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miércoles, 14 de julio de 2010

IMPRONTA Y LACTANCIA

En la entrada anterior, del 12 de este mes, una mamá explica la importancia de los primeros momentos de contacto físico entre madre y recién nacido para el establecimiento del vínculo amoroso o impronta afectiva. 
El artículo del Dr. Ignacio Canevari que presento hoy, partiendo del mismo hecho de la impronta, saca conclusiones para el establecimiento de una impronta con la madre que, por vía bucal, establece el lactante al succionar el pecho materno. 
El etólogo Konrad Lorenz fue el pionero en la descripción del hecho de la impronta en los animales y el hombre. Pero también en la teología católica hay un hecho espiritual que se inscribe en la misma línea de la impronta: es el carácter, o sello que imprimen los sacramentos del bautismo y del orden sagrado en el alma y por lo tanto también en el cuerpo de quien los recibe

Impronta y lactancia materna
Autor: Dr. Ignacio Canevari*
* Médico pediatra. Hospital Junín de los Andes. Argentina
E-mail: canevari@fronteradigital.net.ar

Konrad Lorenz fue un médico austríaco investigador de la conducta animal y fundador de una ciencia que se llamó etología. Por sus importantes trabajos obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1973. Él llamó "imprinting" (podría traducirse como impronta) a la huella que queda en el cerebro de los ánades recién nacidos con la imagen de su madre o del primer ser que encuentra al salir del cascarón. Konrad Lorenz incubó huevos de ganso en su casa y los gansitos lo tomaron como si fuera su madre pues con él establecieron su primer contacto visual. [Un fenómeno análogo tiene lugar en el cerebro de los mamíferos y del hombre].

Relata estos estudios de una forma muy amena en su hermoso libro "El anillo del Rey Salomón". El título original de este libro: "Er redete mit dem vieh, den voegeln und den fischen" (hablaba con las bestias, las aves y los peces) Lorenz observa que el pollito del ganso o pato es muy frágil e indefenso en la naturaleza. Solo no puede sobrevivir, pues probablemente lo mataría un zorro u otro predador; entonces la necesidad de contacto con su mamá es vital para su supervivencia. Cuando está solo, el pollito pía desesperado, no le interesa el alimento y nada lo tranquiliza hasta ver a su madre o bien al objeto con el cual estableció el vínculo inicial. Otras especies, como los patos azulones, establecen el contacto con su madre principalmente a través de la voz y ante el llamado desesperado de los pichones la mamá pata responde con una voz tranquilizadora. [...]

Debemos reconocer las grandes diferencias entre los ánades y la especie humana, pero creo que podemos observar un paralelismo con estos descubrimientos. Nuestras crías son también muy desvalidas e indefensas, con una necesidad imperiosa del cuidado maternal, ya que la naturaleza no nos ha provisto de mecanismos para sobrevivir. La forma de conocimiento entre el recién nacido y su madre es compleja y mediante la intervención de varios sentidos, pero es clave en este sentido el vínculo que se establece a través de la succión del pezón.

lunes, 12 de julio de 2010

UNA MIRADA QUE SELLA UNA ALIANZA CON UNA IMPRONTA IMBORRABLE



ESE PRIMER ABRAZO Y MIRADA RECÍPROCA QUE SELLA UNA ALIANZA

El apego afectivo entre la madre y el recién nacido y cómo está siendo ignorado e impedido
-- Una mujer: “¡Cuánto dolor se genera en los servicios de neonatología, cuanta tortura emocional! ¿A quién le sorprende que tantas mujeres huyamos de nuestro servicio sanitario?” 
-- Y otra observa: “El parto natural es para que se genere el llamado vínculo afectivo primario madre-hijo, una impronta o grabación en la memoria de ambos de que son madre y e hijo, y nadie te va a engañar si esa impronta ocurrió”.
http://www.eListas.net/lista/apoyocesareas

Algunas madres que son separadas de su bebé recién nacido por protocolos sanatoriales perinatales, experimentan un disturbio afectivo de desapego con su bebé, que les cuesta superar y se preguntan a qué se debe.
He aquí cómo se lo preguntan unas a otras y se responden.
Una de ellas, que hemos llamado X5, da una explicación muy iluminadora, tomada de las enseñanzas del ginecólogo francés Michel Odent y que debería difundirse en nuestros sistemas sanitarios perinatales.

PREGUNTA LA MAMÁ X1
Hola a todas:
Soy [...] y tengo un bebé de 20 meses. Os escribo porque más de un año
después de mi parto, hay momentos en los que todavía siento que el niño no es mío y que no le quiero con toda la intensidad, o con los sentimientos de ternura con los que una madre debería querer a su hijo. Esto me hace sentir muy culpable.

Me fatigo cuidándolo en vez de disfrutarlo. Siento como si lo cuidara más por obligación que por otra cosa. Hay momentos en que le daría un chupete, biberón y lo mandaría a una guardería para sacármelo de encima.