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lunes, 28 de noviembre de 2016

ORANDO CON LOS NIÑOS



TESTIMONIO 1
MIS NIÑOS SE DUERMEN ESCUCHANDO COMPLETAS...


Querido Padre, le cuento que mis niños (8 - 6 - 3 años) se duermen escuchando completas. Un buen día mi alma necesitaba algo de Cielo, por lo que busqué en el tío Google:  "liturgia de las horas cantada". Así fue que encontré a Fray Nelson, de Colombia, que ha subido a internet   las Horas de toda la Liturgia, día por día. 


Sin querer imponerles mis prácticas de piedad, los niños comenzaron a sumarse de forma espontánea. Y descubrimos que les gusta dormirse escuchando las Completas, y cuando no se duermen, me piden que se las pase de nuevo. 

Nunca les hablé de la Liturgia de las Horas, seguramente algún día lo voy a hacer, ellos se sienten atraídos por la belleza de la música sacra, por el recitado de cánticos y salmos. Veo que les trae sosiego al alma, justo a la hora del sueño. Se duermen con el cielo en su corazón, pensando en Dios. Esto me llena el corazón de alegría. 

Realmente es una gracia que les gusta tanto, ahí confirmo que nuestros hijos,  son carne de nuestra carne y alma de nuestra alma. Y que por las gracias bautismales y por la misma vida de piedad de la familia, se sienten atraídos por la belleza, por  todo lo eterno, por las cosas de Dios. Hasta la chiquita de tres años, tira un sobre de dormir entre la cama de los hermanitos y se duerme ahí, como un angelito...

Aclaro que no lo hacemos todos los días, hay veces que ya llegan dormidos a la cama, pero sí varias veces a la semana. Lo hacen libremente, sin imposiciones. Igual que otras prácticas de piedad, como el Rosario, que no lo rezamos todos los días, el Buen Ángel, nos susurra cuándo.

Siento que todas estas gracias que vamos recibiendo los padres para hacer con nuestros niños, son como un depósito de gracia "a plazo fijo", que los fortalecerá en su juventud y vida de adultos, cuando el enemigo los ataque.
María


TESTIMONIO 2

Soy una madre de familia. Bueno ya se ve que no soy sacerdote. Yo solo rezo los laudes diariamente y los domingos lo hacemos en familia, preparando una pequeña mesa de altar con la cruz, los niños se encargan de adornar la mesa con las flores, y el padre (de la familia) cuando está, se encarga de encender el cirio. Me gusta este blog, creo que me va a venir muy bien para aumentar mi tiempo dedicado a la oración.



DICHOSA LA MUJER QUE HA CONSERVADO
Himno Oficio de Lectura

Dichosa la mujer que ha conservado,
en su regazo, con amor materno,
la palabra del Hijo que ha engendrado
en la vida de fe y de amor pleno.

Dichosas sois vosotras, que en la vida
hicisteis de la fe vuestra entereza,
vuestra gracia en la Gracia fue asumida,
maravilla de Dios y de belleza.

Dichosas sois vosotras, que supisteis
ser hijas del amor que Dios os daba,
y así, en la fe, madres de muchos fuisteis,
fecunda plenitud que nunca acaba.

No dejéis de ser madres, en la gloria,
de los hombres que luchan con anhelo,
ante Dios vuestro amor haga memoria
de los hijos que esperan ir al cielo. Amén.

viernes, 25 de noviembre de 2016

DIMAS ANTUÑA 1937 - EL CORO Y EL DECORO DEL PUEBLO EN LA MISA

Por el contrario, quitado el Coro, la Iglesia pierde el decoro. Roto el nexo entre el altar y el pueblo, se relaja el vínculo de la unidad, y, el pueblo (que insensiblemente ya no es pueblo sino público) pierde el sentido de la ceremonia.

Todos van a la Iglesia pero cada uno va a lo suyo. 

Cada uno tiene una intención privada, cada uno tiene una iniciativa, a cada uno se le ha ocurrido, una idea. Cuando toda esa multiplicidad hace su irrupción en la casa, ya no se trata de que  ésta sirva, toda ella, al fin espiritual que la especifica. 

No se trata ya de que sea como Bethania, casa de obediencia. Se trata simplemente de saber qué cantidad de cosas será posible meterle dentro para dar gusto a los ojos, y, hasta dónde, un edificio que después de todo es un espacio limitado, podrá seguir recibiendo los aportes de las iniciativas.

¡Ay del pueblo, si no está formado por el Coro! ¡Ay de la casa, si no recibe su ley de la oración! Asimilada al teatro, al club, a la sala de conciertos, ya no llevará el Nombre de Dios sobre los hijos, ya no será la nave maternal. De casa de oración ha parado en casa de distracción. O de competición, cuando empiezan los celos; o de audición, cuando se desata el órgano.

Dimas Antuña Córdoba 1937​
Tomado de: La Iglesia, casa de Dios






viernes, 18 de noviembre de 2016

CARMELITAS DESCALZAS EN ALEPO


Esta mañana, después del Ángelus, el Papa Francisco pronunciaba estas palabras:
"Por desgracia, siguen llegando informes de Siria de las víctimas civiles de la guerra, especialmente de Alepo. Es inaceptable que tantas personas indefensas -incluyendo muchos niños- tengan que pagar el precio del conflicto, el precio de la cerrazón del corazón y la falta de voluntad de paz de los poderosos. Estemos cerca con la oración y la solidaridad para con nuestros hermanos y hermanas sirios, y los encomendamos a la protección maternal de la Virgen María".
Hace un par de días, varios medios de comunicación vinculados a la Iglesia se hacían eco de una llamada de socorro de las carmelitas descalzas de Alepo ante la terrible situación que se vive en esta ciudad siria, en un momento en que los grupos rebeldes tratan de romper el cerco impuesto por el gobierno y hacerse así con el control de la misma. Aunque la noticia no ha aparecido en español, ofrecemos esta traducción:
Marta Petrosillo
Zenit, 5 agosto 2016
"La situación es complicada y estamos escuchando muchas historias contradictorias. La única verdad que sí sabemos es que la gente está sufriendo y muriendo ".
Son palabras de la hermana Anne-Françoise, una religiosa francesa de las Carmelitas Descalzas de Alepo, Siria. Ella habló por teléfono con la organización internacional católica de caridad "Ayuda a la Iglesia Necesitada" sobre la agonía de Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria, donde los combates entre las fuerzas gubernamentales y rebeldes sirios se han intensificado considerablemente en las últimas semanas.
El convento de estas monjas está en las afueras de Alepo, una zona gravemente afectada por los combates. La monja relató: "Cuando el ejército sirio intenta evitar que la oposición y otros grupos entren en la ciudad, los disparos y los bombardeos llegan muy cerca de nosotros. Gracias a Dios, no nos han llegado aún, pero se están escuchando constantemente proyectiles que pasan sobre nuestras cabezas. "
Las monjas carmelitas, cuatro de los cuales son sirias y dos francesas, han acogido a familias de refugiados en un edificio contiguo su convento, mientras que también apoyan a otras familias con los pocos recursos a su disposición. "En estos momentos, solo las personas más pobres permanecen todavía en Alepo. Muchos cristianos han abandonado la ciudad durante estos años de guerra. No tenemos agua, ni electricidad, y la lucha continúa sin cesar. ¿Quién podría volver en estas condiciones", preguntó la hermana.
No hace falta decir que las seis monjas tienen miedo también, pero están determinados a estar cerca de la gente. La hermana Anne-Françoise dijo: "¿Cómo podemos abandonar a estas personas que sufren? El testimonio de nuestra presencia es importante para ellos. La oración nos da fuerza y valor; esta es nuestra protección. Las soluciones diplomáticas no han funcionado. Simplemente, roguemos al Señor que termine esta guerra ".
Después de años de lucha, y de un éxodo cristiano incesante, la hermana Anne-Françoise teme que aún más familias abandonen Alepo, una ciudad que ha sido un símbolo del cristianismo en Siria. Desde 2011, cuando la guerra civil siria comenzó-una población de 160.000 cristianos en la ciudad ha quedado reducida a unos 40.000.
"El Medio Oriente, la tierra de Cristo, ahora corre el riesgo de perder sus cristianos. Eso es impensable, y la situación es verdaderamente terrible. E incluso para los que se van, la crisis no termina. Se encuentran desarraigados de su suelo propio y, a veces, incluso, perder sus raíces espirituales ", dijo la hermana.
La llamada de las hermanas a la comunidad internacional y a todos los cristianos del mundo es la siguiente: "Por favor, tengan compasión de estos miles de vidas, desgarradas por la guerra. Por favor, no se olviden de nosotros. Necesitamos sus oraciones y su ayuda práctica! "
Quiero que todo sea de Jesús, porque me hace comprender que El únicamente es capaz de labrar mi perfecta felicidad. Todo será para El...¡ Todo !.
Santa Teresita del Niño Jesús





viernes, 28 de octubre de 2016

FEMINISMO E IDEOLOGÍA DE GÉNERO

https://youtu.be/Ud0y_RkX6Bk

Tema tratado: Feminismo e ideología de género.
Película emitida: "La gran aventura de Silvia" (1935), de George Cukor.
Fecha de emisión: 5 de noviembre de 2010.
Contertulios:
Carmen Sánchez Maillo, Santiago Mata, Jesús Trillo Figueroa y Benigno Blanco.
©2016 YouTube, LLC 901 Cherry Ave, San Bruno, CA 94066

jueves, 27 de octubre de 2016

Fray Rabieta: confesando a su marido


Fray Rabieta tenía experiencia en el confesionario, pero la mujer que se acercó a confesarse lo tomó enteramente por sorpresa. Sería de unos cuarenta y pico de años, más o menos, y Fray Rabieta la conocía bien.
– Ave María purísima… ¿cuánto hace que no se confiesa?
– Mucho.
– ¿Mucho, eh? ¿Y por qué?
– No lo sé.
– ¡Hmmm! ¿Qué clase de respuesta es esa? Pero, bueno, dejemos eso, y vayamos al grano que hay muchos en la fila por confesarse todavía… ¿qué la trae por aquí?
– Se trata de mi marido…
– No, claro, eso ya lo sabía. El 90% de las mujeres que se confiesan, en realidad acuden a “confesar” a sus maridos… ¿con quién la engaña esta vez?
– No, no es eso Padre.
– ¿Cómo que no es eso? ¿Sale de putas, entonces?
– Bueno, qué sé yo, pero no, creo que nunca me engañó con otra…
– Ajá. Un tipo raro, su marido, le voy a decir, señora. Espero que no sea de esos que cambian de gusto y empiezan a salir con hombres…
– ¿Cómo puede decir una cosa así?
– Es mi experiencia de confesor, señora, se sorprendería con la cantidad de casos que hay hoy en día.
– Bueno, pero en el caso de mi marido, nada que ver. Es muy heterosexual.
– Enhorabuena. Ahora bien, ¿no será de esos vagos que no proveen para el hogar, que no trabajan nunca, que se echan a la miseria?
– No.
– ¿Uno de esos que se meten en líos de plata, estafas con deudores que aparecen amenazando, gente siniestra que dicen que le van a romper los dedos?
– No es el caso, no.
– ¿Drogas entonces? ¿Marihuana, cocaína?
– No, nada que ver.
– Entonces, ¿no será de los que andan deprimidos todo el día, que siempre están melancólicos y tristes, que siempre están pum para abajo?
– Tampoco es el caso.
– Bueno, pero entonces, insisto, ¿qué la trae por acá?
– Es que le da por la botella…
– ¡Aahhh! Ahora sí vamos por terreno más familiar. Y dígame una cosa, cuando bebe, ¿le pega a usted, a los chicos?
– No, eso nunca.
– Ajá. Pero empieza temprano y bebe todo el día… un alcohólico, digamos.
– No.
– Bueno, pero entonces será de de los que se ponen agresivos, dice cosas feas…
– No, no es el caso.
– Pero entonces es que dice cosas inconvenientes, soeces…
– No. En general hace reír con las pavadas que dice entonces. Pero a mí no me hace reír, me da mucha vergüenza…
– ¿Y qué es lo que le da vergüenza, señora, si se puede saber?
– Bueno, que beba así… de más. Que se emborrache en público.
– ¡Qué raro! Pensé que usted era descendiente de irlandeses…
– Bueno, pero igual, verlo en ese estado a mi marido… sobre todo si es en público… como le digo me da vergüenza…
– ¿Y si es otro que está borracho? ¿Eso le da vergüenza también? ¿Otro alcoholizado que hacer reír, o que se tambalea un poco al caminar, eso le molesta?
– No me gusta, pero no me incumbe. Y sí, a veces otros me hacen reír. No, la verdad es que no me molesta. Pero verlo así a mi marido… No sé, por ejemplo, la otra vez en una reunión en casa, se quedó dormido.
– Su padre se quedaba dormido siempre en las reuniones sociales y ni siquiera tenía la excusa de haber bebido de más…
– Era insomne.
– Sí, pero no por eso su madre iba a dejar de recibir en su casa y organizar cenas…. pero, dejemos eso. ¿Qué más la trae aquí para confesar a su marido (como lo hacen el 90% de las mujeres)?
– No, nada más.
– ¿Cómo, “nada más”?
– No.
– Pero, dígame una cosa, tiene que haber más, veamos un poco: ¿flirtea con otras mujeres, es desatento, no le importan los hijos, ni los nietos, le da por el escolazo, el póker, el casino, los burros, el golf, se la pasa todo el día fuera de casa, no le presta atención, no le importan las cosas que Ud. sí?
– No. No es así.
– Bueno, entonces, ¿no será que es uno de esos que lo único que le importa es la plata? ¿No es uno de esos amarretes que no le da nunca nada?
– No exactamente, no, no es así.
– Entonces, ¿es pródigo, despilfarra, tira la plata?
– Tampoco, no es el caso.
– ¡Aahh, ya sé! No le habla, no le dirige la palabra casi nunca, no le cuenta sus cosas…
– Más bien al revés. Es más, hace poco empecé a retarlo porque hablaba mucho, todo el tiempo… por demás.
– Entonces, señora, no lo entiendo. La mayoría de las mujeres que vienen a “confesar” acá a sus maridos se quejan de que estos no les hablan… Entonces, ¿no será que es sucio, que no se lava las patas, que no usa desodorante, que tiene mal aliento?
– No.
– Entonces, será que siempre está de mal humor, que vive rabiando por una cosa o por otra, será que siempre anda criticando a todo el mundo, empezando por usted, por las cosas más nimias…
– A veces le da por criticar, no digo que no, pero no tanto, no rabiosamente, no así.
– No lo entiendo, entonces. Será que se olvida de usted, que nunca le compra cosas lindas, que nunca le compra flores, que nunca la invita a cenar, o es simplemente, ¿qué diré yo?, desatento.
– No.
– Bueno, pero… ¿será que no cumple con el débito conyugal?
– Si hay algo que no le puedo reprochar es eso, no precisamente.
– Entonces, señora, usted ha tenido suerte, parece tener un buen marido, mejor que el de muchas, y no alcanzo a ver qué la trajo por aquí…
– Ya se lo dije, toma de más. Y a veces en público. Y eso me pone mal, muy mal… es más fuerte que yo… me da vergüenza.
– Bien, y cuando eso pasa ¿usted qué hace?
– No le hablo durante una semana. Le pongo mi peor cara.
– ¿Y eso? ¿Qué gana con eso?
– Bueno, no sé, me sale así. Me da tanta bronca que tome así y se emborrache en público que reacciono como puedo. Y, como digo, me sale así. Primero me da vergüenza y después me da bronca.
– Y después de una semana de este castigo, para usted y para él, ¿qué pasa?
– Me angustio, me pongo cada vez peor.
– ¿Y él?
– Él se empeña en tratarme mejor que nunca, me compra cosas lindas, se pone especialmente atento, pero yo ya sé lo que quiere con eso…
– ¿Y qué es lo que quiere, si se puede saber?
– Quiere reparar la falta cometida, que admite, sino que es más fuerte que él… y no sabe qué más hacer.
– ¿Y usted?
– Yo ya no sé qué hacer con todo esto… la verdad que no sé qué hacer…
– Bueno, señora, pero con esa cantidad de hijos y nietos, vida social, lo que se llama vida social, no ha de faltarle…
– Eso es verdad. Pero me refiero a salir a comer con mi marido, o a recibir gente. Siempre corro el riesgo de que vuelva a hacer un papelón y yo no quiero eso, no lo aguanto más.
– ¿Por qué?
– ¿Cómo, “por qué”?
– Sí, sí, dígame por qué no aguanta ver a su marido en esas condiciones.
– Ya se lo dije, porque me da vergüenza. No está bueno que el marido de una ande haciendo papelones en público así.
– Hay mucha gente que no lo ve así…
– Me importa un belín. Yo lo veo así, es mi marido y detesto cuando se pone así… ¿Qué quiere que haga? Es más fuerte que yo.
– Hmmm… aquí hay dos lidiando con cosas más fuertes que ellos: su marido con la botella y usted con una vergüenza que… bueno… siendo irlandesa y todo… es difícil de entender… pero qué sé yo…
– Es más fuerte que yo.
– Sí, ya lo dijo antes. Pero redondeando un poco… ¿qué la trae por aquí?
– No sé, como le dije, no sé qué hacer.
– Y yo diría, como para empezar por algún lado, que le restaría importancia a todo este asunto… hay tantos asuntos de tanta importancia…
– ¿Cómo que le restaría importancia? ¿No le he dicho yo lo que me sucede cada vez que ocurre un lance de estos?
– A lo mejor eso le pasa porque le da más importancia a todo esto que lo que en realidad tiene, a lo mejor no tiene la importancia que usted le asigna… a lo mejor es una falta menor en su marido, quizás debiese poner en la balanza todas sus demás virtudes, mirar las cosas con otra perspectiva…
– ¿Otra perspectiva?
– Sí, otra mirada: eso le daría más paciencia para con él.
– Pero ya le dije. Es más fuerte que yo. No puedo. Primero me da una vergüenza de los mil demonios y luego una bronca que no te digo nada.
– Bueno, pero debería reflexionar un poco señora y aquí le voy a hablar objetivamente: la falta de su marido es menor y usted no tiene derecho a recriminársela como si fuera una cosa gravísima, o grave… simplemente porque no le es. Y aquí una cautela: fíjese que el diablo suele agrandar enormemente las faltas de los demás (así como empequeñece las propias): es una de sus trampas preferidas.
– No lo había pensado así.
– ¿Él le recrimina cosas, él le reprocha algo constantemente?
– No.
– Pero no será porque usted es irreprochable…
– No. Sino que me tiene paciencia.
– Bueno, pero usted también le puede tener paciencia… y sino ¿qué cosa es el matrimonio sino aprender a tenerse paciencia recíprocamente?
– …
– A lo mejor él también se vio tentado de agrandar desmedidamente alguna de sus faltas y luego supo reducirla a su exacta dimensión y lograr así ni mencionarla siquiera, porque hay otras cosas que tienen tanta importancia que no vale la pena detenerse en eso…
– No sé que haya hecho una cosa así.
– Bueno, no sé, pero ¿por qué no lo habla con alguien de su confianza, una amiga de verdad? Se sorprenderá usted, sobre todo si tuvo la desgracia de perder a su marido… le dirán una y otra vez que tiene usted suerte con el suyo (a pesar de todo, no crea)… que usted no sabe qué cosa es perderlo, quedarse sola…
– No sé, en este momento me cuesta mucho creer una cosa así…
– Porque está enfadada y eso no es bueno. Pero hay algo más… y esto es más difícil.
– ¿Qué otra cosa?
– Señora, tiene que pensar que Cristo concibió al matrimonio cristiano jerárquicamente: el marido es cabeza de la mujer…
– ¿Y entonces, eso qué tiene que ver con nada?
– Bueno, que aquí rige el mandato de San Pablo, ¿no?: “Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres han de estar sujetas a sus maridos en todo”.
– ¡Ah sí! ¿y tolerar cualquier cosa, y bancar lo que sea?
– Señora, no se enoje conmigo (y trate de no enojarse con Dios, que es palabra de Dios). El marido también tiene sus obligaciones, pero nunca ha de estar “sujeto” a la esposa… ¿me entiende?
– No estoy segura.
– Y bien, fíjese: no vaya a ser que con la excusa de corregir una falta de su marido quiera Ud. encaramarse en una posición de mando… en una posición subversiva… mire que el diablo es muy bueno en este juego. Y mire que San Pablo pide que las esposas “reverencien” a su marido. La palabra es de Dios, no mía. “Reverencien”… ¿se imagina usted?
– Yo a mi marido borracho no lo puede reverenciar ni nada. Eso no me lo puede pedir ni Dios.
– Pero a lo mejor su marido no es exactamente un “marido borracho” como dice usted. Quizás sea mucho menos que eso, muchísimo menos que eso. Y quizás, mucho más.
– Cuesta creerlo, me cuesta creerlo….
– Bueno, como usted quiera: pero yo tenía que expresar la cautela. Igualmente, por ahora no podemos seguir con esto. Ya le dije: hay varios en la fila para confesarse. Ahora, ya que usted lo “confesó” a su marido, dígale de parte mía que venga aquí a “confesarla” a usted, y así quedan empatados, ¿eh? ¡ja, ja! Mientras tanto, piense en lo que le digo, y repítase lo más que pueda, “no es para tanto”, “no es para ponerse así”. Háblelo con alguien de su confianza y le va a decir exactamente lo mismo. Y dígale a su marido, de vez en cuando, que trate de moderarse en la bebida, sobre todo cuando están en público. Pero en cualquier caso tenga, señora, un poco de paciencia, con él, con usted, y con todos. Ahora vaya en paz. Y la próxima vez, tráigame pecados suyos, ¿eh?, je, je. ¡Vaya, vaya en paz!


https://frayrabieta.wordpress.com/2016/10/26/confesando-a-su-marido/

viernes, 21 de octubre de 2016

Inusual homenaje a un amigo





Ayer murió mi amigo el impenitente. Una estupidez lo suyo, sin remedio. Nada le obligaba a la impenitencia porque por edad y enfermedad los apetitos sexuales que le unían a su pareja estaban apagados. En su días comunes, para él estaba preparada la vida de virtud.

Buen tipo si los hubo. Generoso, afable, un gordo buen amigo, alegre, simpático. Se había puesto gruñón. Contra la vida.

La diabetes le fue poniendo cerco a su libertad, el corazón con marcapasos le fue advirtiendo que El Señor venía, no como un ladrón, sino en pleno día y con aviso. Prefirió morir impenitente. O se dejó morir impenitente, porque no era el ateísmo su profesión de Fe.

Rodeado de amigos con Fe, de familia con Fe, de Sacerdotes de buena Fe, se negó al camino formal. Prefirió encarar el paso sin Sacramentos, sin la Gracia. Como si su sola alma pudiera pedir perdón a Dios por secretos del todo confesables en una vida como la de él.
Y hasta tuvo un hijo santo con el que deseaba reunirse. Una atrofia muscular se llevó su juventud a la tumba, y su alma al Cielo. Un hijo que eligió ofrecer su dolor, mudarse cerca de un monasterio, rezar y ser alegre, y anunciar, el día de su cumpleaños 23, que ese día marchaba con Dios, ya parapléjico. Con la alegría de saber que al día siguiente la libertad total era su destino.
Mi amigo entendió a su hijo, lo añoró y deseó su compañía futura. Pero no dio el paso para salir de la impenitencia. Escapularios y ocasionales Misas, palabras de amigos y oraciones de todos le parecían la sensible caricia de la amistad, pero no el llamado a la mejor eternidad.
Mi amigo murió impenitente, vaya a saber porqué. Un infarto lo dejó tirado en su baño, solo. Puesto en su cama le acomodaron en sus manos el Rosario que guardaba en un cajón "para que no se pierda". Un gesto que debió haber sido significado en vida.
Me impresionó que su pública impenitencia le costará la distancia que la Iglesia puso en sus honras públicas, las que se dan a quienes entregan su alma a Dios, o la que se da a aquellos de quienes se duda. Pero mi amigo, que era bueno, murió impenitente. Pudiendo, no puso a Dios en su alma, aún queriéndolo con su corazón. Y así, como los impenitentes: de forma pública y manifiesta, con tenacidad, con terquedad. Y porque sí.
Entre el puente y el agua el suicida aún cuenta con la misericordia de Dios. Y yo cuento con que de algún modo, contra catecismos y doctrinas, Dios haya encontrado el modo de salvarle también a él, a quién tantas veces le dijo "mirá que estoy viniendo, vestite de Gracia".
Entre mi amigo y yo hay una espina: el murió impenitente, y yo abandoné mi amparo sobre su alma. Cansado de gruñidos y tardanzas, y de que no respondiera a mis explícitos pedidos de penitencia lo dejé solo, a su suerte. Y se murió. Y lo que pude hacer en vida ya no puedo hacerlo.
Porque tal vez, además de mi rezar, pude haberle acariciado las emociones un poco más, pude haber conservado la paciencia y dejado a Dios los tiempos que yo no dirijo. Pude haber sido más misericordioso con su naturaleza. Y hacer mi parte del trabajo.
La verdad es que su dureza sirvió de excusa a mi dureza. Pero yo todavía no pago, y él ya rindió su examen. Atrás iré yo, cuando llegue, y deberé explicar porqué mi corazón no se dobló de pena antes de la muerte por la suerte de su alma. Porqué contra guerras y debilidades no le dediqué un poco más a eso de que salve su alma, de que no llegue solo al puerto final.
Mi amigo el impenitente no murió solo. En parte murió con sus malas compañías, que fuimos unos cuantos como yo, que lo dejamos solo. Miserias nuestras también. Pero yo sé más que lo que él sabía. Yo se lo que se jugaba su alma. Si para él en parte la salvación era una fábula, "una cosa que siempre se la juega otro, yo soy bueno", yo sabía la verdad. Es tóxica esta sociedad que conoce el bien y se duerme sin hacerlo. Es tóxico saber que hay mejor vida y no proponérsela no ya a todos, sino a los amigos al menos.
Los que tantas veces pensamos en la Caridad. Los que creemos que la mejor caridad –cuando nuestro hacer parece inútil- está hecha de oraciones y deseos, y que "al menos eso hacemos, rezo por él". Los que olvidamos que no hay caridad con descanso en la obra, sin la palabra que acompaña, sin el gesto que sostiene, sin el ladrillo que fortalece el cimiento. Los que olvidamos que frente a la muerte del impenitente ya no hay excusa para el frío de nuestro corazón, para no haber encendido antes las hogueras, antes de que muera.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

José María Pemán

+ 19 de julio 1981 - 2016


El poeta quiere transmitir lo que siente,
pero sólo confiesa lo que es.

Nicolás Gómez Dávila

**********


Al volver cualquier esquina,
puede ser, puede no ser.
Puede ser hoy o mañana
como pudo ser ayer.

De amor, de flor y de beso
conviene hacer las partijas,
para aligerar el peso.

Para no dar que decir,
conviene llegar con poco:
a lo sencillo,
a lo humilde,
a lo loco.

A la esposa, mi beso;
a los hijos, mi hacienda.
Pero, ¿a quién le dejo
la Belleza?

¿A quién le dejó el papel
donde quedó mal herido
y a medias, el verso aquel?

¿A quién le dejo esta fe
de que hay a mi lado un Ángel
que sabe lo que no sé?

¿A quién le dejo la luz
frágil del atardecer;
cuando el solecito pinta
mis dudas de rosicler?

¿A quién le dejo el rocío?
No el que se queda temblando
en la retama del río;
sino el que moja los hombros
como el llanto de un amigo.

Mis manos,
artesanas de mis versos,
caricias de lo que ha sido;
garras de malos momentos…

Mis manos,
¡a quién las quiera, las dejo!;
que, con todas sus quimeras,
son, fingiéndose palomas,
manos de un hombre cualquiera.


¿A quién le dejo mi pluma?
¿A quién le dejo mi voz?
¿A quién le dejo el orgullo?
¿A quién le dejo el temor?


¿Quién me hereda este contento
de hacer que sea canción
lo que iba a ser pensamiento?

La razón puedo dejarla,
y el pensamiento, y la idea,
pero – de ti para mí –
esa palabra que crea
y funda para uno solo
su personal primavera;
-         esto, de ti para mí –
¿a quién le dejo este gozo
de ver las cosas así?

Los cien nombres que di al viento,
los mil que di a la esperanza,
¿a quién se los dejó?

Y el nombre definitivo
que le puse a boca llena
a cada mañana joven
y a cada tarde serena.

Entre lo que dejo atrás
y lo que espero delante,
hay que cazar mariposas
y coleccionar instantes.
Tengo un minuto guardado
¿a quién dejo los sobrantes?

Ese minuto tan mío:
esa estrella del poeta
tan quieta
como el lucero que brilla,
no cuenten con él: que intento
pasarlo de orilla a orilla.

¿A quién le dejo la cruz
donde está para mí solo
muriendo otra vez Jesús?


Poetas de Andalucía,
acabad lo que empecé.
Todo lo que dije mal,
decidlo vosotros bien.


Hay en el monte un camino,
y en el camino un clavel.

Entrad por ese camino.
Parad en él.
Seguid luego. Sin cogerlo.
No lo piséis.

Como el camino es de Amor,
del clavel en adelante
se empieza a entender a Dios.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Los hijos y la obediencia



La obediencia construye y la voluntad propia destruye. Un hijo tiene que aprender a obedecer a sus padres y a Dios. Recordará las palabras de sus padres toda su vida y siempre respetará a los ancianos, y no sólo a estos, sino también a las personas que son más jóvenes. Será educado y cuidadoso con todo el mundo. Desafortunadamente, hay muy pocas familias que eduquen a sus hijos de esta forma.


Los espíritus del mal proveen una distracción en las mentes de nuestros hijos y tratan de molestarlos. Los hijos tienen que aprender la obediencia, especialmente antes de los cinco años, porque a esa edad es cuando se forman sus caracteres. Así pues, los indicios de la forma en que se hayan moldeado sus caracteres, permanecerá con ellos el resto de sus vidas. Los padres deben educar a sus hijos en total obediencia en este momento de sus vidas. Cuando uno de los padres diga algo, la respuesta debe ser: “Lo que tú digas”. Desafortunadamente, hoy en día, los padres no saben esto y enseñan a sus hijos exactamente lo opuesto. Y entonces los educan…

Si los padres dicen: “Quédate aquí”, entonces el niño debe permanecer allí donde se le ha dicho. Pero el niño es un niño; no puede estar quieto en ningún lugar. Lo que normalmente sucede es que los padres abofetean al niño por su desobediencia. Esta es una forma incorrecta de enseñar a un niño a obedecer. Puede que, algunas veces, tal reacción sea necesaria, pero no debería hacerse así sino con amor y el niño debería sentir este amor. Los padres nunca deberían expresar su ira abofeteando a sus hijos. Porque si se empieza a castigar a alguien cuando se está enojado, no se llegará a ninguna parte. Dañarás a la persona que tienes frente a ti y también a ti mismo. Si deseas conducir a alguien por el buen camino, debes enseñarle y aconsejarle. En primer lugar debes humillarte y hablar con ellos con mucho amor. Ellos aceptarán tu consejo si se da con amor. Pero si quieres que tu propia voluntad se imponga a toda costa, no conseguirás nada en absoluto. Esto es lo que hace que los niños reaccionen mal. Cuando un niño es desobediente, la respuesta no es abofetearlo.

Los padres reprenden a sus hijos por las cosas más insignificantes. Es como si no supieran cómo hablarles calmada y cuidadosamente. Cuando un padre tiene que establecer límites para un hijo, debe sentir que, tras la rigurosidad, hay amor. Es un gran error castigar a los hijos en el momento en que están haciendo algo malo, porque esto no les hará ningún bien. Debéis esperar a que se calmen y entonces, con mucho amor, decirle al niño que lo que ha hecho está mal y que tiene que aceptar alguna forma de castigo. Si otra vez sucede lo mismo, entonces se le da al niño un castigo más severo y, de esta forma, aprende.

La santa voluntad de Dios obra en nosotros por nuestros padres, o mediante nuestros maestros o nuestros jefes. Si necesitamos corregir el comportamiento de un niño, tenemos que hacerlo con gran amor y cuidado. Si lo único que tenemos en mente es cambiar la vida de un niño, ya le hemos dado una bofetada con nuestro pensamiento. He notado esto durante mi tiempo de higumeno: a menudo he visto a alguno de los hermanos no actuando correctamente, pero en el momento en que iba a decirle algo, sentí que ya le había abofeteado.

Nuestros pensamientos pueden ser muy instructivos y tener un gran poder. Esto es particularmente cierto en el caso de los pensamientos de los padres. Un padre tiene que soportar mucho y perdonarlo todo. Podemos perdonar a otros sólo si tenemos pensamientos buenos y bondadosos. Si nuestros pensamientos se dirigen a corregir los errores de los demás, es como si los estuviéramos abofeteando. Independientemente de cuán cerca esté alguien de nosotros, estos se alejarán, porque les habremos abofeteado con nuestros pensamientos. ¡Y somos de la opinión de que los pensamientos no son nada!.

Castigamos a nuestros hijos pero, de hecho, no tenemos derecho a hacer eso, porque hemos fallado en enseñarles la forma correcta. Una doctora me dijo hace tiempo en una carta: “Tengo un hijo con mi marido, que también es doctor. Nuestro hijo se ha estrellado con tres coches, pero gracias a Dios aún está vivo. Ahora quiere que le compremos otro coche, pero no podemos permitírnoslo. Cuando volvemos a casa del trabajo, intenta pedirnos dinero, incluso a la fuerza. ¿Qué podemos hacer para resolver este problema?”. Le dije que los únicos culpables eran ellos. Tenían un hijo y le habían permitido hacer todo lo que quería, incluso cuando era pequeño. Cuando era niño, sus peticiones eran proporcionalmente menores, pero ahora que es mayor, sus peticiones se han vuelto mayores. Lo único que podían hacer ahora sería darle a su hijo mucho amor y cuidado para que pudiera entrar en razón y darse cuenta de que lo único por lo que se preocupaban sus padres era por su propio bien. No hay otra forma excepto el camino del amor. ¿Veis por este ejemplo cómo podemos mejorar nuestras propias vidas y las de nuestro prójimo con nuestros pensamientos? Esperamos que vuestro esfuerzo en esta dirección dé fruto.


Extracto de “Our thoughts determine our lives” por el starets Tadej

Traducido por psaltir Nektario B.

Fuente: https://cristoesortodoxo.com/2015/01/08/los-hijos-y-la-obediencia-por-el-staretz-tadej-de-vitovnica/ 

domingo, 31 de julio de 2016

Fwd: Consulta

 Consulta

Padre, le hago una consulta y de paso le envío ​un texto del Padre Royo Marín sobre este tema,​ que tal vez le interes​e​
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 Ya van varias veces que  se me acerca gente a ​consultarme ​por problemas matrimoniales (como soy abogado, vienen por temas judiciales). 
A veces me dejan porque ​tomo casos de divorcio, sino que siempre trato de arreglar los matrimonios. 
Pero el caso es que me encuentro con varios casos de varones buenos (aunque un poco flojos, o bien fuertes que tal vez no saben darle razones  a la esposa, y no quieren llegar a pegarle), que se ven expulsados de la casa por la mujer. 
Le cuento un caso reciente para que entienda lo que digo: la mujer empezó a trabajar (estaban medio ajustados de dinero y son gente muy humilde). 
Pero en cuanto ella logró cierta independencia económica, en vez de ayudar en la economía familiar, empezó a comprarse ropa, perfumes, etc, etc, etc. No atiende a los hijos (de 9 y 14 años). No cuida la casa, no lava los platos, cocina, etc (cosa que termina haciendo él). 
Él me dice que no le parece mal que ella se arregle, pero no sólo no ayuda en nada, sino que encima le exige que se encargue de todos los gastos él, porque él es el varón y por lo tanto le corresponde asumir los gastos. 
Si bien creo que en ese punto en particular ella tiene razón, también es cierto que ella no cumple con sus deberes. 
Al final, ella le dijo que no lo quería más, y que se fuera de la casa. Y él, (para mí se equivocó mucho), se fue a la casa de sus padres. (Incluso creo que se equivocó en asumir tareas que a ella le correspondían, como lavar o cocinar, porque no lo hacía como colaboración excepcional, sino que lo hacía regularmente).

No quiero demorarlo con el caso (le recomendé que volviera a su casa y se quedara en ella con firmeza aunque sin violencia, le hablé de la influencia del demonio en ella y le dije que rezara, le ofrecí que ella hablara con mi mujer).

Lo que quiero consultarle es: ¿​qué debe hacer un varón en estos casos? La cantidad de varones que se encuentran indefensos (legalmente hablando) para restaurar la familia es cada vez mayor. 
Y no sé muy ​bien ​qué recomendarle (más que lo que dije en el párrafo anterior). 
Porque lo peor, es que muchas mienten denunciando violencia para lograr el apartamiento de la casa del marido. El feminismo invirtió los roles de autoridad (no existe la mentada igualdad, o manda uno o manda el otro), y dejó a la familia sujeta a los vaivenes de las emociones femeninas. 

Cada vez entiendo más ​las razones que aconsejan ​la sumisión de la que hablaba San Pablo. Incluso, aunque no se diga, me parece gravísimo tratar de subvertir el orden impuesto por Dios. Y pensando en ello, busqué en ​Antonio ​Royo Marín, a ver qu​é​
decía (y esto es lo que le envío por si le sirve, aunque supongo que ya lo conocerá):
 "835. Deberes especiales de la esposa. Debe, ante todo, obedecer y reverenciar a su marido, según el mandato del Apóstol (Col 3,18), como jefe y cabeza de la familia. Ha de llevar el cuidado de la casa en la forma que corresponde a la mujer y administrar los gastos diarios con prudencia y sabiduría, sin excederse en lujos superfluos ni quedarse por debajo de lo que corresponde a su estado y condición social. Ha de procurar contentar en todo a su marido (aunque sin atentar jamás a la ley de Dios) para que se encuentre a gusto en su hogar y no vaya a buscar en otra parte lo que le falta en su propia casa.
Accidentalmente estaría obligada la esposa a alimentar a su marido con sus bienes propios si por enfermedad u otro motivo razonable fuera incapaz de procurarse el sustento por sí mismo. Pero no debe la esposa tomar el mando y gobierno de la casa, a no ser en casos muy excepcionales, v.gr., para evitar la ruina de la familia por los vicios y despilfarros del marido.
Aplicaciones. Peca gravemente la mujer si con riñas o insultos excita a su marido a la ira o la blasfemia; si quiere gobernar la casa con desprecio de su marido; si le desobedece gravemente, a no ser que el marido se exceda en sus atribuciones o le pida alguna cosa inmoral; si es negligente en la administración y cuidado de la casa, de suerte que se sigan graves perturbaciones a la familia; si se entrega a diversiones y pasatiempos mundanos con grave descuido de sus obligaciones de esposa y madre; si exaspera a su marido con su afán de lujo o con sus gastos excesivos; si es frívola y mundana y le gusta llamar la atención a personas ajenas a la familia, con desdoro de su marido, etc."
(Teología Moral para Seglares Tomo I, P Royo Marín).
Cuando leímos esto con mi mujer, nos sorprendimos del desconocimiento que hay sobre la gravedad de este pecado. Si eso es pecado mortal, cuantas faltas menores serán veniales? Y cuántas se confiesan sobre esas cuestiones?
No hay muchos sacerdotes que adviertan sobre esto a las mujeres. Puede ser que no quieran formalizar el pecado de suyo material, pero, no debería insistirse más en estas cosas? Si el pecado es grave es porque causa un daño grave. En este caso, es evidente para cualquiera que quiera ver. Y sin embargo, ni se trata el tema.
No sé si no me equivoco, pero cada día me doy cuenta más y más de la gravedad familiar/social que acarrea la falta de santa sumisión de las mujeres. El diablo ha hecho un excelente trabajo.
No sé si le sirve el texto del P Royo Marín, pero se lo envío.
 No sé tampoco, si tiene algo más que recomendar sobre las situaciones que le mencioné.
 Le mando un abrazo en Cristo
 Gracias por todo Padre.

 Juan  

Respondo:
De acuerdo con el consejo que le diste a ese varón cuyo caso me presentas como ejemplo. ​
El  varón sólo puede ser echado de casa por la esposa en algunos casos, como por ejemplo:
1) que descubra que él vive en estado de adulterio y no quiere o no puede corregirse
2) que bebe y bebido la maltrata

No son motivo para echarlo 
1) la enfermedad
2) la pérdida del empleo

No puede echarlo, si él es el dueño de la casa desde antes del matrimonio.