viernes, 20 de abril de 2018

MECHI: "ÉL NO ENTENDÍA NADA
DE AUTODOMINIO NI SACRIFICIOS
PARA MÍ TAMBIÉN FUE DIFIÍCIL"

"Él no comprendía las precauciones que había que tomar y los sacrificios que había que hacer .... Confieso que para mí también fue difícil"

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 Querido Padre:
El año pasado la lectura de varios capítulos de "La casa sobre roca" me ayudó a superar una difícil situación que estaba viviendo. Por aquel entonces estaba de novia y veía que algo no andaba bien en la relación. El tema de la pureza por ejemplo siempre salía en las conversaciones pero francamente me sentía sola, como que él no comprendía las precauciones que había que tomar y los sacrificios que había que hacer. Confieso que para mí también fue difícil pues como dice el Evangelio "El espíritu está dispuesto pero la carne es débil".

Ahora puedo entender que si una misma, como mujer, no se siente acompañada y comprendida por el varón en este tema de la pureza, es muy difícil sortear los obstáculos que se presenten.


Es decir, son los dos los que tienen que remar y sacrificarse. En esto hay que ser muy realista y tener los ojos bien abiertos, conocer y comprender nuestras debilidades. Saber que los sacrificios que se hacen durante la etapa de noviazgo dan sus frutos en el matrimonio, ayudan a fortalecer la pareja  y propician el diálogo tan importante en la "amistad matrimonial". 

También me di cuenta que el que en ese momento era mi novio quien no estaba dispuesto a cambiar ciertas cosas que afectaban mucho su rol de varón. Si bien lo conversamos mucho, al no ver progresos me sentí defraudada y desilusionada. Más bien, vi cosas en él que antes no había visto y di gracias haberlas visto a tiempo, antes de iniciar un matrimonio destinado al fracaso.

Luego de la ruptura recé por él y eso me trajo mucha paz, ya que por momentos una está tentada a intentarlo todo de nuevo.

Por otra parte pude darme cuenta luego de mucho tiempo, y luego de haber llorado bastante, que no porque queramos mucho a una persona y demos todo de nosotras, significa que las cosas deban ir bien.

Me sentí muy identificada con lo que usted dice de las 'mujeres que desean demasiado ser amadas', que comenten el error de quedarse con el primero que les ofrece un poco de amor.

Cuando leí ese pasaje en el libro era como ver un retrato de mí misma; cómo la mujer por así decirlo elije una presa: el varón, por el único motivo de recibir amor; para disfrutar esa 'caza', es decir tener compañía, etc.

He vivido de pequeña situaciones que me han dañado en la afectividad y si bien siempre fui consciente de ello no me había dado cuenta hasta qué punto podían influir en mis relaciones.

Así que después de esta ruptura me propuse sanar esas heridas pasadas para no caer en los mismos errores. Heridas que debían ser sanadas desde todos los aspectos que involucran al hombre, con absoluto realismo y una gran confianza en la gracia de Dios.  

Sé que debo renunciar primero a querer tener un novio para así estar abierta a la gracia, al plan de Dios, a lo que Él quiera, y así podré comenzar un camino juntos de manera sana y teniendo a Dios como guía.

Padre, qué cierto es lo que dice acerca de la mujer y cómo estamos heridas por el pecado original en lo más espiritual. Le pido a Dios me dé paciencia para aspirar al verdadero amor, inspirar el verdadero amor y esperar el verdadero amor. 

Mechi

Grupo Editorial Lumen
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domingo, 1 de abril de 2018

Victimae Paschali (Gregoriano) - Cappella Sistina






Victimae paschali laudes
inmolent Christiani.
Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit pecatores.
Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.
Dic nobis Maria, quid vidisti in via? Sepulcrum Christi viventis,
et gloriam vidi resurgentis,
angelicos testes, sudarium et vestes
Surrexit Christus spes mea;
precedet suos in Galileam.
Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere.
Tu nobis victor Rex, miserere.
Amen. Alleluia.


A la Víctima pascual
ofrezcan alabanzas los cristianos.
El Cordero redimió a las ovejas:
Cristo inocente
reconcilió a los pecadores con el Padre.
La muerte y la Vida se enfrentaron
en lucha singular.
El dueño de la Vida, que había muerto,
reina vivo.
Dinos, María, qué has visto en el camino? Vi el sepulcro de Cristo viviente
y la gloria del que resucitó,
a unos ángeles, el sudario y los vestidos.
Resucitó Cristo, mi esperanza;
precederá en Galilea a los suyos
Sabemos que Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos.
Tú, Rey victorioso, ten piedad
Amen, Aleluya.




Victimae Paschali (Gregoriano) - Cappilla Sistina




Canto gregoriano: "Victimae Paschali Laudes", sequenza della Domenica di Pasqua. Registrazione dal vivo della Cappella Musicale Pontificia "Sistina", diretta da Mons. Giuseppe Liberto, nel novembre 2005.

viernes, 23 de marzo de 2018

EL Amor que arde entre las espinas sin consumirlas
La zarza ardiente

LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
Coronados de espinas, ardientes y traspasados
Prefigurados por la Zarza Ardiente
Contemplación bíblica


1. Las espinas aparecen por primera vez en la Sagrada Escritura en el relato de la caída de nuestros primeros padres. Entre otras calamidades, Dios les anuncia: "Por tu causa quedará maldita la tierra...espinas y abrojos te producirá" (Génesis 3,18).

2. En el lenguaje de la Escritura las espinas son, por lo tanto consecuencia del pecado original. Son manifestación del estado de irreconciliación en que quedaron la tierra y el hombre. Esa irreconciliación, que no le permite al hombre vivir fácilmente sobre la tierra, es especialmente evidente en los desiertos, donde éste no puede vivir a causa de la infertilidad del suelo, sobre el cual sólo logran sobrevivir las plantas espinosas, los abrojos, zarzas y espinillos.

3. La corona de espinas, ya sea la de Cristo en la Pasión, ya sea la que ciñe el Corazón de su Madre, nos habla por lo tanto, del pecado original. Ese drama terrible, al que Jesús vino a poner remedio. Así como Jesús carga sobre sí los pecados del mundo, porta sobre su cabeza, en forma de corona, la maldición de la tierra, el signo de la irreconciliación entre el hombre pecador, hijo de Adán y Eva, y la tierra de la que fueron tomados. "El era herido por nuestras rebeldías..." (Isaías 53,4). Las espinas, en efecto, están trenzadas en forma de corona: por su pasión, Jesús ha transformado la maldición y el castigo, en un triunfo y en una victoria.

4. La espada de fuego: En el relato del castigo del pecado en el libro del Génesis, nos encontramos también con una espada de fuego. O, si traducimos a la letra, con "un fuego como espada". Qué relación hay entre esa espada y la que traspasa el alma de la Madre de Jesús?

5. Tras la expulsión del Paraíso quedan apostados a la entrada ángeles encargados de impedir el acceso al árbol de la vida: "Y le expulsó el Señor Dios del jardín de Edén... Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén a los querubines y la llama refulgente de la espada [= el rayo] para impedir el acceso al árbol de la vida" (Génesis 3,23-24).

6. Los querubines son los ángeles de la presencia o la cercanía de Dios. Su ministerio, su misión es señalar y visibilizar la Presencia, comunicarla a los hombres. Se los representaba sobre el Arca de la Alianza con las alas desplegadas. Sobre ellos, como sobre un trono, se sentaba el Dios invisible para hacerse presente a su pueblo. Es a estos seres angélicos a los que el Señor les encarga que impidan el acceso al árbol de la vida al arbitrio y la insolencia de los hombres desacatados..

7. Las espinas, la espada y el fuego, aparecen pues, en este relato del castigo por el pecado original, asociados en un mismo contexto y expresando distintos aspectos del castigo, o de los efectos desastrosos del pecado. El hombre se convierte ahora en un siervo de la tierra, en un esclavo que ha de servirla, ha de labrarla fatigosamente y entre espinas, para cobrar de ella un salario de pan. Pero el árbol de la vida, queda en el Paraíso perdido, inaccesible ahora. Los ángeles de la Presencia, armados del rayo, le vedan al hombre el acceso a la perdida intimidad y convivencia paradisíaca.

8. En la tradición católica, se celebra a la Cruz como Árbol de la Vida: En la liturgia se canta a la cruz como: "Árbol lleno de luz, árbol hermoso, árbol ornado con la regia púrpura" Y "¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor, en fruto. Dulce árbol, donde la vida empieza con un peso tan dulce en su corteza. Tú solo entre los árboles, crecido para tender a Cristo en tu regazo; Tú el Arca que nos salva, tú el abrazo de Dios con los verdugos del Ungido"

9. El fuego, la espada y las espinas, nos remiten por un lado al castigo del pecado original, pero por otro, al remedio que puso Dios a aquellos males en la Pasión de su Hijo. Al hacerse hombre, Dios tomó sobre sí las espinas y fue herido por la espada y el fuego. Y es de ese remedio que nos hablan esos símbolos de los Corazones de Jesús y María, donde ellos se han convertido, en efecto, de castigo en remedio y de maldición en bendición.

10. Ya no hay Querubines a las puertas del Paraíso para impedirnos el acceso al Árbol de la Vida, sino que, en la Cruz, Árbol de Vida, se ofrece a nosotros Jesús mismo, como fruto de la ciencia del bien y del mal que da la sabiduría a sus discípulos, y que lejos de celarse se nos da en alimento para hacernos iguales a Dios.

11. Junto al Árbol de la Cruz, para tomarnos como hijos y darnos la vida, está María, la nueva Eva que nos da a comer el fruto eucarístico, en vez del fruto de Muerte que la primera Eva le sirvió a Adán.

12. Los mismos símbolos nos hablan en el Génesis de una cosa y en el Evangelio de la contraria. Allá nos pintan las consecuencias del pecado. Aquí nos hablan de la sobreabundancia de la gracia y de la salvación.

13. Al mismo tiempo, podemos ir advirtiendo cómo en la Sagrada Escritura, los símbolos están regidos por leyes propias de combinación y de asociación entre sí. Esas leyes pertenecen al modo y al lenguaje en el que el Espíritu Santo quiere hablarnos en las Escrituras.

14. En hebreo hay una relación verbal entre la llama y la espada. En muchas culturas se ha notado la semejanza de las llamas de fuego con la hoja de una espada, o también con la lengua del hombre. Es que el fuego destruye y mata, o también devora como decimos en castellano, donde son frases hechas decir "lenguas de fuego" o "lengua afilada".

15. En hebreo se habla de la lengua de la espada; y se dice que devora, para aludir metafóricamente a su acción de matar. Igual que en castellano, se habla en hebreo de lenguas de fuego y de que el fuego devora. Se dice en hebreo que el fuego devora con su lengua o con su espada. Se dice también que la espada devora con su lengua, como hace el fuego.

16. Leemos por ejemplo en Isaías: "Sobre el solar de mi pueblo zarza y espino crecerá" (32,13). "Concebiréis heno, pariréis paja y mi soplo como fuego os devorará" (33,9.11; ver Lucas 28,31). "Los pueblos serán calcinados como espinos cortados que devorará el fuego" (33,12).

17. El Salmista ve a sus enemigos que lo rodean como un incendio de zarzas: "Me rodeaban como avispas, llameaban como fuego de zarzas, pero yo los corté en el Nombre del Señor" (Salmo 118,12).

18. David dice que los malvados son como "espinas del desierto" que no son recogidas con la manos sino que se los maneja con el hierro "para quemarlos" (2 Samuel 23,6).

19. Ezequiel sueña con la paz de los últimos tiempos en estos términos: "Ya no habrá más, para la Casa de Israel, espina que punce ni zarza que lastime, entre los pueblos vecinos que la desprecian" (28,24).

20. Estos textos muestran cómo y por qué van asociados el fuego y las espinas en las Sagradas Escrituras. Los príncipes y los reyes vecinos de Israel, son como fuegos peligrosos por su vecindad. De los pueblos, leemos a menudo en las Escrituras que sale fuego que calcina a otros pueblos vecinos: "De Jeshbón saldrá fuego y una llama de la ciudad de Sijón" (Números 21,28).

21. Ezequiel entona un canto fúnebre, una elegía por los príncipes de Israel, en estos términos que ya les irán resultando conocidos: "Tu madre era una vid plantada a orillas de las aguas [...] Pero ha sido arrancada con furor... su ramo robusto se ha secado, lo ha devorado el fuego. Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequía y de sed. Ha salido fuego de su ramo, ha devorado sus sarmientos y su fruto" (Ezequiel 19,10-14).

22. Como se ve: las espinas, el fuego que devora, el hierro que corta los espinos para arrojarlas al fuego, son en el lenguaje bíblico del Espíritu Santo, los emblemas del castigo. ¿Qué hacen pues en los Corazones de María y de Jesús?

23. Jesús, Siervo sufriente, tomó sobre sí el castigo que nosotros merecíamos: "eran nuestras dolencias las que él llevaba sobre sí y nuestros dolores los que soportaba!... El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales fuimos curados... Por sus desdichas justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos soportará él.(Isaías 53).

24. Los mismos símbolos nos hablan en el Génesis de una cosa y en el Evangelio de la contraria. Allá de castigo por el pecado, y aquí de salvación del pecado. Jesús, Siervo Sufriente, tomó sobre sí las espinas, el fuego y la espada. Y María se guardó todo esto en el Corazón.

25. Cierta vez Jesús dijo: "fuego he venido a traer a la tierra y qué quiero sino que arda" (Lucas 12,49). Pero a sus discípulos que querían pedir fuego del cielo para que destruyera una ciudad inamistosa, Jesús los reprendió: "No sabéis de qué espíritu sois" (Lucas 9,54s). No era el fuego destructor el que Jesús quería y venía a traer. No era con ese fuego con el que deseaba incendiar la tierra, sino con ese otro fuego que vemos consumir a los sagrados Corazones.

26. Del cetro de este Mesías no sale fuego destructor de los enemigos, sino un fuego de amor divino, más fuerte que la muerte y que ni un océano puede extinguir (Cantar 8,6-7).

27. Los corazones nuevos. Los corazones de Jesús y de María son la primicia de los Corazones nuevos, deseados por los justos y prometidos por Dios, por boca de sus profetas, para el tiempo de la Nueva Alianza.

28. Jesús y María tienen en sus corazones el fuego, las espinas, la herida de la lanza o las espadas. En ambos corazones brilla el perdón de Dios. Porque ni en el Corazón del Hijo ni en el de la Madre hay lugar a la más mínima sombra de rencor. En ellos arde, puro y sin escoria, el fuego del perdón divino; que quiere consumir al pecado pero no al pecador.

29. A la luz de este fuego que inflama estos corazones y de esta lanza y espada que los traspasa, a la luz de esta corona de espinas, nos es posible comprender mejor cómo en los castigos por el pecado original que anunciaba el Génesis no había una explosión de la ira divina, sino una profunda pena misericordiosa y la preparación del remedio y de la salvación por Jesús y María.

30. Las zarzas y el fuego: Hay dos pasajes de la Sagrada Escritura en las cuales aparecen las espinas, el fuego y la espada y son significativos para seguir profundizando en el sentido de los corazones traspasados, ardientes y coronados de espinas.1) La fábula de los árboles que eligieron por rey a la zarza (Jueces 9). 2) El encuentro de Moisés con Dios en la zarza ardiente (Éxodo 3).

31. La zarza que contagia su incendio y devora con su fuego a los árboles de su alrededor significa la ira de un rey perverso que se entre destruye con un pueblo perverso.

32. El fuego que Moisés ve arder en el corazón de la zarza sin consumirla le revela a Moisés a Dios como fuego de amor misericordioso no destructor ni devorador de los espinos, (los malvados). Dios le manifiesta allí a Moisés su Nombre: Yo soy el que soy, o quizás mejor: Yo soy el que estaré (con vosotros = el Emmanuel), es decir, el Dios de la Presencia y cercanía recuperadas.

32. Considero que la zarza ardiente que vio Moisés, prefiguraba el misterio de los Corazones de Jesús y de María.

33. En una colección de antiguos comentarios rabínicos sobre el libro del Éxodo, llamado Midrásh Éxodo Rabbáh, encontramos un comentario a las palabras de nuestro texto: "Como una llama de fuego en medio de las espinas". El comentario dice así: "Otra opinión acerca de 'a manera de llama de fuego', dice que estaba (el fuego) a ambos lados de la zarza y encima de ella, igual que el corazón (en hebreo = leb) está puesto entre ambas partes del cuerpo y en la parte de arriba". Según este comentario, el fuego estaba dentro de la zarza como un corazón; era como el corazón ígneo de la zarza. O también, el fuego ardía en el corazón de la zarza. En todo caso, los rabinos son sensibles a relacionar en este texto los diversos símbolos del texto, los mismos de nuestro emblema.

34. El famoso comentarista medieval judío Rabbí Salomón Isaac, más conocido como el Rashí, comenta así nuestro pasaje: 'En una llama de fuego' (belabbat 'esh): "Es el corazón (leb) del fuego. Expresión al estilo de: 'En el corazón del cielo' (Deuteronomio 4,11), 'el corazón de la encina' (2 Samuel 18,14) que significa: en medio de. Y no te extrañes de que diga labbat por leb, (con tau final), porque hay otro ejemplo de eso en Ezequiel 16,30:  'Oh! ?Qué frágil es tu corazón' (=libbatekha)" Según lo cual, este autorizadísimo rabino, nos autoriza a entender que Moisés vio a Dios "en el corazón de la llama o del fuego" (belibbat 'esh).

35. Por este camino, leo en el texto: "Y se dejó ver el Ángel de Dios a él en forma de corazones de fuego" (=belibbót 'esh). Y también, ambivalentemente:  "En forma de lengua de fuego", "En forma de espada de fuego", "En forma de corazones de hombre" (belibbot 'ish)."De en medio de la zarza" (=mitok hasenéh) Y también, ambivalentemente: "De en medio del odio" (=mitok hasin'áh).Es decir, en otras palabras, "corazones de fuego, que arden en medio del odio sin consumir a los que los odian".

36. El fuego que Jesús ha venido a la tierra ha de entenderse pues, como un fuego que no viene del cielo a destruir al pecador, sino a llamarlo al amor, a inflamarlo en un amor divino, que no destruye sino que vivifica..