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viernes, 18 de octubre de 2013

EDUCAR EN EL PUDOR DESDE BEBITOS
A HERMANITOS Y HERMANITAS


EDUCAR EN EL PUDOR 
DESDE BEBITOS
Una mamá responde

MI CONSULTA
Querida hija:
Tengo otra pregunta para hacerte que puede ser útil para muchas mamás que me han consultado al respecto.
¿Cómo te manejas teniendo un varoncito y una niña para todo lo que es pudor, curiosidad por el cuerpo del otro, en vistas a una relación futura pura y casta entre hermano y hermana?
Porque muchas veces, sobre todo a partir de la pubertad, se producen abusos sexuales entre hermanos, o entre primos, o los niños son víctimas de abusos sexuales por parte de familiares o empleados...
A ver cuál es tu visión y práctica materna... 
porque de esto se habla poco o casi no se habla; ni hay doctrina y práctica clara.
Padre Horacio

RESPUESTA DE ESTA MAMÁ
Querido Padre, aquí le envío lo que escribí sobre el pudor.
María G.

Entiendo bien la pregunta. Es una cuestión que me preocupa, no por el tema concreto y extremo del abuso, que ni se me pasó por la cabeza, pero sí en cuanto al trato respetuoso del propio cuerpo y el del otro. Y soy consciente de que el tema del pudor está en estrecha relación con la castidad, con la mirada decorosa, con la delicadeza en las palabras, gestos, con la vestimenta, evitando la desnudez, tan propia de las modas de hoy en día, especialmente la femenina.

Mi experiencia tiene la particularidad que mis nenes son chiquitos (la nena dos años y el varoncito cuatro años). Vivimos en el campo, en un ambiente sano, religioso y alejados de las inmundicias mundanas. No van a la escuela y el único contacto con niños que tienen es con dos primitas. Si se llevaran más tiempo, seguro que hubiera cambiado las reglas de juego que cuento más abajo.

viernes, 4 de octubre de 2013

“Los jóvenes buscan amor y la sociedad les da sexo"


Padre Jurgen Daum:
“Los jóvenes buscan amor... y la sociedad solo les da sexo".
Vino a Ecuador para dar charlas sobre castidad a los jóvenes, y aunque está tratando temas “espinozos” en una sociedad muy sexualizada, el padre Jurgen no se asusta, mas bien dice que no puede quedarse callado, ante lo que oye a diario en el confesionario.
¿Qué hace un sacerdote hablando de sexualidad, en tiempos de curas pedófilos y de libertinaje sexual?
Dando una de estas pláticas, al final pedí que me hicieran llegar preguntas en papelitos, llegó una que decía: “Padre, ¿qué se siente violar a los acólitos?”. Me causó mucha indignación, porque es una gran injusticia escribir una pregunta así a un sacerdote que no conoce. Yo jamás he tocado a un chico, jamás he tocado a un mujer, he sido fiel a mi compromiso de celibato: llevo 20 años de vida sacerdotal cumpliendo fielmente, y no veo por qué a todos nos tengan que tachar de la misma manera. Conozco muchos hermanos sacerdotes que son muy fieles, también hay los que fallan, pero son la minoría. Reté a ese chico a que se manifestara, ¿tú crees que se acercó?,  ni siquiera a pedir disculpas por juzgar a un sacerdote que no conoce, porque yo sí le contesté. Tiró la piedra y escondió la mano cobardemente.
No tengo miedo de pararme al frente de los chicos y chicas y hablarles sobre este tema, porque no tengo nada escondido. ¿Que los sacerdotes no tienen nada que decir porque ellos no tiene experiencia en el sexo? Oigan mujeres: ¿acaso no van al ginecólogo hombre, que nunca ha dado a luz? Un argumento de esa naturaleza es estúpido.
Por otro lado, estoy en un momento de mi vida donde yo creo que el Señor me está pidiendo que hable claro y fuerte. No me puedo quedar callado.
¿Qué les dice en sus charlas a los jóvenes que les atrae tanto?

viernes, 1 de febrero de 2013

¿HASTA DÓNDE PUEDO DEJAR LLEGAR A MI NOVIO? (1)

CONSEJOS A UNA NOVIA 
La consulta de una novia 

Estimado Padre:
Mi novio y yo estamos de acuerdo en no tener relaciones antes del matrimonio.
Pero algunas veces me resulta difícil no dejar las cosas ir lejos.
Porque veo que él tiende como a perder el control y soy yo la que tiene que frenarlo.
No sé en qué momento él puede olvidarse de su propósito de la castidad en el noviazgo o dejarlo de lado.
Veo que para nosotras las mujeres es más fácil. Parece que supiéramos hasta dónde no queremos llegar. Pero también nosotras podemos dejar de no querer frenar y, en algún momento, podemos querer permitir que las cosas sigan hasta el final.

Por eso sé que tengo la "responsabilidad amorosa" de cuidarlo a él. Defenderlo de sí mismo.
O de esa otra fuerza que parece oscurecer su razón y dominarlo. Siento que soy yo la que tiene que

viernes, 7 de diciembre de 2012

DE SI PUEDE HABER LUJURIA DENTRO DEL MATRIMONIO (2 de 2)

San Agustín Del Bien del Matrimonio
La concupiscencia y el bien del matrimonio

Libro I. La santidad del matrimonio Cristiano Parte I: 
A) El matrimonio es esencialmente bueno
III. 3. El bienaventurado apóstol Pablo muestra que la castidad conyugal es un don de Dios cuando, hablando sobre ella, dice: Quiero que todos los hombres fuesen como yo, pero cada uno ha recibido de Dios su propio don: uno de este modo, otro de otro (1ª Corintios 7, 7).
Así, pues, afirmó que también este don proviene de Dios. Y, aunque sea inferior a la continencia, en la que habría deseado que todos estuvieran como él, sin embargo, es un don de Dios.
De aquí comprendemos, cuando se aconseja que se hagan estas cosas, que solamente se da a entender la necesidad de que exista en nosotros la voluntad propia de recibirlas y conservarlas. Ciertamente, cuando se ve que son dones de Dios -al que se han de pedir, si no se tienen, y al que se ha de agradecer, si se poseen-, uno se da cuenta de que, sin la ayuda divina, nuestra voluntad tiene poca fuerza para desear, conseguir y conservar estas cosas. […]


En los no creyentes
IV. 5. Así, pues, la unión del hombre y la mujer, causa de la generación, constituye el bien natural del matrimonio. Pero usa mal de este bien quien usa de él como las bestias, de modo que su intención se encuentra en la voluntad de la pasión y no en la voluntad de la procreación.
Aunque en algunos animales privados de razón -por ejemplo, en la mayor parte de los pájaros- también se observa como un cierto pacto conyugal; así, el ingenio de construir los nidos, el tiempo dividido en turnos para incubar los huevos y los trabajos sucesivos de alimentar los polluelos hacen ver que al juntarse se preocupan más por asegurar la especie que de saciar el placer. De estas dos cosas, la primera hace al animal semejante al hombre; la segunda, al hombre semejante al animal.

viernes, 30 de noviembre de 2012

DE SI PUEDE HABER LUJURIA DENTRO DEL MATRIMONIO (1 de 2)

JUAN PABLO II 
CATEQUESIS SOBRE LA PUREZA DEL CORAZÓN 
15 de octubre 1980 
La concupiscencia de la mirada y la pureza interior 
El adulterio en el corazón puede suceder entre esposos.


[En la foto: Juan Pablo II, enfrentando vientos opuestos]

 “El adulterio ‘en el corazón’ se comete no sólo porque el hombre mira ‘así’ a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira ‘así’ a una mujer. Incluso si mirase ‘de ese modo’ a su propia esposa, cometería el mismo adulterio ‘en el corazón’” 

 1 Quiero concluir hoy el análisis de las palabras de Cristo sobre el “adulterio y sobre la “concupiscencia” y, en particular, el último elemento de la frase que define la “concupiscencia de la mirada” como “adulterio cometido en el corazón”.

 Ya hemos dicho que esas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer de otro – según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo -. Pero esta impresión restrictiva puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia, del “mirar para desear”, a la que Cristo llama “adulterio cometido en el corazón”, depende, en gran parte, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo cual vale, tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como – y quizás más aún – para los que son marido y mujer.

 El análisis hecho hasta ahora de Mateo 5, 27-28 – “Habéis oído que se dijo: no adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” – muestra la necesidad de ampliar y profundizar la interpretación desarrollada antes, referente al sentido ético de este enunciado.

Nos detenemos en la situación descrita por el Maestro, según la cual quien “comete adulterio en el corazón”, por un acto interno de concupiscencia expresado por la mirada, es el varón. Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de ese acto, no subraye que es “la mujer de otro”, o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer.

El adulterio cometido “en el corazón” no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal que permite individuar el adulterio cometido “en el cuerpo”. No son éstos los límites que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido “en el corazón”, sino la misma naturaleza de la concupiscencia, expresada, en este caso, por la mirada, por el hecho de que el hombre – a quien Cristo toma como ejemplo – “mira para desear”.

El adulterio “en el corazón” se comete no sólo porque el hombre mira así a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira “así” a una mujer. Incluso si mirase de ese modo a su propia esposa, cometería el mismo adulterio “en el corazón”.

 3. Esta interpretación considera de modo más amplio lo que ya hemos apuntado sobre la concupiscencia y, en primer lugar, sobre la concupiscencia de la carne como elemento permanente del estado de pecabilidad del hombre (status naturae lapsae ).

La concupiscencia que, como acto interior, nace de esta base – ya indicado en el anterior análisis -, cambia la intencionalidad misma de la existencia de la mujer “para” el hombre, reduciendo la riqueza de la perenne llamada a la comunión de personas, la riqueza de la profunda atracción entre masculinidad y feminidad, a una mera satisfacción de la “necesidad sexual” del cuerpo – a lo que parece corresponder mejor el concepto de “instinto”-. Una reducción tal, hace que la persona – en este caso, la muer – se convierta para la otra persona – para el varón – en posible objeto de satisfacción de la “necesidad sexual”. Se deforma así el recíproco “para”, que pierde su carácter de comunión de personas en aras de la función utilitarista.

El hombre que “mira” de ese modo, como escribe Mateo 5, 27-28, “se sirve” de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio “instinto”. Aunque no lo exteriorice, en su interior ya ha asumido esta actitud, decidiendo, interiormente respecto a una determinada mujer. En esto consiste precisamente el adulterio “cometido en el corazón”.

Este adulterio “en el corazón” puede cometerlo incluso el hombre con su propia esposa, si la trata solamente como objeto de satisfacción de su instinto.

No es posible llegar a esta segunda interpretación de las palabras de Mateo 5, 27-28, si nos limitamos a la interpretación puramente psicológica de la concupiscencia: es necesario tener en cuenta lo que constituye su específico carácter teológico, es decir, su relación orgánica entre la carne, entendida como, por decirla de alguna forma, disposición permanente derivada de la pecabilidad del hombre. Parece que la interpretación puramente psicológica - o sea, sexológica – de la “concupiscencia” no constituye una base suficiente para comprender este texto del sermón de la Montaña. En cambio, si optamos por la interpretación teológica – sin infravalorar lo que aquella tiene de válido – ésta se nos presenta más completa. En efecto, gracias a ella se esclarece el significado ético del texto clave del sermón de la Montaña, que nos abre la adecuada dimensión del ethos del Evangelio. […]

 Como es evidente, la exigencia que, en el sermón de la Montaña, Cristo propone a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre – el que escucha – debe redescubrir la perdida plenitud de su humanidad y ansiar recuperarla. Le plenitud en la mutua relación de las personas del hombre y la mujer, la reivindica el Maestro en Mateo 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y las mujeres: la que forma la pura y sencilla trama de la existencia. La vida humana, por naturaleza, es “coeducativa”, y su dignidad y equilibrio dependen, en cada momento de la historia y en cada punto geográfico, de “quién” será ella para él y él para ella.

[Tomado de: Juan Pablo II, La Redención del Corazón. Catequesis sobre la pureza cristiana, Ed. Palabra, Madrid 1996. El texto que reproducimos es tomado de las páginas y reproduce el texto de la Catequesis impartida por S. S. Juan Pablo II en la Audiencia General del 15 de octubre de 1980]

lunes, 1 de agosto de 2011

"SEXO SIN CONCEPCIÓN Y CONCEPCIÓN SIN SEXO" - Mons. Héctor Aguer

ARGENTINA: LA IGLESIA DEFIENDE LA DIGNIDAD DEL SER HUMANO.
Fuente: Claves para un mundo mejor

En la semana del 43° aniversario de la promulgación de la profética encíclica Humanae vitae de S. S. Pablo VI, Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata (Argentina), en su reflexión televisiva semanal, en el programa Claves para un Mundo Mejor, se refirió a algunas consecuencias del paradigma sexo sin concepción-concepción sin sexo (1).

Texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer (30-07-11):

En la década de 1960 se comenzó a desarrollar lo que dio en llamarse “la revolución sexual” y el punto de partida, en ese momento por lo menos, fue la difusión de la píldora anticonceptiva. Fue una difusión de carácter masivo que con el tiempo cambió aspectos fundamentales de la vida conyugal y que se trasladó también al orden cultural y a la valoración de la sexualidad.

La característica de esa primera “revolución sexual” fue la escisión entre el significado unitivo y el significado procreativo del acto conyugal, que entonces pudo concretarse fácilmente”.

lunes, 30 de agosto de 2010

RELACIONES PREMATRIMONIALES
PELIGROS

Un estudio revela los peligros de la cohabitación
Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado


ROMA, domingo, 6 julio 2008 (ZENIT.org).- Vivir juntos antes del matrimonio es una práctica muy común para las parejas de muchos países. Muchos lo defienden basándose en que permite a los futuros marido y mujer conocerse mejor mutuamente.

Sin embargo, existen evidencias abundantes de que la cohabitación es más un obstáculo que una ventaja a la hora de prepararse al matrimonio. Michael y Harriet McManus publicaban hace poco "Living Together: Myths, Risks and Answers" (Vivir Juntos: Mitos, Riesgos y Respuestas) (Howard Books), que documenta su investigación sobre este tema.

Los autores, fundadores de la organización Marriage Savers, advierten que las parejas que cohabitan antes del matrimonio tienen más probabilidades de divorciarse después.

viernes, 20 de agosto de 2010