a la naturaleza del Buen Amor: divorcio, aborto, eutanasia, matrimonio homosexual, adopción de niños por parejas homosexuales.

A quienes objetamos estas cosas, se nos acusa de discriminación. Es que ¿es posible no discriminar entre el bien y el mal? ¿Es posible dejar de ver las diferencias entre una cosa y otra? Claro que es posible. Nos lo acaba de decir la Sagrada Escritura: los fabricantes de ídolos, no las ven.

En un libro reciente, el psiquiatra y psicosociólogo Tony Anatrella, describe “La diferencia prohibida” en esta cultura (Editorial Encuentro, Madrid 2008). Los ídolos no perciben diferencias, las niegan y... por fin. las prohiben. El bien resulta al fin insultante para el mal. A esto se le ha llamado "complejo de Caín".

Jesús los llamó: Ciegos, guías de ciegos (Mateo 15, 14). Ciegos como los ídolos que se fabrican y ciegos porque se idolatran a sí mismos y ya no son capaces de ver al otro, a Dios ni al prójimo y de amarlos bien.

Saquemos las conclusiones: ¿Qué Buen Amor puede haber en un matrimonio entre dos ídolos, o con un ídolo? ¿Qué comunicación? ¿Qué intercambio de mensajes, afecto, bienes y favores?

La cultura de la neo-idolatría, que es la del individualismo radical, equivale a la abolición del Buen Amor, y de la cultura del Buen Amor. Está en guerra contra ella. Oremos…

martes, 12 de noviembre de 2019

LA LUJURIA ES DEMONÍACA (1)
LECCIÓN INAUGURAL

El demonio aspira a un principado análogo y rival al de Dios sobre el hombre. Así lo afirma Santo Tomás: “ambicionó además como consecuencia (de su rebeldía) cierto principado sobre los demás seres: en lo que también presumió en su perversidad asemejarse a Dios”  (Summa Theol, Parte 1ª. Cuestión 63, Artículo 3° cuerpo)

Por eso el demonio presume de ser "El príncipe de este mundo"

Ese dominio o principado no puede ejercitarlo como lo hace Dios y los Ángeles buenos mediante la verdad,el bien y el amor puros. Sino que, de acuerdo a la corrupción de su naturaleza por el pecado demoníaco, sólo puede ejercerlo a través de la mentira, la ficción, las ilusiones y la coacción, usando el halago para inducir en soberbia o la amenaza para mover a desconfianza en Dios.

A la luz de estas verdades se nos da a comprender por qué el demonio induce a los desórdenes sexuales. El sexo es un bien creado por Dios al servicio del amor y subordinado al amor para servir a los fines del amor. 

El demonio lo separa del amor y lo desvía hacia sí mismo, convirtiéndolo en fin en sí mismo.De este modo eclipsa al amor. Y lo usa para esclavizar y dominar, apartándolo de su fin que es dar la vida. Esteriliza por la lujuria. 

De esta manera, mediante la sexual insubordinada obtiene dominio sobre varones y mujeres. Un dominio despótico que ejerce a través del sexo desordenado, separado del amor y que por hacerse obsesivo-compulsivo eclipsa la libertad necesaria para amar a Dios. Encierra al ser humano en sí mismo y hace del medio fin.

El Señor nos hace comprender que los desórdenes sexuales, en los que el sexo se separa del amor y adquiere una fuerza y finalidades propias, en forma obsesiva y adictiva, llegan a anular la libertad, ¡Son de naturaleza demoníaca! 
Nos enseña que, como el demonio no puede ni quiere gobernar al ser humano por el amor de caridad, pues su pecado fue el rechazo de la caridad lo quiere someter a su dominio por la esfera sexual. Precisamente por la obsesión y la adicción hace que el ser humano ya no sea libre y sea incapaz de amar, ni siquiera de amarse a sí mismo.
Así, la lujuria, tiene un efecto de encierro del ser humano en sí mismo. Ya sea por el autismo sexual (masturbación) ya sea por la desvinculación interpersonal (masturbación de a dos).
Tanto la auto-masturbación como la fornicación  como la homosexualidad, suscitan lo que en psicología se llama TOC,trastorno obsesivo compulsivo.

La obsesión es el dominio demoníaco sobre el conocimiento y toda la esfera cognitiva del ser humano.

La compulsión es el dominio demoníaco sobre la voluntad y toda la esfera de lo volitivo afectivo del ser humano

El demonio domina la esfera cognitiva desde la percepción. Toda percepción se tiñe de significación sexual. Todo se percibe en clave sexual. La significación sexual predomina, asociando todo lo que se percibe con referencias genitales.

La inteligencia, la memoria, la imaginación, la asociación de toda percepción con un sentido genital, Así toda percepción se convierte en estímulo erótico. Y de esta manera se instala la obsesión en la esfera cognitiva. La perspectiva solipisista eclipsa la perspectiva del amor, que mira al otro, y así incapacita no solo para abrirse al otro, sino para entregarse amorosamente al otro como bien del otro. 
El obsesivo queda así bajo el domino del demonio en su inteligencia y voluntad. Se convierte en cosa para sí mismo y percibe a los demás como objetos.

La compulsión sexual es el dominio del demonio sobre la esfera volitiva. En realidad consiste en la abolición de la voluntad, de la libertad, del autodominio y la autodeterminación al bien propio y del otro. Es la despersonalización, la pérdida de los atributos humanos personales: inteligencia y voluntad.


La pasión desordenada de satisfacción genital se hace imperativa y puentea la voluntad. El adicto sexual se convierte así en abusador de sí mismo y de los demás. Él es para sí mismo objeto de placer es en realidad un violador de sí mismo. Y al percibir al otro como objeto sexual se convierte en violador, en abusador sexual; de pensamiento, palabra o de obra en forma compulsiva. Puede desnudar al otro con su imaginación.


De esta manera el demonio ejercita un dominio sobre el ser humano que se extiende a través de su cerebro y sistema neurovegetativo autónomo, a sus glándulas, hormonas, por via neurológica y fisiológica. Se instalan así reflejos  medulares condicionados en distintos grados de automatismo o autonomía. de modo que el demonio adquiere poder, influencia, sobre la esfera corpórea y puede producir vejaciones de todo tipo.


El demonio opera así la violación del ser humano en alma y cuerpo, comenzando su violación por el pensamiento, siguiendo por la sensibilidad, las glándulas y hormonas, y todos sus órganos. De esta manera puede llegar a excitar los genitales en forma involuntaria y "violar" sexualmente al ser humano manejándolo de alguna manera, despóticamente, como un títere, un robot o un zombie. 


Médicamente está comprobado que la masturbación produce reflejos condicionados medulares causantes de la eyaculación precoz y otros trastornos genitales. Así las funciones genitales se hacen neurológicamente autónomas e independientes de la voluntad. Pero, a su vez, el demonio toma dominio sobre ellas por vía neurológico-glandular. Y de ese modo se convierte en un violador psicofísicamente y un profanador sacrílego del ser humano y su destinación espiritual y mística. Violador del alma, y desde ella también del cuerpo. 


He aquí el pasaje de la Summa Theologica donde se encuentra la afirmación citada al comienzo: “(Satanás) aspiró indebidamente a ser semejante a Dios, codiciando como último fin de su felicidad aquello a que podría llegar por virtud de su propia naturaleza, y apartando su apetito de [no deseando] la beatitud sobrenatural, que se obtiene por la gracia de Dios.


O bien – si es que apeteció como su fin último aquella semejanza de Dios que se otorga por gracia – pretendió poseerla por la virtud de su naturaleza, y no por el auxilio de Dios con subordinación a sus disposiciones: lo cual concuerda con lo que dice San Anselmo Lib. de casu diaboli, (La caída del Demonio) cap. 4, que apeteció aquello a lo que hubiera llegado si perseverara. Lo uno y lo otro vienen a refundirse en un mismo pecado, que consistió en aspirar a la bienaventuranza final por su sola virtud, lo cual es propio de Dios. Y, como lo que es per se (por sí mismo), es principio y causa de lo que es por otra cosa; ambicionó además como consecuencia cierto principado sobre los demás seres: en lo que también presumió en su perversidad asemejarse a Dios”. (Summa Theol, Parte 1ª. Cuestión 63, Art. 3° cuerpo)

viernes, 8 de noviembre de 2019

DE LA SANTIDAD A LA SACRALIDAD

Dos formas y dos etapas religiosas
del matrimonio y la familia
según la revelación bíblica:

EL BUEN AMOR ENTRE NOSOTROS
1. LA SANTIDAD
El matrimonio y la familia en el Antiguo Testamento

El motivo por el cual en el Antiguo Testamento, la familia es santa, es porque ¡Dios es un miembro de la estructura de parentesco! Dios es un miembro de la familia patriarcal y por lo tanto del clan y del pueblo de la Alianza, en la plenitud de sus doce tribus.
Dios entra en relación de parentesco con los patriarcas por el establecimiento de una Alianza. Y se comporta como verdadero pariente, asumiendo y cumpliendo los deberes de protección y providencia de un buen pariente.
Yahveh es no solamente el Dios de los Padres, sino el pariente divino. Es, literalmente: el “Pariente de Isaac” [Génesis 31, 42, 53: Pájad Yitsjaq].

La motivación a la santidad de la familia, en el Antiguo Testamento es la del Levítico: “Sed santos porque yo Yahvé, vuestro Dios, soy santo”. La pertenencia recíproca es la del parentesco: “Soy vuestro Dios, sois mi pueblo, eres nuestro Dios, somos tu pueblo”. “Él es nuestro Dios, a Él pertenecemos” [Ver. Salmo 94, 7: “Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía”].

Consecuencias para el matrimonio y es amor esponsal
En esta visión, el matrimonio entre los miembros del pueblo de Dios, es una realidad religiosa porque el amor humano es una imagen y semejanza del amor divino, y porque de él nacen los hijos de la Promesa.
Los vínculos de parentesco entre los hombres son de dos tipos: 1 ) de alianza o 2) de sangre. Ahora bien, de ambos tipos, la alianza es el primero, porque da origen a todos los demás y porque es el más exclusivamente humano.
El parentesco establecido por alianza es la fuente de todo vínculo de parentesco de sangre. La alianza es la forma de parentesco que se entabla libremente. Mientras que el vínculo de sangre precede a la libertad, se le impone. Reclama ser asumido aunque puede ser negado o rechazado. La Alianza es, por el contrario, libre; y es el vínculo espiritual, voluntario y libre más adecuado a la condición de los seres libres y espirituales.
La Alianza con Dios es una realidad santa, porque Dios se ha hecho por amor, libremente, miembro de la familia, del clan, de la tribu y del entero pueblo de la Alianza; y porque el pueblo entero ha elegido hacerse pariente suyo por Alianza y renueva su Alianza de generación en generación [Josué 24, la renovación de la Alianza en Siquem].
La Alianza es revelación del amor del Pariente divino: “No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo te auxilio, oráculo de Yahvé, y tu Go’el [ = tu pariente fuerte y auxiliador] es el Santo de Israel” [Isaías 41, 14].

El Cantar de los Cantares, que supone la visión bíblica de la Alianza como epifanía de amor, ya sea divino, ya sea humano, y que se mueve sobre la tradición profética que considera el matrimonio de Yahvé con su pueblo como análogo a la unión esponsal, celebra el amor entre hombre y mujer, como una centella o llamarada, desprendida del fuego del amor divino [“Centella de fuego, llamarada divina” Cantar de los Cantares 8, 6].

Serios trabajos arqueológicos e históricos, como los de W.F. Albright y R. De Vaux, nos permiten afirmar con plena verdad y fundamento, que son rasgos propios, distintivos de la religión bíblica:
1º) Considerar al Dios del Padre como un Dios-pariente, el primero y máximo Goel de todo el pueblo
2º) Ver una Epifanía de Dios en las relaciones de parentesco y en los términos de Alianza de parentesco. Podríamos decir: santificar la esfera familiar. Más aún, la esfera interpersonal.
3º) Considerar que el Dios-pariente o Go’el asegura con sus Promesas y con su Auxilio, tanto la descendencia como el alimento, primero del clan y más tarde del pueblo entero, convertido en nación. Esta fe patriarcal perdurará, como veremos a continuación, tanto en la Ley como en los Profetas y Salmos.
[Sobre el Dios pariente puede ver mi estudio “Go’el: El Dios Pariente en la Cultura Bíblica”, en mis páginas web: http://www.horaciobojorge.org/diosparienteindice.html o también en: http://ar.geocities.com/horaciobojorge/diosparienteindice.html]

SUMERGIDOS EN EL BUEN AMOR
2. LA SACRALIDAD
El matrimonio y la familia en el Nuevo Testamento

El motivo por el cual la familia en el Nuevo Testamento es sagrada, además de ser santa, es, en cierto modo, inversa.
En el Nuevo Testamento ya no se trata de que Dios sea un miembro del clan humano, sino que ahora son los hombres quienes pasan a ser admitidos como miembros de la familia divina por la fe y la gracia bautismal de divina regeneración.
En efecto. Jesucristo enseña que los hombres, al acceder a la condición de hijos de Dios, entran a formar parte del Nosotros divino. Un Nosotros divino que comienza ahora a abarcar en su ámbito de comunión de vida y pertenencia amorosa - y a partir de la Humanidad de Cristo y de María, y de todos los suyos -, a todos los que creen y viven como hijos de Dios.

Se amplía así el Nosotros y empieza a ser un Nosotros Divino-humano.

Desde Cristo y de la vocación de los primeros discípulos, los hombres ingresan en el parentesco divino al ingresar en la comunión trinitaria.
La consecuencia para la realidad matrimonial - que une dos hijos de Dios en amor esponsal - es que su amor, ya no es solamente una flecha encendida, o una centella desprendida del fuego celestial, o una llama del amor divino que incendió dos corazones humanos, sino que es algo aún más sagrado a lo que se llamará: sacramento.
Este tipo nuevo de matrimonio, entre dos hijos de Dios, funda un nuevo tipo ideal de familia: la familia católica.
He tratado más brevemente del carácter sagrado del sacramento católico del matrimonio, porque volveré a ocuparme más adelante de él.

viernes, 1 de noviembre de 2019

ORÍGENES DE LA DESACRALIZACIÓN
DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

Lutero y la desacralización
Algunos historiadores, antropólogos y psicólogos, han notado cómo Lutero, al negarle carácter sacramental al matrimonio, no solamente se separó de la visión católica, sino que abrió el camino al proceso de desacralización y secularización del matrimonio y la familia que culmina ante nuestros ojos en nuestros días.

“Es con Lutero, y más en general, con la Reforma – afirma Claudio Risé - que, dos siglos antes del desencadenamiento de la furia de las revoluciones burguesas contra lo sagrado, comienza la desacralización y secularización de la familia”.
“Las consecuencias jurídicas de la doctrina de Lutero acerca del matrimonio – continúa afirmando - se han visto solamente 250 años más tarde. Es también con Lutero, - quien motejaba a su mujer como ‘la doctora Catita” --, que comienza la transferencia de las responsabilidades educativas de los hijos, de manos del padre a las manos de la madre”.
En efecto, a partir de entonces reducirá el rol del padre a lo económico [alimentación y provisión de servicios] y comenzará el progresivo debilitamiento de la cultura paterna y de la patria potestad. [Véase Claudio Risé, Il Padre, l’assente inaccettabile, Ed. San Paolo, Milano 2003, págs. 50-51, que cita a J. Heckel, Lex Charitatis, München 1953].
Claro está que esa el rol de padre es algo que muchos varones desercionan sin que nadie se lo imponga desde fuera, a no ser la misma cultura dominante que no hace nada por fomentar la cultura del varón paterno y responsable. Pero ¿cuáles son las raíces de esa cultura signada manifiestamente por su fobia anticatólica?

“La Reforma protestante – afirma D. Lentzen - tuvo un rol determinante en promover el debilitamiento conjunto de la figura paterna tanto humana como divina, y en preparar la deriva secularista de la familia.

La Reforma introduce la separación entre el Reino de Cristo y la sociedad humana al relegar la institución matrimonial al ámbito de lo exclusivamente civil y terreno. Con Lutero, el matrimonio sale del ámbito jurídico del reino espiritual y es entregado al orden del mundo secular, sometido al ordenamiento jurídico civil”
[Puede verse: D. Lentzen, Alla ricerca del Padre. Dal Patriarcato agli alimenti. Laterza Bari 1991, pp. 205 ss. Citado por Claudio Risé, O.c. p. 52. D. Martin Luther, Werke. Kritische Gesamtausgabe, vol. XXXII, pp. 376ss. Weimar 1883. En el mismo sentido se pronuncia Mons. Paul Josef Cordes, al comentar la influencia de Lutero en El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid 2003, p. 171 y ss.].

Se puede afirmar que la doctrina de Lutero sobre el matrimonio abrió la puerta a la ulterior estatización de la patria potestad, que hasta entonces reposaba en la relación religiosa del padre terreno con el Celestial. Uno de los factores más fatales de la desacralización de la familia es el eclipse de la figura paterna, la desaparición del varón paterno, que es reflejo terreno de la figura del Padre celestial [Dieter Lenzen, citado por Claudio Risé].


Copio de un testimonio verídico estas expresiones que recuerda y reprocha una esposa a su esposo en una carta previa al divorcio: "Yo si no me hubiera casado, - decía él - viviría como un rey, con la mitad de lo que trabajo, me sobraría para hacer lo que quisiera, vivir viajando y darme todos los gustos y no tener que preocuparme por nada".
Al secularizarse la mente del varón, éste contrae matrimonio por motivaciones sexuales, no religiosas, y pasada la ilusión sexual del varón, el matrimonio no perdura.

Según Lutero todo lo relativo al matrimonio y la familia es del resorte de los juristas y es de orden mundano y, en consecuencia, el divorcio tampoco atañe a la Iglesia sino al estado.
Puesto que el matrimonio es un asunto mundano, exterior, como lo son la mujer, la casa, los hijos, la hacienda y todo lo demás, está sujeto a las autoridades seculares y sujeto exclusivamente a la razón [Claudio Risé y Dieter Lenzen, Obras citadas.].
El lógico resultado de esta visión secularizada de la institución matrimonial, cuyo carácter sacramental es negado, es que, en nuestros días, vemos librada a la familia a un derecho positivo independizado de la ley natural. Una visión jurídica tributaria de la ideología del individualismo radical, como observa el Dr. Carlos Cassini Correas [en la conferencia a que me he referido en otra entrega del blog]

El sacramento del matrimonio
Por el contrario, en la visión católica, la familia es sacramental, sacra, sagrada. ¿Por qué? Porque es Dios mismo Quien ama a la esposa en el ministerio sacramental del esposo, y es Dios mismo Quien ama al esposo en el amor ministerial de la esposa. En el matrimonio sacramento, el ser mismo de los esposos, en cuerpo y alma, es materia de este sacramento.
En la hermosa visión judía de la santidad matrimonial, de la que dí un ejemplo en este blog, los esposos están unidos por una común vinculación con Dios, por una tendencia a la santidad compartida por ambos. Esa unión religiosa es la que impide que la sexualidad avasalle al amor.

En la visión sacramental, cristiana, el cotidiano y perpetuo consentimiento amoroso es la forma; del sacramento. La materia del sacramento son ambos cónyuges, asumidos en su íntegra realidad personal, como signo eficaz de la acción divina.
El amor esponsal de los hijos de Dios está llamado ahora a algo más que a ser imagen y semejanza creatural; a ser algo más que Alianza análoga. Está llamado ahora a ser participación en la hoguera misma del amor divino. Es, como dice San Pablo, un misterio grande [to mystêrion touto méga estin, Efesios 5, 32], comunión en el amor de Cristo a la Iglesia, de Dios a la Humanidad.
En el matrimonio sacramental, se agrega al deseo religioso de ambos, la acción interna de la gracia divina en el vínculo de alianza que los une.