viernes, 27 de octubre de 2017

LAS MUJERES QUEREMOS SER AMADAS...
YO LO HE SIDO SIEMPRE


... UNIENDO TODOS ESTOS
ACONTECERES EN UN
RAMO DE NOVIA ...

Querido Padre 
Es un deber de gratitud, darle hoy este testimonio, con destino a su Blog del Buena amor,  de que he comenzado a caminar en la Esponsalidad con Jesús, para Quien no puedo tener ni una queja sino darle siempre ¡Gracias y sólo Gracias!

Porque hoy, en esta misma fecha en la cual le estoy dando este testimonio de este camino esponsal con Jesucristo que vengo transitando... hoy...  es un día muy especial para mí por dos motivos principales: 

Primero porque hoy se cumplen 26 años de que murió mi madre..
Ella me había dicho cuando yo tenía aproximadamente 14 años.. " rezá por aquél que va a ser tu marido" cosa que yo hice y luego les inculqué a nuestros hijos...

Y segundo, porque hoy hace 37 años que nos pusimos de novios con mi marido, por el que yo había rezado tanto desde antes de encontrarnos.

Atando cabos -- debe ser mi Ángel que me lo trae a la memoria -- recuerdo que, siendo chica, 13 años aproximadamente, en la Capilla del Colegio sentí un impulso -- que sin duda venía del cielo -- y le dije al Señor, absolutamente entregada "aquí estoy Señor para hacer Tu Voluntad" .

Uniendo todos estos aconteceres en un ramo de novia, considero que Dios me fue preparando para ser Esposa: de mi marido y de Él. Quiso hacerme ministro suyo en el sacramento del matrimonio, y servirlo en ese ministerio en momentos muy lindos y otros muy difíciles. De todo lo vivido Le doy gracias.

También quiso que un día lo encontrara a  Usted a quien tengo por mi padre espiritual.  A través de su ministerio, el Señor, con enorme paciencia, me fue introduciendo en desentrañar el plan del amor que me tienen: Dios Padre como a hija y ¡algo tan beatificante! ¡Jesucristo como a esposa!

Una imagen muy viva que tengo es la de "tener siempre prendido el radar para " darme cuenta" qué es lo que Dios quiere de mí... Creo que eso es un carisma muy propio de mi ser esposa: estarle atenta y dócil. Siento que es algo que me inspiró el Espíritu Santo aquel día feliz en que le dije: "Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad". 

Ahora veo que aquél fue mi SÍ esponsal dado al Señor a mis trece años, mucho antes del SI que, años después, le iba a dar ante el altar al que es mi esposo .

Desde aquel día de mi SÍ de niña hasta hoy me ha ido manifestado claramente esa voluntad a la que me ofrecí y me ha dado la gracia de abrazarla obediente. 
En esto Usted me ha ayudado siempre. 
¡Las mujeres queremos ser amadas! Y yo lo fui, lo soy y lo seré siempre. 
¡Gracias! ¡Gracias!
Gabriela



viernes, 20 de octubre de 2017

AMOR A DIOS EN LA VIDA CONSAGRADAP. Albert di Ianni (SM)

En el corazón de la vida religiosa está la fe, la fe entendida no de modo intelectual como la recitación de un credo, sino la fe como confianza, como entrega, como cálido apego a Dios.  

La fe es la experiencia de que Dios está presente en mi vida y actúa en ella.  Por la fe siento que tengo una vida espiritual al igual que una vida corporal, una vida que puede crecer y desarrollarse y cuyo alimento es la oración.  

Por la oración crezco en fuerza, convencido de que Dios está ahí, de que Él me ama sin condiciones y me llama, cualquiera que sea la ruta que tome mi vida, a ser como Él es.  

Este sentido de vida espiritual estaba especialmente presente durante nuestro noviciado -dulce y ardiente, pero efímero- como todo primer amor.  

Con el pasar del tiempo nos envolvió el tumulto deleitable de la vida, y nos dejamos ir en las cosas. Sólo cuando nos hicimos mayores, y después de caer y levantarnos muchas veces, el sentido de una vida llena de fe regresó amablemente, más sosegado ahora, más profundo, más firme, más fuerte. 

En algunas vidas, el sentido de la fe regresa bruscamente como rompiendo barreras, como una inspiración que hemos estado bloqueando inconscientemente.  

De pronto Dios se muestra de nuevo, como el sol a través de la niebla matinal.  

El regreso de la fe trasforma al mundo y nuestro quehacer, y el modo como lo consideramos.  

Es un presente del cielo en la tierra y de la feliz visión del Dios de la promesa. 

Puede hacernos pensar que la vida religiosa, a pesar de todas sus dificultades y penosos cuestionamientos, es -en cierto sentido- una aventura  y que puede ser hermosa.

Albert Di Ianni Religious Life as Adventure, La Vida religiosa como aventura, Epílogo

viernes, 13 de octubre de 2017

DEL MIEDO A LA SOLEDAD AL ENCUENTRO CON ÉL
¡TÚ ERES MI CÁLIZ!

Escribo esta experiencia vivida, en la que me cuesta mucho narrar, en forma de agradecimiento a Jesús y María que me han hecho saber que están a mi lado y me ayudaron a salir victoriosa de una situación muy difícil, vivida en estos últimos días.
También lo escribo por si puede llegar a ser útil a alguna persona, para saber discernir cuándo algo viene de Dios o viene "del de abajo". Pido al Espíritu Santo me ayude a escribir lo importante de esta experiencia vivida. Le pido Padre, que corrija lo que le parezca inadecuado.


Una de las formas que el enemigo me ataca, es con los pensamientos, sobre el tema de la soledad.
La soledad, es la grieta por donde se quiere meter en mi vida.
Hace casi 10 años que me separé de mi marido.
Y he sido cuidadosa, y  me he mantenido fiel al sacramento que juré en el altar.
Allí le prometí permanecer "fiel en las buenas y en las malas, en salud y enfermedad hasta que la muerte nos separe".

Hace un mes más o menos, empezó un ataque interior con pensamientos reiterativos:
"te vas a quedar sola", "Tus cosas no se van a arreglar, 
te estas poniendo vieja y nadie te va a mirar, 
quién te va a cuidar cuando seas viejecita, y toda case de otros argumentos…

Así estuve bombardeada ¡todo el fin de semana! 
¡Dale que te dale con esos pensamientos! 
Martillándome en la cabeza, 
invadiéndome con una profunda tristeza, 
hasta tal punto, que, en una misa concelebrada, a la que concurrí, me decía:
"mirá todos estos curas una manga de hipócritas, 
deseosos de poder y vanagloria…etc., etc. 
Y vos aquí padeciendo soledad en tu única vida que vas a vivir." 
Y al llegar al climax de su ataque torturador, se descolgó con el consejo "compasivo" 
Tenes que conseguirte un buen novio.
Hasta le dio a Usted, padre, no lo perdonó. Me decía: "este cura, ­ que se cree?, ¡te está alentando a esta locura por la que vas a quedar más sola que el uno!"
Al comienzo de esa misa estaba bastante perturbada, triste y angustiada, y tenía la cabeza hecha un bombo.
¡Porque además el pensamiento del mal consejero me prometía que me iba a conseguir "al galán de américa!" ¡Jajá! 
Como si fuera algo tan cierto que era cuestión de encontrarlo a la vuelta de la esquina,

Resistiendo bajo el ataque desatado, me quedé para la misa, me hinqué en el momento del Santísimo y le rogué que me ayudara, que viniera con su paz.

Fui a comulgar de todas formas, como una hambrienta y una necesitada. 

Mientras iba en la fila, sentí una voz interior que me decía, como disuadiéndome de mal consejo de "conseguirme uno para rehacer mi vida" como tantas me dicen: "¿Te vas a perder esto? ¿Te vas a perder recibirme en la comunión?" "¿Te vas a perder de mi paz?". El acoso se disipó como una nube.

Pude hacer mi oración de aceptar y darle gracias por todo lo que me había pasado, y confiar y creer que todo, todo, es para mi bien, y el de otros.

Volví para mi casa tranquila. El enemigo se había retirado del campo de batalla.

Al día siguiente, fui al convento a misa y al terminar la misa, la priora me pidió un favor:  Si le podía llevar un cáliz para dorarlo y restaurarlo.

Asentí y me lo entregó, como otras veces, envuelto en su bolsa de franela.

Lo llevé para mi casa, bastante consciente de que me llevaba un objeto de un valor inmensurable, y decidí tenerlo en mi cuarto mientras no lo llevara al taller de reparación. Curioso, porque no era la primera vez que me llevaba un cáliz a reparar. Y nunca me había dado por retenerlo en mi misma habitación.

Cuando se hizo de noche, lo saqué de su tibia funda de franela y me quedé mirándolo, absorta, fascinada. Pensaba: ¡Qué increíble que este cáliz aloje la sangre preciosa de Jesús! ¡Esa misma sangre que fue derramada en el calvario y que ha cargado con todas nuestras miserias. Esa sangre que ha salvado la humanidad, Esa sangre que tuvo que ser derramada para el bien nuestro, para nuestra salvación.

A medida que lo contemplaba con estos pensamientos de fe, me iba maravillando y me entraba un sentimiento tan profundo de entre admiración y gratitud, también gozo profundo.

Y de pronto irrumpió como una luz en mi inteligencia esta palabra interior, como dicha por el Esposo del alma: ¡Tú también eres mi cáliz! ¡En tí vierto mi Espíritu Santo! ¡También tienes que cuidar mi templo!

¡Quedé perpleja!

¡Como que todo fue preparado, para que yo entendiera lo de mantenerme fiel en medio de esos asaltos de guerra espiritual!

¡Y ahí, es cuando caí en la cuenta, pude discernir claramente que todo lo anterior había sido un acoso del enemigo! Provocando perturbación, falta de paz y angustia. Ausencia de Dios.

Hoy lo cuento como una anécdota de una batalla ganada. 
Hoy, vuelvo a decir con más fervor y convicción, "Jesús, esposo mío, en ti confío". NN






viernes, 6 de octubre de 2017

EL PODER DE LA ORACIÓN DE LA ESPOSA

Querido Padre:
El Señor puso en mi camino esta oración increíble, que creo y confío restaurará mi matrimonio. Se la copia aquí abajo para el Blog.

No creo que sea una oración mágica.
Pero sí creo que, frecuentando la adoración, frente al Santísimo, Él me irá mostrando, enseñando, qué debo de cambiar, pulir, y comprender para poder amar como conviene.
Centrarme en que mi marido cambie fue una equivocación. 
Lo único que tengo en mis manos es la voluntad de que Dios opere cambios en mí. Soy la única que puedo ocuparme de eso. Empeñaré en eso todo lo que tengo.
Pero me parece que tan importante como poner toda mi voluntad y capacidad, es ir a postrarme a menudo a los pies de Mi Amado, a suplicarle que haga el plus, que no está en mis manos.
Es por eso que me ha resultado de gran utilidad esta oración.
La recomiendo a todas las personas que están viviendo dificultades, así como también las que ya están viviendo separados.
La recomiendo también para aquellas personas que se sientan víctimas de la situación, para que revisen su vida y tomen consciencia de que también suelen tener su propia cuota de responsabilidad.
Soy testigo de que para Dios no hay nada imposible y que la creatividad no se agotó con la creación.
Solamente, hay que estar abiertos a apreciarla, aceptarla y agradecerla.
Garry

El Poder de la Esposa que ora por su esposo

Señor, ayúdame a ser buena esposa. Comprendo que no tengo lo que es necesario para ser así si no tengo tu ayuda.Toma mi egoísmo, impaciencia e irritabilidad y tórnala en bondad, templanza y deseo de sobrellevar todas las cosas.
 Toma mis viejos hábitos emocionales, forma de pensar, reacciones automáticas, suposiciones rudas y postura de auto-protección y hazme paciente, bondadosa, buena, fiel, gentil y con dominio propio.
  
Toma la dureza de mi corazón y rompe las paredes con tu ariete de relación. Dame un nuevo corazón y obra en mí tu amor, paz y gozo (Gál 5,22,23). Yo no puedo subir más alto de donde estoy en este momento. Solo tú puedes transformarme.

Muéstrame dónde hay pecado, errores o ignorancias en mi corazón, en especial relacionado con mi esposo. Confieso que a veces he sido poco amable, criticona, he estado enojada, resentida, le he faltado el respeto, o no lo he perdonado.

Ayúdame a poner a un lado cualquier herida, enojo o desencanto que pueda sentir y perdonarlo como tú lo haces, de forma tal y tan completa, similar hacia atrás. Hazme un instrumento de reconciliación, paz y santidad en mi matrimonio.
Capacítanos para comunicarnos bien y rescatando de la trinchera de la separación donde comienza las realidades del divorcio.

Haz que yo sea para mi esposo la ayuda idónea, compañera, defensora, amiga y apoyo. Ayúdame a crear para él un lugar apacible de descanso para cuando regrese a casa.

Enséñame a cuidar de mi y mantenerme atractiva para él. Hazme una mujer creativa y segura de mi misma, rica de mente, alma y espíritu; una mujer que él puede presentar con orgullo como su esposa.
Dejo todas mis expectativas en tu cruz. Le quito la carga de que tienen que complacerme en áreas en las que debiera mirarte a ti.

Ayúdame a aceptarlo como es y no tratar de cambiarlo yo sino ponerlo en tus manos para que lo cambies tú. Comprendo que en algunas cosas él nunca cambiará, pero al mismo tiempo, lo dejo libre para que cambie en aquellas cosas que nunca pensé que pudiera hacerlo. Dejo cualquier cambio que sea necesario, que sea hecho por tus manos y acepto que ninguno de nosotros es perfecto y nunca lo seremos. Solo tú, Señor, eres perfecto y pongo mis ojos en ti para que nos perfecciones.

Enséñame a orar por mi esposo y haz de mis oraciones un verdadero lenguaje de amor. Donde el amor ha muerto, crea un nuevo amor entre nosotros.

Muéstrame lo que el amor incondicional es en realidad y cómo comunicarlo de forma que él lo perciba con claridad. Trae unidad entre nosotros para que podamos estar de acuerdo a todas las cosas (Amos 3,3) Que el Dios de la paciencia y el consuelo nos conceda que tengamos el mismo pensamiento el uno hacia el otro de acuerdo a Cristo Jesús (Rm 15,5).

Haz de todos nosotros un equipo, que no busquemos vida separadas, competitivas o independientes, sino más bien trabajando juntos, sin estar atentos a las faltas de cada uno y las debilidades para el bienestar del matrimonio.

Ayúdanos a buscar las cosa que dan paz con las que podemos estar "en armonía y que no haya divisiones entre nosotros sino que nos mantengamos unidos en un mismo pensamiento y en un mismo propósito" (1 Cor 1,10).

Oro para que nuestro compromiso contigo y del uno para el otro crezca fuerte y con más pasión cada día. Capacítalo a él para que sea la cabeza del hogar como tú lo creaste y muéstrame cómo apoyarlo y respetarlo a medida que él asciende al puesto de liderazgo.

Ayúdame a comprender sus sueños y ver las cosas desde su perspectiva. Revélame lo que él desea y necesita y muéstrame los posibles problemas antes que estos surja. Sopla tu vida en mi matrimonio.

Hazme una nueva persona. Señor. Dame una perspectiva fresca un punto de vista positivo y una relación renovada con el hombre que tú me has dado. Ayúdame a verlo con ojos nuevos, nueva apreciación, nuevo amor, nueva compasión y nueva aceptación. Dale a mi esposo una nueva esposa y déjame ser ella. Amén.

Adaptado de "El Poder de la Esposa que Ora." Stormie Omartian

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