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viernes, 13 de enero de 2017


YO ME CASÉ CON UN DIVORCIADO



"Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando"

Lo que piensa Antonia sobre las alegrías del amor matrimonial

Yo Padre me casé con un divorciado a quien luego le fue anulado su matrimonio.  Sin embargo, con el tiempo, me he dado cuenta de que las causales (inmadurez y falta de libertad de conciencia de él) fueron así en su primer matrimonio; y siguen siendo así en su matrimonio conmigo.  

Por tanto pensé hoy que Dios sólo me regalo la posibilidad de que Jesús viva en mi y yo en el, y no un matrimonio pleno sino una misión para santificarnos ambos.

Cuando yo creí que me bendecía con el matrimonio eclesiástico, Él se encargó, de manera contundente, de que me diera cuenta que no iba por ahí la cosa.
Pero aceptó mi ofrenda de 22 años mortificada.

Hoy escribí en face esto:

   Ustedes son mis amigos ...si hacen lo que yo les mando. ( Jn 15:10-14) .

Ser divorciado vuelto a casar,y no poder confesar ni comulgar, para un católico, es cruz.
Es sufrimiento, porque condiciona a no poder tener la gracia de los sacramentos.
Pero también es hacerse responsable de nuestras decisiones.

En esas circunstancias, la humildad para asumir el sufrimiento siendo obediente a Dios, permaneciendo en El y ofreciendo la cruz es más agradable a Dios.
Y también es más coherente que, ir contra la Palabra Divina y hacer la propia voluntad.

Si uno quiere estar en comunión con Dios tiene que hacer como Él dice y eso lo sabemos todos bien, porque no hay nada, ni nadie por encima de las Sagradas Escrituras.

Antonia

domingo, 29 de mayo de 2016

LA ALEGRÍA DEL AMOR
COMO LA VE ANTONIA

Lo que piensa Antonia sobre las alegrías del amor crucificado

Yo, Padre, me casé con un divorciado a quien luego le fue anulado su anterior matrimonio.  Sin embargo con el tiempo me he dado cuenta de que las causales (inmadurez y falta de libertad de conciencia de él) fueron así en su primer matrimonio y siguen siendo así en su matrimonio conmigo.  
Por tanto, me di cuenta de  que Dios, hoy, sólo me regaló la posibilidad de que Jesús viva en mí y yo en Él, y no un matrimonio pleno sino una misión para santificarnos mutuamente. Cuando yo creí que me bendecía por fin, porque pude contraer el matrimonio eclesiástico y volver a recibir los sacramentos, Él, el Señor, se encargó  de que me diera cuenta, de manera contundente, de que no iba por ahí la cosa. Pero también de que comprobara que Él me ha dado la gracia para aceptar mi ofrenda de vivir ya veintidós años mortificada pero con un gozo: hacer su voluntad.
Hoy escribí en Face esto: 
Ustedes son mis amigos ...si hacen lo que yo les mando (Juan 15:10-14) .

Ser divorciado vuelto a casar, y no poder confesar ni comulgar, para un católico, es cruz. Es sufrimiento. Porque condiciona a no poder tener la gracia de los sacramentos. Yo lo sé, porque viví esa situación durante un tiempo y puedo comprender a los que lo viven, pero también aconsejarlos bien. 

Porque abstenerse de los sacramentos, aún con  dolor, permite también hacerse responsable de nuestras decisiones. 
En esas circunstancias, la humildad para asumir el sufrimiento siendo obediente a Dios, permaneciendo en Él y ofreciendo la cruz, es más agradable a Dios, y también es más coherente que, ir contra la Palabra Divina y hacer la propia voluntad atentando recibir los sacramentos. 

Si uno quiere estar en comunión con Dios tiene que obedecerle y comportarnos como Él dice. Y eso lo sabemos todos bien porque, no hay nada, ni nadie por encima de su Palabra en las Sagradas Escrituras.

Antonia