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sábado, 11 de marzo de 2017

TOLKIEN: SECRETO PARA LOGRAR UN MATRIMONIO FELIZ


El secreto eficaz para lograr un matrimonio feliz según ...
J.R.R. Tolkien, el autor de El Hobbit y El
Señor de los Anillos, era un romántico. Cuando conoció a su futura esposa, Edith, a...



jueves, 27 de octubre de 2016

Fray Rabieta: confesando a su marido


Fray Rabieta tenía experiencia en el confesionario, pero la mujer que se acercó a confesarse lo tomó enteramente por sorpresa. Sería de unos cuarenta y pico de años, más o menos, y Fray Rabieta la conocía bien.
– Ave María purísima… ¿cuánto hace que no se confiesa?
– Mucho.
– ¿Mucho, eh? ¿Y por qué?
– No lo sé.
– ¡Hmmm! ¿Qué clase de respuesta es esa? Pero, bueno, dejemos eso, y vayamos al grano que hay muchos en la fila por confesarse todavía… ¿qué la trae por aquí?
– Se trata de mi marido…
– No, claro, eso ya lo sabía. El 90% de las mujeres que se confiesan, en realidad acuden a “confesar” a sus maridos… ¿con quién la engaña esta vez?
– No, no es eso Padre.
– ¿Cómo que no es eso? ¿Sale de putas, entonces?
– Bueno, qué sé yo, pero no, creo que nunca me engañó con otra…
– Ajá. Un tipo raro, su marido, le voy a decir, señora. Espero que no sea de esos que cambian de gusto y empiezan a salir con hombres…
– ¿Cómo puede decir una cosa así?
– Es mi experiencia de confesor, señora, se sorprendería con la cantidad de casos que hay hoy en día.
– Bueno, pero en el caso de mi marido, nada que ver. Es muy heterosexual.
– Enhorabuena. Ahora bien, ¿no será de esos vagos que no proveen para el hogar, que no trabajan nunca, que se echan a la miseria?
– No.
– ¿Uno de esos que se meten en líos de plata, estafas con deudores que aparecen amenazando, gente siniestra que dicen que le van a romper los dedos?
– No es el caso, no.
– ¿Drogas entonces? ¿Marihuana, cocaína?
– No, nada que ver.
– Entonces, ¿no será de los que andan deprimidos todo el día, que siempre están melancólicos y tristes, que siempre están pum para abajo?
– Tampoco es el caso.
– Bueno, pero entonces, insisto, ¿qué la trae por acá?
– Es que le da por la botella…
– ¡Aahhh! Ahora sí vamos por terreno más familiar. Y dígame una cosa, cuando bebe, ¿le pega a usted, a los chicos?
– No, eso nunca.
– Ajá. Pero empieza temprano y bebe todo el día… un alcohólico, digamos.
– No.
– Bueno, pero entonces será de de los que se ponen agresivos, dice cosas feas…
– No, no es el caso.
– Pero entonces es que dice cosas inconvenientes, soeces…
– No. En general hace reír con las pavadas que dice entonces. Pero a mí no me hace reír, me da mucha vergüenza…
– ¿Y qué es lo que le da vergüenza, señora, si se puede saber?
– Bueno, que beba así… de más. Que se emborrache en público.
– ¡Qué raro! Pensé que usted era descendiente de irlandeses…
– Bueno, pero igual, verlo en ese estado a mi marido… sobre todo si es en público… como le digo me da vergüenza…
– ¿Y si es otro que está borracho? ¿Eso le da vergüenza también? ¿Otro alcoholizado que hacer reír, o que se tambalea un poco al caminar, eso le molesta?
– No me gusta, pero no me incumbe. Y sí, a veces otros me hacen reír. No, la verdad es que no me molesta. Pero verlo así a mi marido… No sé, por ejemplo, la otra vez en una reunión en casa, se quedó dormido.
– Su padre se quedaba dormido siempre en las reuniones sociales y ni siquiera tenía la excusa de haber bebido de más…
– Era insomne.
– Sí, pero no por eso su madre iba a dejar de recibir en su casa y organizar cenas…. pero, dejemos eso. ¿Qué más la trae aquí para confesar a su marido (como lo hacen el 90% de las mujeres)?
– No, nada más.
– ¿Cómo, “nada más”?
– No.
– Pero, dígame una cosa, tiene que haber más, veamos un poco: ¿flirtea con otras mujeres, es desatento, no le importan los hijos, ni los nietos, le da por el escolazo, el póker, el casino, los burros, el golf, se la pasa todo el día fuera de casa, no le presta atención, no le importan las cosas que Ud. sí?
– No. No es así.
– Bueno, entonces, ¿no será que es uno de esos que lo único que le importa es la plata? ¿No es uno de esos amarretes que no le da nunca nada?
– No exactamente, no, no es así.
– Entonces, ¿es pródigo, despilfarra, tira la plata?
– Tampoco, no es el caso.
– ¡Aahh, ya sé! No le habla, no le dirige la palabra casi nunca, no le cuenta sus cosas…
– Más bien al revés. Es más, hace poco empecé a retarlo porque hablaba mucho, todo el tiempo… por demás.
– Entonces, señora, no lo entiendo. La mayoría de las mujeres que vienen a “confesar” acá a sus maridos se quejan de que estos no les hablan… Entonces, ¿no será que es sucio, que no se lava las patas, que no usa desodorante, que tiene mal aliento?
– No.
– Entonces, será que siempre está de mal humor, que vive rabiando por una cosa o por otra, será que siempre anda criticando a todo el mundo, empezando por usted, por las cosas más nimias…
– A veces le da por criticar, no digo que no, pero no tanto, no rabiosamente, no así.
– No lo entiendo, entonces. Será que se olvida de usted, que nunca le compra cosas lindas, que nunca le compra flores, que nunca la invita a cenar, o es simplemente, ¿qué diré yo?, desatento.
– No.
– Bueno, pero… ¿será que no cumple con el débito conyugal?
– Si hay algo que no le puedo reprochar es eso, no precisamente.
– Entonces, señora, usted ha tenido suerte, parece tener un buen marido, mejor que el de muchas, y no alcanzo a ver qué la trajo por aquí…
– Ya se lo dije, toma de más. Y a veces en público. Y eso me pone mal, muy mal… es más fuerte que yo… me da vergüenza.
– Bien, y cuando eso pasa ¿usted qué hace?
– No le hablo durante una semana. Le pongo mi peor cara.
– ¿Y eso? ¿Qué gana con eso?
– Bueno, no sé, me sale así. Me da tanta bronca que tome así y se emborrache en público que reacciono como puedo. Y, como digo, me sale así. Primero me da vergüenza y después me da bronca.
– Y después de una semana de este castigo, para usted y para él, ¿qué pasa?
– Me angustio, me pongo cada vez peor.
– ¿Y él?
– Él se empeña en tratarme mejor que nunca, me compra cosas lindas, se pone especialmente atento, pero yo ya sé lo que quiere con eso…
– ¿Y qué es lo que quiere, si se puede saber?
– Quiere reparar la falta cometida, que admite, sino que es más fuerte que él… y no sabe qué más hacer.
– ¿Y usted?
– Yo ya no sé qué hacer con todo esto… la verdad que no sé qué hacer…
– Bueno, señora, pero con esa cantidad de hijos y nietos, vida social, lo que se llama vida social, no ha de faltarle…
– Eso es verdad. Pero me refiero a salir a comer con mi marido, o a recibir gente. Siempre corro el riesgo de que vuelva a hacer un papelón y yo no quiero eso, no lo aguanto más.
– ¿Por qué?
– ¿Cómo, “por qué”?
– Sí, sí, dígame por qué no aguanta ver a su marido en esas condiciones.
– Ya se lo dije, porque me da vergüenza. No está bueno que el marido de una ande haciendo papelones en público así.
– Hay mucha gente que no lo ve así…
– Me importa un belín. Yo lo veo así, es mi marido y detesto cuando se pone así… ¿Qué quiere que haga? Es más fuerte que yo.
– Hmmm… aquí hay dos lidiando con cosas más fuertes que ellos: su marido con la botella y usted con una vergüenza que… bueno… siendo irlandesa y todo… es difícil de entender… pero qué sé yo…
– Es más fuerte que yo.
– Sí, ya lo dijo antes. Pero redondeando un poco… ¿qué la trae por aquí?
– No sé, como le dije, no sé qué hacer.
– Y yo diría, como para empezar por algún lado, que le restaría importancia a todo este asunto… hay tantos asuntos de tanta importancia…
– ¿Cómo que le restaría importancia? ¿No le he dicho yo lo que me sucede cada vez que ocurre un lance de estos?
– A lo mejor eso le pasa porque le da más importancia a todo esto que lo que en realidad tiene, a lo mejor no tiene la importancia que usted le asigna… a lo mejor es una falta menor en su marido, quizás debiese poner en la balanza todas sus demás virtudes, mirar las cosas con otra perspectiva…
– ¿Otra perspectiva?
– Sí, otra mirada: eso le daría más paciencia para con él.
– Pero ya le dije. Es más fuerte que yo. No puedo. Primero me da una vergüenza de los mil demonios y luego una bronca que no te digo nada.
– Bueno, pero debería reflexionar un poco señora y aquí le voy a hablar objetivamente: la falta de su marido es menor y usted no tiene derecho a recriminársela como si fuera una cosa gravísima, o grave… simplemente porque no le es. Y aquí una cautela: fíjese que el diablo suele agrandar enormemente las faltas de los demás (así como empequeñece las propias): es una de sus trampas preferidas.
– No lo había pensado así.
– ¿Él le recrimina cosas, él le reprocha algo constantemente?
– No.
– Pero no será porque usted es irreprochable…
– No. Sino que me tiene paciencia.
– Bueno, pero usted también le puede tener paciencia… y sino ¿qué cosa es el matrimonio sino aprender a tenerse paciencia recíprocamente?
– …
– A lo mejor él también se vio tentado de agrandar desmedidamente alguna de sus faltas y luego supo reducirla a su exacta dimensión y lograr así ni mencionarla siquiera, porque hay otras cosas que tienen tanta importancia que no vale la pena detenerse en eso…
– No sé que haya hecho una cosa así.
– Bueno, no sé, pero ¿por qué no lo habla con alguien de su confianza, una amiga de verdad? Se sorprenderá usted, sobre todo si tuvo la desgracia de perder a su marido… le dirán una y otra vez que tiene usted suerte con el suyo (a pesar de todo, no crea)… que usted no sabe qué cosa es perderlo, quedarse sola…
– No sé, en este momento me cuesta mucho creer una cosa así…
– Porque está enfadada y eso no es bueno. Pero hay algo más… y esto es más difícil.
– ¿Qué otra cosa?
– Señora, tiene que pensar que Cristo concibió al matrimonio cristiano jerárquicamente: el marido es cabeza de la mujer…
– ¿Y entonces, eso qué tiene que ver con nada?
– Bueno, que aquí rige el mandato de San Pablo, ¿no?: “Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres han de estar sujetas a sus maridos en todo”.
– ¡Ah sí! ¿y tolerar cualquier cosa, y bancar lo que sea?
– Señora, no se enoje conmigo (y trate de no enojarse con Dios, que es palabra de Dios). El marido también tiene sus obligaciones, pero nunca ha de estar “sujeto” a la esposa… ¿me entiende?
– No estoy segura.
– Y bien, fíjese: no vaya a ser que con la excusa de corregir una falta de su marido quiera Ud. encaramarse en una posición de mando… en una posición subversiva… mire que el diablo es muy bueno en este juego. Y mire que San Pablo pide que las esposas “reverencien” a su marido. La palabra es de Dios, no mía. “Reverencien”… ¿se imagina usted?
– Yo a mi marido borracho no lo puede reverenciar ni nada. Eso no me lo puede pedir ni Dios.
– Pero a lo mejor su marido no es exactamente un “marido borracho” como dice usted. Quizás sea mucho menos que eso, muchísimo menos que eso. Y quizás, mucho más.
– Cuesta creerlo, me cuesta creerlo….
– Bueno, como usted quiera: pero yo tenía que expresar la cautela. Igualmente, por ahora no podemos seguir con esto. Ya le dije: hay varios en la fila para confesarse. Ahora, ya que usted lo “confesó” a su marido, dígale de parte mía que venga aquí a “confesarla” a usted, y así quedan empatados, ¿eh? ¡ja, ja! Mientras tanto, piense en lo que le digo, y repítase lo más que pueda, “no es para tanto”, “no es para ponerse así”. Háblelo con alguien de su confianza y le va a decir exactamente lo mismo. Y dígale a su marido, de vez en cuando, que trate de moderarse en la bebida, sobre todo cuando están en público. Pero en cualquier caso tenga, señora, un poco de paciencia, con él, con usted, y con todos. Ahora vaya en paz. Y la próxima vez, tráigame pecados suyos, ¿eh?, je, je. ¡Vaya, vaya en paz!


https://frayrabieta.wordpress.com/2016/10/26/confesando-a-su-marido/

sábado, 16 de julio de 2016

UNA MUJER QUE DEJA SU PROFESIÓN POR ESTAR JUNTO A SU ESPOSO

"dejé mi trabajo para dedicarme a mi esposo y a mi casa y Dios ha estado conmigo cada día"


Nací y fui criada dentro de una familia católica practicante, de clase media baja, tengo solo una hermana. Nuestros padres muy trabajadores los dos. Nos inculcaron siempre que debíamos estudiar, tener una profesión y trabajar de eso, nuestra madre,  siempre hizo énfasis en la importancia de la independencia económica de nuestros esposos. Su mayor orgullo y realización,  fue vernos a las dos graduadas con títulos universitarios.
Mis padres siempre estuvieron juntos, pero nunca se dedicaron a ellos como esposos, crecí sintiendo esa falta. No queriendo repetir ese modelo, soñé siempre con formar una familia, pero estando siempre al lado de mi esposo, y muy presente a diario en la casa y en la crianza de mis hijos.


Ya de adulta adoraba mi trabajo, mi profesión, pero muy en el fondo sabía que no me iba a dedicar a eso el resto de mi vida, que no era mi vocación. Nunca tuve grandes metas profesionales, sentía que mi realización personal no pasaba por ese lado.
Mi esposo, es un hombre de campo, cuando lo conocí y decidimos casarnos fue que surgió el gran desafío de romper con la estructura que venía en mí desde niña, esa que, sobre todo, imponen la sociedad y la cultura dominante:  trabajar, ser independiente y buscar la realización personal en la profesión, fuera de la casa. 


Desde el primer día de novios,  nos planteamos que al casarnos íbamos a estar juntos a diario, no cabía para nosotros la posibilidad de vivir yo en la ciudad y mi esposo en el campo y vernos solo los fines de semana. Decidimos instalarnos y hacer nuestra casa en el campo, por lo tanto, los primeros meses de casados viajaba a diario a la ciudad para trabajar, manejaba entre ida y vuelta 120Km,  y me dedicaba a la casa en la medida que podía, no quería que alguien más estuviera en mi casa haciendo lo que yo consideraba mi rol y mi deber.  Solo estaba posponiendo tomar la decisión que había tomado cuando me animé a soñar con que algún día tendría esposo e hijos y me dedicaría a ellos. 


No fue una decisión fácil de tomar, surgieron muchos miedos, de todo tipo, pero en ese tiempo alguien me dijo en una conversación ajena a este asunto, " Dios ayuda a la mujer que se dedica a su casa", y me terminé de convencer... Y lo hice, dejé mi trabajo para dedicarme a mi esposo y a mi casa y Dios ha estado conmigo cada día. No ha sido fácil, muchas veces se extraña la comodidad de la vida en la ciudad, tuve que renunciar a muchas cosas y no solo materiales y económicas, renunciar al reconocimiento profesional fue lo que más me costó. La gente reconoce a los que son trabajadores responsables, profesionales, pero no se reconoce o aplaude a las mujeres que se dedican a su esposo, a su casa. Escuché a muchos diciendo que era una locura, que lo pensara mejor, que no abandonara mi carrera, mi independencia. Hubo muchos que sí me apoyaron y hasta se emocionaron con mi decisión. Escuchar a mi esposo seguido agradecerme por haberlo elegido, por haber decidido acompañarlo y dejar todo, hace que valga la pena cualquier dificultad. 


Nunca me arrepentí, nunca fui más feliz, a pesar de que no es fácil. Nunca me sentí tan realizada y tan orgullosa de mí misma. Nuestro matrimonio creció muchísimo, nos unimos mucho más, somos muy compañeros y no me imagino viviendo de otra manera.


Ser esposa y ama de casa es el regalo más lindo que Dios me ha dado. Y así con el corazón agradecido, espero la llegada de nuestros hijos. 


Caro


viernes, 22 de abril de 2016

MI EXPERIENCIA CON LA UNIÓN LIBRE
EL TESTIMONIO DE MARGA



¿MIEDO AL MATRIMONIO? 
¡DEBIERAMOS SENTIR MUCHO MÁS MIEDO 
A LA UNION LIBRE!

En mi testimonio no les extrañe o impaciente ver constantemente la palabra Miedo.
Bueno para comenzar quiero hacer un llamado a padres de familia que traten de dar un buen ejemplo Cristiano a sus hijos varones o mujeres, nunca quejarse de haberse casado o dar la impresión de que el matrimonio es una mala decisión, como si la Buena vida termina con el matrimonio y los hijos, volviéndose una carga muy pesada y decepcionante. Eso se queda en las mentes de los niños y aunado a ello el mundo termina por confirmarles esa idea y venderles la idea del egoísmo y cuantos peligros más.
Yo nací y fui criada dentro de un matrimonio católico, por desgracia era solo de nombre, por tradición y no éramos muy apegados a la iglesia, solo cumplimos con tener sacramentos a duras penas, pero jamás una formación religiosa, únicamente "no hagas esto porque es pecado" o "haz esto otro porque parece ser que lo manda la iglesia", por cumplir y la mayor de las veces ni eso.
Bueno crecí con miedo al matrimonio, al compromiso y las responsabilidades y a la vez miedo a no llegar a casarme debido ese mismo miedo al matrimonio. Tenía miedo a relacionarme con los demás, pero quería conocer a alguien especial como vemos o leemos en las novelas, nunca invite a Dios a ser mi guía, para mí Dios era distante, y talvez ni siquiera existía, a menos que estuviera yo en una necesidad entonces rezaba y repetía las pocas oraciones que aprendí en la Doctrina.
Me fui envolviendo en el mundo buscando encontrar sentido a la vida en todo lo material, me mudé a vivir a Estados Unidos, admiraba todo lo que el país ofrece, dinero, oportunidades, libertad, y si antes estaba perdida en el mundo sin saber a dónde dirigirme, bueno, aquí creí haber encontrado mi lugar y felicidad, cuando en realidad iba cayendo más y más en la oscuridad.
Conocí finalmente a la persona especial, un buen hombre al que dentro de mi ignorancia y desesperación lo eleve al nivel de perfección, el no pertenece a ninguna religión aunque decía creer en Dios, en lo que dice la biblia, a mí no me pareció un problema grave porque dentro de mis ideas modernistas que tome durante mi tiempo de estudios universitarios, formé una opinión de que lo que importa es la persona y no la religión.
 La etapa de noviazgo que fue muy corta me pareció idílica, yo era muy feliz, pero siempre muy egoísta, esperaba que él iba a hacer muchas cosas por mí, creo que casi quería que me adorara, que su vida tuviera un solo sentido YO. Empezamos a tener relaciones sexuales sin haber siquiera un compromiso serio entre los dos, esto me dañó mucho, aunque quería dar la impresión de ser una mujer independiente, segura y decidida, la realidad era que el miedo y la inseguridad seguían en mí y comenzaron a regresar fuerte, causando mucha desestabilidad.
Aun así un día que él me propuso matrimonio acepte, pero sin meditarlo, sin preguntar a Dios o a mi familia su opinión. El miedo y la inseguridad no desaparecieron al comprometernos, y mis temores y recuerdos de la infancia repentinamente me hablaban todo el día.
Mi prometido tuvo que mudarse a una gran distancia por cuestiones de trabajo y no nos veíamos mucho, otra vez sentí miedo, la gente me auguraba que terminaríamos nuestro compromiso porque la distancia era mucha, se nos ocurrió que viviéramos juntos para poder estar cerca todo el tiempo, ninguno de los dos menciono el compromiso del matrimonio que ya teníamos, creo que en el fondo el empezaba a dudar si se apresuró en su proposición y el miedo seguía creciendo en mí, miedo a Todo, lo que se te ocurra...me causaba miedo. Con todo ese miedo empezamos a vivir juntos, empezamos a conocernos como somos realmente, me volví celosa, irritable, posesiva, y despegada a la vez, caprichosa, en fin un mundo de inmadurez. El tiempo paso y cada vez que mencionábamos que debíamos planear nuestra boda,(él estaba de acuerdo con una boda en mi Iglesia) pero peleábamos cada vez, el ponía pretextos para no hacerlo y si no, yo buscaba pretextos también para culparlo de todo y en el fondo pensaba que no quería casarme, de esa forma en cualquier momento podía regresar con mi familia y empezar de Nuevo, talvez encontrar otra pareja, ni siquiera me ponía a pensar en la posibilidad de tener hijos, pensaba que era agregar más pecado a mi situación; pero era que no quería tal responsabilidad, no me sentía capaz de formar una familia, miedo a no saber criar a mis hijos y miedo a perder comodidad.
Mencioné que pensaba que tener un hijo sin estar casados iba a aumentar el pecado en nuestras vidas, empezaba a darme cuenta de mi error, muchas situaciones de enfermedades y situaciones tristes se fueron dando en mi familia. Situaciones que hicieron a mis padres "sufrir" una conversión spiritual y volver al camino de Dios, incluso mi padre que yo nunca hubiera soñado que se volviera un hombre entregado a Dios y a la iglesia, lo ha hecho, Dios es misericordioso.
 Los años se vinieron encima y yo empiezo a sentir un cambio en mí, quiero acercarme a Dios a Jesucristo, me interesa todo lo que viene de Él, no solo voy a la iglesia, rezo el Rosario, leo literatura católica... quiero hacerlo, siento una necesidad de Dios, ahora empiezo a encontrarlo a sentirlo y con gran tristeza veo el desastre que he hecho de mi vida, que creía sentirme independiente y feliz y era una mentira, pudo haber sido tan diferente si hubiera estado fundada en la roca, si hubiera buscado primero el reino de Dios, quiero cambiar para bien, para Gloria de Dios, me arrepiento y pido perdón a Dios, me siento muy bendecida y agradecida por este cambio que el está haciendo pero que me tiene en una etapa de mas confusión. Rezo, Leo, Voy a Misa a pesar que mi "prometido" nunca va conmigo, dice que siente que algún día va a volverse a Dios pero que todavía no. ¡Vaya discernimiento! pienso yo.
Pero el mío no es mucho mejor que eso. Todavía estamos juntos después de poco más de 10 años, me apena decirlo, y es todavía mas difícil decidir qué hacer. Son muchos años juntos pero sin el compromiso de entrega, me dolería terminar ahora, y me duele vivir como vivimos. No sé si debería seguir, le pregunto a Dios, a veces siento que debo terminar y volver a mi país con mi familia que dejé por tanto tiempo. Y otras veces siento que estoy huyendo en vez de enfrentar y tomar responsabilidad por mis actos, estaría demostrando mas inmadurez.
En cuanto a él, no es mucho más maduro que yo, es igual, y como no es católico siento que no le preocupa en gran medida nuestra situación. Me ha dicho que lamenta que no hayamos hecho las cosas bien como planeábamos en un principio, y que debemos seguir adelante y casarnos, pero me da temor de que sólo esté diciendo lo que yo quiero escuchar sin sentirlo verdaderamente en su Corazón.
Yo lo amo, pero ahora estoy empezando a aprender a amarlo como Dios quiere que amemos, sin intereses personales de por medio, me interesa saber por qué es como es; su pasado. Trato de entender cómo ha sido influido por éste y el porqué de sus actitudes egoístas, soberbias, codiciosas.
Porque ahora estoy entendiendo o descubriendo que yo misma he sido esclava de estos males (situaciones que debí haber meditado durante el noviazgo). Sin embargo no veo en él un interés por crecer de esta forma, no veo que se interese por entender el matrimonio, la vida desde la perspectiva Cristiana, dice que quiere, pero... ¡Y esa duda despierta el miedo en mí!
 
Como ven mi experiencia con la Unión Libre ha estado llena de decepciones, no hay dicha ni nada "cool" en la unión libre;  sólo te llena de más miedos, inseguridades, confusión y te deja a merced del demonio que es el que nos habla constantemente para perdernos más y más en el pecado, por tener miedo a la Gracia de Dios, por no confiarnos y poner nuestras vidas en manos del Todopoderoso.
Se me ocurre esta frase: Miedo y Desesperación, segura Destrucción.
Busquemos primero el Reino de Dios, le ruego a Nuestro Señor Jesucristo y pido María Santísima su intercesión por todos los jóvenes que están en el noviazgo y por toda persona en situación parecida a la mía que haga nuestros corazones dóciles a la conversión y el llamado de Dios, que siempre está dispuesto a recibirnos en su Sagrado Corazón.
Marga

viernes, 26 de septiembre de 2014

EL MATRIMONIO
Ministerio Principal
Pastor Paul Washer

http://youtu.be/Iz3mATIlPeY

Suscribo totalmente las enseñanzas del Pastor Paul Washer en la conferencia que registra este video.
El único concepto suyo que debo puntualizar amistosamente es su opinión acerca de que la Iglesia católica separa la vida de fe de la vida corriente. Aunque hay que conceder que lamentablemente muchos bautizados y aún ordenados padecen incurren en esa separación. Pero no por ser católicos sino porque no viven como católicos.
Por otra parte, el Pastor Washer es consciente que de esa esquizofrenia no están libres muchos miembros de todas las denominaciones reformadas. Pero no por ello descalifica la institución, como sí lo hace con la Iglesia católica alegando contra ella los defectos de algunos católicos pero también algunas de sus virtudes, como la devoción mariana, etc.
Vaya esta salvedad a la vez que mi agradecimiento al Señor por la luz con que ilumina la enseñanza de este Pastor. Quiera el Señor derramarla también en abundancia sobre el clero y fieles católicos.

viernes, 24 de enero de 2014

GRACIAS POR HABERME INVITADO A LA ESPERANZA

Estimado Padre Horacio
Soy María Dominga.
Cuando usted nos visitó en el 2010 en Neuquén, estábamos viviendo con mi esposo una profunda crisis.
Se lo relaté brevemente en esa ocasión, en busca creo, no sólo de consejo, sino también de alguna palabra profética.
Ya unos años antes, después de haber tenido  una inefable experiencia del "upa papá", descubrí su libro así titulado, que confirmó lo que había sentido entonces.

En el Hogar de Ancianos compré su libro "José y Felicita. Una Historia de Amor" y usted nos escribió en él una cita del Cantar de los Cantares:
"Fuerte es el Amor más que la Muerte, llamarada divina....grandes aguas no podrían sofocar el amor", y a continuación :"A Claudio y Dominga, custodios y ministros del fuego de fuente divina, para que sean bienaventurados en el amor divino y esponsal y gusten el "vino mejor" que viene al final". 

Y, efectivamente, como Usted nos profetizó, está viniendo el "vino mejor", el entendimiento casi sin palabras, el sentido de ser uno, la aceptación compasiva de las debilidades del otro, el dejar de lado los egoísmos, el descubrimiento de la riqueza de haber compartido una vida, la acción de gracias por tantos favores recibidos del Señor, especialmente dos hijos que son nuestra alegría y apoyo , el perdón, el PERDÓN !!!... y también el olvido, no más reproches, cuánta paz!!!!....

GRACIAS PADRE HORACIO, por la esperanza, que ha sido mi sostén y mi norte durante estos años,
GRACIAS por la fecundidad de su ministerio, GRACIAS por ser mensajero del Señor en mi vida!!!...
Que Él sea su recompensa!!! Felices 60 años de sacerdocio!!!... Bendiciones y hasta siempre !!!!   
Dominga


Querida Dominga:
No podías hacerme regalo mejor en mi jubileo de 60 años de vida en la Compañía de Jesús, que compartirme el gozo que Dios obra en tu vida de esposa y en la de tu esposo que te recibió de Dios como auxilio para el camino al Padre.
¡Qué bueno es el Señor! Como dice el Salmo:"Gustad y mirad la bondad del Señor"
O también: "El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres"
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré la copa de la salvación invocando su nombre... 
La eucaristía, la eucaristía, la eucaristía,
Jesús que se nos brinda y nos pide que recibamos su amor como en un templo se recibe a Dios
Salud, paz y bendición
Horacio Bojorge
Si me das permiso voy a publicar tu testimonio en el blog del Buen Amor, naturamente bajo seudónimo. Para que otras esposas que están pasando por la prueba compartan tu esperanza

viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Miedo a casarse?
Ocho claves del éxito matrimonial

¿Miedo a casarse?
 El miedo se va con información 
Las 0cho claves del éxito matrimonial... 
aprendidas de las confidencias de los famosos
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=24824

 El pedagogo Gerardo Castillo enseña que no hay que tener miedo a casarse si las cosas se hacen bien, y señala algunos elementos que ayudan, también a los que llevan años casados.

 No todos los famosos van de divorcio en divorcio. El árbol que cae hace más ruido que el bosque que crece. Muchos jóvenes no se atreven ni a pensar que sea posible el matrimonio, con su compromiso para siempre. Por eso necesitan optimismo, asegura el profesor Gerardo Castillo, doctor en Pedagogía del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra, que en 2006 publicó un libro basándose en los testimonios de 29 personajes populares con buena vida matrimonial.

El libro se llama Confidencias de casados, famosos y felices. Claves para crecer como matrimonio,
y hoy puede encontrarse en papel y en e-book.
Gerardo Castillo tenía claro su objetivo: “infundir optimismo a los jóvenes con respecto al matrimonio; hacerles ver que no hay que tener miedo a casarse si las cosas se hacen bien desde el noviazgo, porque el matrimonio no es una lotería”.

Del libro y sus protagonistas se deducen 8 claves para obtener el éxito matrimonial

domingo, 3 de febrero de 2013

ESPOSA DE CRISTO

DOS TESTIMONIOS MÀS

Mechi dejó este comentario en la entrada del 11 de enero de 2013 sobre la esponsalidad con Cristo:

Pues lo que dice el Padre es verdad, todas somos esposas de Cristo y como pienso que os puede hacer bien, voy a contar algo que nunca he contado a nadie a excepción de mi confesor.

Desde mi conversión cuando tenía 25 años, mi relación con Cristo ha sido siempre esponsal. 

Después tuve una visión de Jesucristo.
Yo estaba en mi casa orando de rodillas y de pronto vi al Señor delante de mí, estaba todo hermoso, con túnica blanca y entonces Él me miró, cogió mi mano derecha y me dijo:
- “Con este anillo Yo te desposo”.
Miré mi mano y vi un aro de luz blanca. 

Aún me tiemblan las piernas, al recordar aquella gracia que el Señor quiso concederme por su Divina Misericordia, no porque yo lo mereciera, sino porque Él lo quiso, a lo mejor para que diera ese testimonio hoy.
Puedo testimoniar por experiencia propia que es verdad lo que nos dice en su blog el Padre Horacio: "que todas, incluso las casadas, somos esposa de Jesucristo el Verbo eterno y verdadero hombre"
Un saludo.
Mechi

Otra visitante del blog me deja su testimonio personal:

Voy comprendiendo y viviendo gradualmente esto que Usted me escribió:
"Como Cristo está entero en cada partícula de la Hostia, así análogamente, la Iglesia esposa del Cordero, está entera en cada mujer bautizada, y por eso en ti la Iglesia entera ama a Cristo con tu amor esponsal. Y la virtud principal de la esposa es la obediencia amorosa: el hágase en mí de María"
 Sin poder aún comprenderlo ni vivirlo plenamente... La perspectiva de que el Señor completará en mí lo que ha comenzado, me hace feliz.
NN.

viernes, 7 de diciembre de 2012

DE SI PUEDE HABER LUJURIA DENTRO DEL MATRIMONIO (2 de 2)

San Agustín Del Bien del Matrimonio
La concupiscencia y el bien del matrimonio

Libro I. La santidad del matrimonio Cristiano Parte I: 
A) El matrimonio es esencialmente bueno
III. 3. El bienaventurado apóstol Pablo muestra que la castidad conyugal es un don de Dios cuando, hablando sobre ella, dice: Quiero que todos los hombres fuesen como yo, pero cada uno ha recibido de Dios su propio don: uno de este modo, otro de otro (1ª Corintios 7, 7).
Así, pues, afirmó que también este don proviene de Dios. Y, aunque sea inferior a la continencia, en la que habría deseado que todos estuvieran como él, sin embargo, es un don de Dios.
De aquí comprendemos, cuando se aconseja que se hagan estas cosas, que solamente se da a entender la necesidad de que exista en nosotros la voluntad propia de recibirlas y conservarlas. Ciertamente, cuando se ve que son dones de Dios -al que se han de pedir, si no se tienen, y al que se ha de agradecer, si se poseen-, uno se da cuenta de que, sin la ayuda divina, nuestra voluntad tiene poca fuerza para desear, conseguir y conservar estas cosas. […]


En los no creyentes
IV. 5. Así, pues, la unión del hombre y la mujer, causa de la generación, constituye el bien natural del matrimonio. Pero usa mal de este bien quien usa de él como las bestias, de modo que su intención se encuentra en la voluntad de la pasión y no en la voluntad de la procreación.
Aunque en algunos animales privados de razón -por ejemplo, en la mayor parte de los pájaros- también se observa como un cierto pacto conyugal; así, el ingenio de construir los nidos, el tiempo dividido en turnos para incubar los huevos y los trabajos sucesivos de alimentar los polluelos hacen ver que al juntarse se preocupan más por asegurar la especie que de saciar el placer. De estas dos cosas, la primera hace al animal semejante al hombre; la segunda, al hombre semejante al animal.

viernes, 30 de noviembre de 2012

DE SI PUEDE HABER LUJURIA DENTRO DEL MATRIMONIO (1 de 2)

JUAN PABLO II 
CATEQUESIS SOBRE LA PUREZA DEL CORAZÓN 
15 de octubre 1980 
La concupiscencia de la mirada y la pureza interior 
El adulterio en el corazón puede suceder entre esposos.


[En la foto: Juan Pablo II, enfrentando vientos opuestos]

 “El adulterio ‘en el corazón’ se comete no sólo porque el hombre mira ‘así’ a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira ‘así’ a una mujer. Incluso si mirase ‘de ese modo’ a su propia esposa, cometería el mismo adulterio ‘en el corazón’” 

 1 Quiero concluir hoy el análisis de las palabras de Cristo sobre el “adulterio y sobre la “concupiscencia” y, en particular, el último elemento de la frase que define la “concupiscencia de la mirada” como “adulterio cometido en el corazón”.

 Ya hemos dicho que esas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer de otro – según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo -. Pero esta impresión restrictiva puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia, del “mirar para desear”, a la que Cristo llama “adulterio cometido en el corazón”, depende, en gran parte, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo cual vale, tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como – y quizás más aún – para los que son marido y mujer.

 El análisis hecho hasta ahora de Mateo 5, 27-28 – “Habéis oído que se dijo: no adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” – muestra la necesidad de ampliar y profundizar la interpretación desarrollada antes, referente al sentido ético de este enunciado.

Nos detenemos en la situación descrita por el Maestro, según la cual quien “comete adulterio en el corazón”, por un acto interno de concupiscencia expresado por la mirada, es el varón. Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de ese acto, no subraye que es “la mujer de otro”, o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer.

El adulterio cometido “en el corazón” no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal que permite individuar el adulterio cometido “en el cuerpo”. No son éstos los límites que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido “en el corazón”, sino la misma naturaleza de la concupiscencia, expresada, en este caso, por la mirada, por el hecho de que el hombre – a quien Cristo toma como ejemplo – “mira para desear”.

El adulterio “en el corazón” se comete no sólo porque el hombre mira así a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira “así” a una mujer. Incluso si mirase de ese modo a su propia esposa, cometería el mismo adulterio “en el corazón”.

 3. Esta interpretación considera de modo más amplio lo que ya hemos apuntado sobre la concupiscencia y, en primer lugar, sobre la concupiscencia de la carne como elemento permanente del estado de pecabilidad del hombre (status naturae lapsae ).

La concupiscencia que, como acto interior, nace de esta base – ya indicado en el anterior análisis -, cambia la intencionalidad misma de la existencia de la mujer “para” el hombre, reduciendo la riqueza de la perenne llamada a la comunión de personas, la riqueza de la profunda atracción entre masculinidad y feminidad, a una mera satisfacción de la “necesidad sexual” del cuerpo – a lo que parece corresponder mejor el concepto de “instinto”-. Una reducción tal, hace que la persona – en este caso, la muer – se convierta para la otra persona – para el varón – en posible objeto de satisfacción de la “necesidad sexual”. Se deforma así el recíproco “para”, que pierde su carácter de comunión de personas en aras de la función utilitarista.

El hombre que “mira” de ese modo, como escribe Mateo 5, 27-28, “se sirve” de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio “instinto”. Aunque no lo exteriorice, en su interior ya ha asumido esta actitud, decidiendo, interiormente respecto a una determinada mujer. En esto consiste precisamente el adulterio “cometido en el corazón”.

Este adulterio “en el corazón” puede cometerlo incluso el hombre con su propia esposa, si la trata solamente como objeto de satisfacción de su instinto.

No es posible llegar a esta segunda interpretación de las palabras de Mateo 5, 27-28, si nos limitamos a la interpretación puramente psicológica de la concupiscencia: es necesario tener en cuenta lo que constituye su específico carácter teológico, es decir, su relación orgánica entre la carne, entendida como, por decirla de alguna forma, disposición permanente derivada de la pecabilidad del hombre. Parece que la interpretación puramente psicológica - o sea, sexológica – de la “concupiscencia” no constituye una base suficiente para comprender este texto del sermón de la Montaña. En cambio, si optamos por la interpretación teológica – sin infravalorar lo que aquella tiene de válido – ésta se nos presenta más completa. En efecto, gracias a ella se esclarece el significado ético del texto clave del sermón de la Montaña, que nos abre la adecuada dimensión del ethos del Evangelio. […]

 Como es evidente, la exigencia que, en el sermón de la Montaña, Cristo propone a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre – el que escucha – debe redescubrir la perdida plenitud de su humanidad y ansiar recuperarla. Le plenitud en la mutua relación de las personas del hombre y la mujer, la reivindica el Maestro en Mateo 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y las mujeres: la que forma la pura y sencilla trama de la existencia. La vida humana, por naturaleza, es “coeducativa”, y su dignidad y equilibrio dependen, en cada momento de la historia y en cada punto geográfico, de “quién” será ella para él y él para ella.

[Tomado de: Juan Pablo II, La Redención del Corazón. Catequesis sobre la pureza cristiana, Ed. Palabra, Madrid 1996. El texto que reproducimos es tomado de las páginas y reproduce el texto de la Catequesis impartida por S. S. Juan Pablo II en la Audiencia General del 15 de octubre de 1980]