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viernes, 19 de mayo de 2017

CONSEJOS PARA LA VIDA CONYUGAL [2 de 2]

CONSEJOS DE UNA ESPOSA A OTRA ESPOSA


Estimada Corina, 
con  respecto a lo que  nos contás de tu matrimonio,  se me ocurren algunas sugerencias o consejos que quizás podrían ayudarte, atendiendo a mi propia experiencia, y a lo que aprendí también del ministerio del P. Bojorge en mi vida conyugal.

 En  primer lugar me parece que en este caso de la lujuria del varón, o de su tendencia a lo carnal a raíz de la caída del pecado original, la mujer espiritual debe ayudar al varón ejerciendo una función de pedagoga, iluminando, aconsejando, advirtiendo, conduciendo, con  mucha dulzura y paciencia, para que él vaya creciendo en el dominio político de su parte instintiva por la razón y la voluntad.

Para esto es indispensable, principalmente, usar de todos los medios eficaces que Jesucristo nos dejó como dispensadores de  Su Gracia, principalmente la Confesión y la Eucaristía asidua. Esto es mucho más importante que cualquier actividad parroquial o apostolado que podamos hacer, la cual muchas veces, termina en una dispersión y evasión.

Otro medio fundamental es la  oración en la pareja: rezar juntos, meditar, compartir las propias vivencias. Todo esto favorece la comunión espiritual y  ayuda contra los vicios.

Otro medio es motivar el diálogo, aquí la función de la mujer es muy importante, generalmente el hombre es más reservado, y la mujer tiene más  necesidad de comunicar y acoger. Debemos ayudar a crear el hábito de la comunicación, sobretodo de los aspectos y momentos más íntimos de la pareja, entre ellos el aspecto sexual.

Por otro lado, me parece que una de las tentaciones que puede caer la mujer es escindir lo espiritual del sexo, viéndolo solo desde un aspecto animal e instintivo, cayendo en el prejuicio de que el sexo es  un acto solamente carnal y por lo tanto algo siempre malo. Dios bendijo el sexo en el matrimonio, y también el placer que está unido a él, el cual, por supuesto, no es un fin en sí mismo  sino una consecuencia que es querida en función del fin y en consiguiente algo bueno. 
   Querida Corina, espero que estos consejos  sean  de ayuda para ti y tu marido.
 Con cariño Marina

viernes, 12 de mayo de 2017

CONSEJOS PARA LA VIDA CONYUGAL [1 de 2]}

CUATRO CONSEJOS DE  UN ESPOSO A OTRO ESPOSO

La sexualidad no es lo genital, implica la totalidad de la persona. Es la mutua entrega del alma, psiquis y cuerpo, al cónyuge. No es algo malo, puede ser fuente de mérito, y es querido por Dios. La reducción a lo puramente genital es diabólico, y es ofrecido por los medios masivos de comunicación. Si consumimos estos medios, vamos a terminar repitiendo lo que vemos, y haciendo profundamente infeliz a nuestra esposa y a nosotros mismos.

Hay varios aspectos que recomiendo ejercitar para poder encauzar la pasión y la vida sexual en el hombre, de manera que la mujer sea feliz en su vida íntima con su esposo.
     
  -----    El hombre debe luchar contra la curiosidad. Esta es un vicio, por el cual uno no se ocupa de lo que debe, sino que se desvía y pervierte en cosas inútiles para su vida, que en mayor o menor medida lo alejan de su fin.

Para luchar contra este vicio, debemos atacar algunos de sus agentes, y cortarlos de nuestra vida para poder liberarnos de sus tentáculos, que a modo de parásito nos quita la energía.

Uno de ellos es el Facebook, en donde un torrente de imágenes invade nuestra intimidad, y nos invitan a deambular de un lado a otro, para ver cosas que no tenemos que saber, ni ver. Generalmente se puede terminar espiando la vida de otros, y de otras mujeres, mirando su cuerpo, y esto lleva al deseo ilícito. Otro es la televisión, la mayoría de las películas, propagandas están erotizadas, llevando a que uno quede degradado. Hay que tener mucho cuidado con Internet, y su uso.
Hay dos desviaciones en el sexo que son enemigos para la vida plena y feliz en la sexualidad matrimonial y que se difunden como normales, cuando en realidad son atrocidades, (el sexo oral y el sexo anal). Esto nunca debe estar en el lecho matrimonial, y debe verse como lo que son ofensa a Dios y a nuestra esposa.

En resumen, no hay que consumir el veneno que se nos presenta, en estos medios. Y rechazarlos definitivamente.

-----      Ejercitarse en la estudiosidad, y laboriosidad

Al estudiar combatimos la curiosidad. El hombre que crece en su intelectualidad, se eleva del plano más animal y pasional. Es muy bueno estudiar la Biblia, autores Santos, y también ciencias, música, arte. Todo ello fortalece nuestra alma y nuestra mente.

Capacitarse más y más en el aspecto laboral, para realizar cada vez mejor el trabajo con el que sustentamos nuestro hogar.
Ocuparse en que todo en la casa marche bien, arreglando lo que haya que arreglar, o derivarlo a terceros, pero encargarse de ello.
Aprender nuevos oficios o actividades, que sean útiles para la familia.

---- Cultivar la    Amistad

Elevar nuestra afectividad con el amor. Cultivar con buena música, poesía, cartas de amor, la afectividad.
Dedicar mucho tiempo a escuchar a la esposa para aconsejarla. Ser delicado, decirle que la amamos, que la queremos. Besarla, decirle cosas dulces todos los días, abrazarla. Hacer cosas juntos.

----      Oración y Sacramentos

Aconsejo a todos los hombres que vayan a la Misa diaria, que es el alimento del amor, para luego poder brindarle a su esposa de este Amor Divino.
Hacer algún momento de oración familiar, sea el Rosario, o la lectura de algún trozo de la Biblia.

viernes, 25 de octubre de 2013

SEXO POR EL SEXO:
GRAVES CONSECUENCIAS

Quiero publicar como entrada mi respuesta a un comentario de Elías a la entrada
Castidad y pureza de Corazón. Aprovecho para ampliar aquí mi respuesta.

Hola Padre Horacio,
me llamo Elías y quisiera que me dijera: hay consecuencias en las personas que han tenido sexo casual y/o relaciones sexuales sostenidas? 
Gracias por su atención de antemano y que Dios lo bendiga.

[La foto: El que descubre la desnudez de una mujer y mira así a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón (Mateo 5, 27-28)]

Estimado Elías:
Las consecuencias son muy graves. La primera de todas es el pecado, o sea la desobediencia rebelde al sabio precepto de Dios en la sexta prescripción del decálogo. El pecado es una falta de sabiduría, es necedad. Es también arrogancia y falta de humildad ante el consejo del más sabio que es Dios. Por lo tanto es un acto de soberbia.

Lo que Dios quiere preservar con el sexo precepto del decálogo es precisamente el tesoro humano del amor casto y de la pureza del corazón, como digo en la entrada que acabas de comentar.
http://elblogdelbuenamor.blogspot.com/2013/03/castidad-pureza-de-corazon.html
Esta consecuencia es reparable, en cuanto a la culpa, por la conversión, la penitencia, el arrepentimiento, la confesión sincera y la enmienda (cuando la adicción contraída la hace posible, lo que no siempre es así).

Pero el perdón de la culpa no borra las penas que son, muchas de ellas, irreparables.
Se llama penas a las malas consecuencias físicas, psicológicas, espirituales de los pecados y en este caso de los actos sexuales desvinculados de la unión amorosa esponsal y de la intención de engendrar hijos. Es decir fuera del matrimonio.

El sexo por el sexo congela a la persona en una especie de autismo psicológico, o sea de incapacidad para comunicarse y sobre todo para entregarse, para darse a sí mismo. Lo encierra en la burbuja de su yo. Y al desviar del camino del amor, que es el que hace humano al ser humano, lo desmotiva para las grandes empresas que inspira el amor, lo esteriliza para la fecundidad humana plena que genera el amor. Encierra al ser humano en sí mismo y por eso lo deshumaniza.

viernes, 7 de diciembre de 2012

DE SI PUEDE HABER LUJURIA DENTRO DEL MATRIMONIO (2 de 2)

San Agustín Del Bien del Matrimonio
La concupiscencia y el bien del matrimonio

Libro I. La santidad del matrimonio Cristiano Parte I: 
A) El matrimonio es esencialmente bueno
III. 3. El bienaventurado apóstol Pablo muestra que la castidad conyugal es un don de Dios cuando, hablando sobre ella, dice: Quiero que todos los hombres fuesen como yo, pero cada uno ha recibido de Dios su propio don: uno de este modo, otro de otro (1ª Corintios 7, 7).
Así, pues, afirmó que también este don proviene de Dios. Y, aunque sea inferior a la continencia, en la que habría deseado que todos estuvieran como él, sin embargo, es un don de Dios.
De aquí comprendemos, cuando se aconseja que se hagan estas cosas, que solamente se da a entender la necesidad de que exista en nosotros la voluntad propia de recibirlas y conservarlas. Ciertamente, cuando se ve que son dones de Dios -al que se han de pedir, si no se tienen, y al que se ha de agradecer, si se poseen-, uno se da cuenta de que, sin la ayuda divina, nuestra voluntad tiene poca fuerza para desear, conseguir y conservar estas cosas. […]


En los no creyentes
IV. 5. Así, pues, la unión del hombre y la mujer, causa de la generación, constituye el bien natural del matrimonio. Pero usa mal de este bien quien usa de él como las bestias, de modo que su intención se encuentra en la voluntad de la pasión y no en la voluntad de la procreación.
Aunque en algunos animales privados de razón -por ejemplo, en la mayor parte de los pájaros- también se observa como un cierto pacto conyugal; así, el ingenio de construir los nidos, el tiempo dividido en turnos para incubar los huevos y los trabajos sucesivos de alimentar los polluelos hacen ver que al juntarse se preocupan más por asegurar la especie que de saciar el placer. De estas dos cosas, la primera hace al animal semejante al hombre; la segunda, al hombre semejante al animal.

viernes, 30 de noviembre de 2012

DE SI PUEDE HABER LUJURIA DENTRO DEL MATRIMONIO (1 de 2)

JUAN PABLO II 
CATEQUESIS SOBRE LA PUREZA DEL CORAZÓN 
15 de octubre 1980 
La concupiscencia de la mirada y la pureza interior 
El adulterio en el corazón puede suceder entre esposos.


[En la foto: Juan Pablo II, enfrentando vientos opuestos]

 “El adulterio ‘en el corazón’ se comete no sólo porque el hombre mira ‘así’ a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira ‘así’ a una mujer. Incluso si mirase ‘de ese modo’ a su propia esposa, cometería el mismo adulterio ‘en el corazón’” 

 1 Quiero concluir hoy el análisis de las palabras de Cristo sobre el “adulterio y sobre la “concupiscencia” y, en particular, el último elemento de la frase que define la “concupiscencia de la mirada” como “adulterio cometido en el corazón”.

 Ya hemos dicho que esas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer de otro – según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo -. Pero esta impresión restrictiva puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia, del “mirar para desear”, a la que Cristo llama “adulterio cometido en el corazón”, depende, en gran parte, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo cual vale, tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como – y quizás más aún – para los que son marido y mujer.

 El análisis hecho hasta ahora de Mateo 5, 27-28 – “Habéis oído que se dijo: no adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” – muestra la necesidad de ampliar y profundizar la interpretación desarrollada antes, referente al sentido ético de este enunciado.

Nos detenemos en la situación descrita por el Maestro, según la cual quien “comete adulterio en el corazón”, por un acto interno de concupiscencia expresado por la mirada, es el varón. Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de ese acto, no subraye que es “la mujer de otro”, o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer.

El adulterio cometido “en el corazón” no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal que permite individuar el adulterio cometido “en el cuerpo”. No son éstos los límites que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido “en el corazón”, sino la misma naturaleza de la concupiscencia, expresada, en este caso, por la mirada, por el hecho de que el hombre – a quien Cristo toma como ejemplo – “mira para desear”.

El adulterio “en el corazón” se comete no sólo porque el hombre mira así a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira “así” a una mujer. Incluso si mirase de ese modo a su propia esposa, cometería el mismo adulterio “en el corazón”.

 3. Esta interpretación considera de modo más amplio lo que ya hemos apuntado sobre la concupiscencia y, en primer lugar, sobre la concupiscencia de la carne como elemento permanente del estado de pecabilidad del hombre (status naturae lapsae ).

La concupiscencia que, como acto interior, nace de esta base – ya indicado en el anterior análisis -, cambia la intencionalidad misma de la existencia de la mujer “para” el hombre, reduciendo la riqueza de la perenne llamada a la comunión de personas, la riqueza de la profunda atracción entre masculinidad y feminidad, a una mera satisfacción de la “necesidad sexual” del cuerpo – a lo que parece corresponder mejor el concepto de “instinto”-. Una reducción tal, hace que la persona – en este caso, la muer – se convierta para la otra persona – para el varón – en posible objeto de satisfacción de la “necesidad sexual”. Se deforma así el recíproco “para”, que pierde su carácter de comunión de personas en aras de la función utilitarista.

El hombre que “mira” de ese modo, como escribe Mateo 5, 27-28, “se sirve” de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio “instinto”. Aunque no lo exteriorice, en su interior ya ha asumido esta actitud, decidiendo, interiormente respecto a una determinada mujer. En esto consiste precisamente el adulterio “cometido en el corazón”.

Este adulterio “en el corazón” puede cometerlo incluso el hombre con su propia esposa, si la trata solamente como objeto de satisfacción de su instinto.

No es posible llegar a esta segunda interpretación de las palabras de Mateo 5, 27-28, si nos limitamos a la interpretación puramente psicológica de la concupiscencia: es necesario tener en cuenta lo que constituye su específico carácter teológico, es decir, su relación orgánica entre la carne, entendida como, por decirla de alguna forma, disposición permanente derivada de la pecabilidad del hombre. Parece que la interpretación puramente psicológica - o sea, sexológica – de la “concupiscencia” no constituye una base suficiente para comprender este texto del sermón de la Montaña. En cambio, si optamos por la interpretación teológica – sin infravalorar lo que aquella tiene de válido – ésta se nos presenta más completa. En efecto, gracias a ella se esclarece el significado ético del texto clave del sermón de la Montaña, que nos abre la adecuada dimensión del ethos del Evangelio. […]

 Como es evidente, la exigencia que, en el sermón de la Montaña, Cristo propone a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre – el que escucha – debe redescubrir la perdida plenitud de su humanidad y ansiar recuperarla. Le plenitud en la mutua relación de las personas del hombre y la mujer, la reivindica el Maestro en Mateo 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y las mujeres: la que forma la pura y sencilla trama de la existencia. La vida humana, por naturaleza, es “coeducativa”, y su dignidad y equilibrio dependen, en cada momento de la historia y en cada punto geográfico, de “quién” será ella para él y él para ella.

[Tomado de: Juan Pablo II, La Redención del Corazón. Catequesis sobre la pureza cristiana, Ed. Palabra, Madrid 1996. El texto que reproducimos es tomado de las páginas y reproduce el texto de la Catequesis impartida por S. S. Juan Pablo II en la Audiencia General del 15 de octubre de 1980]

martes, 28 de abril de 2009

¡EL CUERPO NO ES PARA LA FORNICACIÓN!

Principios revelados por Dios
en la enseñanza de San Pablo.


El Amor según Dios
O según le parece a uno.
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Véalo publicado hoy, 28 abril 2009, en el Blog:
http://tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com/
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domingo, 15 de marzo de 2009

DESACRALIZACIÓN DE LA SEXUALIDAD Y ABOLICIÓN DEL AMOR HUMANO

Santidad familiar y corrupción de la sexualidad: Levítico 18
He tenido que extenderme necesariamente en exponer los estudios de Mircea Eliade y en otras consideraciones y citas que demuestran la sacralidad de la esfera de lo interpersonal en la revelación bíblica.
Si se ha retenido la sustancia de ellas, se podrá entender mejor un texto bíblico que volveré a aducir en este blog a continuación. Se trata del capítulo dieciocho del libro del Levítico que he presentado antes.
A la luz de lo que vengo exponiendo quizás emerja a una luz muy actual, desde lo que podrían parecer curiosidades arqueológicas, brindándonos un mensaje que necesitamos urgentemente para preservar la santidad y la sacralidad familiar, base y fundamento de todo entramado social, frente a la desacralización del amor humano que lo precipita en la profanación por vía de la anarquía sexual.
El sexo desvinculado, sustraído a la ley natural de los vínculos, ha sido siempre, desde los cultos de la prostitución sagrada, una desacralización de la unión esponsal y de la familia, por idolatría de la sexualidad.

viernes, 2 de enero de 2009

EL BUEN AMOR ES DIFERENTE

Ser diferente en medio del mundo en que uno vive, cuesta. Pero vale la pena.

El Buen amor es diferente y exige que tú lo seas, si quieres amar bien y ser bien querido. Y no es fácil cuando se tiene un mundo en contra. La situación no es nueva.
Así se lo dice el Señor al pueblo elegido en la Ley de Santidad que leemos en Levítico.
“No hagáis como se hace en la tierra de Egipto, donde habéis habitado, ni hagáis como se hace en la tierra de Canaán a donde os llevo; no debéis seguir sus costumbres” (Lev 18,3).
El pueblo del Señor debe ser santo y para eso es imprescindible que la sexualidad no se separe del Buen Amor. Recomiendo la lectura completa de Levítico 18, 1-30.

Esto es precisamente lo que sucedía en toda la humanidad antes de la aparición del Pueblo elegido en el concierto de los pueblos. Precisamente, la descendencia de Abraham es elegida para que en ella sean bendecidas todas las naciones. Comienza con ella una escuela de santidad del amor esponsal que apunta a sanar una llaga universal de los hombres. Una llaga que era y es, porque sigue abierta, consecuencia del pecado original y debe ser sanada. La llaga del sexo sin amor, invade y despersonaliza la relación entre el varón y la mujer matando e imposibilitando el buen amor. El Buen Amor: el único que puede dar la felicidad que la sexualidad engañosamente promete pero no puede dar.