martes, 12 de noviembre de 2019

LA LUJURIA ES DEMONÍACA (1)
LECCIÓN INAUGURAL

El demonio aspira a un principado análogo y rival al de Dios sobre el hombre. Así lo afirma Santo Tomás: “ambicionó además como consecuencia (de su rebeldía) cierto principado sobre los demás seres: en lo que también presumió en su perversidad asemejarse a Dios”  (Summa Theol, Parte 1ª. Cuestión 63, Artículo 3° cuerpo)

Por eso el demonio presume de ser "El príncipe de este mundo"

Ese dominio o principado no puede ejercitarlo como lo hace Dios y los Ángeles buenos mediante la verdad,el bien y el amor puros. Sino que, de acuerdo a la corrupción de su naturaleza por el pecado demoníaco, sólo puede ejercerlo a través de la mentira, la ficción, las ilusiones y la coacción, usando el halago para inducir en soberbia o la amenaza para mover a desconfianza en Dios.

A la luz de estas verdades se nos da a comprender por qué el demonio induce a los desórdenes sexuales. El sexo es un bien creado por Dios al servicio del amor y subordinado al amor para servir a los fines del amor. 

El demonio lo separa del amor y lo desvía hacia sí mismo, convirtiéndolo en fin en sí mismo.De este modo eclipsa al amor. Y lo usa para esclavizar y dominar, apartándolo de su fin que es dar la vida. Esteriliza por la lujuria. 

De esta manera, mediante la sexual insubordinada obtiene dominio sobre varones y mujeres. Un dominio despótico que ejerce a través del sexo desordenado, separado del amor y que por hacerse obsesivo-compulsivo eclipsa la libertad necesaria para amar a Dios. Encierra al ser humano en sí mismo y hace del medio fin.

El Señor nos hace comprender que los desórdenes sexuales, en los que el sexo se separa del amor y adquiere una fuerza y finalidades propias, en forma obsesiva y adictiva, llegan a anular la libertad, ¡Son de naturaleza demoníaca! 
Nos enseña que, como el demonio no puede ni quiere gobernar al ser humano por el amor de caridad, pues su pecado fue el rechazo de la caridad lo quiere someter a su dominio por la esfera sexual. Precisamente por la obsesión y la adicción hace que el ser humano ya no sea libre y sea incapaz de amar, ni siquiera de amarse a sí mismo.
Así, la lujuria, tiene un efecto de encierro del ser humano en sí mismo. Ya sea por el autismo sexual (masturbación) ya sea por la desvinculación interpersonal (masturbación de a dos).
Tanto la auto-masturbación como la fornicación  como la homosexualidad, suscitan lo que en psicología se llama TOC,trastorno obsesivo compulsivo.

La obsesión es el dominio demoníaco sobre el conocimiento y toda la esfera cognitiva del ser humano.

La compulsión es el dominio demoníaco sobre la voluntad y toda la esfera de lo volitivo afectivo del ser humano

El demonio domina la esfera cognitiva desde la percepción. Toda percepción se tiñe de significación sexual. Todo se percibe en clave sexual. La significación sexual predomina, asociando todo lo que se percibe con referencias genitales.

La inteligencia, la memoria, la imaginación, la asociación de toda percepción con un sentido genital, Así toda percepción se convierte en estímulo erótico. Y de esta manera se instala la obsesión en la esfera cognitiva. La perspectiva solipisista eclipsa la perspectiva del amor, que mira al otro, y así incapacita no solo para abrirse al otro, sino para entregarse amorosamente al otro como bien del otro. 
El obsesivo queda así bajo el domino del demonio en su inteligencia y voluntad. Se convierte en cosa para sí mismo y percibe a los demás como objetos.

La compulsión sexual es el dominio del demonio sobre la esfera volitiva. En realidad consiste en la abolición de la voluntad, de la libertad, del autodominio y la autodeterminación al bien propio y del otro. Es la despersonalización, la pérdida de los atributos humanos personales: inteligencia y voluntad.


La pasión desordenada de satisfacción genital se hace imperativa y puentea la voluntad. El adicto sexual se convierte así en abusador de sí mismo y de los demás. Él es para sí mismo objeto de placer es en realidad un violador de sí mismo. Y al percibir al otro como objeto sexual se convierte en violador, en abusador sexual; de pensamiento, palabra o de obra en forma compulsiva. Puede desnudar al otro con su imaginación.


De esta manera el demonio ejercita un dominio sobre el ser humano que se extiende a través de su cerebro y sistema neurovegetativo autónomo, a sus glándulas, hormonas, por via neurológica y fisiológica. Se instalan así reflejos  medulares condicionados en distintos grados de automatismo o autonomía. de modo que el demonio adquiere poder, influencia, sobre la esfera corpórea y puede producir vejaciones de todo tipo.


El demonio opera así la violación del ser humano en alma y cuerpo, comenzando su violación por el pensamiento, siguiendo por la sensibilidad, las glándulas y hormonas, y todos sus órganos. De esta manera puede llegar a excitar los genitales en forma involuntaria y "violar" sexualmente al ser humano manejándolo de alguna manera, despóticamente, como un títere, un robot o un zombie. 


Médicamente está comprobado que la masturbación produce reflejos condicionados medulares causantes de la eyaculación precoz y otros trastornos genitales. Así las funciones genitales se hacen neurológicamente autónomas e independientes de la voluntad. Pero, a su vez, el demonio toma dominio sobre ellas por vía neurológico-glandular. Y de ese modo se convierte en un violador psicofísicamente y un profanador sacrílego del ser humano y su destinación espiritual y mística. Violador del alma, y desde ella también del cuerpo. 


He aquí el pasaje de la Summa Theologica donde se encuentra la afirmación citada al comienzo: “(Satanás) aspiró indebidamente a ser semejante a Dios, codiciando como último fin de su felicidad aquello a que podría llegar por virtud de su propia naturaleza, y apartando su apetito de [no deseando] la beatitud sobrenatural, que se obtiene por la gracia de Dios.


O bien – si es que apeteció como su fin último aquella semejanza de Dios que se otorga por gracia – pretendió poseerla por la virtud de su naturaleza, y no por el auxilio de Dios con subordinación a sus disposiciones: lo cual concuerda con lo que dice San Anselmo Lib. de casu diaboli, (La caída del Demonio) cap. 4, que apeteció aquello a lo que hubiera llegado si perseverara. Lo uno y lo otro vienen a refundirse en un mismo pecado, que consistió en aspirar a la bienaventuranza final por su sola virtud, lo cual es propio de Dios. Y, como lo que es per se (por sí mismo), es principio y causa de lo que es por otra cosa; ambicionó además como consecuencia cierto principado sobre los demás seres: en lo que también presumió en su perversidad asemejarse a Dios”. (Summa Theol, Parte 1ª. Cuestión 63, Art. 3° cuerpo)

viernes, 8 de noviembre de 2019

DE LA SANTIDAD A LA SACRALIDAD

Dos formas y dos etapas religiosas
del matrimonio y la familia
según la revelación bíblica:

EL BUEN AMOR ENTRE NOSOTROS
1. LA SANTIDAD
El matrimonio y la familia en el Antiguo Testamento

El motivo por el cual en el Antiguo Testamento, la familia es santa, es porque ¡Dios es un miembro de la estructura de parentesco! Dios es un miembro de la familia patriarcal y por lo tanto del clan y del pueblo de la Alianza, en la plenitud de sus doce tribus.
Dios entra en relación de parentesco con los patriarcas por el establecimiento de una Alianza. Y se comporta como verdadero pariente, asumiendo y cumpliendo los deberes de protección y providencia de un buen pariente.
Yahveh es no solamente el Dios de los Padres, sino el pariente divino. Es, literalmente: el “Pariente de Isaac” [Génesis 31, 42, 53: Pájad Yitsjaq].

La motivación a la santidad de la familia, en el Antiguo Testamento es la del Levítico: “Sed santos porque yo Yahvé, vuestro Dios, soy santo”. La pertenencia recíproca es la del parentesco: “Soy vuestro Dios, sois mi pueblo, eres nuestro Dios, somos tu pueblo”. “Él es nuestro Dios, a Él pertenecemos” [Ver. Salmo 94, 7: “Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía”].

Consecuencias para el matrimonio y es amor esponsal
En esta visión, el matrimonio entre los miembros del pueblo de Dios, es una realidad religiosa porque el amor humano es una imagen y semejanza del amor divino, y porque de él nacen los hijos de la Promesa.
Los vínculos de parentesco entre los hombres son de dos tipos: 1 ) de alianza o 2) de sangre. Ahora bien, de ambos tipos, la alianza es el primero, porque da origen a todos los demás y porque es el más exclusivamente humano.
El parentesco establecido por alianza es la fuente de todo vínculo de parentesco de sangre. La alianza es la forma de parentesco que se entabla libremente. Mientras que el vínculo de sangre precede a la libertad, se le impone. Reclama ser asumido aunque puede ser negado o rechazado. La Alianza es, por el contrario, libre; y es el vínculo espiritual, voluntario y libre más adecuado a la condición de los seres libres y espirituales.
La Alianza con Dios es una realidad santa, porque Dios se ha hecho por amor, libremente, miembro de la familia, del clan, de la tribu y del entero pueblo de la Alianza; y porque el pueblo entero ha elegido hacerse pariente suyo por Alianza y renueva su Alianza de generación en generación [Josué 24, la renovación de la Alianza en Siquem].
La Alianza es revelación del amor del Pariente divino: “No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo te auxilio, oráculo de Yahvé, y tu Go’el [ = tu pariente fuerte y auxiliador] es el Santo de Israel” [Isaías 41, 14].

El Cantar de los Cantares, que supone la visión bíblica de la Alianza como epifanía de amor, ya sea divino, ya sea humano, y que se mueve sobre la tradición profética que considera el matrimonio de Yahvé con su pueblo como análogo a la unión esponsal, celebra el amor entre hombre y mujer, como una centella o llamarada, desprendida del fuego del amor divino [“Centella de fuego, llamarada divina” Cantar de los Cantares 8, 6].

Serios trabajos arqueológicos e históricos, como los de W.F. Albright y R. De Vaux, nos permiten afirmar con plena verdad y fundamento, que son rasgos propios, distintivos de la religión bíblica:
1º) Considerar al Dios del Padre como un Dios-pariente, el primero y máximo Goel de todo el pueblo
2º) Ver una Epifanía de Dios en las relaciones de parentesco y en los términos de Alianza de parentesco. Podríamos decir: santificar la esfera familiar. Más aún, la esfera interpersonal.
3º) Considerar que el Dios-pariente o Go’el asegura con sus Promesas y con su Auxilio, tanto la descendencia como el alimento, primero del clan y más tarde del pueblo entero, convertido en nación. Esta fe patriarcal perdurará, como veremos a continuación, tanto en la Ley como en los Profetas y Salmos.
[Sobre el Dios pariente puede ver mi estudio “Go’el: El Dios Pariente en la Cultura Bíblica”, en mis páginas web: http://www.horaciobojorge.org/diosparienteindice.html o también en: http://ar.geocities.com/horaciobojorge/diosparienteindice.html]

SUMERGIDOS EN EL BUEN AMOR
2. LA SACRALIDAD
El matrimonio y la familia en el Nuevo Testamento

El motivo por el cual la familia en el Nuevo Testamento es sagrada, además de ser santa, es, en cierto modo, inversa.
En el Nuevo Testamento ya no se trata de que Dios sea un miembro del clan humano, sino que ahora son los hombres quienes pasan a ser admitidos como miembros de la familia divina por la fe y la gracia bautismal de divina regeneración.
En efecto. Jesucristo enseña que los hombres, al acceder a la condición de hijos de Dios, entran a formar parte del Nosotros divino. Un Nosotros divino que comienza ahora a abarcar en su ámbito de comunión de vida y pertenencia amorosa - y a partir de la Humanidad de Cristo y de María, y de todos los suyos -, a todos los que creen y viven como hijos de Dios.

Se amplía así el Nosotros y empieza a ser un Nosotros Divino-humano.

Desde Cristo y de la vocación de los primeros discípulos, los hombres ingresan en el parentesco divino al ingresar en la comunión trinitaria.
La consecuencia para la realidad matrimonial - que une dos hijos de Dios en amor esponsal - es que su amor, ya no es solamente una flecha encendida, o una centella desprendida del fuego celestial, o una llama del amor divino que incendió dos corazones humanos, sino que es algo aún más sagrado a lo que se llamará: sacramento.
Este tipo nuevo de matrimonio, entre dos hijos de Dios, funda un nuevo tipo ideal de familia: la familia católica.
He tratado más brevemente del carácter sagrado del sacramento católico del matrimonio, porque volveré a ocuparme más adelante de él.

viernes, 1 de noviembre de 2019

ORÍGENES DE LA DESACRALIZACIÓN
DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

Lutero y la desacralización
Algunos historiadores, antropólogos y psicólogos, han notado cómo Lutero, al negarle carácter sacramental al matrimonio, no solamente se separó de la visión católica, sino que abrió el camino al proceso de desacralización y secularización del matrimonio y la familia que culmina ante nuestros ojos en nuestros días.

“Es con Lutero, y más en general, con la Reforma – afirma Claudio Risé - que, dos siglos antes del desencadenamiento de la furia de las revoluciones burguesas contra lo sagrado, comienza la desacralización y secularización de la familia”.
“Las consecuencias jurídicas de la doctrina de Lutero acerca del matrimonio – continúa afirmando - se han visto solamente 250 años más tarde. Es también con Lutero, - quien motejaba a su mujer como ‘la doctora Catita” --, que comienza la transferencia de las responsabilidades educativas de los hijos, de manos del padre a las manos de la madre”.
En efecto, a partir de entonces reducirá el rol del padre a lo económico [alimentación y provisión de servicios] y comenzará el progresivo debilitamiento de la cultura paterna y de la patria potestad. [Véase Claudio Risé, Il Padre, l’assente inaccettabile, Ed. San Paolo, Milano 2003, págs. 50-51, que cita a J. Heckel, Lex Charitatis, München 1953].
Claro está que esa el rol de padre es algo que muchos varones desercionan sin que nadie se lo imponga desde fuera, a no ser la misma cultura dominante que no hace nada por fomentar la cultura del varón paterno y responsable. Pero ¿cuáles son las raíces de esa cultura signada manifiestamente por su fobia anticatólica?

“La Reforma protestante – afirma D. Lentzen - tuvo un rol determinante en promover el debilitamiento conjunto de la figura paterna tanto humana como divina, y en preparar la deriva secularista de la familia.

La Reforma introduce la separación entre el Reino de Cristo y la sociedad humana al relegar la institución matrimonial al ámbito de lo exclusivamente civil y terreno. Con Lutero, el matrimonio sale del ámbito jurídico del reino espiritual y es entregado al orden del mundo secular, sometido al ordenamiento jurídico civil”
[Puede verse: D. Lentzen, Alla ricerca del Padre. Dal Patriarcato agli alimenti. Laterza Bari 1991, pp. 205 ss. Citado por Claudio Risé, O.c. p. 52. D. Martin Luther, Werke. Kritische Gesamtausgabe, vol. XXXII, pp. 376ss. Weimar 1883. En el mismo sentido se pronuncia Mons. Paul Josef Cordes, al comentar la influencia de Lutero en El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid 2003, p. 171 y ss.].

Se puede afirmar que la doctrina de Lutero sobre el matrimonio abrió la puerta a la ulterior estatización de la patria potestad, que hasta entonces reposaba en la relación religiosa del padre terreno con el Celestial. Uno de los factores más fatales de la desacralización de la familia es el eclipse de la figura paterna, la desaparición del varón paterno, que es reflejo terreno de la figura del Padre celestial [Dieter Lenzen, citado por Claudio Risé].


Copio de un testimonio verídico estas expresiones que recuerda y reprocha una esposa a su esposo en una carta previa al divorcio: "Yo si no me hubiera casado, - decía él - viviría como un rey, con la mitad de lo que trabajo, me sobraría para hacer lo que quisiera, vivir viajando y darme todos los gustos y no tener que preocuparme por nada".
Al secularizarse la mente del varón, éste contrae matrimonio por motivaciones sexuales, no religiosas, y pasada la ilusión sexual del varón, el matrimonio no perdura.

Según Lutero todo lo relativo al matrimonio y la familia es del resorte de los juristas y es de orden mundano y, en consecuencia, el divorcio tampoco atañe a la Iglesia sino al estado.
Puesto que el matrimonio es un asunto mundano, exterior, como lo son la mujer, la casa, los hijos, la hacienda y todo lo demás, está sujeto a las autoridades seculares y sujeto exclusivamente a la razón [Claudio Risé y Dieter Lenzen, Obras citadas.].
El lógico resultado de esta visión secularizada de la institución matrimonial, cuyo carácter sacramental es negado, es que, en nuestros días, vemos librada a la familia a un derecho positivo independizado de la ley natural. Una visión jurídica tributaria de la ideología del individualismo radical, como observa el Dr. Carlos Cassini Correas [en la conferencia a que me he referido en otra entrega del blog]

El sacramento del matrimonio
Por el contrario, en la visión católica, la familia es sacramental, sacra, sagrada. ¿Por qué? Porque es Dios mismo Quien ama a la esposa en el ministerio sacramental del esposo, y es Dios mismo Quien ama al esposo en el amor ministerial de la esposa. En el matrimonio sacramento, el ser mismo de los esposos, en cuerpo y alma, es materia de este sacramento.
En la hermosa visión judía de la santidad matrimonial, de la que dí un ejemplo en este blog, los esposos están unidos por una común vinculación con Dios, por una tendencia a la santidad compartida por ambos. Esa unión religiosa es la que impide que la sexualidad avasalle al amor.

En la visión sacramental, cristiana, el cotidiano y perpetuo consentimiento amoroso es la forma; del sacramento. La materia del sacramento son ambos cónyuges, asumidos en su íntegra realidad personal, como signo eficaz de la acción divina.
El amor esponsal de los hijos de Dios está llamado ahora a algo más que a ser imagen y semejanza creatural; a ser algo más que Alianza análoga. Está llamado ahora a ser participación en la hoguera misma del amor divino. Es, como dice San Pablo, un misterio grande [to mystêrion touto méga estin, Efesios 5, 32], comunión en el amor de Cristo a la Iglesia, de Dios a la Humanidad.
En el matrimonio sacramental, se agrega al deseo religioso de ambos, la acción interna de la gracia divina en el vínculo de alianza que los une.

lunes, 28 de octubre de 2019

SANTA TERESITA
DOCTORA EN ESPONSALIDAD

LO QUE ÉL HA SOÑADO PARA TI
"Me sentí inundada por un río de paz. Y en medio de esa paz que "supera todo sentimiento", emití lo santos votos…Mi unión con Jesús no se consumó entre rayos y relámpagos -es decir, entre gracias extraordinarias- sino al soplo de una ligera brisa parecida a la que oyó en la montaña nuestro Padre san Elías…"
Santa  Teresita del Niño Jesús 
(Manuscrito A, 76 vº)
Jesús quiere unirse a tí, a tu alma, quiere llegar a la unión total contigo. ¿De qué modo será?...Él sabe. Con cada alma recorre un camino nuevo, diferente…porque cada vida es una historia de amor con Jesús única e irrepetible, tu eres para Él único…no hay nadie que pueda compararse o sustituirte en Su Corazón.
Teresita hoy te invita a dejarte llevar por el Espíritu Santo, a escuchar lo que te va  susurrando al corazón y la Iglesia, tu Madre, te va confirmando... y confía…no mires otros caminos ni desees lo que han vivido otros…porque Él ha pensado y soñado para ti algo infinitamente mejor!
TODO ES GRACIA

viernes, 25 de octubre de 2019

FAMILIA Y DESACRALIZACION [4]
REFLEXIONES; 3ª REFLEXIÓN

TERCERA REFLEXIÓN

Desenmascaramiento:
Las palabras desacralización, secularización, resultan engañosas. Sugieren que la familia, el matrimonio y la sociedad dejan de ser religiosas, cuando en realidad, pasan a ser vividas en otra clave religiosa. Cripto-religiosa, es verdad, pero religiosa.
Es la cripto-religión del Hombre que se pone, en los hechos, en el lugar de Dios. Este proceder se conoce en la tradición bíblica como idolatría, cuya forma actual va acompañada de ideo-latrías.

Debería hablarse propiamente de re-sacralización o trans-sacralización, en vez de des-sacralización. Y debería hablarse de panteización de la naturaleza, o de autodivinización del hombre. En términos bíblicos es una recaída en la idolatría.
Al rechazar el vínculo religioso de amor a Dios, se rechaza en realidad la dependencia que ese vínculo supone. Se rechaza al Dios Padre, junto con la condición filial - y por lo tanto obediente -, del Hijo.

Esta irreligiosidad cripto-religiosa es vivida por el hombre pseudo-irreligioso con fervores religiosos, apostólicos; con un fervor y un celo de su propia gloria, propio de quien se hace Dios y devoto de sí mismo a la vez. La historia atestigua también que la idolatría desencadena la guerra entre los ídolos: la teomaquia.

Nosotros comprendemos, merced a la revelación bíblica, que ese hombre auto-divinizado, será como el que describe Pablo en Romanos 1, 21 ss. y al que llama “el hombre de la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2, 3-12), que se coloca en lugar de Dios.

Ese hombre es celoso de su propia gloria y exige ser adorado exclusivamente, como sucedió en el Imperio romano, durante tiempo del culto al Emperador. Esto puso a los cristianos ante la disyuntiva heroica del martirio o la apostasía
.
El nuevo César, el nuevo estado divinizado, exige de los creyentes prescindir del Padre y del Hijo en la configuración concreta de su vida. Y es así como exige ser adorado y reconocido como absoluto y tiene a la fe cristiana como error o impostura. Es de temer que pronto se la tipifique, nuevamente, como delito.

Para comprender lo que sucede con la familia, el matrimonio en la cultura "desacralizada" este desenmascaramiento es un paso previo imprescindible.