viernes, 29 de diciembre de 2017

MARÍA SACERDOTAL:
LO OFRECIÓ SOBRE UN PESEBRE



“lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”
                                                        Homilía para Navidad                    

            En el pesebre se pone el forraje para los animales. ¿Qué hace Jesús allí? Nos dice: Esta es mi carne para alimento del mundo. Tomad y comed, porque mi carne es verdadera comida.
            María lo pone en el pesebre como quien da a su hijo en ofrenda para la vida del mundo.
Con un gesto sacerdotal y nutricio, lo pone entre el heno, como quien nos lo da para alimento.
También ella puede decir: "esta es mi carne" y con su gesto dice "tomad y comed, porque mi carne es verdadera comida", el alimento puro, carne inmaculada y sin pecado.
            Isaías había hablado del pasto y de la carne: "Toda carne es como el heno, y todo su esplendor como flor del campo. La flor se marchita, se seca la hierba en cuanto le da el soplo de Dios" (Isaías 40,6-7).
La imagen es proverbial en la Escritura: "No te exasperes por causa de los malvados, no envidies a los que hacen injusticias. Porque se marchitan pronto como el pasto, como la hierba tierna se secan" (Salmo 36(37),1-2).
"Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: `¡Volved hijos de Adán!'. Porque mil años son a tus ojos como un día, un ayer que pasó, una vigilia de la noche. Tú los arrebatas, no son más que un sueño, como la hierba que a la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca" (Salmo 89(90), 3-6).

            El pasto y toda hierba verde es el alimento que Dios había dado desde el principio al hombre y a los animales: "Mirad que yo os he dado toda hierba de semilla que existe sobre el haz de la tierra y todo árbol de fruto con semilla: eso os servirá de alimento. Y a todo animal terrestre, a toda ave de los cielos y a todo ser animado que se arrastra sobre la tierra, les doy por alimento toda hierba verde" (Génesis 1,29-30).

            "Dime lo que comes y te diré quién eres". El hombre y los animales, "toda carne" como dice la Escritura, se alimentan de hierba y son transitorios como ella. Y aunque la hierba sea fugaz, la carne, los vivientes, no pueden subsistir sin ese alimento perecedero. De lo que es más perecedero que nosotros, recibimos permanencia los que somos fugaces.

            Por eso, la profecía de Isaías introduce una promesa y una esperanza inauditas, cuando - anunciando la Encarnación de la Palabra eterna de Dios - injerta sobre el pie de aquél melancólico proverbio bíblico, el alegre anuncio del Evangelio: "La hierba se seca, la flor se marchita (¡es verdad!), pero la Palabra de Dios permanece para siempre" (Isaías 40,8).

            ¿Qué pasa cuando, por el misterio de la Encarnación, la Palabra eterna, permanente y duradera de Dios, toma carne humana y entra en esta carne transitoria? Pasa - para decirlo con palabras de Pablo - que "esto mortal, se reviste de inmortalidad" (1 Corintios 15,54).
¿Cómo podrían, si no, heredar el Reino de los Cielos la carne y la sangre mortales, ni heredar la incorrupción lo corruptible?

            Esta carne del hijo de María, será pues alimento de inmortalidad, bajo las especies del alimento perecedero de la fugacidad: bajo las especies eucarísticas, preparadas desde el tercer día de la Creación, cuando dijo Dios: "brote la tierra verdor: hierbas de semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto con su semilla dentro" (Génesis 1,11).

            Esto debía suceder como sucedió, al tercer día de la Creación. En ese día y "al comienzo", la Palabra de Dios, por la que todo es creado y viene a la existencia, se reveló como la Semilla de todas las semillas, semilla primordial de la que proviene toda hierba verde y todo árbol de fruto, entre ellos el trigo y la vid eucarísticos. Pan y vino para el sacrificio según el orden de Jesús.

            El Verbo, la Palabra de Dios, Semilla primordial, es el origen de todo alimento, y propiamente lo que vivifica: "No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios" (Deuteronomio 8,3; Mateo 4,4). Todo escriba instruido en el Reino de los Cielos puede saber que la semilla de donde vino el Pan cotidiano y el Pan de Vida, fue un "Dijo Dios", es decir, una Palabra suya. Y que es sin duda por esto que Jesús tuvo predilección por compararse con la Semilla en sus parábolas.

            María, en cuya carne la Palabra se hizo carne, donde lo  corruptible comenzó a revestirse de incorrupción, es la que, en el pesebre: "nos da esta carne para vida del mundo" (Ver Juan 6,51).
Por eso, dicen los Santos Padres, al reclinar al Niño en un pesebre, ella ofrecía a su hijo como sobre un altar, como alimento, como pan del camino, puesto que tampoco nació en su hogar, sino en un albergue precario durante un viaje.
            San Beda el Venerable, comentando el pasaje "lo recostó en un pesebre", dice: "Aquél que es el Pan de los ángeles, está recostado en un pesebre, para poder fortificarnos como `animales' santos, con el trigo de su carne".
Y San Cirilo explica: "Encontró al hombre embrutecido en su alma, y por esto fue colocado en un pesebre como alimento, para que mudando la vida bestial, podamos ser llevados a una vida conforme con la dignidad humana, tomando, no el heno, sino el pan celestial, que es el cuerpo de vida".
            El mismo San Cirilo interpreta simbólicamente el pesebre como: "el altar, en el que durante la Misa, Cristo, por la consagración es como si naciese y se inmolase".
            San Gregorio, comentando el significado de la palabra Belén, que en hebreo se dice Beit- léjem, dice: "Nace convenientemente en Belén, que se interpreta Casa del Pan. Ya que él mismo dice de sí mismo: Yo soy el Pan Vivo que bajó del Cielo. El lugar donde nace el Señor, se había llamado antes `de pan', en previsión de que iba a aparecer allí en materia de carne, el que restauraría las mentes de los elegidos con una saciedad interior".
            El sabio intérprete Cornelio A Lápide, ve el pesebre como un púlpito desde donde nos predica y enseña el Verbo de Dios, no con palabras sino con hechos: "¿Qué hace un Dios tan grande metido en este poquito de carne yacente en el pesebre? Oigámoslo predicar a él mismo en la cátedra del pesebre, no con palabras sino con hechos, enseñando y predicando:`...me hice pequeño, hombre de carne y hueso como tú, para hacerte Dios. Yazgo en el pesebre entre el asno y el buey, porque tú vivías como un jumento y un animal, complaciéndote en la carne y la sangre. Eras como `el hombre rico e inconsciente, que es como el animal que perece' (Salmo 48(49),21) de quien dice también la Escritura: `no seáis como caballos y mulos cuyo brío hay que domar con freno y brida' (Salmo 31(32),9).
            “Asumí pues - prosigue Jesús - esta carne, para que comas mi carne, y la mía no es carne de jumento sino de Dios, para que uniendo mi carne a la tuya, boca con boca, mano con mano, pie con pie y cuerpo con cuerpo, como lo hizo el profeta Eliseo para resucitar a aquél niño muerto (2 Reyes 4,34), inspire en tí un hálito de vida celestial y divina”

Porque no había lugar para ellos en el albergue
            El pesebre es pues altar y púlpito, con lo que apunta a la Palabra hecha carne.
            Pero es también argumento que convence de pecado al pueblo que no le hizo lugar. María: "lo reclinó en el pesebre porque no había sitio para ellos en la posada" (Lucas 2,7). "Vino a su casa pero los suyos no lo recibieron" (Juan 1,11).
            María recuesta a su hijo en el pesebre donde pastan los animales, porque no ha habido lugar para él bajo los techos de los habitantes de Belén, ciudad de David  cuyo nombre se interpreta también Casa del Pan. El Pan vino a la Casa del Pan, pero no fue recibido.

            Ya antes, en el desierto, el pueblo de dura cerviz - como Dios le llama - murmuraba, incrédula y sacrílegamente, contra el maná: "estamos hartos de este pan miserable" (Números 21,5).
Nada extraño pues, que ahora el Pan de vida vaya a dar entre el forraje. También se leía esto entre líneas en los profetas: "Crié hijos hasta hacerlos hombres, pero ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño y el burro conoce el pesebre de su amo, pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne" (Isaías 1,2-3).

Por fin: lo sucedido es irreversible
            Por fin, lo sucedido aquella noche es algo que está en el tiempo para siempre y en forma irreversible: "El niño Dios ha nacido".
Dios niño ha nacido y está para siempre, como hombre y Dios, en el tiempo y en la eternidad, a la derecha del Padre. Por eso el que vino, viene, está viniendo siempre, está ahí, fiel a sí mismo, fiel a nosotros, fiel al Padre.
Está siempre, viene siempre, está como el que viene siempre y viene
como el que siempre está.
            Por eso su nombre es Emmanuel = Immanu-El = Dios está con nosotros, de nuestra parte, a favor nuestro. Dios de nuestra parte.
           
Y es ella, la Madre, la que nos lo entrega siempre. Tanto cuando lo recuesta en el pesebre, como cuando le está al lado a los pies de la Cruz, recibiendo a Juan como hijo, es decir a nosotros. La que nos entregó a su Hijo, es la que nos recibe de su Hijo como hijos.
              Y Jesús, El Hijo que salió del Padre para volver al Padre, salió del Padre a través del seno lleno de gracia de María. Y habiendo salido del Padre y del seno de María, que es sacramento del seno del Padre, no vuelve al Padre solo. Vuelve con Juan, el primogénito de todos nosotros.
            Al ponerlo en el pesebre, María lo muestra y lo expone, lo expone y lo arriesga, y arriesgándolo, lo ofrece y lo entrega, a la vez que lo contempla y lo adora. Ella que es el testigo único y privilegiado del misterio de la concepción virginal, guarda estas cosas en su corazón.

¡Madre, danos la gracia de tener parte en esa mirada tuya sobre este niño nacido de tus entrañas. De conocerlo como tú lo conoces y de participarnos algo de ese tesoro que guarda tu corazón. Reclina tu misterio en el pesebre de nuestros corazones llenos de pasto seco, de forraje, de cosas transitorias destinadas a ser devoradas por las bestias útiles y de la utilidad. Que nuestras comuniones eucarísticas pongan ante ti el pesebre de nuestros corazones, para que tú los consagres con la carne de tu Hijo.

Ahora te contemplamos mientras tú lo contemplas y queremos tomarte como Madre y Maestra de contemplación. En el silencio de la noche, en el silencio del Padre, también tu corazón contempla en silencio y en paz a ese hijo del prodigio y del milagro: Mira a tu hijo. Ahora él recibe tu mirada y la busca.

Un día, desde la Cruz, hecho Señor y Maestro de tu Corazón y de tu mirada, te invitará a mirarlo a Él en sus discípulos y te enseñará a vernos en él!. Amen.

RECLINATORIO NAVIDEÑOAntonio Caponnetto

"Y llegándose a él un escriba,le dijo: 
-- "te seguiré adonde quiera que fueres". 
Jesús le respondió: 
-- "Las zorras tienen cuevas y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza"
Mateo 8,18-20

Te jura un escriba 
–que en tu comitiva
- donde fueres, marcha,
al llano o al monte 
–o en el horizonte
- con piedra y escarcha.

Le das la respuesta 
–toda sangre y gesta
- duro sacrificio:
seguirte es la serie 
–de sed e intemperie
- sin nunca armisticio.

Hay nidal y hay grutas 
–las visibles rutas
- con raposas y aves,
pero Tú no tienes 
-ni acaso lo ordenes
- refugios o naves.

Como en el comienzo –apenas un lienzo
- sobre paja y heno,
para que celebre 
–tu gloria un pesebre
- mi Dios nazareno.

No hubo un cabezal –en aquel portal - ni camastro alguno,
tu madre fue lecho –yacija su pecho - tu pan el ayuno.

Pasaron centurias –con arduas penurias - de adviento y de espera,
ni en la misma Roma –ya sin la Paloma - aman tu testera.

¿Reclinas en dónde – si la Fe se esconde - si el Pastor va errante?
¿en qué sitio afincas –cuando el alma hincas - en ruego abrasante?

Tu pequeña grey –como hiciera el buey - quiere darte abrigo,
ladéate  Niño –que espada me ciño - por ser tu testigo.

Inclina esa frente –de siervo doliente - bendita cimera,
aquí en esta cuna –donde el tiempo aúna - la edad postrimera.

Tu cabeza escora –llegada es la hora - lo anuncia la luz,
te doy mi litera –mi antigua bandera - ¡Ven Señor Jesús!

ANTONIO CAPONNETTO


viernes, 8 de diciembre de 2017

LIDIA: PEREGRINA HACIA EL ESPOSO RESUCITADO [2]
DE CAPILLA EN CAPILLA
CADA VEZ MÁS CERCA

Su peregrinación de capilla en capilla de adoración
culminó con un encuentro con el Esposo.

"El Señor en su sabiduría dejó que hiciera esa peregrinación, ese caminar de un año, para llevarme poco a poco más cerca de él, siento en mi corazón que Él me dice, solo quería ver cuánto estabas dispuesta a caminar por mí, y me lo dice con dulzura no con reproche le agrado que yo caminara tanto por Él".

SEGUNDA PARTE
Padre: 
Quiero contarle algo de lo cual hasta hace de lo cual sólo recientemente he venido a darme cuenta:
    Hace más o menos un año empecé a ir a una Capilla de Adoración Perpetua. La visitaba con la mayor frecuencia que podía ya que me queda a una hora treinta minutos de mi casa.
    Luego recordé que mi abuelo siempre me decía que iría a la Catedral los Jueves pues Jesús Sacramentado está expuesto todo el día, empecé a ir a ella. Eso me representaba  ya una hora de camino.
     Luego me enteré de que en una iglesia de la misma zona donde vivo lo exponían también todo el día,  así que empecé a ir a ella. Eso me representaba ya media hora de camino.
      Un día iba a empezar a caminar esa media hora para ir al encuentro con JESÚS. Pero era verano en un día de sol agobiante. Llevaba ya recorrida la mitad del camino y me detuve a descansar justo en el atrio de la iglesia María Auxiliadora. 
      Siempre había visto que al costado de esa iglesia un cartelito decía: Capilla de Adoración Perpetua, pero no entiendo por qué nunca había entrado a ella. Tal vez porque yo pensaba que allí sería diferente y solo aceptarían adoradores con turnos programados.
      Pero era tal mi sofoco que decidí entrar. Esta vez, en la entrada no estaba el guardia  que siempre había visto. Quizá eso era también algo que me había cohibido pensando que él me negaría el acceso por no figurar en su lista.

      Cuando entré vi que se ingresaba por un pasillo largo y muy oscuro y empecé a caminar arrastrada por una extraña fuerza y certeza yendo hacia donde iba sin miedo alguno por no  conocer el lugar, 
      Cuando llegué y Lo vi al Señor allí, ese encuentro quedó grabado en mi corazón. Nunca había visto una custodia con el Señor tan esplendorosa y radiante como aquella vez. Fue algo increíblemente majestuoso. Había demasiada luz pero me sentía atraída y no molestaba mis ojos. 
      Fue como si me dijera sin palabras pero dándomelo a sentir con una evidencia interior que era más elocuente que si hubiese oído sus palabras:  “Aquí te he estado esperando siempre a tan solo quince minutos de casa”. 
      Esa capilla lleva siete años y hasta este año jamás había ido. ¿Cómo había ignorado yo, durante todos estos años, ese remanso de paz, ese lugar de presencia tan evidente?
      Pero el Señor en su sabiduría dejó que hiciera esa peregrinación, ese caminar de un año, para llevarme poco a poco más cerca de él, siento en mi corazón que Él me dice, solo quería ver cuánto estabas dispuesta a caminar por mí, y me lo dice con dulzura no con reproche le agrado que yo caminara tanto por él.

      Ésta es una de esas tantas experiencias que me hacen saber que Él está conmigo. Sin embargo el enemigo me ataca con días de tristeza con ideas obsesivas que yo, como una niña incauta, dejo crecer y creer.  
      Ahora sé que eso era desolación y se me permite experimentar estos consuelos ahora  para que sepa discernir lo que me está apartando del camino que mi esposo me muestra.
      En estoy últimos días ha habido más consolaciones que desolaciones. Mucha gente se ha acercado para hablarme de JESÚS. Yo sé, cuando esto sucede,  que es Él mismo quien se me hace el encontradizo en mis idas y venidas diarias. 
       Incluso la semana pasada fui a la iglesia a ver a la Virgen del Rosario. Yo salía de allí triste, y he aquí que en el atrio se me acerca un caballero desconocido y me dice: 
-- Soy miembro de la Congregación de la SANTÍSIMA TRINIDAD. Me señaló al grupo y añadió: ¿Me permite orar por usted? Fue algo tan inesperado y tan reconfortante a la vez, y que me cambió la tristeza en mucha paz. El caballero me regaló una estampa con una oración que le adjunto.La he rezado y encuentro paz.


Bendígame Padre Horacio. 
Le agradezco a Dios su presencia activa en mi vida. Que Dios lo fortalezca en su ministerio de Amigo del Esposo. Lidia. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

LIDIA: PEREGRINA
HACIA JESÚS RESUCITADO [1]
EL VELO


Lidia eligió esta foto para perfil suyo. Ella es esa niña herida en un brazo pero que extiende su mano hacia el Arco Iris en su deseo de comunión con el Señor que es Sol de justicia y lluvia de gracia y es un nombre de Jesucristo según enseña san Mateo 5, 45.
En uno de sus primeros correos electrónicos, ella me había escrito esto: 
Cuando era niña supe que el arco iris era un símbolo entre Dios y el hombre, y cuando me abandonaron le dije a Dios que cada vez que me sintiera triste me enviara un arco iris para saber que estaba conmigo.
Siempre lo hizo. Nunca me faltó el arco iris.

Pero un día de estos de dolor fue diferente
El arco iris estaba invertido como una sonrisa, era pequeñito yo lo vi
Le envió la foto. No está manipulada. Así como lo ve así la tome. Sé que Dios me ama aunque no puedo sentirlo ahora. 

MI PEREGRINAR HACIA JESÚS RESUCITADO
¡LITERALMENTE! ¡PEREGRINAR! 


PRIMERA PARTE
LA EXPERIENCIA DEL VELO DE LA PEREGRINA 

¡Padre Horacio! 
Qué lindo decirle Padre, (sé que Papito Dios, no se enoja).Y es que cuando inicié a escribir la palabra "Padre" ¡me sentí tan llena! Nunca, nunca dije la palabra papá o padre. 
        ¡Pero bueno! lo que le quería contar es que hace más o menos un año ya tenía la fuerte idea de usar la mantilla. Todos los años al ir a celebrar el mes del Santo Rosario pensaba: ¿Por qué no me pongo madrileña (mantilla, velo) para hacer un gesto diferente en este mes ante Jesús Sacramentado y la Virgen? Podría ser únicamente este mes. 
       Pero luego pensé: ¡seguramente todos van a pensar que quiero destacar ya que nadie la usa! ¡Y así deseché la idea! 
       ¡Yo no sabía que era considerada como un sacramental. 

       Pero ahora, en oración, por la noche y mañana, será mi manto de amor y protección de mi esposo. Será mi regalo a él en consonancia a que me entrego a su voluntad al iniciar el día. (Me escuché muy presumida con eso del regalo. Es cierto que nada puedo darle yo a Él, pero lo digo con amor).
        Me da tristeza que nadie ahora quiera usar el velo. Porque a causa de esa abstención universal, me veo impedida de usarlo en público según es mi deseo.
       ¿Por qué lo que realmente es bueno ha pasado a ser en nuestra sociedad calificado de absurdo? Creo que es únicamente porque estamos escuchando más al mundo que a Dios. 

        Creo si no me equivoco (y si lo hago quite la ignorancia en mi) que Jesús al momento de orar se cubriría con su manto. Cubrirse ante el Señor es símbolo de la importancia de manifestarle respeto y obediencia que se traducen en amor hacia Aquél con quien una se encuentra en comunión. Si  ÉL (Jesús) es el que todo lo hacía ¿Por qué nosotros cuestionamos tan dulce gesto de amor hacia el amor?

        Se agolpan en mi mente tantas inspiraciones hermosas sobre este particular de la mantilla, que ya quiero que sea mañana para ir a comprar la mía. Al igual que la chica del relato que Usted me envió y que recoge en el segundo tomo de su libro Me quiero casar, como algo que "la esposa debe saber", yo también había pensado en hacer una especie de ceremonia para darle mi SÍ esponsal al Señor, pero no lo hacía. 

         La razón era, ahora lo advierto, porque aún no había llegado la inspiración del velo. 
        Y es que Mi Esposo Jesús me lleva paso a paso, porque sabe las heridas que traigo, y nunca me presiona, es "el Esposo perfecto". Lidia 

domingo, 26 de noviembre de 2017

Tú Reinarás



Tú reinarás, este es el grito
que ardiente exhala nuestra fe
Tú reinarás, oh Rey Bendito
pues tú dijiste ¡Reinaré!

Coro:
Reine Jesús por siempre
Reine su corazón,
en nuestra patria, en nuestro suelo
es de María, la nación

Tu reinarás, dulce esperanza,
que al alma llena de placer;
habrá por fin paz y bonanza,
felicidad habrá doquier

Tu reinaras, dichosa Era,
dichoso pueblo con tal Rey
será tu cruz nuesta bandera,
y tu Evangelio nuestra Ley

Tu reinarás en este suelo,
te prometemos nuestro amor,
Oh buen Jesús, danos consuelo
en este valle de dolor

Tú reinarás, Reina y ahora,
en esta casa y población
ten compasión del que implora
y acude a ti en la aflicción.

Tú reinarás toda la vida
trabajaremos con gran fe
en realizar y ver cumplida
la gran promesa: ¡Reinaré!

viernes, 24 de noviembre de 2017

LAS OBRAS DEL AMOR
Sören KIerkegaard

LAS OBRAS DEL AMOR

Oración inicial

-- ¿Cómo se podría hablar correctamente del Amor, si quedases olvidado, ¡Tú Oh Dios del amor de Quien procede todo amor en cielo y en la tierra!?
¡Tú, que no has regateado nada, sino que lo diste todo por amor!
¡Tú, que eres amor, de suerte que, quien ama, solamente es lo que es, siendo en Ti!

-- ¿Cómo se podría hablar correctamente del amor si quedaras olvidado Tú que revelaste lo que es el amor?
¡Tú, nuestro Salvador y Redentor, que te entregaste a Ti mismo para redimirnos a todos!

-- ¿Cómo se podría hablar correctamente del amor si quedaras olvidado Tú, Oh Espíritu del Amor que no te guardas nada de lo tuyo, sino que evocas aquél gran sacrificio de amor y recuerdas al creyente que ame como es amado, y que ame al prójimo como a sí mismo?

¡Oh! Amor eterno, que eres omnipresente y das testimonio en todos los lugares donde se te invoca, no me rehúses este testimonio en todo lo que voy a escribir acerca del amor o de las obras del amor!

De hecho, sólo hay algunas obras que el lenguaje humana considera, estrecha y mezquinamente, obras del amor! 

Pero en el cielo no podrá cobijarse ninguna obra que no sea auténticamente una obra de amor, es decir: sincera en su abnegación, realizada por impulso amoroso y consiguientemente, sin ninguna reclamación de méritos”


lunes, 20 de noviembre de 2017

MELODÍAS QUE SANAN EL ALMA Y EL CUERPO

Ofrezco una selección de videos en los que se oye una música que, usada como música de fondo en cualquier ambiente, serena el alma, alivia los dolores, mejora las defensas, pone al cerebro en ritmo alfa, ritmo del sueño, y estimula la función neurovegetativa parasimpática (bienestar, sueño, descanso). 

Desde siempre se supo que la música puede tener efecto hipnótico. Puede amansar a los animales. Y desde siempre se experimentó que tiene poder sanador, porque actúa sobre el cerebro y produce endorfinas. Los bebes, por ejemplo, pueden dormirse con un arrorró que se les inscribe en el cerebro de por vida.

Una melodía de estas cualidades es la que se ha descubierto en la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe impresa en la tilma de Diego y que se ocultaba cifrada en las estrellas del manto. Lástima que no existe un video que la reproduzca una hora entera.

Sería una música de fondo adecuada para pasar en el templo y serenar el alma de los orantes


Otra es una melodía que, según el Dr. Hamer, fundador de una nueva terapéutica del cáncer y la Nueva medicina alemana, no sólo alivia los dolores sino que mejora las defensas contra el cáncer.
Los dos siguientes videos la reproducen una hora entera. 



Ambas son melodías que ponen el alma en estado de predominio del parasimpático, que es el de la calma y ponen al cerebro en ritmo alfa que es el ritmo del sueño y el descanso.

Van los enlaces en archivos adjuntos. Aprovecho para enviarte videos con nuevos avances en el encare médico del cáncer (que las multinacionales farmacéuticas atacan pues les arruina el negocio)

viernes, 17 de noviembre de 2017

"Desde lejos se me apareció el Señor y me susurró: Con amor eterno te he amado, por eso no dejé de compadecerme de ti." (Juan 3, 16)

Este texto -- comenta, en nota de su traducción de la Bíblia Monseñor Straubinger --, es una exposición maravillosa del amor de Dios a su pueblo. 

Bien podemos aquí poner en boca de Israel como un 'Cántico nuevo por las maravillas que Él hizo' (Salmo 97, 1 y nota), los afectos de la Santísima Virgen en el Magnifica,r ante la asombrosa declaración de amor y las promesas que contiene todo este capitulo 
(Ver Ezequiel 16 y 37).

Y también podemos -- como en el Cantar --  aprovechar y gozar, trasladándolos a nuestra alma, esos mismos sentimientos, como de una novia elegida por un príncipe, que dijese a sus amigas íntimas: 

"Soy feliz, amigas, soy feliz porque Él se ha fijado en mí.
Él tan bello, tan poderoso, tan magnánimo, y sobretodo tan bueno, se ha fijado en mí que no soy nada, que no le traigo mas que mi persona dichosa y agradecida. 
Y ahora todos me llamarán afortunada, y rica, y princesa, y todo eso será por las maravillas que Él me ha hecho.
 Porque Él prefiere siempre a los débiles, y me ha elegido, de puro bondadoso, para poder protegerme al ver mi incapacidad. Porque ésa es la característica de su corazón: preferir a los que son nada, y levantar al pobre del estiércol para ponerlo entre los príncipes."
Salmo 112, 7 y nota

viernes, 10 de noviembre de 2017

Fertilidad y metabolismo

No puedo quedar embarazada MetabolismoTV – Episodio #327 https://youtu.be/Cs1ZnrZnZ3Q
¿Cómo quedar embarazada a pesar del Hipotiroidismo? Episodio #413 https://youtu.be/ccMdjIxvN74
Las Causas de la Infertilidad y el Nuevo Frank Metabolismo TV - Episodio #856 https://youtu.be/P3aD_uHN-9A

martes, 7 de noviembre de 2017

SOR ISABEL DE LA TRINIDAD OCD

QUIERO SER UNA ESPOSA PARA 
TU CORAZÓN

LO ÚNICO IMPORTANTE 
ES VIVIR POR AMOR

Un hilo conductor une la experiencia de  Isabel con el momento de su muerte, aun joven pero ya madura: la intuición de que lo único
importante es «vivir por amor».

 El Dios que es capaz de ganar su temperamento fogoso y colérico y
cautivar su corazón sensible y sediento de belleza, lo encuentra en
Jesús crucificado por amor (cfr. Carta 133). En Él ve y toca un amor
apasionado y apasionante, que la conquista y la convence, en una edad temprana, para hacerse toda suya. Es el encuentro que tiene lugar el día más importante de su vida, el día de su primera comunión,

A lo largo de su corta vida este hilo conductor la llevo a decir :

CRISTO AMADO CRUCIFICADO POR AMOR
QUIERO SER UNA ESPOSA PARA TU CORAZÓN

Unámonos en este dia que la Iglesia nos ha dado para celebrarla pidiéndole nos alcance a todos esa gracia.

Que muchas puedan vivir como esposas del Señor en cualquier estado de vida y a cualquier edad.

viernes, 3 de noviembre de 2017

CÁSATE CONMIGO Y SERÁS FELIZ
Testimonio de Corina

Una propuesta de momento incomprensible

Querido Padre: 
Hará de esto unos dos años, estaba yo una noche en casa preparando la cena meditando todo lo que ese día me habías enviado por correo mostrándome con cada palabra tuya; cómo el Señor me iba hablando al corazón y mostrándome toda mi vanidad, soberbia, orgullo y superficialidad en tantos aspectos de mi vida. 

Mientras revolvía la olla, en mi interior estaba yo totalmente quebrantada, Me sentía todo el tiempo como ante una total novedad, con emociones desconocidas hasta entonces que surgían de mi interior. Por primera sintiéndome a la vez tan miserable y a la vez tan consolada, tan amada por Dios Padre. Consolada a pesar de cómo – a medida que tu acompañamiento avanzaba – me caían como escamas de mis ojos y empezaba a percibir mis males, mis vicios, mis pecados. Pero – aun viendo que estaban patentes ante la mirada de Dios –, en vez de sentirme rechazada, podía por primera vez sentirme amada incondicionalmente por Dios Padre. 

 Recuerdo que estaba junto a la ventana de mi cocina, lugar desde donde siempre amo mirar el fondo de casa y contemplar las plantas como perfecta creación de nuestro Señor Y de pronto escuché nítidamente una voz. Una voz nunca antes escuchada en los oídos de mi alma, pero no viniendo desde afuera, sino desde mi interior. Una voz que pude oír perfectamente. Y entendí claramente que era el Señor, Jesucristo, el que me hablaba. 

Era la voz del Señor que me dijo nítidamente en mi conciencia: ¡Cásate conmigo y serás feliz! Después me explicaste que es voz interior habría sido lo que llaman los tratados de mística, una: “palabra substancial”. Una palabra que surge en el entendimiento y llega a la mente sin proceder de los oídos externos. 

 En el momento de recibir esas palabras que invadieron y arrebataron mi corazón, tuve el entendimiento de que era el mismo Señor que me estaba hablando. No era la voz de Dios Padre. Porque no era la del que, en ese período, -- como si fuera la voz de mi propia conciencia – me había venido instruyendo interiormente el corazón modelándolo en mi proceso de conversión en el que tú me acompañabas y guiabas. 

 Esta vez y por primera vez era la voz de Jesús, nunca oída antes, y ahora hablándome, interpelándome directamente, con una palabra dirigida individualmente a mí. ¡Y qué palabra! Por un instante, asombrada y emocionada con lo que acababa de suceder,  
Él me dio a sentir y entender, junto con la voz, que yo debía mantener oculta esa invitación en mi corazón y sin contárselo a nadie pues entendía que jamás nadie podría comprender lo que yo acababa de vivir en ese momento.

Recuerdo también que aquella voz era una voz joven. Sentí que esa voz de joven hablaba a mi alma como si le hablase a través de una ventana abierta exclamando sus palabras.
La voz cesó inmediatamente. Si, era la de él. Pero Él, a quien yo conocía hasta ese momento sólo de oídas, me había interpelado personalmente y sin embargo, era para mí todavía un desconocido.
Pero, -- y todo eso yo, más que entenderlo lo intuía, como en un tropel de luz, --  entendía que esa interpelación personal anunciaba que no seguiría siendo conocido sólo de oídas por mucho tiempo.
Otro efecto inmediato de esa voz en mi alma fue una raudal de lágrimas.
Como si mi sentimientos hubiesen sido despertados como por un rayo de luz venido de la inteligencia. Era la primera vez en mi vida que me sucedía algo así.
Pasada la experiencia y empezando a examinarla me vino un pensamiento de duda ¿habría sido sólo una imaginación mía?
Esa duda me invadió y me llenó de confusión. A pesar de ser una novedad total en mi vida, algo dentro de mí le daba una autoridad, una credibilidad que se sobreponía a la duda con mucho más fuerza de lo que yo podía explicar o entender.
¿Cómo es esto de que el Señor Jesús, el Hijo de Dios me invite a que me case con él?

Yo comenzaba a comprender que esto que me acababa de suceder no era una fantasía de mi mente. Jamás mi cabeza podía haber inventado algo que nunca hubiese atinado a fantasear. No entendía en absoluto el misterio que podía haber en esas palabras que había escuchado. Ni me pasó por la cabeza contarte este suceso porque temía que lo que acababa de escuchar fuese algo absurdo, una absoluta locura y que tú también la tomases por tal. Sólo puedo recordar que yo supe inmediatamente que era Jesús quien me hablaba. 
Pero como te dije antes, me dominó inmediatamente el pensamiento que me sobrevino casi enseguida después de la voz, de que era algo sin sentido, nunca oído ¿Qué es esto de casarse con él!! 
 Yo no podía comprender otra forma de esponsalidad que la de mi matrimonio con mi esposo, y en esa concepción estrecha no había lugar donde ubicar esta propuesta en forma inteligible: ¡casarme, además con Jesús? 
 Me doy cuenta ahora que ni siquiera se me ocurrió re-preguntarle al Señor cómo era posible eso. 
Recién ahora, pasados dos, leyendo tu libro Me quiero casar sobre la esponsalidad con el Señor a la que está llamada toda mujer – ya que en ella subsiste entera la Iglesia-esposa – aquella voz reaparece en mi memoria, como saliendo de una espesa neblina. 
Y viene a cobrar un sentido impresionante, diría que gozosamente estremecedor. 
 Entonces ¿había sido sí el Señor el que realmente se me declaraba con tanto anticipo respecto de mi capacidad de entender lo que me decía? 

 Pasaron dos años casi desde aquel profundo acompañamiento tuyo.
 Ese tiempo también fue dando frutos de fecundidad en mi vida, como fue la llegada de nuestro tercer hijo, mi primer varón, fruto de mi reconversión, de mi reconciliación y mi reconversión en esposa. Tú me lo dijiste entonces claramente cuando te conté de mi embarazo: ¡Hoy la salvación ha llegado a este hogar! 
Fue en efecto un punto de retorno también para mi esposo, la sanación de un vínculo enfermo y moribundo. 
 A este propósito recuerdo ahora un día – como a mitad de camino entre la voz y la lectura de tus libros impresos es decir hace ya más de un año – en el que yo estaba pasando por momentos de desolación en el matrimonio con mi esposo, y me llegó un mail tuyo donde me compartías que estabas escribiendo un libro titulado ME QUIERO CASAR. 

Tú me consultabas mis opiniones de mujer acerca de algunos pasajes que estabas redactando. ¡No, no podía creer lo que me estabas pidiendo en ese momento! ¡Poder ayudarte ahora a ti en algo, después de tanta ayuda impagable que había recibido de tu parte! Pero estaba entonces totalmente ajena a lo que ese libro tuyo iba a repercutir en mi presente de la manera que hoy lo está haciendo.

 Siempre por un motivo u otro hemos seguido en contacto, siempre sos como no me canso de repetírtelo cada vez que te escribo, el que reajusta mi brújula en tiempos de tormenta, al punto que hasta en sueños he podido verte y escucharte guiándome como un padre amoroso. Después de pasados meses de tu consulta y dos años desde aquella Voz, el primer tomo de tu libro llegó a mis manos ya publicado. 

Comencé a leer en él esas experiencias de mujeres que han sentido ese llamado de Cristo a ser esposa, en cualquier estado de vida en el que estén. ¿Así que también en mi caso, casada y madre de familia, es posible vivir como esposa de Jesucristo? 

¡Cuántas veces en momentos de desolación del vínculo matrimonial, me ha asaltado la pregunta de si tal vez habría sido un error casarme y no haberme quedado soltera para consagrarme al Señor! Sé que esto siempre ha sido una tentación, una “oferta” del malo en momentos de desolación, porque tengo la certeza, confirmada cada vez por el Espíritu del Señor, que me confirma que mi estado de vida es ser esposa y madre, ama de casa. 

 ¿Qué puedo decirte padre? El primer tomo de tu libro ha llegado a mis manos mientras estoy pasando unos días de gran revolución en mi persona, mi brújula nuevamente está en una tormenta pero con certeza absoluta de que, al fin será nuevamente reorientada. Con tus orientaciones había ingresado en el camino de la vida filial, de la divina regeneración. Es decir, ingresado a una íntima experiencia de amor filial a Dios padre. 

Pero tengo la sensación de estar aún muy lejos de que me suceda algo parecido con mi amor esponsal con Jesucristo, el Hijo hecho hombre. ¡Fijate qué confusión la mía! ¡Puedo amar filialmente a Dios Padre pero aún no me brota del alma amar esponsalmente a Jesucristo nuestro Señor, o saberme esponsalmente amada por Él!  Me pregunto si esto se pueda deber, tal vez, a atavismos de mi cuna luterana que aún impregnen mi alma. 

No lo sé. Lo que leo en tu libro me abre una posibilidad atrayente pero aún no atino a vivir como esposa o todavía no se me concede. Quizás deba empezar a ejercitar mi corazón en las actitudes que expresa la copla de la esposa. Jesús me es aún conocido solamente de oídas, y solamente me ha hablado directamente una vez, aquélla vez. ¡Aunque ahora me resulta inaudito lo que me dijo: ¡Si te casas conmigo serás feliz! ¿Te das cuenta? ¿A quién mejor que a ti poder expresar con total sinceridad esta verdad? Son días de lucha, de prueba, estoy leyendo estos escritos tuyos sobre los pasos para el desposorio en Cristo y mientras los leo digo... le digo: 

 ¡Aquí estoy Señor! ¡Sabés que sos mi gran desconocido! ¡Que me cuesta ensayar esa forma esponsal de tratar contigo! ¡Pero conoces también mis deseos de dar ese paso e ingresar y correr por ese camino que tu abriste delante de mí el primero y hace ya tanto tiempo! Es que a la luz de este anuncio del santo evangelio para la mujer de hoy, hoy recién, pero también ¡por fin! puedo entender que aquella voz en la cocina esa noche era una invitación tuya. Una invitación que yo estaba muy lejana de poder entender en aquellos tiempos. En este nuevo contexto, a la luz de tu obra en el corazón de tantas mujeres que dan su testimonio en estas páginas, mi corazón se ilumina y comienzo a entender que eras Tú el que me hablabas con una voz profética. Mientras tanto, siento que tu Espíritu Santo me inspira el deseo de que vengas, como esposo de mi alma, a mi conciencia, a mi trato contigo, a mi oración y a mi vida. ¡Ven señor Jesús! ¡El sí de mi corazón te está esperando! Amén.
 Corina