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viernes, 1 de noviembre de 2019

ORÍGENES DE LA DESACRALIZACIÓN
DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

Lutero y la desacralización
Algunos historiadores, antropólogos y psicólogos, han notado cómo Lutero, al negarle carácter sacramental al matrimonio, no solamente se separó de la visión católica, sino que abrió el camino al proceso de desacralización y secularización del matrimonio y la familia que culmina ante nuestros ojos en nuestros días.

“Es con Lutero, y más en general, con la Reforma – afirma Claudio Risé - que, dos siglos antes del desencadenamiento de la furia de las revoluciones burguesas contra lo sagrado, comienza la desacralización y secularización de la familia”.
“Las consecuencias jurídicas de la doctrina de Lutero acerca del matrimonio – continúa afirmando - se han visto solamente 250 años más tarde. Es también con Lutero, - quien motejaba a su mujer como ‘la doctora Catita” --, que comienza la transferencia de las responsabilidades educativas de los hijos, de manos del padre a las manos de la madre”.
En efecto, a partir de entonces reducirá el rol del padre a lo económico [alimentación y provisión de servicios] y comenzará el progresivo debilitamiento de la cultura paterna y de la patria potestad. [Véase Claudio Risé, Il Padre, l’assente inaccettabile, Ed. San Paolo, Milano 2003, págs. 50-51, que cita a J. Heckel, Lex Charitatis, München 1953].
Claro está que esa el rol de padre es algo que muchos varones desercionan sin que nadie se lo imponga desde fuera, a no ser la misma cultura dominante que no hace nada por fomentar la cultura del varón paterno y responsable. Pero ¿cuáles son las raíces de esa cultura signada manifiestamente por su fobia anticatólica?

“La Reforma protestante – afirma D. Lentzen - tuvo un rol determinante en promover el debilitamiento conjunto de la figura paterna tanto humana como divina, y en preparar la deriva secularista de la familia.

La Reforma introduce la separación entre el Reino de Cristo y la sociedad humana al relegar la institución matrimonial al ámbito de lo exclusivamente civil y terreno. Con Lutero, el matrimonio sale del ámbito jurídico del reino espiritual y es entregado al orden del mundo secular, sometido al ordenamiento jurídico civil”
[Puede verse: D. Lentzen, Alla ricerca del Padre. Dal Patriarcato agli alimenti. Laterza Bari 1991, pp. 205 ss. Citado por Claudio Risé, O.c. p. 52. D. Martin Luther, Werke. Kritische Gesamtausgabe, vol. XXXII, pp. 376ss. Weimar 1883. En el mismo sentido se pronuncia Mons. Paul Josef Cordes, al comentar la influencia de Lutero en El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid 2003, p. 171 y ss.].

Se puede afirmar que la doctrina de Lutero sobre el matrimonio abrió la puerta a la ulterior estatización de la patria potestad, que hasta entonces reposaba en la relación religiosa del padre terreno con el Celestial. Uno de los factores más fatales de la desacralización de la familia es el eclipse de la figura paterna, la desaparición del varón paterno, que es reflejo terreno de la figura del Padre celestial [Dieter Lenzen, citado por Claudio Risé].


Copio de un testimonio verídico estas expresiones que recuerda y reprocha una esposa a su esposo en una carta previa al divorcio: "Yo si no me hubiera casado, - decía él - viviría como un rey, con la mitad de lo que trabajo, me sobraría para hacer lo que quisiera, vivir viajando y darme todos los gustos y no tener que preocuparme por nada".
Al secularizarse la mente del varón, éste contrae matrimonio por motivaciones sexuales, no religiosas, y pasada la ilusión sexual del varón, el matrimonio no perdura.

Según Lutero todo lo relativo al matrimonio y la familia es del resorte de los juristas y es de orden mundano y, en consecuencia, el divorcio tampoco atañe a la Iglesia sino al estado.
Puesto que el matrimonio es un asunto mundano, exterior, como lo son la mujer, la casa, los hijos, la hacienda y todo lo demás, está sujeto a las autoridades seculares y sujeto exclusivamente a la razón [Claudio Risé y Dieter Lenzen, Obras citadas.].
El lógico resultado de esta visión secularizada de la institución matrimonial, cuyo carácter sacramental es negado, es que, en nuestros días, vemos librada a la familia a un derecho positivo independizado de la ley natural. Una visión jurídica tributaria de la ideología del individualismo radical, como observa el Dr. Carlos Cassini Correas [en la conferencia a que me he referido en otra entrega del blog]

El sacramento del matrimonio
Por el contrario, en la visión católica, la familia es sacramental, sacra, sagrada. ¿Por qué? Porque es Dios mismo Quien ama a la esposa en el ministerio sacramental del esposo, y es Dios mismo Quien ama al esposo en el amor ministerial de la esposa. En el matrimonio sacramento, el ser mismo de los esposos, en cuerpo y alma, es materia de este sacramento.
En la hermosa visión judía de la santidad matrimonial, de la que dí un ejemplo en este blog, los esposos están unidos por una común vinculación con Dios, por una tendencia a la santidad compartida por ambos. Esa unión religiosa es la que impide que la sexualidad avasalle al amor.

En la visión sacramental, cristiana, el cotidiano y perpetuo consentimiento amoroso es la forma; del sacramento. La materia del sacramento son ambos cónyuges, asumidos en su íntegra realidad personal, como signo eficaz de la acción divina.
El amor esponsal de los hijos de Dios está llamado ahora a algo más que a ser imagen y semejanza creatural; a ser algo más que Alianza análoga. Está llamado ahora a ser participación en la hoguera misma del amor divino. Es, como dice San Pablo, un misterio grande [to mystêrion touto méga estin, Efesios 5, 32], comunión en el amor de Cristo a la Iglesia, de Dios a la Humanidad.
En el matrimonio sacramental, se agrega al deseo religioso de ambos, la acción interna de la gracia divina en el vínculo de alianza que los une.

viernes, 25 de octubre de 2019

FAMILIA Y DESACRALIZACION [4]
REFLEXIONES; 3ª REFLEXIÓN

TERCERA REFLEXIÓN

Desenmascaramiento:
Las palabras desacralización, secularización, resultan engañosas. Sugieren que la familia, el matrimonio y la sociedad dejan de ser religiosas, cuando en realidad, pasan a ser vividas en otra clave religiosa. Cripto-religiosa, es verdad, pero religiosa.
Es la cripto-religión del Hombre que se pone, en los hechos, en el lugar de Dios. Este proceder se conoce en la tradición bíblica como idolatría, cuya forma actual va acompañada de ideo-latrías.

Debería hablarse propiamente de re-sacralización o trans-sacralización, en vez de des-sacralización. Y debería hablarse de panteización de la naturaleza, o de autodivinización del hombre. En términos bíblicos es una recaída en la idolatría.
Al rechazar el vínculo religioso de amor a Dios, se rechaza en realidad la dependencia que ese vínculo supone. Se rechaza al Dios Padre, junto con la condición filial - y por lo tanto obediente -, del Hijo.

Esta irreligiosidad cripto-religiosa es vivida por el hombre pseudo-irreligioso con fervores religiosos, apostólicos; con un fervor y un celo de su propia gloria, propio de quien se hace Dios y devoto de sí mismo a la vez. La historia atestigua también que la idolatría desencadena la guerra entre los ídolos: la teomaquia.

Nosotros comprendemos, merced a la revelación bíblica, que ese hombre auto-divinizado, será como el que describe Pablo en Romanos 1, 21 ss. y al que llama “el hombre de la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2, 3-12), que se coloca en lugar de Dios.

Ese hombre es celoso de su propia gloria y exige ser adorado exclusivamente, como sucedió en el Imperio romano, durante tiempo del culto al Emperador. Esto puso a los cristianos ante la disyuntiva heroica del martirio o la apostasía
.
El nuevo César, el nuevo estado divinizado, exige de los creyentes prescindir del Padre y del Hijo en la configuración concreta de su vida. Y es así como exige ser adorado y reconocido como absoluto y tiene a la fe cristiana como error o impostura. Es de temer que pronto se la tipifique, nuevamente, como delito.

Para comprender lo que sucede con la familia, el matrimonio en la cultura "desacralizada" este desenmascaramiento es un paso previo imprescindible.

viernes, 18 de octubre de 2019

FAMILIA Y DESACRALIZACION [3]
REFLEXIONES 2ª REFLEXIÓN

SEGUNDA REFLEXIÓN

Admiración:La desacralización, aparentemente, no debería afectar a la institución familiar en general, sino solamente a la familia católica porque solamente ella reposa sobre una realidad sagrada como es el sacramento del matrimonio. Podría tocar también a la familia, religiosamente fundada, de otras religiones pero no al matrimonio y a la familia laica y desacralizada.

Me explico más: El Matrimonio entre hijos de Dios es Sacramento, es decir un acto que no es puramente humano. Por ser sacramento es Dios mismo quien actúa a través de los esposos, real y verdaderamente. [Aunque la eficacia del sacramento está fuertemente condicionada al estado de gracia de cada cónyuge]
Esto sucede aún cuando, y aunque no siempre, los esposos lo adviertan o lo vivan consciente y reflexivamente.
El matrimonio es pues, por ser sacramento, un signo eficaz, mediante el cual Dios mismo obra la gracia matrimonial. El matrimonio es sacramento porque es una acctividad de Cristo. Dios hace, de los esposos, ministros recíprocos y exclusivos de la acción de Cristo en el uno para el otro.
Es Cristo mismo quien, a través del ministerio conyugal se hace, en el uno para el otro: Maestro, Médico, Pastor y Sacerdote.
De ahí que la desacralización cause, principalmente, la abolición del matrimonio como sacramento. Esta abolición del sacramento consistee en la desnaturalización del vínculo ministerial entre los esposos, que se ven y actúan como protagonistas del amor de cada uno, en vez de ministros del amor de Dios en el uno para el otro y en el otro para uno.
El matrimonio deja de ser vivido como una misión divina, y pasa a ser vivido como mero proyecto humano. Se desvincula la vida esponsal de la acción divina, que es su fuente, y cuya corriente de gracia pasa a través de ella.

Esto sucede ante los hijos y termina descalificando al matrimonio sacramental. El desuso origina el abuso y termina progresivamente con el uso.

Pero la desacralización produce también, sorprendentemente, la disolución de toda institución familiar y esponsal humana.
No solamente lo disuelve en otras religiones como el Islam o el Judaísmo, sino también en la sociedad y en la familia laicizada y secularizada.
¿Por qué? Porque se desvincula la esponsalidad del resto de la red de relaciones familiares.

Así, la sociedad secularizada y desacralizada, que nace de las familias otrora 1) religiosas,
2) santas y 3) sagradas, termina exterminando a las familias de las que nace, lo cual significa la autoabolición progresiva del tejido social

viernes, 11 de octubre de 2019

FAMILIA Y DESACRALIZACIÓN [1]
LA MUERTE DEL BUEN AMOR

LA DESACRALIZACIÓN DEL AMOR = LA MUERTE DEL BUEN AMOR

El fenómeno de desacralización lleva consigo la abolición de la familia, porque arranca al matrimonio de su raíz divina, sagrada.
Pareciera que en nuestros días, el Buen Amor no solamente estuviera siendo rodeado y sitiado por malos amores sino abocado a su extinción por desarraigo, o por desconexión con la fuente divina del Buen Amor.
La desacralización arranca al Buen Amor de sus raíces divinas. ¡Sí, el amor humano tiene sus raíces en el cielo! Nos lo dice no solamente la fe y la teología, nos lo dice la ciencia de las religiones y la antropología.

Se están cumpliendo once años, el 18 Octubre 2008, en Mendoza,  hablé sobre este drama de la Familia y desacralización. Tuve la Conferencia con ese título en un Simposio con el tema “Familia y Sociedad” que tuvo lugar en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo.

Voy a ir presentándoles nuevamente la visión -- que hoy considero profética, en el sentido simple de "intuitiva" -- que tuve preparando esa conferencia, sobre lo dramático de este proceso que padecemos y que desde entonces adquiere la violencia de un tsunami. Comienzo con esta primera entrega.
Benedicto XVI se ha ocupado del fenómeno y, como en tantos otros aspectos, va adelante y nos conduce.

Mi propósito es, de cara a la desacralización: a) seguir profundizando en la verdad del matrimonio y la familia; b) en vistas a que los creyentes puedan vivir más sabia y religiosamente el sacramento que los une; y c) en vistas al diálogo con los no creyentes dispuestos a dialogar.
Intuyo que las preocupaciones – y por qué no decirlo – las angustias que movieron a los organizadores de este simposio; y que son ciertamente también las mías, son fundamentalmente las tres siguientes:

1) Por un lado la angustia ante la globalización y la aceleración vertiginosa del proceso de ruptura entre las visiones de la cultura dominante postmoderna por un lado, y la visión católica por el otro. Ruptura caracterizada por una hostilidad cada vez más explícita y un antagonismo cada vez más tiránico, radical e intransigente, que procura doblegar toda resistencia a su avance.

2) Por otro lado la preocupación por la defensa y la preservación de la identidad y de la mística de la familia católica, sin la cual no puede subsistir, ya que sin el gozo del Señor no hay fortaleza. Vemos cómo el pueblo católico, sitiado por un medio inicuo, se entibia en sus virtudes teologales, es víctima de un estado de confusión, deambula vacilante y confundido, pierde autoconciencia e identidad, se cohíbe, se avergüenza, vive de espaldas a la grandeza de su vocación y misión, privado de los consuelos del fervor que brinda la fe firme, la caridad ardiente, la alegre esperanza.

3) Y por fin, quizás lo más angustiante, la apostasía. Primero anónima y que tarde o temprano se hace manifiesta. Una apostasía cuyos signos son: la dramática infiltración de los criterios de la cultura dominante en la inteligencia de los bautizados. La existencia de un partido del mundo dentro de la Iglesia, que conglomera a los bautizados rebeldes al magisterio; de comportamiento ambiguo e hipócrita, y que de buena o mala fe, traicionan a la fe y a los que creen. Partido que recluta a un número creciente de bautizados, sin exclusión de eclesiásticos, quienes con medios y desde instituciones culturales católicas que fueron fundadas para defensa y propagación de la fe, se ocupan en demolerla convencidos de que, haciéndolo, sirven a Dios.

[Nota: El Simposio sobre Familia y Sociedad fue Auspiciado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo, por “Más Vida Familiar”, por el Instituto Familia Argentina, la Fundación Cimientos, la Fundación Crescere, la Fundación Saber y El Pilar]

domingo, 15 de marzo de 2009

DESACRALIZACIÓN DE LA SEXUALIDAD Y ABOLICIÓN DEL AMOR HUMANO

Santidad familiar y corrupción de la sexualidad: Levítico 18
He tenido que extenderme necesariamente en exponer los estudios de Mircea Eliade y en otras consideraciones y citas que demuestran la sacralidad de la esfera de lo interpersonal en la revelación bíblica.
Si se ha retenido la sustancia de ellas, se podrá entender mejor un texto bíblico que volveré a aducir en este blog a continuación. Se trata del capítulo dieciocho del libro del Levítico que he presentado antes.
A la luz de lo que vengo exponiendo quizás emerja a una luz muy actual, desde lo que podrían parecer curiosidades arqueológicas, brindándonos un mensaje que necesitamos urgentemente para preservar la santidad y la sacralidad familiar, base y fundamento de todo entramado social, frente a la desacralización del amor humano que lo precipita en la profanación por vía de la anarquía sexual.
El sexo desvinculado, sustraído a la ley natural de los vínculos, ha sido siempre, desde los cultos de la prostitución sagrada, una desacralización de la unión esponsal y de la familia, por idolatría de la sexualidad.

sábado, 28 de febrero de 2009

LA DESACRALIZACIÓN
DEL AMOR ESPONSAL
A LA LUZ DE LA CIENCIA
DE LAS RELIGIONES

Confirmo lo dicho en la entrada anterior
considerándolo a la luz de la Ciencia de las Religiones
Tras una vida de estudiar las religiones, el hierólogo Mircea Eliade arribó a esta conclusión: “lo sagrado, - dice – es un elemento de la estructura de la conciencia [humana], no un estadio de la historia de la conciencia”[1].
Y aún más explícitamente, afirma que: "En los niveles más arcaicos de la cultura, todo el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser -o más bien hacerse hombre -significa ser religioso"[2].
Voy a hacer tres consideraciones a propósito de estas afirmaciones de Mircea Eliade:

miércoles, 25 de febrero de 2009

LA FAMILIA CATÓLICA EN EL CONTEXTO DE LA CRIPTORRELIGIÓN IRRELIGIOSA

Religión irreligiosa: la autodivinización del hombre
Luego de mostrar por qué y en qué sentido se llama religiosa, santa o sagrada a la familia creyente en el Antiguo y el Nuevo Testamento y de mostrar cómo, la acción desacralizadora produce la disolución de los vínculos religiosos, es decir divino-humanos, que unen a Dios y a los hombres en un solo Nosotros, llega el momento de insistir en la necesidad de despejar el equívoco que produce usar la palabra desacralización, de la que sin embargo resulta difícil prescindir debido a que se nos ha impuesto por un uso generalizado.
Y, sin embargo, son muchos los que han observado que las palabras desacralizada, secularista, laicista, sirven al encubrimiento de la verdadera naturaleza del fenómeno cultural y social al que se aplican.
En efecto, encubren el hecho de que el fenómeno que se presenta y actúa como irreligión, ¡es de naturaleza religiosa!
Las designaciones corrientes nos encubren que estamos ante un hecho religioso, ante una religión-irreligiosa o antirreligiosa. La irreligión es la religión del hombre que insurge contra Dios y usurpa la condición divina.
Una religión, por otra parte, tan vieja como la religión bíblica.

La divinización del Hombre



viernes, 20 de febrero de 2009

PROCESO DE DESACRALIZACIÓN DE LA FAMILIA CATÓLICA (2)

LA DESACRALIZACIÓN DE LA FAMILIA CATÓLICA
EN LA RELIGIÓN DEL PROGRESO E IDOLATRÍA DEL HOMBRE
La religión irreligiosa y tres consecuencias funestas

Hemos visto lo que implica la visión religiosa del matrimonio según la revelación divina en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Y porqué el matrimonio es santo en aquél y sacramento en éste.

Veamos ahora cuál es la visión del matrimonio en la religión secularizada y desacralizada, es decir, valga el retruécano, en la religión irreligiosa. En la idolatría del hombre, que merece el nombre de idio-latría (= adoración de sí mismo) e ideo-latría (= ideo-logía criptorreligiosa).

Lo que esta visión propone es la desvinculación de los lazos esponsales de todo lazo con Dios; y en consecuencia, de todos los demás lazos de parentesco derivados de la alianza matrimonial.
Según esta visión, no tiene sustento objetivo afirmar que haya relaciones objetivas “entre los hombres y Dios”, ni se reconoce la existencia objetiva de un Dios “vincular y vinculador”.
La consecuencia es que todo lo relativo al matrimonio y la familia se reduce a vínculos interhumanos; que, perdido su sustento divino, objetivo, sobrehumano; esos vínculos son amenazados, erosionados, deteriorados, y a veces enteramente devorados por el remolino subjetivo de las pasiones incontroladas: del amor propio.
Sucede así que los vínculos de amistad matrimonial o de parentesco, son transmutados en vínculos de dependencia o de dominación.

CONSECUENCIAS
Tres funestas consecuencias
1ª La guerra entre los "dioses": el imperio de las relaciones de dominación, entre los esposos, en la familia y la sociedad
2ª La pérdida de identidad del individuo por la corrupción de sus vínculos familiares y sociales
3ª Las conductas adictivas, sucedáneas de la gratificación del amor del que se carece.

domingo, 15 de febrero de 2009

PROCESO DE DESACRALIZACIÓN DE LA FAMILIA CATÓLICA (1)

LUTERO Y LA DESACRALIZACIÓN
DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA CATÓLICA

Y digo la familia católica, y no familia cristiana, porque Lutero no lo vio así, ni lo ve así su posteridad espiritual de cristianos no católicos que no conceden carácter sacramental al matrimonio [1].