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miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL PAÍS DE LAS SOMBRAS
Shadowlands

“El amor que existe entre Jack y Joy refleja el amor que C.S. Lewis afirma que existe entre Dios y la humanidad, y la separación de Jack de Joy refleja el infierno que es la separación de la fuente de todo amor”

Trailer


La película, en su totalidad, responde a la pregunta: "¿Por qué amar?". Y afirma que es mejor haber amado y perdido al ser amado, que no haber amado nunca.
De hecho, el dolor y el sufrimiento es parte de la experiencia de vida.
Como dice Joy: "es parte del pacto". Para mayor claridad: exigir la seguridad aporta sólo eso: seguridad. Aceptar el riesgo de padecer, sin embargo, ofrece la posibilidad de experimentar la gran alegría de amar bien.
Las complejidades del dolor y el sufrimiento se abordan mejor quizás contemplando las palabras finales de Lewis sobre este tema, que el director del film R. Attenborough pone en su boca: "el dolor de ahora es parte de la felicidad futura". La película de Attenborough recuerda a todos los cristianos que “el dolor que soportamos mientras vivimos en esta tierra de sombras, servirá un día para intensificar la alegría de un cielo sin sombras”.
"Algo nos debe conducir fuera de nuestro cuarto de los niños en el mundo – ¡debemos crecer!". Este dicho de C.S. Lewis lo convierte el filme en emblemático porque resume la trama y el sentido de la historia del amor entre Jack y Joy (= Alegría). Ese "algo" que impulsa a Lewis fuera de su mundo enclaustrado hacia un mundo lleno de alegrías brillantes y sombrías, es el amor. Es el buen amor lo que obliga al hombre a crecer aunque implique sufrimiento intenso y trágicas pérdidas. Es precisamente porque Dios nos ama que nos hace el regalo del sufrimiento.
Somos como bloques de piedra, de los cuales el escultor talla formas humanas. Los golpes de Su cincel, que tanto nos duelen, son los que nos hacen perfectos

A continuación Usted podrá encontrar un comentario orientardor sobre este film y los accesos a los 13 episodios en You Tube del film (hablado en inglés).

viernes, 3 de septiembre de 2010

LA ALEGRÍA DE CRIAR UN HIJO EN DIOS

Querido Padre:

Quisiera contarle sobre la alegría que siento al ser madre. Siento que criar un hijo de Dios, en la conciencia también de que él y yo lo somos, me causa mucha alegría y paz.

Hemos experimentado lo que Usted mismo nos ha enseñado, “que el deseo ya es una promesa” –del Padre-. Digo esto porque desear, concebir, volver a esperar y criar un Hijo de Dios y en Dios, me provoca alegría y paz.

Para nosotros desear y pedir un hijo desde el noviazgo fue una gracia que se va renovando en el correr de los acontecimientos de nuestra vida de esposos.

A ese deseo del noviazgo, se le agregó la espera del hijo durante el primer tiempo de matrimonio, esta segunda espera llena de deseo preparó y fortificó la espera del embarazo.
Sabíamos que desde su concepción nuestro bebé ya estaba ordenado a Dios y destinado a la bienaventuranza eterna. Que Dios Padre lo había creado todo entero, cuerpo y alma.

Y por lo tanto desde el vientre participaba también de nuestra oración y alabanza, sabiendo que la mejor herencia que le podíamos dejar era la fe. Por eso crecía en el corazón el deseo también de vivir este tiempo en santidad y gracia. Ofreciendo y rezando junto al bebé que crecía en mi vientre. Era conciente de que no sólo lo alimentaba con mi sangre sino también con mi oración. Creo que todas estas cosas que uno las vive antes de tener al bebé en brazos fortifican para la “lucha diaria” de ser mamá y dan ganas de tener otros tantos.