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viernes, 1 de septiembre de 2017

LOS HIJOS Y LA OBEDIENCIA

La obediencia construye y la voluntad propia destruye. 
Un hijo tiene que aprender a obedecer a sus padres y a Dios. Recordará las palabras de sus padres toda su vida y siempre respetará a los ancianos, y no sólo a estos, sino también a las personas que son más jóvenes. 
Será educado y cuidadoso con todo el mundo. 
Desafortunadamente, hay muy pocas familias que eduquen a sus hijos de esta forma.
Consejos del Staretz Tadej
Nuestros pensamientos determinan nuestras vidas.


"Los espíritus del mal suscitan distracción en las mentes de nuestros hijos y tratan de molestarlos. Los hijos tienen que aprender la obediencia, especialmente antes de los cinco años, porque a esa edad es cuando se forman sus caracteres. 
Así pues, los indicios de la forma en que se hayan moldeado sus caracteres, permanecerá con ellos el resto de sus vidas. 
Los padres deben educar a sus hijos en total obediencia en este momento de sus vidas. 
Cuando uno de los padres diga algo, la respuesta debe ser: “Lo que tú digas”. 
Desafortunadamente, hoy en día, los padres no saben esto y enseñan a sus hijos exactamente lo opuesto. 
Y entonces los educan…

Si los padres dicen: “Quédate aquí”, entonces el niño debe permanecer allí donde se le ha dicho. 
Pero el niño es un niño; no puede estar quieto en ningún lugar. 
Lo que normalmente sucede es que los padres abofetean al niño por su desobediencia. 
Esta es una forma incorrecta de enseñar a un niño a obedecer. Puede suceder que, algunas veces, tal reacción sea necesaria, pero no debería hacerse así sino con amor y el niño debería sentir este amor. 
Los padres nunca deberían expresar su ira abofeteando a sus hijos. Porque si se empieza a castigar a alguien cuando se está enojado, no se llegará a ninguna parte. 
Dañarás a la persona que tienes frente a ti y también a ti mismo. 
Si deseas conducir a alguien por el buen camino, debes enseñarle y aconsejarle. 
En primer lugar debes humillarte y hablar con ellos con mucho amor. Ellos aceptarán tu consejo si se da con amor. 
Pero si quieres que tu propia voluntad se imponga a toda costa, no conseguirás nada en absoluto. 
Esto es lo que hace que los niños reaccionen mal. 
Cuando un niño es desobediente, la respuesta no es abofetearlo.

Los padres reprenden a sus hijos por las cosas más insignificantes. Es como si no supieran cómo hablarles calmada y cuidadosamente. Cuando un padre tiene que establecer límites para un hijo, debe sentir que, tras la rigurosidad, hay amor. 
Es un gran error castigar a los hijos en el momento en que están haciendo algo malo, porque esto no les hará ningún bien. 
Debéis esperar a que se calmen y entonces, con mucho amor, decirle al niño que lo que ha hecho está mal y que tiene que aceptar alguna forma de castigo. 
Si otra vez sucede lo mismo, entonces se le da al niño un castigo más severo y, de esta forma, aprende.

La santa voluntad de Dios obra en nosotros por nuestros padres, o mediante nuestros maestros o nuestros jefes. 
Si necesitamos corregir el comportamiento de un niño, tenemos que hacerlo con gran amor y cuidado. 
Si lo único que tenemos en mente es cambiar la vida de un niño, ya le hemos dado una bofetada con nuestro pensamiento. 
He notado esto durante mi tiempo de higúmeno (superior religioso): a menudo he visto a alguno de los hermanos no actuando correctamente, pero en el momento en que iba a decirle algo, sentí que ya le había abofeteado.

Nuestros pensamientos pueden ser muy instructivos y tener un gran poder. 
Esto es particularmente cierto en el caso de los pensamientos de los padres. 
Un padre tiene que soportar mucho y perdonarlo todo. 
Podemos perdonar a otros sólo si tenemos pensamientos buenos y bondadosos. 
Si nuestros pensamientos se dirigen a corregir los errores de los demás, es como si los estuviéramos abofeteando. Independientemente de cuán cerca esté alguien de nosotros, estos se alejarán, porque les habremos abofeteado con nuestros pensamientos. ¡Y somos de la opinión de que los pensamientos no son nada!.

Castigamos a nuestros hijos pero, de hecho, no tenemos derecho a hacer eso, porque hemos fallado en enseñarles la forma correcta. 

Una doctora me dijo hace tiempo en una carta: “Tengo un hijo con mi marido, que también es doctor. Nuestro hijo se ha estrellado con tres coches, pero gracias a Dios aún está vivo. 
Ahora quiere que le compremos otro coche, pero no podemos permitírnoslo. 
Cuando volvemos a casa del trabajo, intenta pedirnos dinero, incluso a la fuerza. ¿Qué podemos hacer para resolver este problema?”. 
Le dije que los únicos culpables eran ellos. 
Tenían un hijo y le habían permitido hacer todo lo que quería, incluso cuando era pequeño. 
Cuando era niño, sus peticiones eran proporcionalmente menores, pero ahora que es mayor, sus peticiones se han vuelto mayores. 
Lo único que podían hacer ahora sería darle a su hijo mucho amor y cuidado para que pudiera entrar en razón y darse cuenta de que lo único por lo que se preocupaban sus padres era por su propio bien. No hay otra forma excepto el camino del amor. ¿Veis por este ejemplo cómo podemos mejorar nuestras propias vidas y las de nuestro prójimo con nuestros pensamientos? 
Esperamos que vuestro esfuerzo en esta dirección dé fruto.


Extracto de “Our thoughts determine our lives” por el starets Tadej

Traducido por psaltir Nektario B.

viernes, 1 de julio de 2016

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
San Alfonso María de Ligorio

- San Alfonso fue el fundador de la Orden de los Redentoristas. El Obispo y Doctor de la Iglesia habla sobre los privilegios y las responsabilidades de los padres como una vocación especial de Dios. La sabiduría de este santo ha guiado y fortalecido a los católicos por más de 200 años. 

 ADVERTENCIA A LOS PADRES 
Y A QUIENES VAN A SERLO
 El Evangelio nos dice que un buen árbol no produce mal fruto, y que un árbol malo no puede producir fruto bueno. Lo que aprendemos de esto, es que un buen padre cría hijos buenos. Pero que si los padres son débiles, ¿cómo pueden ser sus hijos virtuosos? ¿Acaso, dice Nuestro Señor, en el mismo Evangelio, se recogen uvas de los espinos, e higos de los abrojos? (San Mateo 7:16). Así es imposible, o de hecho muy difícil, encontrar hijos virtuosos, quienes hayan sido criados por padres inmorales. Padres, estad atentos a este sermón, de gran importancia para la salvación eterna de vosotros y de vuestros hijos. Estad atentos, jóvenes, hombres y mujeres que no habéis elegido aún vuestro estado de vida. Si deseáis casaros, aprended las obligaciones que se adquieren en la observancia de la formación de vuestros hijos, y aprended también, que si vosotros no las llenáis, traeréis sobre vosotros y sobre vuestros hijos la condenación. Dividiremos esto en dos puntos. En el primero, mostraremos lo importante que es formar en los hijos hábitos de virtud; y en el segundo mostraremos con qué cuidado y diligencia un padre debe trabajar para que crezcan bien. 

EDUCAD EN LA VIRTUD
 Un padre tiene dos obligaciones para con sus hijos; está obligado a proveerlos de sus necesidades corporales y de educarles en la virtud. No es necesario extendernos sobre la primera obligación, más que existen algunos padres que son más crueles que las más feroces bestias salvajes; aquellos que malgastan toda su fortuna o bienes en comer, beber y placeres y permiten que sus hijos mueran de hambre. Pero, discutamos sobre la formación que es la materia de nuestro artículo. Ciertamente que la futura buena o mala conducta de un hijo depende si se ha criado bien o pobremente. 
La naturaleza por sí misma enseña a cada padre atender la educación de su descendencia. Dios le da hijos a los padres, no para que pueden asistir a la familia, sino para que crezcan en el temor de Dios, y sean conducidos en el camino de la salvación eterna. "Tenemos, dice San Juan Crisóstomo, un gran depósito en los niños, atendámosles con gran cuidado". 
Los hijos no han sido otorgados a los padres como un regalo, del que se pueda disponer a placer. Los hijos han sido confiados, por esta confianza, si se pierden por negligencia, los padres deberán rendir cuentas a Dios. Un gran Padre de la Iglesia dijo, que en el día del juicio, los padres tendrán que rendir cuentas por todos los pecados de sus hijos 
 (Nota de la Redacción: se entiende que de los derivados de una mala o incompleta formación, pues hay casos excepcionales de hijos muy bien educados que a pesar de ello viven como si no hubiesen tenido buena formación religiosa). 

Así que aquel que enseña a su hijo a vivir en el bien, tendrá una feliz y tranquila muerte. El que instruye a su hijo ... cuando llegue la muerte no sentirá pena, porque deja a los suyos un defensor frente a sus enemigos (Eclesiástico 30, 3, 5). 
Y podrá salvar su alma por medio de sus hijos, es decir, por la formación virtuosa que les dio. La mujer «Se salvará mediante su maternidad» (1Tim. 2:15) 
 Por otro lado, una difícil y triste muerte tendrán aquellos quienes solamente trabajaron para incrementar sus posesiones o multiplicar los honores familiares, o aquellos quienes vieron solo por dejar a sus hijos comodidad y placeres y no les procuraron valores morales. 
San Pablo dice que aquellos padres son peores que infieles. Quien no se preocupa de lo suyo, principalmente de los de su casa, ha renegado de la Fe, y es peor que un infiel. (1Tim.5: 8). 
Aunque los padres lleven una vida de piedad y continua oración, y comunión diaria, se condenan si por negligencia descuidan la educación de sus hijos 
 (Nota de la Redacción: San Alfonso hace hincapié en la educación moral de los hijos como un deber esencial. Un descuido en esto es de una gravedad extrema que puede comprometer nuestra salvación. Una omisión en este sentido deberá ser confesada y reparada en la mayor medida posible, buscando resarcir el daño causado por medio de los consejos, el ejemplo y la oración por los hijos, para que alcancemos el perdón de Dios por tan grave daño).

Si todos los padres cumplieran con su deber de vigilar la formación de sus hijos, tendríamos muy pocos crímenes. 

Por la mala educación que los padres dan a su descendencia, causan que sus hijos, dice San Juan Crisóstomo, caigan en graves vicios; y los entregan así al verdugo. Así sucedió en un pueblo: un padre quien fuera la causa de todas las irregularidades de su hijo, fue justamente castigado por sus crímenes con gran severidad, más aún que sus hijos. Gran infortunio es para los hijos tener padres viciosos, incapaces de inculcar en sus hijos el temor a Dios. Aquellos que ven a sus hijos con malas compañías y en riñas, y en lugar de corregirles y castigarles, les toman compasión y dicen: "¿Qué puedo hacer? Son jóvenes, esperemos que cuando maduren se alejen de ello". ¡Qué palabras tan débiles, qué educación tan cruel! ¿En verdad, esperan que cuando los hijos maduren lleguen a ser santos? 

Escuchad lo que Salomón dice: Mostrad al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez. (Prov. 22:6) Sus huesos, dice el santo Job, se llenarán con los vicios de su juventud, y dormirán con él en el polvo. (Job.20:11) Cuando una persona joven ha vivido con malos hábitos, los llevará a la tumba. Las impurezas, blasfemias y odios, a los que se acostumbró en su juventud, lo acompañarán hasta la tumba, y dormirán con él hasta que sus huesos sean reducidos a cenizas. Corrige a tu hijo mientras haya esperanza; sino, tu serás el responsable de su muerte (Prov. 19:18) Es muy sencillo, cuando son pequeños, entrenar a los hijos en la virtud, pero cuando llegan a la madurez, es igual de difícil corregirles, si han aprendido los hábitos del vicio. Vayamos al segundo punto, que es, sobre los medios para formar a los hijos en la práctica de la virtud. Os ruego, padres de familia, que recordéis lo que ahora os digo, de la formación depende la salvación eterna de vuestras propias almas y de las almas de vuestros hijos. 

CORRIGE A TU HIJO 
San Pablo nos enseña en pocas palabras, en lo que consiste la educación correcta de los hijos. Nos dice que ésta consiste en la disciplina y corrección. Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino educadles en la disciplina y corrección del Señor. (Efesios 5:4) Disciplina es igual a regulación religiosa de la moral en los niños, implica una obligación de educarles en hábitos de virtud, por medio de la palabra y el ejemplo. Primero, por las palabras un buen padre debe inculcar a su hijo el santo temor de Dios. 
Esta fue la manera en que Tobías educó a su pequeño hijo. El padre le enseñó desde su infancia a temer a Dios y a alejarse del pecado. (Tobías 1:10) El sabio dice, que un hijo bien educado es el soporte y consuelo de su padre. Instruye a tu hijo, y él será tu descanso, y dará alegría a tu alma. (Prov 29:17) Así como un hijo bien formado es la alegría para el alma de su padre, un hijo ignorante es fuente de tristeza para el corazón de su padre, la ignorancia de sus obligaciones como cristiano siempre acompañarán a una mala vida.
Se cuenta que en el año 1248, a un sacerdote ignorante le fue ordenado, durante cierto sínodo, hacer un discurso. El sacerdote estaba muy agitado por la orden y el diablo se le apareció y le dijo: "Los rectores de la oscuridad infernal saludan al rector de los parroquianos, y le agradecen su negligencia en la instrucción de la gente; ya que de la ignorancia proceden las faltas y la condenación de muchos". 

LO QUE DEBE ENSEÑARSE A LOS HIJOS
La misma verdad es para los padres negligentes. Un padre tiene la obligación de instruir a sus hijos en las verdades de la Fe, y particularmente en los cuatro misterios principales. 
 · Primero, que hay Un Dios, el Creador y Señor de todas las cosas;
 · Segundo, que este Dios es Juez, Quien, en la otra vida, recompensará a los buenos con la gloria eterna del Paraíso, y que castigará a los débiles por siempre en los tormentos del Infierno; 
 · Tercero, el Misterio de la Santísima Trinidad, esto es, que en Dios hay Tres Personas, Uno en Esencia y Trino en Personas; 
 · Cuarto, el Misterio de la Encarnación del Divino Verbo, el Hijo de Dios, Dios Verdadero, que se hizo hombre en el vientre purísimo de la Virgen María, y que sufrió y murió para nuestra salvación. 
¿Podría ser admitida la excusa de un padre o una madre, que diga: "Yo mismo no sé estos misterios? ¿Puede un pecado justificar otro? Si sois ignorantes, entonces tenéis la obligación de aprenderlos, y enseguida enseñárselos a vuestros hijos. Al menos enviad a vuestros hijos con un catequista digno. 
¡Que cosa tan miserable es ver a los padres y a las madres, incapaces de instruir a sus hijos e hijas en la doctrina Cristiana, empleándose en ocupaciones de poca monta, y cuando ellos crecen, no saben el significado de pecado mortal, de Infierno o de eternidad! No saben siquiera el Credo, el Padre Nuestro, o el Ave María, los cuales todo cristiano está obligado a aprender bajo pena de pecado mortal. 
Enseñadles a orar desde pequeños. Los padres religiosos no solamente pueden instruir a sus hijos en estas cosas, que son las más importantes, sino también pueden enseñarles lo que se debe hacer cada mañana al amanecer. 
Enseñarles primeramente agradecer a Dios por haber preservado su vida durante la noche, en segundo lugar ofrecerle a Dios todas las buenas acciones que harán y todos los sufrimientos que pasarán diariamente, también implorar a Jesucristo y a Nuestra Santa Madre María que los preserve de todo pecado durante el día. 
Enseñarles, al anochecer, hacer un examen de conciencia y un acto de contrición. 
También les deben enseñar actos de Fe, Esperanza y Caridad, a rezar el Rosario, y visitar al Santísimo Sacramento. 
Algunos buenos padres de familia tienen cuidado en obtener un libro de meditaciones para leerlo y tener oración mental comunitariamente media hora al día. Esto es a lo que el Espíritu Santo nos exhorta a practicar. "¿Tienes hijos? Adoctrínalos y dómalos desde su niñez." (Ecl. 7:25) 
Entrenadles estos hábitos religiosos desde la infancia y cuando crezcan ellos perseverarán en ellos. Acostumbradlos a la confesión y comunión semanal.

 LA EJEMPLAR ENSEÑANZA DE LA MADRE DE SAN LUIS 
Muy útil también es infundir en los infantes buenas máximas en sus mentes. ¡Cuan ruin es que un niño sea educado por las peores máximas de sus padres! "Debes, dicen algunos padres a sus hijos, buscar el aplauso y la estima de todo mundo. Dios es misericordioso, Él tendrá compasión de ciertos pecados" ¡Qué miserable es el joven que peca por obedecer tales máximas! Los buenos padres les enseñan máximas muy distintas a sus hijos. 
La Reina Blanche, madre de San Luis Rey de Francia, acostumbraba a decirle a su hijo: "Hijo mío, preferiría verte morir en mis brazos, antes que en pecado". Por lo tanto, que sea vuestra práctica, la que también infunda en vuestros hijos ciertas máximas de salvación, porque, ¿de que serviría ganar el mundo entero si perdemos nuestras propias almas? Todo en este mundo tiene un final, mas la eternidad nunca termina. Una de estas máximas bien impresas en la mente de una persona joven, la preservará siempre en Gracia de Dios. 

EL EJEMPLO ARRASTRA 
Sin embargo, los padres están obligados a instruir a sus hijos en la práctica de la virtud, no solamente por medio de palabras, sino, también con el ejemplo. Si dais a vuestros hijos mal ejemplo, ¿cómo esperáis que sigan una vida correcta? Cuando un joven disoluto es corregido por una falta, su respuesta será: "¿Por qué me censuras, si mi padre hace cosas peores?" «Los hijos reprocharán a su padre impío porque por su culpa quedaron en deshonra.» (Eccl. 41:10) 
¿Es posible para un hijo ser religioso y moral cuando ha tenido por ejemplo el de su padre de blasfemias y obscenidades, cuando pasa el día entero en los bares, casas de juego, cuando frecuenta casas de mala fama, y defrauda a su vecino ¿Esperáis que vuestro hijo frecuente seguido la confesión, cuando vosotros mismos apenas te aproximáis al confesionario una vez al año? 
Una fábula nos relata, que había un cangrejo que reprendía a sus hijos por caminar torcidamente (hacia atrás), estos replicaron, "padre, veamos como caminas." El padre caminó delante de ellos, aún más torcidamente (hacia atrás) que sus vástagos. 

Esto sucede cuando un padre da mal ejemplo. Por esto no tendrá el valor de corregir los pecados de los suyos cuando él mismo los comete. 
De acuerdo con Santo Tomás, los padres escandalosos obligan, de cierta manera a sus hijos a llevar una mala vida. Dice San Bernardo: "No son padres, sino asesinos, no de cuerpos, sino de las almas de sus hijos". 
Es muy común oírlos decir: "Mis hijos tienen por nacimiento mala disposición." Esto no es verdad, Séneca decía: "Te equivocas si piensas que los vicios nacen con nosotros; éstos se injertan." Los vicios no nacen con vuestros hijos, sino que son comunicados por medio del mal ejemplo de los padres. 
Si hubierais dado buen ejemplo a vuestros hijos, no serían lo viciosos que son. Así pues, padres, frecuentad los Sacramentos, aprended de los sermones, rezad el Rosario todos los días, abstenerse del lenguaje obsceno, de la detracción, de los pleitos y verás que vuestros hijos siguen vuestro ejemplo. 
Es de particular necesidad que forméis a los niños en la virtud desde la infancia, instruidles la mente desde la niñez, para cuando ellos crezcan, y contraigan malos hábitos, será muy difícil para vosotros enmendar sus vidas por medio de palabras. 

EVITAR LAS OCASIONES DE PECADO PARA NUESTROS HIJOS 
 Para formar a los hijos en la disciplina del Señor, es también necesario alejarles de la ocasión de hacer (o cometer) el mal. Un padre debe prohibir a sus hijos salir por las noches, que vayan a una casa en la que su virtud está en peligro, o tener malas compañías

 (Nota de la R: ¿Qué diría este santo -hoy en día- de las películas procaces, de la pornografía en internet y de mucha de la programación televisiva que los hijos ven por el descuido total de sus padres? ¿qué diría de las revistas y libros impropios que los propios padres llevan al hogar y dejan a la mano de todos?).  

Despide, dijo Sara a Abraham, a esa esclava y a su hijo. (Gen. 21:10). Sara deseaba que Ismael, el hijo de Agar la concubina, fuera apartado de su casa, para que su hijo Isaac no aprendiera los vicios de aquél 
 (N. de la R: Y ahora, tantas madres que dejan a sus hijos al cuidado de servidumbre de la que desconocen sus costumbres cuando ellas no están).

 Las malas compañías son la ruina de los jóvenes. Un padre debe no solamente alejar de sus hijos el mal del cual es testigo, sino que debe prevenir la conducta de sus hijos e informarse sobre las familias y los lugares que frecuentan, vigilar sus ocupaciones y compañías. Un padre debe prohibir a sus hijos que lleven a casa objetos robados. 
Cuando Tobías escuchó balar a una cabra en su casa, dijo: Tengan cuidado, quizá es robada, anden y devuélvanla a sus dueños. (Tob. 2:21) 
Cuidar lo que ven los hijos Los padres deben prohibir a sus hijos toda clase de juegos que traigan destrucción a las familias y a sus almas, también los bailes, los entretenimientos sugestivos, las conversaciones peligrosas y fiestas de placer. 
Los padres deben quitar de sus casas las novelas de romance que pervierten a los jóvenes y todos los malos libros que contengan máximas perniciosas, cuentos obscenos, o de amor profano. 
El padre no debe permitir que sus hijas estén a solas con hombres, ya sean jóvenes o viejos. Alguno dirá: "Este hombre quien cuida de mi hija, es un santo". 
Los santos están en el Cielo, porque los santos que están en la tierra son carne y si están próximos a las ocasiones, pueden convertirse en demonios 

(N. de la R: Consejo muy realista que es conveniente considerar incluso con los sacerdotes, más ahora que algunos se han relajado en la moral y la doctrina que deberían ser los primeros en practicar y que han aumentado en número tras la crisis que atraviesa la Iglesia, aunque sigan siendo una minoría, pero muy dañina y escandalosa). 

Otra obligación de los padres es corregir las faltas de la familia. "Formadles en la disciplina y corrección del Señor". Existen padres que cuando son testigos de las faltas que se cometen en la familia, permanecen en silencio. Por temor de desagradar a sus hijos, algunos padres rehúsan a corregirles, pero, si veis a un hijo en una piscina y en peligro de ahogarse, ¿no sería cruel tomarle de los cabellos y salvarle la vida? El que no usa la vara odia a su hijo, el que lo ama, no demora en corregirlo. (Prov. 13:24) Si amáis a vuestros hijos, corregidles, mientras crecen castigadles, hasta con la vara, tan seguido como sea necesario. 

CORREGIRLOS COMO PADRES, NO COMO CARCELEROS 
 He dicho con la vara y no con un palo, debéis corregirles como un padre y no como un carcelero. Debéis tener cuidado de no golpearles con pasión, porque entonces vosotros estaréis en peligro y la corrección quedará sin fruto si se les golpea con mucha severidad y ellos creerán que el castigo es el efecto de la ira y no el deseo de vuestra parte por enmendar sus vidas. Tenemos algo más que agregar, que vosotros debéis corregirles mientras están creciendo, para que cuando ellos alcancen la madurez, vuestra corrección será poca. Debéis de absteneros de corregirles con la mano, de otro modo, se harán perversos y perderán el respeto hacia vosotros. ¿De qué sirve usar injurias e imprecaciones al corregir a los hijos? Privadles de algún alimento, de algunos artículos del vestido, o enviadles a su cuarto. 

Hemos dicho suficiente. La conclusión de este discurso, es que aquel que haya formado mal a sus hijos, deberá de ser severamente castigado y aquel que los haya formado en la virtud, recibirá una gran recompensa.

 http://www.catolicidad.com/2012/01/la-educacion-de-los-hijos-por-san.html

viernes, 25 de julio de 2014

FALSA COMPASIÓN 16 de 20
Distraída con el apostolado

DISCERNIMIENTO Y JUSTICIA 
CON LA PROPIA FAMILIA

Querido Padre:
Quisiera que pudieses aclararme una gran duda que tengo. 

Todo el tiempo se habla de servir y amar al prójimo. 

¿En qué medida es lo correcto para mi vida actual de esposa y madre? ¿Implica salirme de mi familia un poco y darme a otros como lo hacía antes hasta el exceso y aún ahora lo estoy haciendo en la pastoral y que no me termina de gratificar? ¿O es otra cosa? ¿Es estar sólo aquí, en mi hogar, para mi esposo y mis hijos y darme a ellos y a Dios como bien lo describiste en tus coplas para mí? ¿Por qué tengo momentos que no quiero compartir con los demás, que necesito estar sola?
Bueno te dejo padre querido. Siempre te llevo en mi corazón.
Tu hija Corina

Querida Hija:
Demos gracias al Señor. Me uno a tu acción de gracias.
Sería largo responder a tu pregunta sobre la discreción en el ejercicio de la misericordia y del amor y el ejercicio en actividades parroquiales o en grupos de oración. Y cómo no cometer injusticia con el esposo, los hijos, la familia, al restarles del tiempo que se les debe.

viernes, 4 de julio de 2014

FALSA COMPASIÓN [13 de 20]
DE MADRE CON SUS HIJOS [13 DE 13]

Querido Padre,

al leer la primer entrada en el Blog del Buen Amor sobre la Falsa Compasión (ya hace como dos meses),  lo primero que me vino a la cabeza, fue pensar en la falsa compasión que sufrimos mi esposo y yo al educar a nuestros hijos.

Y comencé a considerar que es, en nuestro caso, me refiero a mÍ y a mi esposo, una de las tentaciones más comunes que vivimos día a día en la educación de nuestros hijos.

Es una lucha diaria entre ceder y no ceder a sus caprichos, que en definitiva es ceder o no ceder al Mal Espíritu. Es una tensión entre: reconocer, entrar (o no entrar)  y caer (o no caer) en la tentación de
consentirlos.

Y  a su vez, el Mal Espíritu también me tienta con cuestionarme si lo que me piden es bueno dárselos o no. Si actué bien o mal. Y sus consecuencias futuras.

Si miro a mi alrededor, también observo esta falsa caridad en otros papás. El problema es que vivimos en un mundo en que nos hacen creer que "todo es bueno", entonces todo se complace. Veo familias, donde el centro son los niños y todo se mueve en torno a ellos: sus caprichos, sus actividades, etc. Hasta eligen el color del auto a comprar  (aquí pienso en unas niñas menores de 8 años).

El enemigo nos quita la verdadera caridad, en este caso, educar con amor y por amor. Yo sabía que no le hacemos un bien a nuestros hijos, le hacemos un mal cuando cedemos a sus caprichos. Pero estas entradas al blog, me han dado mayor entendimiento a este mal y me han ayudado a darle un nombre, "Falsa compasión".

La cita que realiza San Ignacio, de San Bernardo, me ha iluminado:  "no tiene arma de guerra ninguna el enemigo, tan eficaz para quitar la verdadera caridad del corazón, cuanto el hacer que incautamente, y no según razón espiritual, en ella se proceda".

Así que al  tener una mayor comprensión de lo que me sucedía, recordé un hecho puntual, que corresponde a la larga cadena de tentaciones de este mal. Paso a contarle:

viernes, 27 de junio de 2014

FALSA COMPASIÓN [12 de 20]
"OBEDIENCIA QUIERO Y NO COMUNIONES"

Respondo a una consulta de Carmen

Ella me escribe inquieta por el tema en boga: la comunión de los divorciados.
Si lo que queremos, como hijos de Dios por el bautismo, es complacer a Dios Padre, lo que importa es obedecerle gustosos, hacer su voluntad. No podemos desear "hágase tu voluntad" cuando en los hechos queremos imponerle la nuestra.
 En una palabra: unos pueden hacer la voluntad del Padre comulgando, y otros hacerla absteniéndose de comulgar. Eso es lo que importa.

El correo de Carmen dice:

 Hace un tiempo escribi a Catholic net una pregunta que no me han contestado. Vuevo a preguntar. dice Cristo tambien a Pedro que lo que ate en la tierra será atado en el Cielo y lo que desate en la tierra sera desatado en el cielo? Si uno mata a su conyuge, y luego se arrepiente Dios le perdona y se puede volver a casar pero si te divorcias Dios no te perdona?


Muy estimada: 
Su pregunta deberían haberla dirigido los amigos de la webmaster de Catholic.net al autor del artículo, P. Javier Olivera <javierolivera@ive.org>
Le estoy reenviando copia a él, que sin duda responderá con mayor conocimiento que yo sobre el tema que domina.

Pero creo que el Padre ha querido que me la enviaran también a mí para que le comparta la luz que se me alcanza sobre el tema que la inquieta.

Antes que nada, es un error decir que Dios no perdona el divorcio.
Estamos hablando del divorcio civil. Ese divorcio también lo perdona el Señor.
Más aún, ni siquiera es pecado si hay razones válidas y reales para divorciarse (civilmente), como en el caso de malos tratos, riesgo de vida, etc.
Esto es enseñanza de la Iglesia. Le recomiendo que lea el Catecismo de la Iglesia CAtólica.

Por el contrario, del matrimonio sacramental, válidamente contraído, no hay divorcio posible. Dios mismo lo ha dicho. El Padre, Cristo, la Iglesia permiten la separación por graves razones como en el divorcio civil. Pero mientras que el vínculo civil se disuelve, muy al contrario, el vínculo sacramental del matrimonio dura lo que el juramento irrevocable ante el altar: "hasta que la muerte nos separe".
Aunque los esposos se separen en vida, lo cual es lícito si hay razones graves, el sacramento permanece intacto. Esto impide tomar un nuevo cónyuge o, como dicen vulgarmente "rehacer su vida".

Jesús enseña que lo que el Padre no quiere, lo que le desagrada, es que luego de un matrimonio sacramental, un hijo suyo atente otra nueva unión. Si se hace eso, desconociendo la voluntad del Padre, el bautizado deja de comportarse como hijo, abjura y apostata en los hechos de su condición filial.. ¿Por qué? ¡Porque se desentiende de la voluntad del Padre y le opone su propia voluntad al querer del Padre!