EL BLOG DEL BUEN AMOR
Un blog destinado a presentar y comentar la Revelación divina acerca del amor humano: primero según el designio del Creador, luego caído y herido por el pecado original, después santificado en el pueblo elegido y por fin elevado a Misterio Grande en el sacramento del matrimonio.
sábado, 2 de junio de 2012
viernes, 1 de junio de 2012
¿ES LICITA LA ADIVINACION POR MEDIO DE LOS ASTROS?
Los asuntos de amor inclinan a muchos a la adivinación.
Desde deshojar una margarita hasta consultar adivinos, magos, oráculos, tarot, horóscopos...
Me ha parecido oportuno informar sobre este tema porque no todos tienen claro que la adivinación es un pecado de curiosidad y de superstición, aunque se presente con pretensiones de ser científico como las Cartas Astrales. O el oráculo chino I Ching, divulgado por Carl Jung.
¡Siempre! dan pie a la intervención del demonio aunque no se lo quiera consultar conscientemente. Y son abominación a los ojos de Dios (Deuteronomio 18, 9-14)
Ofrezco este texto muy iluminador de Santo Tomás. Advierte que en toda adivinación interviene el demonio, aunque sea de contrabando.
RESPONDE SANTO TOMÁS DE AQUINO
Suma Theologica, IIa IIae, Cuestión 95, Art. 5
Objeciones por las que parece que no es ilícita la adivinación por los astros.
1. Es lícito predecir los efectos mediante el estudio de sus causas, como pronostican los médicos, por el curso de la enfermedad, que el enfermo va a morir. Pero los cuerpos celestes son causa de lo que pasa en este mundo, como dice Dionisio en IV De Div. Nom. . Luego la adivinación por los astros no es ilícita.
2. la ciencia humana, como consta por las palabras del Filósofo en el comienzo de la Metaphys. , nace de la experiencia. Pero a base de muchos experimentos llegaron a descubrir algunos que ciertos sucesos futuros pueden pronosticarse por la observación de los astros. Luego no parece ilícito el empleo de tal adivinación.
3. se dice que la adivinación es ilícita en el grado y medida en que se funda en pactos con los demonios. Pero esto no ocurre en la adivinación por los astros, en que se considera únicamente la posición en el espacio de estas criaturas de Dios. Luego parece que esta clase de adivinación nada tiene de ilícito.
Contra esto:
está lo que dice San Agustín en el libro IV Confess. : No desistía yo por aquel tiempo de consultar a aquellos observadores de los astros que llamamos matemáticos, porque, según mi entender, ni ofrecían sacrificios ni dirigían súplicas de ninguna clase a los espíritus; prácticas estas que la piedad cristiana y verdadera rechaza y condena.
Respondo:
Que, como queda indicado (a.1 ad 2; a.2), la adivinación que procede de opiniones falsas y vanas da lugar a la intervención del demonio, que intenta apresar al espíritu del hombre en las redes de la vanidad o del error; y que se basa en opiniones vanas o falsas quien por la observación de los astros quiere conocer con anterioridad aquellos sucesos futuros que, por tal procedimiento, no es posible conocer.
Desde deshojar una margarita hasta consultar adivinos, magos, oráculos, tarot, horóscopos...
Me ha parecido oportuno informar sobre este tema porque no todos tienen claro que la adivinación es un pecado de curiosidad y de superstición, aunque se presente con pretensiones de ser científico como las Cartas Astrales. O el oráculo chino I Ching, divulgado por Carl Jung.
¡Siempre! dan pie a la intervención del demonio aunque no se lo quiera consultar conscientemente. Y son abominación a los ojos de Dios (Deuteronomio 18, 9-14)
Ofrezco este texto muy iluminador de Santo Tomás. Advierte que en toda adivinación interviene el demonio, aunque sea de contrabando.
RESPONDE SANTO TOMÁS DE AQUINO
Suma Theologica, IIa IIae, Cuestión 95, Art. 5
Objeciones por las que parece que no es ilícita la adivinación por los astros.
1. Es lícito predecir los efectos mediante el estudio de sus causas, como pronostican los médicos, por el curso de la enfermedad, que el enfermo va a morir. Pero los cuerpos celestes son causa de lo que pasa en este mundo, como dice Dionisio en IV De Div. Nom. . Luego la adivinación por los astros no es ilícita.
2. la ciencia humana, como consta por las palabras del Filósofo en el comienzo de la Metaphys. , nace de la experiencia. Pero a base de muchos experimentos llegaron a descubrir algunos que ciertos sucesos futuros pueden pronosticarse por la observación de los astros. Luego no parece ilícito el empleo de tal adivinación.
3. se dice que la adivinación es ilícita en el grado y medida en que se funda en pactos con los demonios. Pero esto no ocurre en la adivinación por los astros, en que se considera únicamente la posición en el espacio de estas criaturas de Dios. Luego parece que esta clase de adivinación nada tiene de ilícito.
Contra esto:
está lo que dice San Agustín en el libro IV Confess. : No desistía yo por aquel tiempo de consultar a aquellos observadores de los astros que llamamos matemáticos, porque, según mi entender, ni ofrecían sacrificios ni dirigían súplicas de ninguna clase a los espíritus; prácticas estas que la piedad cristiana y verdadera rechaza y condena.
Respondo:
Que, como queda indicado (a.1 ad 2; a.2), la adivinación que procede de opiniones falsas y vanas da lugar a la intervención del demonio, que intenta apresar al espíritu del hombre en las redes de la vanidad o del error; y que se basa en opiniones vanas o falsas quien por la observación de los astros quiere conocer con anterioridad aquellos sucesos futuros que, por tal procedimiento, no es posible conocer.
Hemos de averiguar, pues, qué es lo que acerca de los sucesos futuros puede llegar a saberse con anterioridad por la observación de los astros. Es evidente que entre éstos pueden conocerse con antelación, por la observación de los astros, los que acaecen necesariamente, como de hecho predicen los astrónomos los eclipses que va a haber.
También es verdad que, en cuanto al conocimiento de los sucesos futuros por la observación de las estrellas, ha habido diversos pareceres. Unos dijeron que las estrellas, más bien que causa, son signo de los sucesos que se predicen mediante su observación. Pero tal opinión no es razonable, porque todo signo corporal o es efecto de lo que significa, como el humo es signo del fuego que lo produce, o procede de la misma causa, y así, lógicamente, al ser signo de la causa, lo es de los efectos que de ella se siguen.
Así, por ejemplo, el arco iris es signo a veces de tiempo sereno, por ser una misma la causa de este fenómeno atmosférico y de la serenidad. Sin embargo, no se puede sostener que el movimiento y disposición de los cuerpos celestes sean efecto de los sucesos futuros. Y, por otra parte, tampoco pueden reducirse a ninguna causa común de naturaleza corpórea. Y aunque puede asignárseles como única causa común la Providencia divina, sin embargo, uno es el orden de la divina Providencia en la disposición de los movimientos y posición de los cuerpos celestes, y otro el orden con que ella dispone los sucesos futuros contingentes, ya que a los primeros les señala el curso por ley de necesidad, de suerte que se comporten siempre de la misma forma, mientras que en los segundos el plan providencial es el de la contingencia y, por tanto, no hay en ellos uniformidad.
Por consiguiente, es imposible conocer de antemano el porvenir por la observación de los astros si no es de la forma y modo como se conocen con antelación los efectos por sus causas.
Pero hay dos clases de efectos que se sustraen a la causalidad de los cuerpos celestes.
En primer lugar, todos los efectos accidentales contingentes, tanto en las cosas humanas como en las naturales; pues, como se demuestra en el VI Metaphys. , el ser accidental no tiene causa, y mucho menos causa natural, como lo sería, por ejemplo, el influjo de los cuerpos celestes; porque lo que sucede accidentalmente carece, propiamente hablando, de razón de ser y de unidad. Así, el que un terremoto se produzca en el preciso momento en que cae una piedra, o el que un hombre, al cavar una sepultura, encuentre un tesoro, lo mismo que otros sucesos por el estilo, son algo que propiamente carece de unidad, son pura coincidencia de hechos múltiples. Por el contrario, el término de la operación natural es siempre algo único, como lo es el principio de la misma, que no es otro que la forma del ser natural.
En segundo lugar, se sustraen a la causalidad de los cuerpos celestes los actos del libre albedrío, facultad de la voluntad y la razón , y es que el entendimiento o la razón no son cuerpos ni actos de un órgano corpóreo y, en consecuencia, tampoco lo puede ser la voluntad, que radica en la razón, como consta por lo que dice el Filósofo en III De Anima . Y, en efecto, ningún cuerpo puede ejercer presión directa sobre un ser incorpóreo. De ahí la imposibilidad de que los cuerpos celestes influyan directamente sobre el entendimiento y la voluntad; esto sería dar por sentado que no hay diferencia entre el entendimiento y los sentidos, opinión que Aristóteles, en el libro De Anima , achaca a quienes afirmaban que la voluntad de los hombres cada día es tal como el Padre de los dioses y los hombres, es decir, el sol o el cielo, decide que sea . Los cuerpos celestes, por tanto, no pueden ser causa directa de los actos del libre albedrío. Pueden, no obstante, ser causa dispositiva de los mismos en cuanto que influyen sobre el cuerpo humano y, por consiguiente, sobre los impulsos sensitivos, actos de órganos corporales que inclinan a la realización de actos humanos. Mas, como las facultades sensitivas obedecen a la razón, como consta por lo que dice el Filósofo en el Libro III De Anima y en el I Ethíc, , ninguna necesidad se impone por este lado al libre albedrío, y el hombre, por medio de su razón, puede oponerse a la influencia de los cuerpos celestes. Luego si alguien se sirve de la astrología para pronosticar lo que va a ocurrir casual o fortuitamente, o también para conocer con certeza lo que van a hacer los hombres, su comportamiento procederá, en este caso, de una opinión falsa y vana. Y así viene a mezclarse en todo esto la acción del demonio, por lo que tal adivinación resultará supersticiosa e ilícita.
Si, por el contrario, se sirve alguien de la observación atenta de los astros para pronosticar cosas futuras, causadas por tales cuerpos celestes, por ejemplo, las sequías y las lluvias y otros fenómenos por el estilo, tal adivinación nada tendrá de ilícita ni supersticiosa .
A las objeciones: 1. Con lo que acabamos de decir queda resuelta la primera de las objeciones.
2. El hecho de que los astrólogos, en sus pronósticos, acierten frecuentemente ocurre por dos razones. En primer lugar, porque la mayor parte de los hombres se dejan gobernar por sus pasiones corporales y, en consecuencia, se portan, en la mayoría de los casos, conforme a las influencias que les llegan de los cuerpos celestes: aunque unos pocos --los sabios únicamente-moderan racionalmente tal clase de inclinaciones. Por eso los astrólogos, en sus predicciones, aciertan en muchos casos, sobre todo en los sucesos más corrientes, que dependen de la multitud. En segundo lugar, por la intervención de los demonios. Por eso dice San Agustín, en el II Super Gen. ad litt. : Es preciso confesar que cuando los astrólogos dicen la verdad, la dicen dejándose llevar por instintos muy secretos, que, sin que los hombres se den cuenta, penetran en lo profundo de su espíritu. Cuando esto contribuye a desorientar con engaños a los hombres, hay en ello intervención de los espíritus inmundos y seductores, a los que se permite conocer ciertas verdades de orden temporal. El mismo deduce de esto la siguiente conclusión : Por lo cual, el buen cristiano se ha de guardar muy bien de los astrólogos o de cualquiera de los que practican impíamente la adivinación y, sobre todo, de los que dicen verdad, no sea que el alma, por tratar con los demonios, caiga engañada en sus redes haciendo pacto con ellos.
3. Con esto queda resuelta la tercera objeción.
También es verdad que, en cuanto al conocimiento de los sucesos futuros por la observación de las estrellas, ha habido diversos pareceres. Unos dijeron que las estrellas, más bien que causa, son signo de los sucesos que se predicen mediante su observación. Pero tal opinión no es razonable, porque todo signo corporal o es efecto de lo que significa, como el humo es signo del fuego que lo produce, o procede de la misma causa, y así, lógicamente, al ser signo de la causa, lo es de los efectos que de ella se siguen.
Así, por ejemplo, el arco iris es signo a veces de tiempo sereno, por ser una misma la causa de este fenómeno atmosférico y de la serenidad. Sin embargo, no se puede sostener que el movimiento y disposición de los cuerpos celestes sean efecto de los sucesos futuros. Y, por otra parte, tampoco pueden reducirse a ninguna causa común de naturaleza corpórea. Y aunque puede asignárseles como única causa común la Providencia divina, sin embargo, uno es el orden de la divina Providencia en la disposición de los movimientos y posición de los cuerpos celestes, y otro el orden con que ella dispone los sucesos futuros contingentes, ya que a los primeros les señala el curso por ley de necesidad, de suerte que se comporten siempre de la misma forma, mientras que en los segundos el plan providencial es el de la contingencia y, por tanto, no hay en ellos uniformidad.
Por consiguiente, es imposible conocer de antemano el porvenir por la observación de los astros si no es de la forma y modo como se conocen con antelación los efectos por sus causas.
Pero hay dos clases de efectos que se sustraen a la causalidad de los cuerpos celestes.
En primer lugar, todos los efectos accidentales contingentes, tanto en las cosas humanas como en las naturales; pues, como se demuestra en el VI Metaphys. , el ser accidental no tiene causa, y mucho menos causa natural, como lo sería, por ejemplo, el influjo de los cuerpos celestes; porque lo que sucede accidentalmente carece, propiamente hablando, de razón de ser y de unidad. Así, el que un terremoto se produzca en el preciso momento en que cae una piedra, o el que un hombre, al cavar una sepultura, encuentre un tesoro, lo mismo que otros sucesos por el estilo, son algo que propiamente carece de unidad, son pura coincidencia de hechos múltiples. Por el contrario, el término de la operación natural es siempre algo único, como lo es el principio de la misma, que no es otro que la forma del ser natural.
En segundo lugar, se sustraen a la causalidad de los cuerpos celestes los actos del libre albedrío, facultad de la voluntad y la razón , y es que el entendimiento o la razón no son cuerpos ni actos de un órgano corpóreo y, en consecuencia, tampoco lo puede ser la voluntad, que radica en la razón, como consta por lo que dice el Filósofo en III De Anima . Y, en efecto, ningún cuerpo puede ejercer presión directa sobre un ser incorpóreo. De ahí la imposibilidad de que los cuerpos celestes influyan directamente sobre el entendimiento y la voluntad; esto sería dar por sentado que no hay diferencia entre el entendimiento y los sentidos, opinión que Aristóteles, en el libro De Anima , achaca a quienes afirmaban que la voluntad de los hombres cada día es tal como el Padre de los dioses y los hombres, es decir, el sol o el cielo, decide que sea . Los cuerpos celestes, por tanto, no pueden ser causa directa de los actos del libre albedrío. Pueden, no obstante, ser causa dispositiva de los mismos en cuanto que influyen sobre el cuerpo humano y, por consiguiente, sobre los impulsos sensitivos, actos de órganos corporales que inclinan a la realización de actos humanos. Mas, como las facultades sensitivas obedecen a la razón, como consta por lo que dice el Filósofo en el Libro III De Anima y en el I Ethíc, , ninguna necesidad se impone por este lado al libre albedrío, y el hombre, por medio de su razón, puede oponerse a la influencia de los cuerpos celestes. Luego si alguien se sirve de la astrología para pronosticar lo que va a ocurrir casual o fortuitamente, o también para conocer con certeza lo que van a hacer los hombres, su comportamiento procederá, en este caso, de una opinión falsa y vana. Y así viene a mezclarse en todo esto la acción del demonio, por lo que tal adivinación resultará supersticiosa e ilícita.
Si, por el contrario, se sirve alguien de la observación atenta de los astros para pronosticar cosas futuras, causadas por tales cuerpos celestes, por ejemplo, las sequías y las lluvias y otros fenómenos por el estilo, tal adivinación nada tendrá de ilícita ni supersticiosa .
A las objeciones: 1. Con lo que acabamos de decir queda resuelta la primera de las objeciones.
2. El hecho de que los astrólogos, en sus pronósticos, acierten frecuentemente ocurre por dos razones. En primer lugar, porque la mayor parte de los hombres se dejan gobernar por sus pasiones corporales y, en consecuencia, se portan, en la mayoría de los casos, conforme a las influencias que les llegan de los cuerpos celestes: aunque unos pocos --los sabios únicamente-moderan racionalmente tal clase de inclinaciones. Por eso los astrólogos, en sus predicciones, aciertan en muchos casos, sobre todo en los sucesos más corrientes, que dependen de la multitud. En segundo lugar, por la intervención de los demonios. Por eso dice San Agustín, en el II Super Gen. ad litt. : Es preciso confesar que cuando los astrólogos dicen la verdad, la dicen dejándose llevar por instintos muy secretos, que, sin que los hombres se den cuenta, penetran en lo profundo de su espíritu. Cuando esto contribuye a desorientar con engaños a los hombres, hay en ello intervención de los espíritus inmundos y seductores, a los que se permite conocer ciertas verdades de orden temporal. El mismo deduce de esto la siguiente conclusión : Por lo cual, el buen cristiano se ha de guardar muy bien de los astrólogos o de cualquiera de los que practican impíamente la adivinación y, sobre todo, de los que dicen verdad, no sea que el alma, por tratar con los demonios, caiga engañada en sus redes haciendo pacto con ellos.
3. Con esto queda resuelta la tercera objeción.
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TEMOR DE AMOR
José María Pemán
No se acercan a Ti porque hueles a flores
del valle; y tus amores,
Señor, son un clarísimo destello.
No se acercan a Ti porque eres bello
y tienen miedo a que los enamores.
No te odian. Tienen miedo a la serena
mirada de tus ojos que no engaña.
No quieren pelear con la azucena.
Y les asusta el silbo de la caña.
Pudieran batallar mano con mano
y no dudaran batallar contigo;
mas temen que tu hechizo sobrehumano
haga amistades con el enemigo.
Temen subir a lo alto de la roca,
por no perder, arriba, el albedrío.
Les acobarda, Señor mío,
su misma pasión loca.
¡Tan sediento anda el mundo de tu boca
que le da miedo, a tanta sed, el río!
José María Pemán
No se acercan a Ti porque hueles a flores
del valle; y tus amores,
Señor, son un clarísimo destello.
No se acercan a Ti porque eres bello
y tienen miedo a que los enamores.
No te odian. Tienen miedo a la serena
mirada de tus ojos que no engaña.
No quieren pelear con la azucena.
Y les asusta el silbo de la caña.
Pudieran batallar mano con mano
y no dudaran batallar contigo;
mas temen que tu hechizo sobrehumano
haga amistades con el enemigo.
Temen subir a lo alto de la roca,
por no perder, arriba, el albedrío.
Les acobarda, Señor mío,
su misma pasión loca.
¡Tan sediento anda el mundo de tu boca
que le da miedo, a tanta sed, el río!
José María Pemán
viernes, 25 de mayo de 2012
BENDICIÓN PARA UNA NIÑA
Que el Señor te bendiga con todas las bendiciones de las Santas mujeres:
Que seas amada por tu esposo como Sara lo fue por Abraham; e inteligente como Rebeca para apreciar las Promesas de Dios.
Que seas fecunda y madre tierna como Lía; afable y encantadora como Raquel.
Que sepas inculcar en tus hijos el amor y el sentido de pertenencia al pueblo de Dios, como la madre de Moisés y la Madre de los mártires Macabeos.
Que seas fuerte y decidida como Débora. Que ames y defiendas al pueblo de Dios como la Reina Ester y que seas valiente para salvarlo como Judith.
Que seas hacendosa y próspera en todas tus obras y empresas como la Mujer fuerte.
Que el Señor te haga dócil a su voluntad como la Virgen María, para que seas su servidora como tu Madre celestial.
Que estés siempre abierta y receptiva a las inspiraciones del Espíritu Santo como Santa Isabel y que sepas reconocer la presencia de Jesús como la profetisa Ana
Que seas tan amiga de Jesús como Marta y María y que el Señor encuentre siempre hospitalidad en tu casa.
Que Jesús resucitado se te manifieste como a la Magdalena para que como ella puedas anunciarlo a tus hermanos
Que esperes su Aparición Gloriosa con la lámpara encendida como las Vírgenes prudentes.
Que seas misericordiosa con los pobres y necesitados como las santas reinas cristianas.
Que el Señor te haga buena esposa y buena madre y te colme de los dones del Espíritu Santo y de todas sus bendiciones. Amén.
Que seas amada por tu esposo como Sara lo fue por Abraham; e inteligente como Rebeca para apreciar las Promesas de Dios.
Que seas fecunda y madre tierna como Lía; afable y encantadora como Raquel.
Que sepas inculcar en tus hijos el amor y el sentido de pertenencia al pueblo de Dios, como la madre de Moisés y la Madre de los mártires Macabeos.
Que seas fuerte y decidida como Débora. Que ames y defiendas al pueblo de Dios como la Reina Ester y que seas valiente para salvarlo como Judith.
Que seas hacendosa y próspera en todas tus obras y empresas como la Mujer fuerte.
Que el Señor te haga dócil a su voluntad como la Virgen María, para que seas su servidora como tu Madre celestial.
Que estés siempre abierta y receptiva a las inspiraciones del Espíritu Santo como Santa Isabel y que sepas reconocer la presencia de Jesús como la profetisa Ana
Que seas tan amiga de Jesús como Marta y María y que el Señor encuentre siempre hospitalidad en tu casa.
Que Jesús resucitado se te manifieste como a la Magdalena para que como ella puedas anunciarlo a tus hermanos
Que esperes su Aparición Gloriosa con la lámpara encendida como las Vírgenes prudentes.
Que seas misericordiosa con los pobres y necesitados como las santas reinas cristianas.
Que el Señor te haga buena esposa y buena madre y te colme de los dones del Espíritu Santo y de todas sus bendiciones. Amén.
viernes, 18 de mayo de 2012
CRISTIAN CONEN en Nuestra Fe en Vivo (EWTN)
Sobre el matrimonio – Un bloque de 56 minutos
http://www.youtube.com/watch?v=tz0FFsP69WQ&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=tz0FFsP69WQ&feature=player_embedded
martes, 15 de mayo de 2012
EL NOVENO SACRAMENTO: LA SONRISA - Hugo Wast (2ª de 2)
Infinitamente profunda y consoladora es, como hemos dicho, la afirmación del Padre Faber que hace del dolor el octavo sacramento.
Pero ¿no hay en el mundo algo que valga tanto o más que el dolor y que pueda ser llamado el noveno sacramento?
Revoloteando alrededor de esas cosas sublimes, que devoran mi pequeño pensamiento como devoraría la llama de un volcán a una aturdida mariposa que se aproximara al cráter, he llegado a pensar que si, que hay algo que vale más que el dolor, porque siendo de su propia esencia, tiene un grado más de perfección, y que puede ser llamado el noveno sacramento.
[La imagen a la derecha: El Cristo de la sonrisa, del Castillo de la familia de San Francisco Javier. En él se unen el Dolor y la Sonrisa, el octavo y noveno mandamientos]
Y eso es la sonrisa.
Si mi pobre cabeza supiera penetrar sin extraviarse en el reino de lo abstracto y mi pluma tuviera costumbre de tratar de estas cosas altas, pienso que lograría escribir muchas páginas buenas y útiles porque me imagino que se puede hablar largamente sobre el valor teológico de la sonrisa.
Incapaz de hacerlo así, me limitaré a apuntar ideas sencillas, que me rondan hace tiempo, confirmadas por la reciente lectura de un libro delicioso, la vida de Santa Teresita del Niño Jesús, que es la santa de la sonrisa.
Creo innecesario advertir que no me refiero en ninguna forma a la risa, manifestación de sentimientos de naturaleza bien distinta y que muchas veces, por desgracia, suele ser un indicio de esa alegría estrepitosa, que vive separada de la muda desesperación, apenar por un delgado tabique, según lo advierte Ruskin.
Menos aún me refiero a la venenosa sonrisa de Voltaire, renovada en nuestros días por ese pobre Anatole France, que después de haber sonreído elegantemente de todas las cosas sublimes y santas, para disimular la úlcera del ocio que lo roía, ha muerto abominando de su ironía, desesperado y maldiciéndose, porque esa sonrisa no es signo de indulgencia sino un lamentable disfraz de la intolerancia burlona, y un anticipo del "stridor dentium" [el rechinar de dientes], de que habla el Evangelio.
En vez de definir cuál es la sonrisa que tiene para mi los caracteres de un sacramento, que purifica y fortaleza e imparte la gracia, voy a poner un ejemplo de ella.
Refiere Santa Teresita, en su autobiografía, que había en su comunidad una religiosa que tenía el don de desagradarla en todo. Luchando para no ceder a la antipatía que aquella su hermana le inspiraba, procuraba hacerle cuantos favores podía, y cada vez que se encontraba con ella, si la asaltaba la tentación de responderle de un modo desagradable, se daba prisa a dirigirle una amable sonrisa.
“Muchas veces, cuando el demonio me tentaba violentamente, y me podía esquivar sin que ella advirtiera mi lucha interior, huía como un soldado desertor…. En esto, díjome ella un día con aire de gozo: “Hermana Teresita del Niño Jesús, ¿quiere decirme lo que la atrae tanto hacia mi? No la encuentro ni una sola vez sin que me dirija la mas graciosa sonrisa” - ¡Ah, lo que me atraía era Jesucristo oculto en el fondo de su alma! Jesús que dulcifica lo más amargo” (Historia de un alma, capítulo noveno)
[La imagen a la derecha: La Virgen de la sonrisa. Imagen desde
la cual la Virgen sonrió a Santa Teresita siendo niña]
No necesito explicar más, ésa es la sonrisa de que hablo, y que vale más que el dolor aceptado como una expiación, porque es el dolor vencido y transformado en caridad y alegría. Es la virtud, en grado heroico.
A semejantes alturas llegó Santa Teresita reflexionando sobre los dos grandes mandamientos, el primero de los cuales es amar a Dios, y el segundo amar al prójimo.
Viviendo en el mundo se advierte lo difícil que es demostrar este segundo amor con actos exteriores, hacia todas las personas que nos rodean: unas grandes, otras pequeñas, amigas unas, hostiles o indiferentes otras.
Pero siempre, siempre hay en el trato con las gentes un lugarcito para la sonrisa de Teresita. ¿Es posible calcular el valor teológico de esa sonrisa? ¿No vale en ocasiones más que un milagro?
El padre Meschler en su tratado sobre la Vida Espiritual, dice que “un hombre cariñoso y jovial es un poderoso instrumento de Dios en el mundo, es un exorcista que lanza demonios, apóstol y evangelista”
Y en efecto, la sonrisa es Caridad. No todos son llamados a realizar grandes hazañas, porque Dios reparte sus dones como es su gusto, y a unos los priva de lo que ha concedido sobreabundantemente a otros. Pero a todos les ha concedido la voluntad de amar, que es el don por excelencia, según lo enseña San Pablo: “Buscad con ardor los dones más perfectos, pero todavía os mostraré un camino más excelente”.
Ese es el camino del Amor, y Santa Teresita nos cuenta, hablando de esto, que ella, no pudiendo ser apóstol, ni misionero, ni confesor, no pudiendo ser ninguno de los miembros del cuerpo místico de la Iglesia, que describe San Pablo, comprendió que su vocación era ser el Amor, y quiso ser el corazón de la Iglesia.
La sonrisa es Humildad. El hombre soberbio e hinchado no sonríe y si acaso sonríe, su sonrisa no es sencilla, ni desinteresada, ni se dirige a los pobres que no pueden servir en una u otra manera sus vanidades.
La paciencia es una virtud eminentemente cristiana. Es el dominio de sí mismo: “Por la paciencia poseería vuestras almas”, nos dice Jesús en el Evangelio. Es ella indispensable para conformarse con el sufrimiento; pero hay un grado más en la paciencia, y es la alegría en el sufrimiento: “Sufre con paciencia ya que no puedes sufrir con alegría”, dice Kempis.
La alegría es cristiana y social, por naturaleza. “No os entristezcáis como los que no tienen esperanza”, dice San Pablo.
Y la sonrisa es más que la alegría, porque hay en ella mayor vencimiento propio. A veces sonreír vale tanto como realizar un milagro. Es preciso vencer el dolor, y crear la flor de la alegría, sin tener la planta.
Hacer esto por caridad, buscando la comunicación con los otros, y tratando de animarlos con la sonrisa cuyo fundamento es el olvido de sí mismo y el pensamiento en el prójimo, es un verdadero exorcismo que lanza no solamente los demonios de las almas ajenas sino también de la nuestra.
Y tan humilde es la sonrisa, que aún cabe sonreír en medio del arrepentimiento de las caídas; pues la caridad con nosotros mismos es obligatoria como la caridad con el prójimo, y la sonrisa que a ellos les daríamos para animarlos, debemos para los mismo brindárnosla a nosotros.
“Ese yo no se qué de agrio y de violento que sentimos después de haber cometido una falta, explica Lamennais comentando a Kempis -, viene mas bien del orgullo humillado que de un arrepentimiento según Dios… La turbación después de la caída tiene su fuente en una especie de despecho soberbio por descubrirse tan débil”.
Santa Teresita lo dice mejor aún, con su amorosa ingenuidad: “Ahora me resigno a verme siempre imperfecta, y aún encuentro mi alegría en ello”
La sonrisa es Voluntad, es decir la sonrisa es libre hasta de los preceptos de la ley de Dios. Pues si bien estamos obligados a conformarnos con la voluntad de Dios en la adversidad, ningún precepto nos impone el heroísmo de la sonrisa en el dolor.
Conformándonos, nuestra virtud es suficiente: si además sonreímos, nuestra virtud es heroica.
Y la voluntad es todo. Si queremos darnos completamente a alguien no le demos ni nuestras manos, ni nuestros brazos, ni nuestras obras, ni nuestra memoria, ni nuestro entendimiento: démosle nuestra voluntad. Porque podríamos, habiéndole dado todo aquello, guardar nuestra voluntad para nosotros, como atrincherarnos en ella, y permanecer infinitamente alejados. “No quiero tu don, dice Jesús, por boca de Kempis, sino a ti”. Las otras cosas son nuestro don, la voluntad somos nosotros mismos.
Al ofrecer, pues, nuestra sonrisa, ofrecemos lo mas puro y desinteresado de nuestra voluntad, es decir, la esencia de nuestro yo.
Finalmente, la sonrisa es un alquimista prodigioso, que transforma en oro purísimo las escorias de la vida, ese sinnúmero de insignificantes contrariedades que no pudiendo llamarse adversidades ni dolor, parecen indignas de ofrendarse en el altar. La sonrisa las barre y las recoge cuidadosamente y las ofrece a Dios, con sencillez y alegría diciéndole: “No me avergüenzo de mi ofrenda, porque te doy lo que tengo: si más tuviera, más te daría Señor”. Es el óbolo de la viuda. Y el que sonría por caridad, ante las contradicciones pequeñitas, es digno de oír las palabras que Jesús dijo de la viuda: “En verdad os digo que ella dio más que todos”.
Pero ¿no hay en el mundo algo que valga tanto o más que el dolor y que pueda ser llamado el noveno sacramento?
Revoloteando alrededor de esas cosas sublimes, que devoran mi pequeño pensamiento como devoraría la llama de un volcán a una aturdida mariposa que se aproximara al cráter, he llegado a pensar que si, que hay algo que vale más que el dolor, porque siendo de su propia esencia, tiene un grado más de perfección, y que puede ser llamado el noveno sacramento.
[La imagen a la derecha: El Cristo de la sonrisa, del Castillo de la familia de San Francisco Javier. En él se unen el Dolor y la Sonrisa, el octavo y noveno mandamientos]
Y eso es la sonrisa.
Si mi pobre cabeza supiera penetrar sin extraviarse en el reino de lo abstracto y mi pluma tuviera costumbre de tratar de estas cosas altas, pienso que lograría escribir muchas páginas buenas y útiles porque me imagino que se puede hablar largamente sobre el valor teológico de la sonrisa.
Incapaz de hacerlo así, me limitaré a apuntar ideas sencillas, que me rondan hace tiempo, confirmadas por la reciente lectura de un libro delicioso, la vida de Santa Teresita del Niño Jesús, que es la santa de la sonrisa.
Creo innecesario advertir que no me refiero en ninguna forma a la risa, manifestación de sentimientos de naturaleza bien distinta y que muchas veces, por desgracia, suele ser un indicio de esa alegría estrepitosa, que vive separada de la muda desesperación, apenar por un delgado tabique, según lo advierte Ruskin.
Menos aún me refiero a la venenosa sonrisa de Voltaire, renovada en nuestros días por ese pobre Anatole France, que después de haber sonreído elegantemente de todas las cosas sublimes y santas, para disimular la úlcera del ocio que lo roía, ha muerto abominando de su ironía, desesperado y maldiciéndose, porque esa sonrisa no es signo de indulgencia sino un lamentable disfraz de la intolerancia burlona, y un anticipo del "stridor dentium" [el rechinar de dientes], de que habla el Evangelio.
En vez de definir cuál es la sonrisa que tiene para mi los caracteres de un sacramento, que purifica y fortaleza e imparte la gracia, voy a poner un ejemplo de ella.
Refiere Santa Teresita, en su autobiografía, que había en su comunidad una religiosa que tenía el don de desagradarla en todo. Luchando para no ceder a la antipatía que aquella su hermana le inspiraba, procuraba hacerle cuantos favores podía, y cada vez que se encontraba con ella, si la asaltaba la tentación de responderle de un modo desagradable, se daba prisa a dirigirle una amable sonrisa.
“Muchas veces, cuando el demonio me tentaba violentamente, y me podía esquivar sin que ella advirtiera mi lucha interior, huía como un soldado desertor…. En esto, díjome ella un día con aire de gozo: “Hermana Teresita del Niño Jesús, ¿quiere decirme lo que la atrae tanto hacia mi? No la encuentro ni una sola vez sin que me dirija la mas graciosa sonrisa” - ¡Ah, lo que me atraía era Jesucristo oculto en el fondo de su alma! Jesús que dulcifica lo más amargo” (Historia de un alma, capítulo noveno)
[La imagen a la derecha: La Virgen de la sonrisa. Imagen desde
la cual la Virgen sonrió a Santa Teresita siendo niña]
No necesito explicar más, ésa es la sonrisa de que hablo, y que vale más que el dolor aceptado como una expiación, porque es el dolor vencido y transformado en caridad y alegría. Es la virtud, en grado heroico.
A semejantes alturas llegó Santa Teresita reflexionando sobre los dos grandes mandamientos, el primero de los cuales es amar a Dios, y el segundo amar al prójimo.
Viviendo en el mundo se advierte lo difícil que es demostrar este segundo amor con actos exteriores, hacia todas las personas que nos rodean: unas grandes, otras pequeñas, amigas unas, hostiles o indiferentes otras.
Pero siempre, siempre hay en el trato con las gentes un lugarcito para la sonrisa de Teresita. ¿Es posible calcular el valor teológico de esa sonrisa? ¿No vale en ocasiones más que un milagro?
El padre Meschler en su tratado sobre la Vida Espiritual, dice que “un hombre cariñoso y jovial es un poderoso instrumento de Dios en el mundo, es un exorcista que lanza demonios, apóstol y evangelista”
Y en efecto, la sonrisa es Caridad. No todos son llamados a realizar grandes hazañas, porque Dios reparte sus dones como es su gusto, y a unos los priva de lo que ha concedido sobreabundantemente a otros. Pero a todos les ha concedido la voluntad de amar, que es el don por excelencia, según lo enseña San Pablo: “Buscad con ardor los dones más perfectos, pero todavía os mostraré un camino más excelente”.
Ese es el camino del Amor, y Santa Teresita nos cuenta, hablando de esto, que ella, no pudiendo ser apóstol, ni misionero, ni confesor, no pudiendo ser ninguno de los miembros del cuerpo místico de la Iglesia, que describe San Pablo, comprendió que su vocación era ser el Amor, y quiso ser el corazón de la Iglesia.
La sonrisa es Humildad. El hombre soberbio e hinchado no sonríe y si acaso sonríe, su sonrisa no es sencilla, ni desinteresada, ni se dirige a los pobres que no pueden servir en una u otra manera sus vanidades.
La paciencia es una virtud eminentemente cristiana. Es el dominio de sí mismo: “Por la paciencia poseería vuestras almas”, nos dice Jesús en el Evangelio. Es ella indispensable para conformarse con el sufrimiento; pero hay un grado más en la paciencia, y es la alegría en el sufrimiento: “Sufre con paciencia ya que no puedes sufrir con alegría”, dice Kempis.
La alegría es cristiana y social, por naturaleza. “No os entristezcáis como los que no tienen esperanza”, dice San Pablo.
Y la sonrisa es más que la alegría, porque hay en ella mayor vencimiento propio. A veces sonreír vale tanto como realizar un milagro. Es preciso vencer el dolor, y crear la flor de la alegría, sin tener la planta.
Hacer esto por caridad, buscando la comunicación con los otros, y tratando de animarlos con la sonrisa cuyo fundamento es el olvido de sí mismo y el pensamiento en el prójimo, es un verdadero exorcismo que lanza no solamente los demonios de las almas ajenas sino también de la nuestra.
Y tan humilde es la sonrisa, que aún cabe sonreír en medio del arrepentimiento de las caídas; pues la caridad con nosotros mismos es obligatoria como la caridad con el prójimo, y la sonrisa que a ellos les daríamos para animarlos, debemos para los mismo brindárnosla a nosotros.
“Ese yo no se qué de agrio y de violento que sentimos después de haber cometido una falta, explica Lamennais comentando a Kempis -, viene mas bien del orgullo humillado que de un arrepentimiento según Dios… La turbación después de la caída tiene su fuente en una especie de despecho soberbio por descubrirse tan débil”.
Santa Teresita lo dice mejor aún, con su amorosa ingenuidad: “Ahora me resigno a verme siempre imperfecta, y aún encuentro mi alegría en ello”
La sonrisa es Voluntad, es decir la sonrisa es libre hasta de los preceptos de la ley de Dios. Pues si bien estamos obligados a conformarnos con la voluntad de Dios en la adversidad, ningún precepto nos impone el heroísmo de la sonrisa en el dolor.
Conformándonos, nuestra virtud es suficiente: si además sonreímos, nuestra virtud es heroica.
Y la voluntad es todo. Si queremos darnos completamente a alguien no le demos ni nuestras manos, ni nuestros brazos, ni nuestras obras, ni nuestra memoria, ni nuestro entendimiento: démosle nuestra voluntad. Porque podríamos, habiéndole dado todo aquello, guardar nuestra voluntad para nosotros, como atrincherarnos en ella, y permanecer infinitamente alejados. “No quiero tu don, dice Jesús, por boca de Kempis, sino a ti”. Las otras cosas son nuestro don, la voluntad somos nosotros mismos.
Al ofrecer, pues, nuestra sonrisa, ofrecemos lo mas puro y desinteresado de nuestra voluntad, es decir, la esencia de nuestro yo.
Finalmente, la sonrisa es un alquimista prodigioso, que transforma en oro purísimo las escorias de la vida, ese sinnúmero de insignificantes contrariedades que no pudiendo llamarse adversidades ni dolor, parecen indignas de ofrendarse en el altar. La sonrisa las barre y las recoge cuidadosamente y las ofrece a Dios, con sencillez y alegría diciéndole: “No me avergüenzo de mi ofrenda, porque te doy lo que tengo: si más tuviera, más te daría Señor”. Es el óbolo de la viuda. Y el que sonría por caridad, ante las contradicciones pequeñitas, es digno de oír las palabras que Jesús dijo de la viuda: “En verdad os digo que ella dio más que todos”.
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sábado, 12 de mayo de 2012
RODOLFO JULIO MENDOZA Prof. Dr. IN MEMORIAM
IN MEMORIAM DEL DR. RODOLFO JULIO MENDOZA
En el día de su fallecimiento
11 de mayo, año del Señor 2012 en Mendoza
Por Fr. Aníbal Fosbery O.P.
Nació el 19 de diciembre de 1941 en la ciudad de Mendoza.
Fue un intelectual de fuste, alumno en la Universidad Nacional de Cuyo, del Profesor Rubén Calderón Bouchet.
En esa Universidad se graduó de Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales.
En el año 2001 obtuvo el Doctorado en Ciencias Políticas, con una tesis sobre la secularización y la modernidad en Augusto Del Noce.
Cultivó fervorosamente, desde sus años de juventud, el pensamiento de Romano Guardini, a quien consideraba como uno de los más importantes testigos de la fe contemporánea.
En los primeros tiempos de su quehacer intelectual, escribió una Introducción a Romano Guardini, aún no publicado.
Nos conocimos en los años 60, cuando la Orden me envió a Mendoza como Rector del Colegio Santo Tomás de Aquino.
Comienza Rodolfo, aún no recibido, a incursionar en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, y eso permitió
En el día de su fallecimiento
11 de mayo, año del Señor 2012 en Mendoza
Por Fr. Aníbal Fosbery O.P.
Nació el 19 de diciembre de 1941 en la ciudad de Mendoza.
Fue un intelectual de fuste, alumno en la Universidad Nacional de Cuyo, del Profesor Rubén Calderón Bouchet.
En esa Universidad se graduó de Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales.
En el año 2001 obtuvo el Doctorado en Ciencias Políticas, con una tesis sobre la secularización y la modernidad en Augusto Del Noce.
Cultivó fervorosamente, desde sus años de juventud, el pensamiento de Romano Guardini, a quien consideraba como uno de los más importantes testigos de la fe contemporánea.
En los primeros tiempos de su quehacer intelectual, escribió una Introducción a Romano Guardini, aún no publicado.
Nos conocimos en los años 60, cuando la Orden me envió a Mendoza como Rector del Colegio Santo Tomás de Aquino.
Comienza Rodolfo, aún no recibido, a incursionar en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, y eso permitió
que nuestra amistad tuviera siempre un tono de común inquietud metafísica, teologal y cultural.
Lo incorporé como profesor al colegio y prontamente se transformó en un referente de la verdad católica entre los alumnos.
Conoció en este entonces a la incipiente fundación de FASTA (= Fraternidadad Apostólica Santo Tomás de Aquino) y se incorporó jubiloso para acompañar estos primeros pasos fundacionales, y ya nunca se separaría de ella. Los milicianos no olvidarán sus charlas formativas en tantas jornadas, campamentos y cursos de formación. Sin duda era el formador doctrinal de la Fraternidadad Apostólica Santo Tomás de Aquino.
Por esos años fue Ministro de Educación de la Provincia de Mendoza y volcó una inteligente labor formativa en gremios de ese estado provincial y del país.
Su aporte intelectual siempre iluminó una visión acorde con la cultura fundacional católica de la argentinidad, y allí nutrió su visión política.
Fue investigador del CONICET y, a partir de 1970 se incorporó, a mi pedido, como profesor de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, de la que yo era su Rector, y asumió tareas de asesoramiento en la conducción de esa casa de altos estudios de la Orden Dominicana.
Dotado de un rico talento especulativo y una memoria que le permitía hacer mención, con acabada precisión, de los más importantes pensadores de todas las épocas, pudo, con esos recursos propios de su personalidad, hacer hondos y luminosos análisis filosóficos, políticos, religiosos, con los cuales iluminaba su entorno de seguidores y amigos, entre los que siempre me contaba.
En la dedicatoria, que me hizo en el ejemplar oportunamente obsequiado de su libro “Nihilismo y despertar religioso”, fruto de su tesis doctoral, decía:
“No exagero en mi gratitud si confieso que estas páginas transmiten, en no poca medida, la herencia vocacional ligada al carisma que el Señor nos ha entregado por tu mediación sacerdotal y tomista”.
Cuando escribí “La cultura católica”, consultaba con él algunos temas, y siempre encontré una lúcida respuesta a mis requisitorias. Por eso cuando en 1999, me atreví a editar el libro, le encomendé un “Estudio preliminar” que introduce con hondura a su lectura y reflexión.
Cuando FASTA instaló su seminario para la formación de los futuros sacerdotes, Rodolfo Mendoza fijó aquí también su residencia y acompañó con su amistad afectuosa, la formación de nuestros primeros sacerdotes, a quienes también les brindaba el uso de su biblioteca, y muchas veces, con verdadera generosidad, regalaba sus libros.
La fundación de la Universidad de FASTA en Mar del Plata lo convocó, una vez más, como asesor del rectorado y, durante los primeros años, Director de Formación de la misma.
En estas funciones lo sorprendió su enfermedad que, poco a poco, lo obligó a apartarse de sus tareas y recluirse en su Mendoza natal, al cuidado de su familia.
Los últimos años no podía recibir a nadie. En FASTA rezaban por él.
Nos abandonó como “peregrino de esperanza” cuando cumplimos cincuenta años de fundación, mucho de los cuales lo tuvieron como protagonista y referente.
Que Dios Nuestro Señor, por intercesión de María Santísima, perdone sus pecados y loincorpore a la escuadra miliciana en los cielos.
Fr. Dr. Aníbal Fosbery OP Fundador y Presidente FASTA
Lo incorporé como profesor al colegio y prontamente se transformó en un referente de la verdad católica entre los alumnos.
Conoció en este entonces a la incipiente fundación de FASTA (= Fraternidadad Apostólica Santo Tomás de Aquino) y se incorporó jubiloso para acompañar estos primeros pasos fundacionales, y ya nunca se separaría de ella. Los milicianos no olvidarán sus charlas formativas en tantas jornadas, campamentos y cursos de formación. Sin duda era el formador doctrinal de la Fraternidadad Apostólica Santo Tomás de Aquino.
Por esos años fue Ministro de Educación de la Provincia de Mendoza y volcó una inteligente labor formativa en gremios de ese estado provincial y del país.
Su aporte intelectual siempre iluminó una visión acorde con la cultura fundacional católica de la argentinidad, y allí nutrió su visión política.
Fue investigador del CONICET y, a partir de 1970 se incorporó, a mi pedido, como profesor de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, de la que yo era su Rector, y asumió tareas de asesoramiento en la conducción de esa casa de altos estudios de la Orden Dominicana.
Dotado de un rico talento especulativo y una memoria que le permitía hacer mención, con acabada precisión, de los más importantes pensadores de todas las épocas, pudo, con esos recursos propios de su personalidad, hacer hondos y luminosos análisis filosóficos, políticos, religiosos, con los cuales iluminaba su entorno de seguidores y amigos, entre los que siempre me contaba.
En la dedicatoria, que me hizo en el ejemplar oportunamente obsequiado de su libro “Nihilismo y despertar religioso”, fruto de su tesis doctoral, decía:
“No exagero en mi gratitud si confieso que estas páginas transmiten, en no poca medida, la herencia vocacional ligada al carisma que el Señor nos ha entregado por tu mediación sacerdotal y tomista”.
Cuando escribí “La cultura católica”, consultaba con él algunos temas, y siempre encontré una lúcida respuesta a mis requisitorias. Por eso cuando en 1999, me atreví a editar el libro, le encomendé un “Estudio preliminar” que introduce con hondura a su lectura y reflexión.
Cuando FASTA instaló su seminario para la formación de los futuros sacerdotes, Rodolfo Mendoza fijó aquí también su residencia y acompañó con su amistad afectuosa, la formación de nuestros primeros sacerdotes, a quienes también les brindaba el uso de su biblioteca, y muchas veces, con verdadera generosidad, regalaba sus libros.
La fundación de la Universidad de FASTA en Mar del Plata lo convocó, una vez más, como asesor del rectorado y, durante los primeros años, Director de Formación de la misma.
En estas funciones lo sorprendió su enfermedad que, poco a poco, lo obligó a apartarse de sus tareas y recluirse en su Mendoza natal, al cuidado de su familia.
Los últimos años no podía recibir a nadie. En FASTA rezaban por él.
Nos abandonó como “peregrino de esperanza” cuando cumplimos cincuenta años de fundación, mucho de los cuales lo tuvieron como protagonista y referente.
Que Dios Nuestro Señor, por intercesión de María Santísima, perdone sus pecados y loincorpore a la escuadra miliciana en los cielos.
Fr. Dr. Aníbal Fosbery OP Fundador y Presidente FASTA
RODOLFO JULIO MENDOZA Prof. Dr. IN MEMORIAM
DESDE URUGUAY
Un testimonio de gratitud al
Prof. Dr. Rodolfo Julio Mendoza
P. Horacio Bojorge S.J.
Destacaré algunos hechos entre muchos por lo que le debemos en Uruguay gratitud al Dr. Rodolfo Mendoza y entre otros yo en particular.
Uno de los motivos más destacables es que el Dr. Rodolfo J. Mendoza logró la fundación en Uruguay de una filial de la SITA (Sociedad Internacional Tomás de Aquino). Habiéndose conocido en los Congresos de Filosofía con la Prof. María Cristina Araújo Azarola (que iba a ser la primera directora de SITA en Uruguay), comenzó a viajar periódicamente a Montevideo para animarla a la fundación de SITA en este país. Había entre él y nuestra llorada primera directora de SITA Uruguay, un vínculo de amistad nacido de ideales comunes: intelectuales, de fe y apostólicos.
Entre ambos lograron reunir en Uruguay el primer grupo de interesados en el estudio de Santo Tomás de Aquino. Ese fue el grupo fundador de SITA en Uruguay. La reunión fundacional se llevó a cabo el día 20 de septiembre de 2001 en el domicilio de la Prof. María Cristina Araújo Azarola. Y pronto, en los dos años siguientes bajo el impulso de Cristina Araújo y de Rodolfo Mendoza comenzó sus actos anuales de los cuales destaco los de 2002 y 2003.
Expositor en el 1er. Encuentro de Estudio que organizó SITA Uruguay en 2002:
Al año de fundada, el sábado 14 de setiembre de 2002, la sección Uruguay de la SITA realizó el primer Encuentro de Estudio suscitando la reflexión sobre el quehacer cultural a la luz de las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino.
El tema del encuentro fue “Santo Tomás y la crisis contemporánea”. La exposición del tema estuvo a cargo del Dr. Roberto J. Mendoza. Él accedió gustoso a visitarnos para dar el impulso inaugural a la incipiente SITA en Uruguay. Él dividió su exposición en cuatro brillantes conferencias:
1ª) La naturaleza de la cultura y la cultura católica;
2ª) La modernidad: fragmentación y secularización de la cultura;
3ª) El secularismo y la civilización inmanentista contemporánea;
4ª) Santo Tomás y la respuesta católica a la crisis religiosa ,cultural y política de nuestro tiempo.
Desde entonces nunca dejó de acompañarnos en las actividades de SITA Uruguay o de interesarse por seguir con interés nuestras actividades ordinarias y extraordinarias.
Presentador de la SITA en el 1er. Simposio de Bioética en 2003
Los días 12 al 15 de mayo de 2003, se realizó en el salón auditorio de la Universidad Católica Dámaso A. Larrañaga, en Montevideo, el Primer Simposio Rioplatense de Bioética organizado por SITA Uruguaya, con la estrecha colaboración del Presidente de SITA Argentina.
El Simposio reunió como disertantes a estudiosos de ambas márgenes del Río de la Plata y a numeroso público. Para el éxito de aquella convocatoria fue decisivo el prestigio académico y las vinculaciones del Dr. Rodolfo Mendoza, y de la Prof. Cristina Araújo.
Vinieron desde Argentina como expositores: el Dr. Alberto Caturelli, el Dr. Mario Caponnetto, el Dr. Héctor Hernández, el R.P. Domingo Basso O.P.
El Dr. Rodolfo Mendoza, tras los discursos del Sr. Arzobispo y del Rector de la Universidad, cerró el tramo inaugural del Simposio presentándole al auditorio, que en su mayoría era la primera vez que oía hablar de ella, la historia, la naturaleza y los objetivos de la SITA.
Fue este acto póstumo que organizó nuestra llorada directora María Cristina Araújo Azarola.
Habría más que decir del impulso que recibió nuestra SITA uruguaya de la comunicación permanente con el Dr. Mendoza. Pero no quiero abrumar con su enumeración. Pasaré a dar testimonio de algunos motivos míos de gratitud.
Mi deuda de amistad personal con el Dr. Rodolfo Mendoza
Uno de los frutos más estimables de nuestra relación espiritual, intelectual y apostólica fue el impulso que me dio para emprender el Informe Crítico sobre el pensamiento del jesuita uruguayo Juan Luis Segundo que se publicó con el título: "Teologías Deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto. Un Informe". Ed. Encuentro, Madrid 2000.
Durante la elaboración de este informe él fue el consultor de referencia al que acudí con frecuencia para pedir orientación en una tarea nueva para mí. Él me enseñó que el camino que espontáneamente había emprendido en mi presentación crítica del pensamiento de Juan Luis Segundo era del género académico del "Informe", por lo que tenía plena validez y fuerza argumental académica.
Me asesoró también en algunos trechos más difíciles de este estudio crítico. Por ejemplo cuando llegó el momento de mostrar cómo Juan Luis Segundo no había entendido el sentido de la distinción que hace Santo Tomás de Aquino entre relación real y de razón, cuando el Angélico trata de la relación el Creador con las creaturas. Y por qué ese error de interpretación lo había llevado a Juan Luis Segundo a falsas conclusiones a la hora de evaluar la doctrina del Angélico y de la seriedad del vínculo amoroso entre Dios y el hombre.
Él me dio a conocer algunos estudios básicos sobre el fenómeno del secularismo que hasta entonces yo había padecido sin entender su verdadera naturaleza y su ubicación en la historia del pensamiento y de la cultrua . Entre ellas me remitió a la lectura del magistral estudio de Augusto Del Noce sobre el tema. Este estudio está a la base de todo el capítulo séptimo de Teologías Deicidas.
Pero más que estos auxilios intelectuales, el principal motivo de mi gratitud hacia él es y será siempre, el de haberme agraciado con su bondadosa amistad.
Y esto, su muerte, lejos de arrebatármelo me lo conserva y me lo devuelve glorificado y acendrado.
Hay, por fin, un don de Dios en este personaje tan querible que hoy recordamos. Un don de Dios que siempre percibí en él con asombro:
El Dr. Rodolfo Mendoza era un carismático de la amistad y de la comunicación con sus amistades. Fue un generoso sembrador de vínculos y comunicador de las personas.
Por mi vida y por la de tantos otros, "pasó haciendo el bien".
Que descanse en la Paz del Padre.
P. Horacio Bojorge
Un testimonio de gratitud al
Prof. Dr. Rodolfo Julio Mendoza
P. Horacio Bojorge S.J.
Destacaré algunos hechos entre muchos por lo que le debemos en Uruguay gratitud al Dr. Rodolfo Mendoza y entre otros yo en particular.
Uno de los motivos más destacables es que el Dr. Rodolfo J. Mendoza logró la fundación en Uruguay de una filial de la SITA (Sociedad Internacional Tomás de Aquino). Habiéndose conocido en los Congresos de Filosofía con la Prof. María Cristina Araújo Azarola (que iba a ser la primera directora de SITA en Uruguay), comenzó a viajar periódicamente a Montevideo para animarla a la fundación de SITA en este país. Había entre él y nuestra llorada primera directora de SITA Uruguay, un vínculo de amistad nacido de ideales comunes: intelectuales, de fe y apostólicos.
Entre ambos lograron reunir en Uruguay el primer grupo de interesados en el estudio de Santo Tomás de Aquino. Ese fue el grupo fundador de SITA en Uruguay. La reunión fundacional se llevó a cabo el día 20 de septiembre de 2001 en el domicilio de la Prof. María Cristina Araújo Azarola. Y pronto, en los dos años siguientes bajo el impulso de Cristina Araújo y de Rodolfo Mendoza comenzó sus actos anuales de los cuales destaco los de 2002 y 2003.
Expositor en el 1er. Encuentro de Estudio que organizó SITA Uruguay en 2002:
Al año de fundada, el sábado 14 de setiembre de 2002, la sección Uruguay de la SITA realizó el primer Encuentro de Estudio suscitando la reflexión sobre el quehacer cultural a la luz de las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino.
El tema del encuentro fue “Santo Tomás y la crisis contemporánea”. La exposición del tema estuvo a cargo del Dr. Roberto J. Mendoza. Él accedió gustoso a visitarnos para dar el impulso inaugural a la incipiente SITA en Uruguay. Él dividió su exposición en cuatro brillantes conferencias:
1ª) La naturaleza de la cultura y la cultura católica;
2ª) La modernidad: fragmentación y secularización de la cultura;
3ª) El secularismo y la civilización inmanentista contemporánea;
4ª) Santo Tomás y la respuesta católica a la crisis religiosa ,cultural y política de nuestro tiempo.
Desde entonces nunca dejó de acompañarnos en las actividades de SITA Uruguay o de interesarse por seguir con interés nuestras actividades ordinarias y extraordinarias.
Presentador de la SITA en el 1er. Simposio de Bioética en 2003
Los días 12 al 15 de mayo de 2003, se realizó en el salón auditorio de la Universidad Católica Dámaso A. Larrañaga, en Montevideo, el Primer Simposio Rioplatense de Bioética organizado por SITA Uruguaya, con la estrecha colaboración del Presidente de SITA Argentina.
El Simposio reunió como disertantes a estudiosos de ambas márgenes del Río de la Plata y a numeroso público. Para el éxito de aquella convocatoria fue decisivo el prestigio académico y las vinculaciones del Dr. Rodolfo Mendoza, y de la Prof. Cristina Araújo.
Vinieron desde Argentina como expositores: el Dr. Alberto Caturelli, el Dr. Mario Caponnetto, el Dr. Héctor Hernández, el R.P. Domingo Basso O.P.
El Dr. Rodolfo Mendoza, tras los discursos del Sr. Arzobispo y del Rector de la Universidad, cerró el tramo inaugural del Simposio presentándole al auditorio, que en su mayoría era la primera vez que oía hablar de ella, la historia, la naturaleza y los objetivos de la SITA.
Fue este acto póstumo que organizó nuestra llorada directora María Cristina Araújo Azarola.
Habría más que decir del impulso que recibió nuestra SITA uruguaya de la comunicación permanente con el Dr. Mendoza. Pero no quiero abrumar con su enumeración. Pasaré a dar testimonio de algunos motivos míos de gratitud.
Mi deuda de amistad personal con el Dr. Rodolfo Mendoza
Uno de los frutos más estimables de nuestra relación espiritual, intelectual y apostólica fue el impulso que me dio para emprender el Informe Crítico sobre el pensamiento del jesuita uruguayo Juan Luis Segundo que se publicó con el título: "Teologías Deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto. Un Informe". Ed. Encuentro, Madrid 2000.
Durante la elaboración de este informe él fue el consultor de referencia al que acudí con frecuencia para pedir orientación en una tarea nueva para mí. Él me enseñó que el camino que espontáneamente había emprendido en mi presentación crítica del pensamiento de Juan Luis Segundo era del género académico del "Informe", por lo que tenía plena validez y fuerza argumental académica.
Me asesoró también en algunos trechos más difíciles de este estudio crítico. Por ejemplo cuando llegó el momento de mostrar cómo Juan Luis Segundo no había entendido el sentido de la distinción que hace Santo Tomás de Aquino entre relación real y de razón, cuando el Angélico trata de la relación el Creador con las creaturas. Y por qué ese error de interpretación lo había llevado a Juan Luis Segundo a falsas conclusiones a la hora de evaluar la doctrina del Angélico y de la seriedad del vínculo amoroso entre Dios y el hombre.
Él me dio a conocer algunos estudios básicos sobre el fenómeno del secularismo que hasta entonces yo había padecido sin entender su verdadera naturaleza y su ubicación en la historia del pensamiento y de la cultrua . Entre ellas me remitió a la lectura del magistral estudio de Augusto Del Noce sobre el tema. Este estudio está a la base de todo el capítulo séptimo de Teologías Deicidas.
Pero más que estos auxilios intelectuales, el principal motivo de mi gratitud hacia él es y será siempre, el de haberme agraciado con su bondadosa amistad.
Y esto, su muerte, lejos de arrebatármelo me lo conserva y me lo devuelve glorificado y acendrado.
Hay, por fin, un don de Dios en este personaje tan querible que hoy recordamos. Un don de Dios que siempre percibí en él con asombro:
El Dr. Rodolfo Mendoza era un carismático de la amistad y de la comunicación con sus amistades. Fue un generoso sembrador de vínculos y comunicador de las personas.
Por mi vida y por la de tantos otros, "pasó haciendo el bien".
Que descanse en la Paz del Padre.
P. Horacio Bojorge
ENFERMO DE CÁNCER - Testimonio del Padre Daniel A. Loring S.J.
El 15 de enero de 1955 murió en Saint Louis, USA, el célebre Padre Daniel A. Lord S.J., jesuita norteamericano. Fue escritor notabilísimo: de su pluma salieron centenares de libros y folletos, así apologéticos como doctrinales. Organizó grandes empresas, dando extraordinario auge a las Congregaciones Marianas; y aún escribió varias obras teatrales sumamente estimadas y representadas con gran éxito.
Difícil es calcular los millones de personas que han leído sus amenos escritos.
En los últimos días de su vida no dejó de escribir a pesar de conocer la inminencia de su muerte, debida a un cáncer pulmonar. Es de gran interés conocer sus palabras cuando recibió la noticia de su enfermedad: no sólo muestran la grandeza y altura de su alma, sino que pueden consolar cristianamente a los afectados de una enfermedad como el cáncer.
- “Es cáncer”, me dijeron los médicos; “cáncer en los pulmones”.
Mi pregunta era inevitablemente:
- “¿Cuánto tiempo de vida me queda?”
Difícil es calcular los millones de personas que han leído sus amenos escritos.
En los últimos días de su vida no dejó de escribir a pesar de conocer la inminencia de su muerte, debida a un cáncer pulmonar. Es de gran interés conocer sus palabras cuando recibió la noticia de su enfermedad: no sólo muestran la grandeza y altura de su alma, sino que pueden consolar cristianamente a los afectados de una enfermedad como el cáncer.
- “Es cáncer”, me dijeron los médicos; “cáncer en los pulmones”.
Mi pregunta era inevitablemente:
- “¿Cuánto tiempo de vida me queda?”
Unos querían suavizar la cosa lo más posible. Pero ¿qué podían decir? “¿Quién sabe? No se pueden hacer predicciones sobre el cáncer”…
Me sentí aliviado. Yo esperaba morir algún día del corazón o de un derrame cerebral, y tenía miedo de que mi muerte fuera inesperada y repentina o quizás sin sacramentos. El cáncer me pareció algo amable, casi como la venida preliminar del Ángel de la muerte, para decirme: “Todavía no. Tienes tiempo para pensar, orar y enderezar las líneas del libro de la vida”.
En las Letanías de los Santos, siempre he dicho con gran énfasis: “De la muerte repentina e imprevista, líbrame Señor”.
No puedo dejar de ver que el temor al cáncer está muy exagerado. La gente cancerosa vive a menudo y vive gozando de robustez. El cáncer no retira necesariamente al hombre de su rutina ordinaria. Puesto que todos debemos morir, Dios se muestra amable cuando envía un mensajero anticipadamente con una gentil pero enfática advertencia. De seguro que todos podemos dedicar un poco de tiempo para prepararnos para el Juicio.
Porque la muerte no es el fin sino el principio de la única vida que puede satisfacer la inquieta, ilimitada, gloriosa sed de nuestras almas inmortales. Dios permite la enfermedad como un preludio de la muerte. Si en ello hay sufrimiento, Cristo sufrió primero y compare su pena con divina generosidad.
El enterarse de que uno tiene cáncer, agudiza nuestra mirada de conjunto sobre la propia vida; la tierra parece más hermosa, el cielo algo más claro ya cada momento del día es valioso y algo digno de atesorarse.
Me alegra que América haya tomado interés en el problema de esta enfermedad. Pero cuando leo que ella es “el peor enemigo” del hombre, no pueden convencerme de ello. No puedo comprender la razón de ese espantoso miedo al cáncer. He conocido a tantos que murieron tranquilamente a causa del cáncer. Un amigo, que era sacerdote, de cáncer en la lengua, se fue silenciosamente a su cuarto, pasó meses santificándose y murió con una sonrisa. El prefecto de un colegio de muchachos, que siguió dirigiendo la escuela desde su lecho, sostuvo entrevistas, impulsó el desarrollo del colegio y trabajó casi mejor durante su enfermedad que cuando gozaba de plena salud.
Parece que Dios utiliza las cosas que tenemos, para acercarnos más a él. Puesto que debemos morir y dado que la muerte es la entrada en la vida verdadera, me alegro personalmente de que el cáncer, el amable mensajero, haya venido con alguna anticipación. Porque la vida parece más dulce cuando se funda suavemente en aquella Vida que es Promesa Eterna”.
Me sentí aliviado. Yo esperaba morir algún día del corazón o de un derrame cerebral, y tenía miedo de que mi muerte fuera inesperada y repentina o quizás sin sacramentos. El cáncer me pareció algo amable, casi como la venida preliminar del Ángel de la muerte, para decirme: “Todavía no. Tienes tiempo para pensar, orar y enderezar las líneas del libro de la vida”.
En las Letanías de los Santos, siempre he dicho con gran énfasis: “De la muerte repentina e imprevista, líbrame Señor”.
No puedo dejar de ver que el temor al cáncer está muy exagerado. La gente cancerosa vive a menudo y vive gozando de robustez. El cáncer no retira necesariamente al hombre de su rutina ordinaria. Puesto que todos debemos morir, Dios se muestra amable cuando envía un mensajero anticipadamente con una gentil pero enfática advertencia. De seguro que todos podemos dedicar un poco de tiempo para prepararnos para el Juicio.
Porque la muerte no es el fin sino el principio de la única vida que puede satisfacer la inquieta, ilimitada, gloriosa sed de nuestras almas inmortales. Dios permite la enfermedad como un preludio de la muerte. Si en ello hay sufrimiento, Cristo sufrió primero y compare su pena con divina generosidad.
El enterarse de que uno tiene cáncer, agudiza nuestra mirada de conjunto sobre la propia vida; la tierra parece más hermosa, el cielo algo más claro ya cada momento del día es valioso y algo digno de atesorarse.Me alegra que América haya tomado interés en el problema de esta enfermedad. Pero cuando leo que ella es “el peor enemigo” del hombre, no pueden convencerme de ello. No puedo comprender la razón de ese espantoso miedo al cáncer. He conocido a tantos que murieron tranquilamente a causa del cáncer. Un amigo, que era sacerdote, de cáncer en la lengua, se fue silenciosamente a su cuarto, pasó meses santificándose y murió con una sonrisa. El prefecto de un colegio de muchachos, que siguió dirigiendo la escuela desde su lecho, sostuvo entrevistas, impulsó el desarrollo del colegio y trabajó casi mejor durante su enfermedad que cuando gozaba de plena salud.
Parece que Dios utiliza las cosas que tenemos, para acercarnos más a él. Puesto que debemos morir y dado que la muerte es la entrada en la vida verdadera, me alegro personalmente de que el cáncer, el amable mensajero, haya venido con alguna anticipación. Porque la vida parece más dulce cuando se funda suavemente en aquella Vida que es Promesa Eterna”.
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viernes, 11 de mayo de 2012
EL OCTAVO SACRAMENTO: EL DOLOR - Hugo Wast (1ª de 2)
Presento este texto del famoso novelista y escritor católico argentino Hugo Wast (en la foto) porque es una hermosa reflexión sobre el sentido del dolor
"El santo y sabio teólogo ingles Padre Faber ha llamado al dolor el octavo sacramento.
No sé que nadie haya dicho nada más hermoso, profundo y cristiano acerca del instrumento inventado por Dios para salvar al mundo del exterminio.
Dios había creado al hombre concediéndole un don formidable, la libertad. Pareciera que el cántico de los cielos y de la tierra y de todas las criaturas que narran la gloria de Dios, Coeli enarrant gloriam Dei, no lo satisfacía, porque era un homenaje impuesto por la naturaleza de las cosas, no era una oración de un ser que pudiendo levantarse contra el e insultarlo, a pesar de esa tremenda facultad, lo reconociera y lo adorase.
Y ese era el hombre libre. Pero el hombre se corrompió y se rebeló contra Él y lo insultó, y adoró a dioses que fabricó con sus manos. Y Dios se arrepintió de haberlo creado, según la misteriosa expresión de la Biblia, y decretó su exterminio y el de toda carne que se movía sobre la tierra: “Exterminaré – dice el Génesis -, de la haz de la tierra al hombre que he creado, y desde el hombre a todos los animales, desde los reptiles hasta las aves del aire, porque me arrepiento de haberlos hecho.”
Pero Noé, que era justo, halló gracia ante los ojos del Señor, que salvó en él la especie humana y con él una pareja de todos los animales, mientras las aguas del diluvio devoraban todas las estirpes.
Volvieron los hombres a poblar la tierra y volvieron a rebelarse y a delinquir, y toda carne corrompió su camino.
La balanza de la eterna justicia quedó desequilibrada por la prevaricación de aquel ser tan débil por el cuerpo, pero tan poderoso por el espíritu de libertad que poseía y que podía hacer frente a su Creador, el cual se detenía sobrecogido delante de su criatura.
“¿Por ventura se levantará el barro contra el alfarero y la vasija contra su hacedor?” – se pregunta Isaías espantado. Y he aquí justamente que el barro se levantaba contra el alfarero.
"El santo y sabio teólogo ingles Padre Faber ha llamado al dolor el octavo sacramento.
No sé que nadie haya dicho nada más hermoso, profundo y cristiano acerca del instrumento inventado por Dios para salvar al mundo del exterminio.
Dios había creado al hombre concediéndole un don formidable, la libertad. Pareciera que el cántico de los cielos y de la tierra y de todas las criaturas que narran la gloria de Dios, Coeli enarrant gloriam Dei, no lo satisfacía, porque era un homenaje impuesto por la naturaleza de las cosas, no era una oración de un ser que pudiendo levantarse contra el e insultarlo, a pesar de esa tremenda facultad, lo reconociera y lo adorase.
Y ese era el hombre libre. Pero el hombre se corrompió y se rebeló contra Él y lo insultó, y adoró a dioses que fabricó con sus manos. Y Dios se arrepintió de haberlo creado, según la misteriosa expresión de la Biblia, y decretó su exterminio y el de toda carne que se movía sobre la tierra: “Exterminaré – dice el Génesis -, de la haz de la tierra al hombre que he creado, y desde el hombre a todos los animales, desde los reptiles hasta las aves del aire, porque me arrepiento de haberlos hecho.”
Pero Noé, que era justo, halló gracia ante los ojos del Señor, que salvó en él la especie humana y con él una pareja de todos los animales, mientras las aguas del diluvio devoraban todas las estirpes.
Volvieron los hombres a poblar la tierra y volvieron a rebelarse y a delinquir, y toda carne corrompió su camino.
La balanza de la eterna justicia quedó desequilibrada por la prevaricación de aquel ser tan débil por el cuerpo, pero tan poderoso por el espíritu de libertad que poseía y que podía hacer frente a su Creador, el cual se detenía sobrecogido delante de su criatura.
“¿Por ventura se levantará el barro contra el alfarero y la vasija contra su hacedor?” – se pregunta Isaías espantado. Y he aquí justamente que el barro se levantaba contra el alfarero.
Podríamos decir, con audacia más aparente que real, que existía un límite para la omnipotencia de Dios, y era la libertad humana. La amenazante leyenda de las columnas de Hércules, el non plus ultra que creían leer los antiguos viajeros, se hallaba escrito en la frente del hombre, en letras que solo Dios descifraba, porque era su propia mano la que las había trazado: Nadie, ni siquiera tú que lo has creado, doblegará su voluntad, que será libre, ya que tú lo has querido.
¡Tremenda, pavorosa, inescrutable invención aquella! Para contrapesar el desequilibrio que la libertad del hombre introducía en sus planes, engendrando el pecado, Dios tenía que inventar otra cosa igual en grandeza e intensidad, e invento el dolor.
Es claro que pudo el Creador a la primera prevaricación del hombre haber petrificado sin aniquilar aquella formidable prerrogativa de su libertad, reduciéndola a la impotencia como hizo con los ángeles, condenando a los unos y confirmando a los otros.
Pero el libre albedrío humano era su obra maestra, la verdadera página de la Creación en que el Supremo Hacedor hallaba todas sus delicias, y prefirió salvarlo introduciendo en la economía de su creación que era obra de amor, ese incomparable factor del dolor
o no sabría explicar la misteriosa y omnipotente energía que hay en el dolor, pero comprendo su inmensa dignidad al pensar que Dios no eligió como instrumento de redención ni la belleza, ni la sabiduría, ni el genio, ni el poder, ni la gloria, ni ninguna de todas esas grandes cosas que los hombres persiguen y adoran, y por las cuales venden sus almas, sino el dolor que es algo oscuro, de lo cual todos los seres huyen, y que sirve a la filosofía puramente humana como argumento contra la propia existencia de Dios, porque no entiende su función compensadora.
Y para dignificarlo más, y para que nunca más la libertad humana pudiera desequilibrar su balanza, aunque los pecados de los hombres formaran una montaña, cuyo cimiento bajara hasta el infierno, y cuya cumbre amenazara el cielo, arrojó en el platillo el peso infinito de la carne dolorida y adorable de su propio Hijo, que era Dios.
“Si alguna cosa fuera mejor y más útil para la salud de los hombres que el sufrir adversidades – dice Kempis -, por cierto que Cristo lo hubiera enseñado por palabras y ejemplos.”
Débese pensar además que el dolor no es solamente instrumento de redención, sino indicio de predilección de Dios hacia alguna criatura, de tal manera que los que no sufren, deben inquietarse por su desamparo, y llamar a las puertas de la misericordia, sin descansar, reclamando su porción de dolor, como un hijo reclama su herencia legítima.
Santa Ángela de Foligno nos dice con palabras inspiradas por el mismo Jesús: “Aquellos a quienes yo amo, comen mas cerca de mi, en mi mesa y toman conmigo su parte en el pan de la tribulación, y beben en mi propia copa, el cáliz de la pasión.”
¡Pobres ciegos los que esto ignoran y se rebelan contra lo que es señal de predestinación! Por eso exclama el Eclesiastés: “¡Ay, de los que pierden los sufrimientos!”
Infinitamente profunda y consoladora es, pues, la afirmación del Padre Faber que hace del dolor el octavo sacramento.
¡Tremenda, pavorosa, inescrutable invención aquella! Para contrapesar el desequilibrio que la libertad del hombre introducía en sus planes, engendrando el pecado, Dios tenía que inventar otra cosa igual en grandeza e intensidad, e invento el dolor.
Es claro que pudo el Creador a la primera prevaricación del hombre haber petrificado sin aniquilar aquella formidable prerrogativa de su libertad, reduciéndola a la impotencia como hizo con los ángeles, condenando a los unos y confirmando a los otros.
Pero el libre albedrío humano era su obra maestra, la verdadera página de la Creación en que el Supremo Hacedor hallaba todas sus delicias, y prefirió salvarlo introduciendo en la economía de su creación que era obra de amor, ese incomparable factor del dolor
o no sabría explicar la misteriosa y omnipotente energía que hay en el dolor, pero comprendo su inmensa dignidad al pensar que Dios no eligió como instrumento de redención ni la belleza, ni la sabiduría, ni el genio, ni el poder, ni la gloria, ni ninguna de todas esas grandes cosas que los hombres persiguen y adoran, y por las cuales venden sus almas, sino el dolor que es algo oscuro, de lo cual todos los seres huyen, y que sirve a la filosofía puramente humana como argumento contra la propia existencia de Dios, porque no entiende su función compensadora.
Y para dignificarlo más, y para que nunca más la libertad humana pudiera desequilibrar su balanza, aunque los pecados de los hombres formaran una montaña, cuyo cimiento bajara hasta el infierno, y cuya cumbre amenazara el cielo, arrojó en el platillo el peso infinito de la carne dolorida y adorable de su propio Hijo, que era Dios.
“Si alguna cosa fuera mejor y más útil para la salud de los hombres que el sufrir adversidades – dice Kempis -, por cierto que Cristo lo hubiera enseñado por palabras y ejemplos.”
Débese pensar además que el dolor no es solamente instrumento de redención, sino indicio de predilección de Dios hacia alguna criatura, de tal manera que los que no sufren, deben inquietarse por su desamparo, y llamar a las puertas de la misericordia, sin descansar, reclamando su porción de dolor, como un hijo reclama su herencia legítima.
Santa Ángela de Foligno nos dice con palabras inspiradas por el mismo Jesús: “Aquellos a quienes yo amo, comen mas cerca de mi, en mi mesa y toman conmigo su parte en el pan de la tribulación, y beben en mi propia copa, el cáliz de la pasión.”
¡Pobres ciegos los que esto ignoran y se rebelan contra lo que es señal de predestinación! Por eso exclama el Eclesiastés: “¡Ay, de los que pierden los sufrimientos!”
Infinitamente profunda y consoladora es, pues, la afirmación del Padre Faber que hace del dolor el octavo sacramento.
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